Univerdad

Una conversación pública sobre la universidad española en clave afirmativa y crítica, desde la independencia y el rigor intelectual

Innovación docente: queda camino por recorrer (III)

Cambios previsibles para las profesiones docentes

En esta última  entrada sonre “innovación docente” echamos una mirada rápida a los cambios que van a conformar una “nueva normalidad”, mucho más cambiante,  a la que se refiere Justo Nieto Nieto en su libro Y tú…, ¿innovas o abdicas? (2008). Este nuevo contexto impactará fuertemente en las profesiones docentes, sin que los estatutos o las acreditaciones puedan “protegerles” de la imperiosa necesidad de innovar.

Parte de la “nueva normalidad” será la necesidad de adaptarse al aumento exponencial de las innovaciones tecnológicas y la hiperconectividad.

Sin embargo, desde varios lados se señala que las universidades -o algunas de ellas- parecen ser renuentes a la integración en la cotidianidad de las TIC:

  • Según la Comisión Europea (2013), “todos los centros educativos deben mejorar su capacidad de adaptarse, promover la innovación y aprovechar el potencial que ofrecen las tecnologías y los contenidos digitales”, pero “las estrategias de los centros suelen ser reacias a abrirse a una enseñanza a través de las TIC”.
  • La Fundación Telefónica (2011) señala en su informe Universidad 2020: Papel de las TIC en el nuevo entorno socioeconómico que “la tendencia es imparable”, “el entorno es diferente” y “las universidades deben adaptarse si quieren garantizar su supervivencia en el medio plazo”, y que “hay que convencer de la necesidad de cambio” y las universidades deben ser “referentes en la utilización de las TIC en todos sus ámbitos: gestión, docencia, investigación, transparencia, gobierno, etc.”. La importancia de este reto resulta corroborada por el análisis de las barreras que se presentan para la implementación efectiva de las TIC en el ámbito universitario. Más allá de las dificultades tecnológicas concretas, la suma de otros factores como la cultura de la organización, la falta de competencias básicas, el miedo al cambio y la falta de tiempo y de formación, dificultan su presencia efectiva (Fundacion Telefonica, 2011).

Expectativas y comportamiento de los estudiantes

En proporción, serán cada vez menos los jóvenes egresados que acceden a la universidad procedentes de la Educación Media, mientras que aumentará la de los adultos que vuelven a ella (“second chancers”), en fases de formación, formación continua o reorientación. En su mayoría, los alumnos no querrán estudiar durante varios años en un programa estructurado y rígido, sino elegir el ritmo, contenidos y modo de aprendizaje que les convenga en cada momento (por ello se habla de estudiantes “fluidos”). Aprenderán de otros modos y con otros objetivos.

Tal como se subraya desde el ITESM (2014: 47) “Para superar el desfase con las generaciones actuales, las universidades necesitan adaptarse a la forma en que se comunican y aprenden los estudiantes [véase figura adjunta]; solo así es posible estimularlos e involucrarlos en el proceso de enseñanza-aprendizaje”. Sin embargo, no se trata sólo de aplicar metodologías (diversas y diferentes), sino de modificar los contenidos que se imparten.

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Los jóvenes de la próxima década, habiendo vivido desde su nacimiento en entornos altamente tecnológicos, utilizarán casi de manera exclusiva dispositivos móviles que les permitirán el acceso a diferentes aplicaciones y contenidos interactivos, en contextos de aprendizaje colaborativo y social.

Si nos fijamos en lo que ocurre en el aula, observamos progresivamente que los nativos digitales están constantemente conectados y comunicados a través de las redes sociales; interactúan con diferentes tecnologías, adaptándose a los cambios que las mismas experimentan; son multitarea y trabajan principalmente con flujos de información rápidos y reducidos; si bien se comunican a menudo de manera escrita, son crecientemente visuales (vídeos, emoticones, gráficos…); sus hábitos de lectura son bajos (en comparación con generaciones anteriores) e interactúan con informaciones múltiples a la vez; son inmediatistas y buscan la aplicabilidad de lo aprendido, pensando que “se puede empezar de cero” en cualquier momento; y, tienen potencialidad para generar contenidos digitales y no sólo consumirlos.

Así pues, se pone de manifiesto que las nuevas generaciones de jóvenes que entran en la universidad, y que, posteriormente, se integrarán en el mundo del trabajo, tienen formas de acceder al conocimiento, de comunicarse, de aprender y trabajar, diferentes de las que tenían las generaciones de las sociedades analógicas o “predigitales”.

En este entorno, ser docente tiene mucho futuro, con roles diversos y cambiantes,  retos y factores nuevos de atracción y prestigio. 

Los entornos híbridos, flexibles, colaborativos, (a)síncronos, sociales, intergeneracionales e internacionales, serán los espacios en los que se desarrollará el aprendizaje  -fuertemente anclado en las TIC-, que difuminarán los conceptos de aprendizaje formal y no formal, de aprendizaje y vida, de aprendizaje y trabajo.

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Esta flexibilidad permitirá la personalización de los itinerarios de aprendizaje, pudiendo extenderse los mismos tanto espacialmente -accediendo a espacios formativos y materias de diferentes instituciones- como temporalmente -fortaleciendo el aprendizaje a lo largo de la vida-, a la vez que se reconocerán y valorarán aquellos aprendizajes realizados en contextos y/o situaciones no académicas.

