Univerdad

Una conversación pública sobre la universidad española en clave afirmativa y crítica, desde la independencia y el rigor intelectual

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Hace unas semanas saltó a los medios una noticia que llamó mi atención. Christine Ortiz, decana de ordenación académica (por llamarla de algún modo) y profesora de ciencias de los materiales e ingeniería de MIT decidió dejar la universidad para comenzar a dar forma por su cuenta a otra idea que le ha rondado la cabeza en los últimos años: crear una nueva universidad radicalmente distinta a las que conocemos. Esa universidad, a diferencia de Minerva Project o Udacity, no persigue obtener beneficios económicos (se trata de una “nonprofit university”), y no ofertará grados, ni tendrá clases presenciales. Por no tener, no tendrá ni aulas. Quiere desarrollar la universidad, de entrada, en el área de Boston, aunque luego proyecta abrir nuevos campus en otros lados, y calcula que tendrá unos 10.000 estudiantes y unos 1.000 profesores. Tamaño algo menor del MIT. Tiene ya un equipo que está trabajando en la captación de fondos de empresas y particulares.

No estamos hablando de ninguna persona fantasiosa: se trata de alguien con un gran prestigio académico, lleva 17 años en esa universidad (una de las más prestigiosas del mundo), con un currículo investigador llamativo, y ha tenido allí cargos importantes de gestión. Para hacernos una idea de los que hablamos, en el MIT enseñan o han enseñado 85 premios Nobel, y decenas de profesores han obtenido los premios y medallas vinculadas a la ciencia que más prestigio tienen en el mundo. En su proyecto quiere incorporar todo aquello que ha visto que ha tenido éxito en el MIT: los estudiantes se formarán al tiempo que investigan, y los contenidos teóricos serán alimentados a través de Internet (que es lo que comenzó a hacer el MIT hace más de diez años). Las clases de 50 minutos u hora y media serán sustituidas por módulos de diez minutos disponibles en la red. En lugar de aulas, habrá grandes espacios abiertos a proyectos concretos, con laboratorios que deberán ser compartidos.

Aunque he procurado seguir con posterioridad lo que está sucediendo con este proyecto tan ambicioso, la verdad es que no hay todavía más detalles: “Stay tuned” (“Esté atento”) es lo que dice la profesora Ortiz.

A los universitarios se nos reclama que intentemos parecernos a los mejores. De ahí toda esa política de valoración de publicaciones en inglés, en revistas de prestigio, etc., que se nos recuerda de forma constante desde distintos ámbitos.

No parece fácil que nadie en España se lance, sin embargo, a una aventura como la de la profesora Ortiz. No se trata de falta de iniciativa. Quizás también sea eso, pero no me parece el motivo principal. Se trata, más bien, de que las consecuencias en un caso y en otro son muy diferentes: si la profesora Ortiz fracasa en su intento, y es muy posible que pueda fracasar, ese fracaso se valorará de forma positiva, para empezar, sin que nadie le cuelgue ningún estigma y, por otro lado, será capaz de volver a encontrar trabajo, bien sea en la empresa privada o en una universidad, de forma casi inmediata. Las condiciones estructurales de aquella sociedad y la nuestra son radicalmente diferentes.

Ya decía Tocqueville que en EEUU un hombre compra la casa pensando en su retiro y la vende antes de haberle puesto el techo.

Se trata de una sociedad en la que la movilidad está mucho más asentada: un taxista me juraba y perjuraba en Reno que se le había aparecido Dios, que una noche despertó con que alguien le había liquidado las deudas con su banco, lo que no está al alcance de cualquiera, me refiero a lo segundo, y que se iba a marchar en pocos días a un Estado a la otra punta de EEUU a abrir una tienda de pizzas. Parece que, a diferencia de lo que nos sucede a nosotros, nada les ata a la tierra. Se trata de una sociedad que invierte más en educación e investigación, mucho más, con una estructura laboral en la que el paro es menor, etc. Pero también, con una mentalidad más abierta en estas cuestiones, con gente dispuesta a adoptar riesgos que aquí parecen impensables. Claro que la falta de regulación ayuda, y no poco, en todo eso, porque proporciona una libertad mucho mayor, de forma que los controles sociales actúan con fuerza más a posteriori que a priori. Una persona brillante aquí, que tuviera sus espaldas bien cubiertas, y tuviese la ocurrencia de impulsar algo parecido a lo que ha proyectado la profesora Ortiz, sentiría cómo su idea sería tratada como eso, como una torpe ocurrencia, y se toparía de inmediato con las exigencias de garantías de la ANECA: ¿ Y las competencias? ¿Dónde están las competencias? ¿Dónde están las competencias G-11, G-14 y la E-28, que es clave en todo esto? En eso perdemos el tiempo mientras se nos dice que nos parezcamos a las mejores.

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