Univerdad

Una conversación pública sobre la universidad española en clave afirmativa y crítica, desde la independencia y el rigor intelectual

¿Cómo enseñar cuando no sabemos cómo (ni cuáles) serán los trabajos del futuro?

Uno de los mayores retos del docente universitario es el de enseñar a los alumnos sin exactamente saber cómo serán los trabajos del futuro. Les podemos enseñar los fundamentos de las matemáticas, física, economía, mecánica, informática, pero somos incapaces de poderles explicar cómo deberán utilizar estos conocimientos en su trabajo profesional, pues muy probablemente, cuando se incorporen al mundo laboral, los trabajos que conocemos habrán pasado a la historia.

Veamos un par de ejemplos. En 2005 nació Youtube y nadie tenía iPhone. Twitter se lanzó en 2006 y airbnb en 2008. Pero quizás unos de los más sorprendentes son Whatsapp (2009) e Instragram (2010), ¡ambos con menos de 10 años! A fecha de hoy se nos hace difícil imaginar cómo podíamos vivir en un mundo sin todas estas aplicaciones, sin disponer de más de un dispositivo portátil (p.e., tablet, smarthpone, ordenador) y siempre con conexión inmediata independientemente de en qué país nos encontremos.

En este contexto, lo que nos debe hacer reflexionar es que detrás de todos estos cambios están nuevas profesiones. Y más aún, la destrucción de ciertos puestos de trabajo para crear nuevos. En menos de una década el mundo es un lugar muy diferente y, por ende, también lo son los puestos de trabajos. Los datos lo confirman. El 65% de los niños que justo ahora empiezan la escolarización primaria terminarán trabajando en empleos completamente nuevos que somos incapaces de predecir.

Y por increíble que parezca, esto no es una novela de ciencia ficción sino que esta revolución ya ha empezado. Fijémonos en algunos de los trabajos que existen actualmente de los que una década atrás eran impensables. Un ejemplo seria el social media manager. En 2006, no había la necesidad de este perfil profesional ya que la mayoría de las plataformas aún no se habían creado. Hoy, Facebook tiene más de 1.500 millones de usuarios en todo el mundo y, junto con otras plataformas como Twitter e Instagram, se ha convertido no sólo en una plataforma para contactar con amigos, sino también en una poderosa herramienta de marketing con la que las marcas pueden interactuar con los consumidores y promocionar sus productos y servicios. Otro ejemplo lo tendríamos en la figura del data anlayst/scientist. Con un volumen de información que crece a una tasa del 40% por año, no es de extrañar que las personas que pueden analizar y procesar todos estos datos tengan una gran demanda. Otro caso en el sector servicios lo tendríamos en los conductores de Uber. Esta empresa se fundó en 2009 pero lo hizo a la manera de las born globals, es decir, con una estrategia de crecimiento a nivel internacional (en 2015 duplicó la cantidad de usuarios activos en su plataforma en los Estados Unidos) hasta convertirse en una de las empresas más valiosas del mundo (53 mil millones de dólares). Si bien para el último Índice de Capital Humano publicado por el World Economic Forum esta volatilidad en los puestos de trabajo se debe a los rápidos avances en robótica, inteligencia artificial, biotecnología, materiales avanzados y genómica, no todos los nuevos trabajos están relacionados con la tecnología. La preocupación por un mundo más sostenible también se manifiesta en puestos de trabajo actuales, como el del sustainability manager. Incluso las empresas que no están trabajando en sectores “verdes” están contratando personas para ayudarlas a usar sus recursos de manera más eficiente y tomar decisiones respetuosas con el medio ambiente.

En base a estas nuevas aunque desconocidas demandas, ¿qué podemos hacer desde la universidad para asegura que nuestros estudiantes podrán afrontar con éxito su futuro profesional? La respuesta pasa por el desarrollo de las denominadas competencias transversales (soft, en inglés).

En resumen, muchas de las profesiones actuales dejarán de existir en el futuro. El problema es que no sabemos cuáles ni en qué momento, ni por qué profesiones serán sustituidas. Por este motivo es necesario cambiar el paradigma educativo actual para asegurar que los alumnos podrán adaptarse a estos cambios. A fecha de hoy estamos enseñando profesiones (sólo hay que ver las titulaciones universitarias actuales: grado en economía, en arquitectura, en derecho, etc.). Pero, ¿qué pasaría si uno aprende a ser contable y dicha profesión desaparece porque se crea un sistema inteligente que permite procesar datos contables de forma instantánea y hacer los cálculos de forma automática? Si a lo largo de su formación dicha persona no ha aprendido a hacer otra cosa, cuando salga de la universidad no sabrá hacer nada más que esto. Enseñar a nuestros alumnos una determinada profesión es un error. En su lugar, debemos enseñarles a sobrevivir, a adaptarse y a darles las herramientas suficientes para que puedan reciclarse.

