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Innovación y emprendimiento: retos ante un escenario cambiante

La sociedad es cada vez más consciente, aunque no suficientemente, de que innovación y emprendimiento son los retos clave de una economía moderna, social y sostenible, garante del bienestar social. De ahí la importancia de su impulso.

El Informe GEM España,coordinado por el Centro Internacional Santander Emprendimiento (CISE), alerta sobre dos indicadores que llaman a la concienciación social, planificación e inversión para mejorar nuestro futuro.

El primero de los indicadores señala que la tasa de emprendedores en España se sitúa en el 50% de lo que nuestra estructura productiva y capacidad económica requiere. Esa tasa se mantiene estática en los últimos años, pero su balance en calidad decrece: hacemos lo mismo, pero cada día más por necesidad y menos por oportunidad. El  segundo refleja que  la tasa de emprendedores vinculados a las empresas,”intraemprendedores”, se ha reducido un 33% desde la última vez -3 años- que se analizó.

La evolución de estos indicadores coincide con la pérdida de inversión relativa al PIB de nuestro país en I+D+i. Si no invertimos en poner el conocimiento como clave del apalancamiento de los emprendedores y de la innovación no hay solución para la capacidad competitiva y productiva que necesitamos. Según Raymond Torres (OIT), en los últimos 15 años la productividad se ha estancado en España mientras ha seguido creciendo en otros países; los salarios son un 30% más bajos, su diferencial se está ampliando y se pone en peligro la sostenibilidad de la protección social.

El futuro de nuestra sociedad se vincula a su competitividad, ligada a su capacidad innovadora.

Así lo establece el Global Competitiveness Index Report que, en los últimos años, sitúa a España en un nada gratificante puesto, del 36 al 33 mundial, en base a una serie de 12 indicadores como la innovación, la educación superior, y otros índices subordinados también al conocimiento.

fgs_diapo2.pptxLa baja posición competitiva se asocia a nuestro posicionamiento innovador: 55 en capacidad innovadora, 59 en inversión empresarial en I+D+i, 57 en relación universidad-empresa en I+D+i y 84 en apoyo gubernamental a la disponibilidad tecnológica. Mientras, tenemos capacidades no bien utilizadas: 16 en disponibilidad de científicos e ingenieros, 25 en patentes por millón de habitantes y 37 en la calidad de instituciones investigadoras.

Nos falta capacidad de innovación porque tenemos un déficit importante en la capacidad de transferir el conocimiento al tejido empresarial productivo, a pesar de nuestro buen bagaje de conocimiento científico -10º país del mundo- en calidad y cantidad.

España se enfrenta al reto de ser más innovadora: estamos ahora en tercera división europea como innovadores moderados, con Malta, Italia, Portugal y Grecia, lejos de Francia, Gran Bretaña y más aún de Alemania.  Lamentablemente, además de nuestra distancia con respecto a la media europea en innovación, nuestro crecimiento también es más lento, por lo que no tenemos la adecuada dinámica para acceder a nuestro reto: ser más competitivos a través de la innovación.

Puesto que la innovación se convierte en el eje articulador de todo proceso de crecimiento social, la sociedad debe propiciar que todos los agentes, universidades y empresas, con apoyos y estímulos gubernamentales, puedan actuar con principios innovadores y, con sus resultados, potenciar nuestra productividad y crecimiento.

También debemos esforzarnos en fomentar la cultura emprendedora. Necesitamos mejorarla. España tiene una tasa de emprendedores activos en torno a un 5%, la mitad de la media de los países innovadores y su calidad no es la adecuada para potenciar el crecimiento innovador. Los datos GEM 2014 lo evidencian: las empresas creadas por nuestros emprendedores generan pocos empleos, sólo el 11,5% tienen más de 5 empleados; son innovadoras sólo el 15 %  de las incipientes y el 7% de las consolidadas, lo que se vincula a que sólo el 12% y el 5% de las anteriores se basan en tecnología de última generación. Como consecuencia, el 75% de las empresas no tienen capacidad exportadora. Es decir, tenemos un emprendimiento de baja calidad, similar a la estructura empresarial previamente establecida. La débil cultura emprendedora en tiempos difíciles, como estos, explica que el emprendimiento por necesidad crezca y descienda su calidad. Mientras, los países más innovadores son los que más y mejor emprenden.

Existe así una clara relación bidireccional entre ambas culturas: la emprendedora y la innovadora. Se innova mejor a través de personas emprendedoras, válidas para crear nuevos entornos empresariales competitivos por oportunidad y hacer crecer el entorno profesional en el que se encuentran, y se emprende mejor en sociedades innovadoras. Debemos propiciar la respuesta a ambas. Así que la vinculación en cadena de competitividad, alta actividad innovadora, percepción de las oportunidades donde emprender y capacidad emprendedora debe estar analizada como tal, no como situaciones disjuntas. Y debe estar estratégicamente planificada para el crecimiento de la sociedad. Desgraciadamente, nos queda mucho por hacer en sensibilizar sobre el valor del emprendimiento y la innovación. Incluso, diría, carecemos de modelo y, sin él, de voluntad de inversión en nuestro futuro.

Entre el Índice de Competitividad Global y la inversión en I+D+i de cada sociedad se establece una relación de crecimiento simultáneo, pero con un salto en competitividad si la inversión supera el entorno de 1.7% del PIB. España (1.2%) está muy por debajo del umbral que marca el escalón, y sólo País Vasco, Navarra y Madrid invierten por encima de ese valor, lo que las hace más competitivas que otras comunidades, como reflejan sus tasas de paro.

Además, los modelos de inversión en los países más competitivos señalan que las empresas interesadas en impulsar la cadena del conocimiento invierten dos tercios del total. Mientras, las empresas españolas, que apenas superan el 50% de una inversión no suficiente, deberían hacer crecer su inversión en un 75%, al mismo tiempo que las administraciones incrementar su esfuerzo para alcanzar entre todos el 1.7% desde el que empezar. Los resultados en términos comparados pueden verse en la tabla siguiente:

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No hay casualidades. Si nuestras empresas invierten poco en innovación no es casual que el número de empresas innovadoras, 12.000 (0.4 %),  sea minúsculo, siendo su principal hándicap para crecer. Como este, otros indicadores de innovación correlacionan bien con la inversión en ella, por ejemplo, la productividad en patentes. Así, siguiendo el ejemplo, doblando nuestra inversión, y haciéndola efectiva, alcanzaríamos a Alemania, multiplicando por 14 el número de patentes por millón de habitantes.

Como conclusión y ante sus retos de futuro, la sociedad necesita el conocimiento que finalmente estructuran sus empresas.  Por tanto, se debe gestionar el conocimiento entre todos los agentes como la materia prima estratégica de futuro: creándolo y transfiriéndolo. Para ello hay que invertir.  Sin embargo vamos en sentido contrario: decrece la inversión, adelgaza la función investigadora, fuente de nuevo conocimiento, y perdemos recursos humanos altamente formados a los que no aportamos capacidad emprendedora.

 

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