Univerdad

Una conversación pública sobre la universidad española en clave afirmativa y crítica, desde la independencia y el rigor intelectual

El disputado voto del PDI permanente doctor

Como es sabido, la LOU admite posibilidades diversas para la elección de Rector o Rectora en las universidades públicas. En primer lugar, porque remite a los estatutos de cada universidad que la elección corresponda al Claustro o a “la comunidad universitaria mediante elección directa y sufragio universal”. En esta última modalidad, que es la adoptada, con una excepción, por todas las universidades, “el voto será ponderado por los distintos sectores de la comunidad universitaria. En todo caso, la mayoría corresponderá a los profesores doctores con vinculación permanente a la universidad”.

Esta condición de mayoría del profesorado doctor permanente propicia la creencia de que los votos de sus miembros tienen una gran relevancia en el resultado y la consiguiente focalización de las campañas electorales en este sector.

La división del cuerpo electoral en sectores varía según las universidades, pero a los efectos de esta entrada podemos asumir que hay cuatro: PDI permanente doctor, otro PDI, PAS y estudiantes (que denominaremos sectores 1, 2, 3 y 4). Los pesos, llamémosles ex ante, de estos sectores se establecen en los estatutos y se sitúan, respectivamente, en los intervalos 51-59, 6-18,183, 7,407-13 y 17,7-30. Sin embargo, el peso final de cada sector tras el escrutinio, llamémosle peso ex post, puede depender o no de la participación en cada uno de ellos.

En el primer caso, el peso de cada voto individual es invariable; por ejemplo, si el sector 1 tiene un peso igual a 51 y consta de 1.000 miembros, el voto de cada uno de ellos tiene un peso igual a 0,051, con independencia de si la participación en el sector es alta o baja, aunque puede ocurrir que de una participación baja en el sector 1 y alta en otros sectores resulte un peso del sector 1 inferior al que fija la ley, lo que obliga a reasignar los pesos ex ante a los sectores, para que el peso final del sector 1 sea mayoritario. Así pues, el peso de cada sector en el resultado electoral depende del número de votos válidos en cada uno de los sectores.

Pero casi todas las universidades han optado por que los pesos ex post de los sectores sean igual que sus pesos ex ante, sin tener en cuenta los niveles de participación, por lo cual el peso de cada voto individual sí depende de ella. En un sector 1 de 1.000 miembros y con un peso igual a 51, con una participación del 100% el peso del voto de cada miembro sería 0,051; pero si solo votara un miembro su voto valdría 51 (en tal sumamente improbable supuesto, este único voto sería suficiente para decidir el resultado; así pues, en este y en los otros sectores, tal vez quien ha decidido votar tenga poco interés en fomentar la participación en su sector: a menos participación, más poder de decisión de quienes participan).

Como la participación por sectores suele ser muy heterogénea, la importancia final de cada voto individual puede ser muy distinta de la que parece derivarse de los pesos de los sectores. Veámoslo con un ejemplo ilustrativo, con los datos reales correspondientes a unas elecciones celebradas, a finales de 2017, en una universidad pública determinada, con pesos de 51, 14, 11 y 24 %, respectivamente, para los sectores 1 al 4, cuyos censos figuran en la tabla siguiente. En ella el peso de los sectores se ha expresado en tanto por millón, con el fin de obtener cifras más cómodas en el cálculo del peso de un voto (peso del sector dividido por su censo) en el supuesto de una participación del 100 %. Finalmente, la tabla muestra cuántos votos de cada sector serían necesarios, en dicho supuesto, para igualar el peso de un voto del sector 1 (por ejemplo, un solo voto del sector 1 sería equivalente a 41,51 votos del sector 4); esta columna no cambiaría si los niveles de participación fueran idénticos en los cuatro sectores. A la vista de estos valores puede parecer que los únicos votos importantes son los del sector 1 y que el sector 4, en particular, no merece ser tenido muy en cuenta en una campaña electoral, ya que el esfuerzo necesario para convencer a un miembro del sector 4 vale más dedicarlo a convencer a un miembro del sector 1.

Celebradas las elecciones, la participación en los diversos sectores fue la que se ve en la tabla siguiente (como suele suceder, relativamente alta y similar en los sectores 1 y 3 y muy baja en los sectores 2 y 4, especialmente en este último), por lo que el peso de cada voto individual difirió substancialmente del que hubiera tenido con una participación del 100 % en su sector.

Así pues, en el ejemplo que nos ocupa, finalmente los votos con menor peso fueron los del sector 3 (PAS); un voto del sector 4 (estudiantes) contó como 1,54 votos del PAS. Por su parte, los de los sectores 2 y 4 (otro PDI y estudiantes, respectivamente), estuvieron mucho más cerca de los del sector 1 de lo que podía pensarse a priori: 3,82 votos de estudiantes y tan solo 1,47 votos del otro PDI equivalieron a 1 voto del PDI permanente doctor.

No pretendo discutir aquí si resultados como el del ejemplo reflejan adecuadamente la relevancia de los miembros de los diversos sectores en la toma de decisiones en la universidad, sino aportar elementos de reflexión, a todos los sectores, para la elaboración de reglamentos y de campañas para las elecciones rectorales en las universidades públicas. Las cosas no son siempre como parecen.

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Comentarios
  1. Neila dice: 14/09/2018 a las 11:23

    Muchas gracias por este artículo. Muy importante reflexión.

  2. […] Artículo de Albert Corominas en UniverSÍdad […]

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