Esto tiene grandes implicaciones, siendo una de ellas cuestionar la utilidad de las asignaturas. En las escuelas (principalmente en la educación primaria) varios centros ya se están adaptando a este nuevo paradigma y en lugar de asignaturas disponen de ambientes de trabajo en los que los alumnos solucionan problemas que requieren de la integración de diferentes conocimientos junto con el desarrollo de competencias transversales. En el ámbito universitario esta tendencia está llegando también en el aula, si bien a un ritmo mucho más lento, principalmente por la falta de formación en los docentes. Una de las prácticas más habituales pasa por integrar dentro de las asignaturas proyectos reales de empresas, haciendo así del proceso educativo una vivencia profesional y personal. La realización de tareas prácticas (tanto si se acierta como si se falla), está comprobado que produce resultados mucho más rápidos que estudiar en un entorno puramente teórico.

En este contexto nace el proyecto B-SMART de la Universidad Internacional de Catalunya que tengo el placer de liderar junto con la profesora Dolors Gil en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales. Hace apenas unas semanas nos concedían la II Beca Fundació Puig en Innovación Docente para su puesta en marcha. Aparte de sugerir “sé listo”, el proyecto B-SMART debe su nombre a las siglas inglesas de Socially-engaged, Motivated, Agile, Resolute y Talented. La B puede representar tanto el verbo “to be” como puede referirse a business (ámbito de estudios de nuestra facultad). El proyecto pretende diseñar una plataforma que conecte a PYMEs, startups y ONGs con alumnos, para dar respuesta a problemas reales, integrando estos problemas en las asignaturas del Grado en Administración y Dirección de Empresas. Teniendo en cuenta su tamaño y edad, en muchas ocasiones este tipo de entidades no disponen de suficientes recursos o tiempo para dar respuesta a ciertas necesidades. Haciendo uso del talento y conocimientos de los alumnos (y los profesores involucrados), se pretende ayudar dichas instituciones a encontrar soluciones a las operaciones de su día a día. Así mismo, con la inclusión de instituciones sin ánimo de lucro, se pretende fomentar la vertiente social del proyecto. Por ejemplo, si una empresa necesita diseñar una estrategia de marketing para el lanzamiento de un nuevo producto, se intentará que los alumnos, bajo la supervisión del profesor responsable de la asignatura de marketing, proporcionen una solución.

El objetivo último es doble. Desde el punto de vista académico, se busca lograr un aprendizaje significativo mediante el cual los estudiantes tomen consciencia de los conocimientos teóricos necesarios para dar solución a un problema real. Así pues, más que enseñarles el contenido y luego aplicarlo, se busca el “learnign by doing”, de manera que en paralelo a las competencias y conocimientos técnicos, se asegura el desarrollo de competencias transversales, tales como el pensamiento crítico, la creatividad o la búsqueda de información. Por otro lado, desde el punto de vista empresarial, el proyecto busca cumplir con la tercera misión de las universidades, es decir, la transferencia de conocimiento, en este caso, a través de la función docente (siguiendo la reflexión que hacía en mi post anterior).

En conclusión, en un mundo en constante mutación, debemos asegurar el desarrollo en nuestros estudiantes de las denominadas competencias transversales. Potenciar su desarrollo a través de la educación es una de las formas más efectivas de luchar contra las desigualdades sociales, aumentar la empleabilidad de los jóvenes y facilitar su incorporación al mundo del trabajo.

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Comentarios
  1. Rafael dice: 11/06/2018 a las 13:07

    Precisamente por eso hay que enseñar ciencia porque siempre será ciencia: ciencia matemática, ciencia física, ciencia jurídica, ciencia fiolosófica. Lo que no hay que enseñar es el uso de plataformas y programas informáticos que a saber si duran cinco años; y sobre todo hay en enseñar a “comprender”.

  2. Maria Antonia García Benau dice: 11/06/2018 a las 21:21

    me ha interesado muchísimo tu post. Buenas ideas y reflexiones que deberíamos incorporar en nuestra labor en las universidades.

  3. Adriana Perez dice: 13/06/2018 a las 09:25

    ¡Enhorabuena por el proyecto B-SMART y por la magnífica reflexión!

  4. Pello Salaburu dice: 03/07/2018 a las 12:43

    Desde otra perspectiva (o a lo mejor es la misma) hablé sobre el tema aquí: http://www.universidadsi.es/universidad-empresa-dos-mundos/

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