Univerdad

Una conversación pública sobre la universidad española en clave afirmativa y crítica, desde la independencia y el rigor intelectual

La filosofía educativa de los MOOC y la educación universitaria

Escribía yo en el Editorial de RIED (Revista Iberoamericana de Educación a Distancia) (18,1, 2015), titulada “MOOC: tsunami, revolución o moda pasajera“, que son millones de ciudadanos en el mundo que hasta hoy han seguido algún MOOC (Massive Open Online Course). Son cientos de miles los que en este momento están inscritos en alguno de estos cursos. Podemos ser más o menos críticos con los MOOC, pero, por los efectos que se estaban produciendo entonces, no fue desatino total el término de tsunami con que Brooks (2012) en un artículo en el New York Times (3- 5-2012) calificaba a estos cursos masivos, abiertos y en línea. Los señalaba como el tsunami de los campus, como el fenómeno que va a cambiar a la universidad para siempre y de golpe.

No ha sido, no va a ser así, pero sí que ha conmovido algunos cimientos de muchas instituciones de educación superior.

Si realizáramos un estudio de los artículos publicados en los últimos tres/cuatro años en las diferentes revistas científicas relacionadas con los ámbitos de la educación o de las tecnologías, observaremos que en muchas de ellas ha habido, con mayor o menor reiteración, referencias a este asunto. Algunas de estas revistas han dedicado, vienen dedicando, monográficos relacionados con los MOOC.

La RIED ya abordó en su Vol. 17,1, (Entornos abiertos en la nueva educación a distancia), como monográfico, parte de esta problemática. Pero ahora, en el Vol. 18,2, de julio de 2015, la RIED publicó otro monográfico dedicado a algunas de las dimensiones y problemática de los MOOC. ¿Por qué lo hicimos?

El alcance del fenómeno MOOC traspasó con inmediatez fronteras, para convertirse en una magnitud insospechada en el ámbito educativo superior y de la formación laboral. La literatura de mayor o menor rigor académico que puebla hoy la Red resulta inagotable e inabarcable en lo referente a este fenómeno. Insertando el término MOOC en Google Scholar aparecen miles de registros, artículos y libros, referidos a este término. Y en esas lecturas nos encontraremos de todo, los fanáticos de estas propuestas, los críticos radicales, los críticos sin argumentos, los que aportan razonamientos sólidos basados en la investigación, sean a favor o en contra, los que sus opiniones las basan en el mero negocio, los que hablan de los MOOC sin saber sobre ellos, etc.

Del tsunami de Brooks de mayo de 2012, se pasó a la calificación del 2012 como el año de los MOOC. Así lo denominó a finales de ese año Pappano (2012) en el The New York Times en su artículo “The Year of the MOOC”. Con la misma fecha (Regalado, 2012) se publicaba en una revista del MIT el artículo “The Most Important Education Technology in 200 Years“. Sin embargo, el propio The New York Times, un año después (Lewin, 2013) señalaba en otro artículo (After Setbacks, Online Courses Are Rethought) que los MOOC deberían ser repensados. Así, en solo un año, los MOOC pasaron de ser la solución para todo a plantear serias dudas y preguntas. De hecho, el propio Siemens (2013), se preguntaba si podríamos calificar a 2013 como el año anti-MOOC ¿Y qué sucedió en 2014 y 2015? Pues que aumentaron las críticas, descalificaciones y varapalos incesantes a los MOOC. Unas con más y otras con menos fundamentos y acierto. ¿Qué sucederá en, 2016, 2017…?

De la mano de los coordinadores del Monográfico (Vol. 18,2 de RIED) sobre “La filosofía educativa de los MOOC y la educación universitaria”, Dres. Vázquez-Cano y López Meneses, desgranamos el contenido de los artículos que recogen una serie de estudios científicos relevantes y significativos, relativos al emergente ecosistema abiótico de los MOOC, con la intención de avivar una necesaria reflexión socio-educativa colectiva que promueva un desarrollo sostenible de la Ciudadanía social.

En una primera instancia, el profesor Julio Cabero Almenara de la Universidad de Sevilla, en su artículo “Visiones educativas sobre los MOOC, observa los MOOC como escenarios de aprendizaje donde pueden brillar con luz propia nuevas estrategias instruccionales, como los “Entornos Personales de Aprendizaje” (PLE) o el modelo de la “Clase Invertida” (“Flipped Classroom”).