Un nuevo escenario y nuevos objetivos para las profesiones docentes

Los docentes podrán ser actores claves de la sociedad del conocimiento, educadores en el sentido más auténtico, innovadores. Solo estarán en riesgo de desaparecer las IES en las que los docentes no innoven.

Algunos rasgos previsibles de los efectos de este nuevo contexto para las profesiones docentes ya se pueden anticipar:

  1. Mayor diversidad en el trabajo de los equipos docentes e incremento de la cooperación entre miembros del PDI y entre miembros del PDI y del PAS.
  2. Estrechar la cooperación con los alumnos y con el entorno social, económico y cultural.
  3. Diversificar los métodos de enseñanza-aprendizaje (y de evaluación), según los objetivos y los participantes en cada módulo.
  4. Utilizar de manera extensa y crítica tecnologías variadas, aprovechando la expertise de los alumnos en este ámbito.
  5. Aumentar el “valor añadido” de las fases presenciales para justificar su existencia, en un ámbito donde será cada vez más fácil y barato aprender los conocimientos más estandarizados en fases digitales.
  6. Adaptarse a la irrupción de nuevas profesiones más especializadas en el ámbito educativo, de la mano de tendencias como el unbundling (desagregación de funciones y quehaceres): apoyo a docencia, material didáctico, investigación en docencia, evaluación de competencias (incluido RAP), etc., como, por ejemplo, se observa aquí o aquí.
  7. Aunque los rankings se enfoquen casi exclusivamente en la investigación (o mejor dicho en la publicación), se reconocerán también los méritos de los innovadores en la docencia y emergerán campeones del aprendizaje efectivo.

Para poder alcanzar estos objetivos, la clave estará en la formación a lo largo de la vida del personal docente. Una formación para aprender a “ser facilitador, estimular la curiosidad de los jóvenes, diseñar experiencias retadoras e interactivas, promover el aprendizaje colaborativo y adaptar las técnicas didácticas que cumplan mejor con los objetivos de la enseñanza” (ITESM, 2014: 47); a afrontar las mutaciones en las TIC y gestionar la educación combinando modelos presenciales, híbridos, blended y totalmente online; a participar de forma activa en las redes sociales para mejorar su desempeño docente, utilizando diferentes herramientas a su alcance de manera eficaz (leer aquí algunas pautas); a  impulsar el desarrollo de las denominadas Competencias Transversales o Competencias del Siglo XXI que, desde muy distintos sectores, se señalan como esenciales para las personas (consultar aquí y aquí); a moverse entre el mundo educativo-formativo y el mundo económico-social, reconociendo los cambios en los ámbitos laborales y sociales para orientar su docencia de manera más ajustada; y, a aprender inglés -y cuantos más idiomas mejor- para no ir con años de retraso respecto al cambio puntero -que suele analizarse y comunicarse primero en inglés-, a la vez que para comunicarse y participar de manera continua y natural en actividades de índole internacional.

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En resumen, es imprescindible que la Educación Superior responda a la demanda de cambios que afectan al qué (contenidos), al cómo (metodologías y dinámicas), al con qué (recursos y tecnologías), al cuándo (hibridación/flexibilización de tiempos), al dónde (redefinición de espacios de aprendizaje y la nube), al quién y con quién (roles del profesor y del alumno).

Por todo ello,aun cobra más sentido la pregunta de Justo Nieto Nieto: Y tú…, ¿innovas o abdicas?

Comentarios
  1. Francisco Miguel Martínez Verdú dice: 24/11/2016 a las 09:51

    Enhorabuena por la serie!

    Si no creamos PAS tecnológicos para contenidos digitales estaremos perdidos. Los docentes somos los arquitectos y diseñadores del.conocimiento híbrido, pero necesitamos “ingenieros” o “maestros de obras” que lo ejecuten según nuestras necesidades. Y no vale un centro interno de apoyo a la innovación docente, sino que debe formarse un red de PAS que instalen en cada departamento, con una vocación de servicio muy clara, y trabajando codo con codo con el docente, y actualizando sus competencias multimedia continuamente. El docente actual no puede ser un superman, y menos en el futuro. Falta mucho trabajo en equipo PDI-PAS.

  2. Eugenio Astigarraga dice: 25/11/2016 a las 08:43

    Gracias por tu aportación Francisco. Tienes razón cuando señalas que no podemos ser super(wo)manes, que abordan sus propias temáticas y a la par conocen -como para utilizarlas- las diferentes tecnologías que van saliendo; por tanto, serán necesarias nuevas figuras profesionales (¿dentro / fuera?) de la Universidad que nos ayuden a ofrecer una formación interesante, actualizada y sólida.

    Hay una publicación -más orientada al ámbito de la Educación Obligatoria- que a mí me parece sugerente en este contexto, y que amplía los roles y perfiles profesionales que podrían necesitarse/coexistir en un Ecosistema de Aprendizaje, podéis encontrarla aquí: http://www.knowledgeworks.org/sites/default/files/future-ed-workforce-roles-learning-ecosystem.pdf

    ¿Quizás también para la Educación Superior podríamos identificar y definir nuevas figuras en esas (u otras) líneas?

    Un cordial saludo.

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