Univerdad

Una conversación pública sobre la universidad española en clave afirmativa y crítica, desde la independencia y el rigor intelectual

La empleabilidad de los graduados universitarios: cuatro décadas de problemas estructurales

En primer lugar, ¿cómo podemos definir la empleabilidad? Esta definición procedente de la Comisión Europea podría servir perfectamente: “La empleabilidad es la combinación de factores que capacitan a los individuos para conseguir un empleo, para permanecer empleados y para progresar a lo largo de sus carreras laborales” (European Commission, 2011).

Para tratar de tendencias de la empleabilidad, conviene echar una mirada hacia atrás. En 40 años han ocurrido multitud de hechos que tuvieron que afectar a esta combinación de factores. Desde el crecimiento espectacular del número de titulados activos (a mediados de los 70 eran apenas unos 170 mil jóvenes titulados universitarios menores de 30 años, en la actualidad son unos 800 mil, pero llegaron a alcanzar 1,1 millones antes del inicio de la recesión). Se construyeron nuevas facultades, se aprobaron sin cesar nuevos estudios. La gran mayoría de los jóvenes pueden conseguir estudiar casi cualquier cosa cerca de casa. Además, se han producido multitud de cambios en los planes de estudios, y las Universidades tienen hoy sus propios servicios de orientación y empleo.  Por otra parte, la economía española ha experimentado cambios intensivos en sus actividades y ocupaciones) que tuvieron que beneficiar a esta creciente oferta de trabajo.

grafico 1 floren def

Después de tantos esfuerzos y cambios, aún seguimos observando serios problemas de empleabilidad, problemas que dudo se vayan a resolver en el corto plazo con la salida de esta recesión.

El paro 

En primer lugar, los titulados universitarios no se han librado de los problemas estructurales de empleo juvenil que caracterizan nuestro mercado de trabajo. Lo podemos ver en el Gráfico 1, en el que se han dibujado las tasas de paro de jóvenes menores de 30 años con estudios y sin estudios universitarios. Otros indicadores podrían ser más adecuados, como las tasas de empleo de los recién graduados, por niveles educativos, sin embargo, no me resisto a mostrarlo en esta entrada.

Como se puede ver, las tasas de paro de los titulados universitarios más jóvenes han sido prácticamente similares a las de los no titulados durante tres décadas. España era un país en el que el rendimiento de la educación en términos de empleo se comenzaba a observar más allá de los 30 años. Esta característica era compartida sólo con Italia y Grecia en el contexto de la UE-15 (1). Desde el inicio de la recesión se ha producido una brecha de casi 20 puntos a favor de los titulados universitarios. Son varios los motivos que permiten explicar esta brecha. En primer lugar, la destrucción de empleo afectó con mucha más intensidad a las ocupaciones que requieren de menos cualificación (2). Por otra parte, estos indicadores no recogen los egresados que han emigrado al extranjero, sólo los residentes en España. En cualquier caso, y aún teniendo en cuenta estos hechos, las tasas de paro de los jóvenes con estudios universitarios llegaron a alcanzar casi el 30% y son aún hoy superiores al 25%.

¿Mejora pronto esta tasa de paro?

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Mi preocupación está en que, por razones demográficas, pero también por la intensidad de la recesión, la competencia va ser feroz en la salida de la misma. En la actualidad, tenemos más de 700 mil parados con titulaciones universitarias, más del doble que a principios de la crisis. Cerca de la mitad tienen 11 años o más de experiencia laboral potencial, por solo un 23% de los titulados recién graduados.

Situación profesional 

El resto de mis preocupaciones se puede resumir en el Gráfico 3, en el que se han dibujado algunas de las características de la situación profesional de los jóvenes titulados.

grafico 3_ff

Al margen del paro, otro problema estructural es el del ajuste ocupacional (la línea morada). También de forma agregada, podemos observar que desde mediados de los años 80, sólo algo más del 40% en media de los jóvenes activos con estudios universitarios trabajan en ocupaciones a priori propias de este tipo de titulaciones (aquí, directivos o profesionales). Es una constante que prácticamente no se ha mejorado en época de bonanza, pero tampoco empeoró en momentos de crisis (3).