Posteriormente, los profesores de la UNED, Alejandro Rodríguez-Ascaso y Jesús González Boticario en su artículo, “Accesibilidad y MOOC: Hacia una perspectiva integral” señalan que los MOOC ofrecen oportunidades inéditas para el aprendizaje a personas que previamente se enfrentaban a limitaciones para acceder al mismo por motivos económicos, de tiempo, de distancia, de titulación previa, de género, etc.

Por su parte, las profesoras María Esther Del Moral y Lourdes Villalustre de la Universidad de Oviedo en su artículo “MOOC: ecosistemas digitales para la construcción de PLE en la Educación Superior” nos explicitan que independientemente de la taxonomía de MOOC, los diferentes tipos de cursos privilegian las actividades, sean formativas y/o sociales, buscando que los estudiantes asuman el control y gestión de su propio aprendizaje. Desde esta perspectiva, los MOOC pueden actuar como catalizadores para la creación de Entornos Personales de Aprendizaje al permitir conectar una serie de recursos y sistemas dentro de un espacio gestionado personalmente.

En última instancia, los autores afrontan la calidad de los MOOC como un ecosistema digital versátil y personalizable, capaz de responder a las demandas de los usuarios, permitiéndoles organizar su propio aprendizaje de forma divergente y creativa atendiendo a sus preferencias cognitivas, que contempla un eficaz sistema de comunicación para facilitar el intercambio de información y la elaboración colaborativa del conocimiento.

Los profesores José Ignacio Aguaded y Rosario Medina de la Universidad de Huelva presentan el artículo titulado “Criterios de calidad para la valoración y gestión de MOOC” en el que se sumergen en identificar los ejes vertebradores que aseguran los índices de calidad y de la gestión de los MOOC, realizando una interesante cartografía desde los distintos organismos (estatales y mundiales) que se encargan de la industria de la educación y de establecer los criterios de calidad para la gestión del diseño instruccional y la evaluación de la educación on-line.

En la misma línea discursiva sobre calidad MOOC, se presentan otros dos artículos el primero de ellos, titulado: “Validación del Cuestionario de evaluación de la calidad de cursos virtuales adaptado a MOOC”, elaborados por los profesores Santiago Mengual, Rosabel Roig y Carmen Lloret de las Universidades de Valencia y Alicante. En él muestran la necesidad de abordar estudios sobre la calidad pedagógica de los MOOC y cristalizan la siguiente idea sobre los MOOC: aun siendo una tendencia dentro del e-learning, nacen en otro contexto y poseen características que los hacen distintos de los cursos virtuales tradicionales. Es por ello que, entre ambos tipos de modelos, existen elementos comunes y elementos distintos, y como tales deben ser evaluados. El segundo trabajo vinculado con el hábitat de la calidad MOOC fue realizado por los profesores Miguel Baldomero y José Luis Salmerón con el título “La valoración de MOOC: una perspectiva de calidad”.

Cierra el monográfico el artículo realizado por los profesores Carlos Castaño, Inmaculada Maiz y Urtza Garay de la Universidad del País Vasco, con el título: “Percepción de los participantes sobre el aprendizaje en un MOOC”. Se analizan tres variables asociadas a la percepción de los estudiantes sobre el aprendizaje en el curso: el nivel académico de los participantes, el tipo de participación en el curso y la variable género. Aunque la percepción de los estudiantes en la utilidad, motivación y facilidad de uso de un curso MOOC es alta, se observa que el estudiantado no de grado percibe más positivamente la metodología con la que se trabaja en un MOOC.

Asimismo, con respecto a los resultados obtenidos, los autores concluyen que estos cursos muestran una buena aceptación por parte de los estudiantes en contextos universitarios reglados, y sugieren una mayor aceptación en entornos de aprendizaje ligados a la formación continua y al desarrollo profesional.

En fin, concluimos, las ocurrencias deberían dejarse para otros ámbitos. Los MOOC ni son la solución a todos los males educativos del momento, ni tampoco la trampa o el mero negocio, ni solo novedad pasajera o sueño de una noche de verano. La propia investigación los va poniendo en su lugar.

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