Univerdad

Una conversación pública sobre la universidad española en clave afirmativa y crítica, desde la independencia y el rigor intelectual

La esclavitud de la imagen vista desde la Universidad

Este año he tenido el honor de ser invitada a la graduación de la promoción 2014-18. Un honor que me ha dejado un sabor agridulce y que me impulsa a escribir este texto. De esa invitación, me quedo con el orgullo de haber elegido esta profesión y de haber llegado hasta aquí.

Para el resto del mundo, ser becario es algo que “te regalan”. Para quienes han iniciado una carrera docente consiguiendo una beca de colaboración en un departamento, sabemos que es un “hacer fotocopias” por poco dinero y muchas horas para hacer méritos, mientras intentas enlazarla con una beca de investigación que, durante cuatro años, te permitirá “quemarte las pestañas” haciendo tu tesis. Luego, con suerte, entrar como profesor asociado, soñando algún día con ser mileurista y cotizar para tu futuro. Finalmente, después de muchas horas gastadas en aeropuertos de camino a agotadores congresos, de enviar un mismo artículo a diez o doce revistas con la esperanza de que te lo publiquen, lidiando con la burocracia que amenaza con aplastarte…puedes acreditarte y ser ayudante doctor…y seguir adelante; y, todo ello, con la sonrisa puesta de cara al público: nuestro alumnado. Por suerte para algunos, esto nos llena de satisfacción. Sobre todo, después de muchas tutorías extras,  de corregir miles de trabajos, de programar actividades que consigan motivarlos…te dicen: “contigo si hemos aprendido”. Si, además, esto lo refuerzan seleccionándote entre las doce personas que quieren tener en la orla del comedor familiar y en las fotos de su graduación, la satisfacción del trabajo bien hecho te llena de orgullo.

Los discursos del propio acto de graduación confirman estas sospechas. Tus enseñanzas han calado y les has inculcado el gusanillo de querer aprender. Se han dado cuenta de que la carrera no es solo una colección de contenidos, si no que se llevan una competencia que no está en el curriculum oficial: darse cuenta que han de seguir aprendiendo y del valor de una buena educación. Lo que aún no saben, pero averiguarán pronto, es que la impronta ya la dejo su elección inicial de una línea de estudio u otra. Esto va a marcar su modo de ver el mundo a partir de ahora. Los ingenieros nunca podrán ir por la carretera sin valorarla, los abogados no podrán dejar de racionalizar con normas, los biólogos verán la vida en función de que sea efectiva o no para la evolución…¿me equivoco?

Y todo esto es muy positivo para los que creemos en la enseñanza. ¿Cuál es entonces el toque amargo de todo esto? El comprobar que la sociedad transmite unos ideales marcados por la imagen. Mi espíritu de “hippie” reencarnada clama al espíritu de mayo del 68. La libertad de expresión debería ser un derecho que todas y todos reclamáramos a gritos. Llamadme anticuada, pero la feminista que llevo dentro aún admira a aquellas primeras mujeres que intentaron quemar sujetadores  en público. Por eso, el verlas a ellas martirizadas por los tacones, sometidas a horas de peluquería, y a ellos con la corbata apretada al pescuezo y las chaquetas del traje aguantando los envites estivales, me genera tristeza. Esta moda de la ceremonia de graduación, más allá del acto simbólico, se está convirtiendo en uno más de los negocios traídos con la visión edulcorada de las películas estadounidenses, que se ve reforzado por el uso de redes sociales donde todo el mundo es feliz o intenta parecerlo lo más posible. Si hablamos de dinero, el gasto por alumno ronda los cientos de euros, sin contar la cena de gala. Sólo alquilar el local donde quepa todo el mundo (cerca de 900 personas en una tarde) ya excede el presupuesto que puedan pensar.

Así pues, quizás falta algo en la educación que les estamos dando. Quizás es un enfrentarse con algo que sobrepasa la formación universitaria. Y quizás alguien debería hacérselo ver, y no por facebook o Instagram.

Está claro que no debemos quedarnos con la superficialdad del acto, y que es lícito que tod@s queramos vernos guapas y guapos, pero de ahí a que haya que generar esclavitudes, especialmente  si hablamos de estudiantes de universidad pública que llevan cuatro años peleándose con las tasas, o al menos eso dicen, hay un trecho que las competencias no pueden cumplir. Estamos en camino, pero aún nos falta mucho, a pesar de que parece que, a sus ojos, algunos/as no lo hacemos tan mal…

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Comentarios
  1. Adaeze dice: 28/06/2018 a las 20:18

    Marta Talavera, thanks a lot for the article post.Much thanks again. Fantastic.

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