Univerdad

Una conversación pública sobre la universidad española en clave afirmativa y crítica, desde la independencia y el rigor intelectual

¿Qué cambios estructurales podemos esperar a partir del Real Decreto 43/2015?

La entrada de hoy se hace eco de algunas de las conclusiones (esta vez más breves y de forma individual) de cada uno de los ponentes que intervinieron aludiendo al posible “cambio” que conlleva la implantación del Real Decreto.

Las intervenciones completas de cada uno de los ponentes pueden descargarse en el informe de Studia XXI Consideraciones sobre el grado universitario en España

La reforma de la reforma: Javier Vidal

Creo que en este momento sería más conveniente analizar qué problemas plantea la creación de títulos de grado de 180 créditos (la reforma de la reforma). Esta opción se ha abierto como consecuencia, así lo asumo, de un análisis sobre los problemas que ha planteado la inexistencia de esta posibilidad. Así que la situación que ahora hay que analizar no son los problemas que crea tener títulos de 240 créditos (decisión ya implementada) sino la de tener de forma simultánea títulos de 180 créditos (decisión que hay que tomar). Sobre esto, varias reflexiones:

  1. Cuando hablamos de títulos debemos tener presente que nos referimos a cada uno de los que ofrece una universidad. No podemos hablar de la duración del título de graduado en química, sino de la duración del título de graduado en química de una universidad determinada. Si tiene que haber algún tipo de homogeneidad en el contenido de los títulos de las universidades españolas, debe conseguirse como acuerdo entre académicos y no como imposición de una normativa de la administración.
  2. Cada universidad tiene la capacidad de proponer títulos a sus administraciones educativas y ser autorizados por ellas previa verificación del cumplimiento de los requisitos por las agencias responsables de la acreditación. Por lo tanto, las estrategias al respecto se sitúan ya en el nivel institucional y no en el nivel del sistema universitario. Por muchas recomendaciones que se hagan, una universidad que cumpla los requisitos podrá solicitar un título con esa duración, con el actual RD en vigor.
  3. Debe asumirse que títulos con idéntica o similar denominación tendrán duraciones diferentes. Sobre esto ya tenemos experiencias porque coexistieron en un sistema más centralizado (con el catálogo de títulos) licenciaturas sin generar grandes debates. Sin embargo, profesionalmente la frontera siempre se estableció (y sigue establecida) entre los 3 y los 4 años: un licenciado de 4 años puede acceder al Grupo A en la función pública y un diplomado de 3 no. Con la modificación del Estatuto Básico del Empleado Público, el licenciado de 4 años puede acceder al grupo A1, el diplomado al grupo A2 y el graduado a cualquiera de los dos. Con el nuevo RD, un graduado de 3 años (180 créditos) podría acceder al grupo A1 y un diplomado de 3, no. No hay duda de que esto supone crear un problema a medio plazo, tal y como se ha mencionado en el capítulo tercero de este documento de trabajo.

¿Cambiar sin evaluar? Francisco Marcellán

Como ya se ha visto en la entrada de Guy Haug (ver aquí), el Espacio Europeo de Educación superior (EEES) tiene unos objetivos políticos, culturales y socio-económicos en el que el protagonismo de las universidades está íntimamente ligado a su trayectoria histórica.  Aspectos como el fomento de la calidad y la relevancia socio-económica de toda la Educación Superior, como del concepto y práctica de la movilidad europea con el objetivo de que los estudiantes europeos puedan aprovechar las oportunidades de completar sus estudios en otros países del EEES pero también para abrirse posibilidades de empleo y vida más allá de las limitaciones del marco nacional y, complementariamente, de constituir un polo de atracción  de talento, y garantizar el fácil reconocimiento de las titulaciones del EEES en el resto del mundo.

Este diseño, traducido en el Plan Bolonia, se articulaba en tres ejes fundamentales:

  1. Estructuración de Grado, Máster y Doctorado en base a créditos ECTS como “medida” de la inversión intelectual en el proceso de aprendizaje por parte del estudiante. Ello facilitaría no sólo la movilidad sino el reconocimiento internacional del trabajo realizado.
  2. Concepción de la calidad del aprendizaje como garantía del trabajo bien hecho por parte de las instituciones universitarias, pero también como percepción por parte de los estudiantes y la sociedad de una coherencia entre objetivos y metodología empleada.
  3. Evaluación por parte de Agencias, externas a la instituciones de Educación Superior e independientes en su actuación,  de no sólo de los contenidos y del plan de trabajo a seguir en cada una de las titulaciones, sino fundamentalmente del output, esto es de los resultados del proceso de formación por parte de los estudiantes y de la sociedad. El dilema de la evaluación ex post como elemento corrector para la mejora o el control burocrático abre un recorrido que en nuestro país está en una fase incipiente.

La sensibilidad social por los grados de tres años: Javier Uceda

Más allá de las ventajas o inconvenientes de una u otra opción, la sensibilidad social de que es más un título de cuatro años que otro de tres, generará en muchos campus un movimiento contrario a una reducción de los estudios de grado. Además,  se mantendrá el efecto retrovisor, que hace que muchas universidades no estén dispuestas a dar un paso como el que estamos tratando sin que lo den antes universidades de referencia en esas titulaciones. De manera simbólica se mira por el retrovisor a estas universidades de referencia antes de tomar uno u otro camino en una bifurcación como la que nos ocupa.

También aparecerá una resistencia de los estudiantes al hecho de que reducir el número de años de los estudios de grado y aumentar la duración de los estudios de máster implicará, sino se toman medidas complementarias, un aumento en el coste de los estudios en el sistema universitario público.

Por no hablar, para terminar, de las dificultades de carácter general que tienen las universidades para tomar decisiones de calado como las que nos ocupan. El Consejo de Gobierno, en menor medida el Consejo Social, precisan madurar las decisiones estratégicas hasta alcanzar un cierto grado de consenso, momento en el que es posible incluirlas en el orden del día de estos órganos de gobierno para su debate, y aprobación en su caso.

En resumen, un cambio que permite miradas desde numerosas perspectivas y que los sistemas de toma de decisión de las universidades públicas añaden complejidad adicional, al de por sí, ya, complejo problema.

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