Las razones de este desajuste son múltiples, pero en primer término está el hecho de que, en la actualidad, tenemos unos 6 millones de activos con titulación universitaria, por sólo 3 millones de empleos de profesionales y 770 de directivos.  Además, si bien se puede observar una mejora en este tipo de ajuste a medida que pasa el tiempo transcurrido desde la finalización de los estudios, esta progresión parece haberse estancado situándose por debajo del 60% entre los 6 y 10 años desde la finalización de los estudios (veáse este gráfico). Si además nos centramos en el ajuste según el sector de conocimiento de los estudios realizados, la tasa ajuste se reduce entonces al 30%, tal como hemos mostrado aquí.  

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Volviendo al Gráfico 3, otros signos preocupantes son la caída de la empleabilidad en el sector público. Hasta mediados los 90 alrededor de un 30% de los jóvenes titulados universitarios activos encontraban empleo en este sector, antes del inicio de la crisis esta cifra estaba en el 20% y en la actualidad se sitúa en el 10%. Esta era pues una salida importantes que se ha visto muy afectada por la recesión y los ajustes fiscales. El problema de nuevo se sitúa en la competencia que se producirá en cuanto este tipo de empleo comience a recuperarse por la cola que se ha podido ir formando durante estos últimos años. Son salidas laborales cruciales no sólo para estudios específicos como los de las Salud; otros sectores de estudios como las Artes y Humanidades, Filología e incluso Matemáticas tienen buena parte de sus egresados empleados en el sector de la Enseñanza, y la empleabilidad de otros como los graduados en Derecho depende de los empleos en la Administración Pública (4).

Al igual que los empleos públicos, el emprendimiento sigue formando parte de la progresión en las carreras laborales de los titulados universitarios. Alrededor del 15% de los graduados activos son autónomos o empresarios, pasados los 10 años desde la finalización de los estudios (véase este gráfico). Sin embargo, el porcentaje de emprendedores en los primeros años es relativamente bajo, alrededor del 5%. Todas estas cifras son muy estables con el paso del tiempo, y muestran que, si hay un problema, este también es estructural.

Los jóvenes universitarios tampoco se escapan de uno de los principales problemas del mercado de trabajo español: la inestabilidad laboral. Como se puede ver en el Gráfico 7, con la recesión parece que las tasas de temporalidad se han reducido algo para los recién egresados (al igual que para el resto de la economía), pero aun así, menos de la mitad de estos consigue un empleo indefinido. Probablemente los contratos temporales constituyan “stepping stones” en algunas ocupaciones, pero en cualquier caso, sigue siendo muy lenta, y un porcentaje altísimo de egresados se encuentra atrapados en la trampa de la temporalidad durante un largo período desde la finalización de los estudios.

grafico 7 ff

 

La movilidad territorial 

Y finalmente, déjenme mostrarles un último gráfico. Creo que es bastante representativo de la escasa movilidad territorial (entre provincias y regiones) de nuestros graduados. Se trata del porcentaje de egresados que siguen residiendo en su lugar de nacimiento. Cerca del 73% de los titulados viven en su provincia de nacimiento y cerca del 80% lo hacen en su CCAA de nacimiento. Si a estos sumamos aquellos que residen en otro lugar pero trabajan como funcionarios los porcentajes aumentan hasta el 80% y el 85%, respectivamente. Estos indicadores, no recogen, de nuevo, los que han dejado de residir en España, sin embargo lo más desconcertante es que no han cambiado prácticamente con el tiempo. Es especialmente chocante en un momento en el que la movilidad territorial parece ser uno de los elementos clave de la empleabilidad.

grafico 8 ff

No todas las carreras tienen evidentemente los mismos indicadores de empleabilidad, las tasas de empleo divergen, al igual que las distintas medidas de ajuste y progresión a lo largo de las carreras laborales. Vean por ejemplo esta entrada (5), y para un análisis más detallado, los informes elaborados por la Fundación CYD y por el IVIE.

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