Univerdad

Una conversación pública sobre la universidad española en clave afirmativa y crítica, desde la independencia y el rigor intelectual

La modernización de los doctorados: una reforma pendiente (II)

En mi entrada de ayer,  les anunciaba que la estructuración, institucionalización e internacionalización de los doctorados son los tres ejes principales sobre los que se establece el rumbo a seguir para la revisión de estos estudios en las universidades europeas y para asegurar la consolidación de una Europa del Conocimiento. Veamos por qué.

Estructuración de programas y “escuelas” doctorales

Hoy en día los doctorados se alejan del modelo antiguo basado en una vinculación personal, bilateral, individual y exclusiva entre un profesor y un doctorando. La formación de personal investigador altamente cualificado se organiza cada vez más en un marco más estructurado que se compone:

  • de “programas” doctorales que exigen, además de la tesis, otras actividades enfocadas a la adquisición de competencias transversales y profesionales, con arreglo a módulos metodológicos, seminarios y cooperaciones con entidades económico-sociales externas y, a menudo, con la participación de investigadores extranjeros;
  • y de “escuelas” posgraduales o doctorales, que disponen de una masa crítica de doctorandos (y a menudo de jóvenes doctores) y de equipos de profesores-investigadores procedentes de un determinado campo de conocimiento. Tales escuelas pueden ser bastante restringidas o mucho más amplias: existen dentro de ciertas facultades, entre facultades de la misma universidad, en una universidad entera, entre dos universidades o en un distrito universitario (ciudad o región) entero. Además de universidades, suelen incluir centros de investigación no universitarios, empresas, museos, hospitales, fundaciones, etc.

Institucionalización de los estudios doctorales

Los estudios de doctorado, que estaban tradicionalmente en manos de profesores individuales, departamentos y facultades, pasan a gestionarse cada vez más a nivel institucional. Por tanto,  las universidades definen una estrategia explícita para el doctorado y el posdoc, con el objetivo de favorecer una mejor cooperación entre facultades, institutos y servicios administrativos; para permitir la diversificación de las carreras de los doctores; para optar a la elección de campus de excelencia a nivel institucional; para facilitar la competición internacional por proyectos y recursos de investigación; para aumentar la demanda por tipo de doctorado (incluso a tiempo parcial y en el marco de la formación continua); para estimular el crecimiento de los doctorados “profesionales” o “industriales” y la movilidad internacional; para mover su posición en los rankings internacionales; y, además, para buscar acreditaciones y sellos de calidad.

La institucionalización supone también el desarrollo coordinado de servicios de apoyo, tanto académicos (selección y admisión de doctorandos, módulos comunes de metodología y de formación, integración de los doctorados en los SIGC, etc.) como administrativos (empleo y seguimiento de los doctores, movilidad, portales de Internet, gestión de los acuerdos de cooperación y los proyectos, etc.).

Internacionalización de los estudios de doctorado

Al mismo tiempo, se puede observar que los estudios de doctorado se van europeizando (y en realidad, internacionalizando) rápidamente y profundamente, en un contexto de creciente cooperación y competición entre universidades y países.

Para reforzar la capacidad de los doctorandos y doctores de integrarse en equipos y proyectos internacionales, se enfatizan 3 ejes de internacionalización que se combinan y se refuerzan mutuamente:

  • Estancia de los doctorandos y posdocs en una universidad o empresa extranjera, con el apoyo de entidades como EURODOC, el programa Marie-Curie o el Consejo Europeo de Investigación. Son cada vez más numerosas las universidades que no contratan como profesores a doctores de su propio país si no han pasado 2 o 3 años en el extranjero;
  • Varias fórmulas de doble titulación o titulación conjunta, como la co-tutela de tesis, los títulos de doctorado dobles o conjuntos, los programas de doctorado integrados entre universidades distintas, las publicaciones conjuntas de artículos, etc. Estas actividades se valoran positivamente en ciertos rankings y por ello reciben cada vez mas atención;
  • Inclusión en el título de doctor de una referencia a su carácter europeo/internacional: a pesar de que muchos doctorados son europeos o internacionales por su tema u organización, la mayoría no tiene en su título ninguna referencia a esta dimensión. La principal excepción son los “Doctorados Europeos” para los cuales se fijaron ya en 1993 unos criterios formales: estancia de al menos tres meses en el extranjero, al menos dos expertos extranjeros en el Tribunal y parte de la Tesis doctoral, al menos resumen y conclusiones, debe ser redactada y presentada en una de las lenguas oficiales de la Unión Europea; el “Doctorado Europeo” ha conocido un notable éxito en las ciencias humanas y sociales en algunos países, pero nunca se ha convertido en un auténtico “sello de calidad”, por falta de mecanismos de garantía de calidad y de protección de la “marca”.  En España, el R.D. de 2011 menciona  expresamente el Doctorado Europeo, pero como una categoría particular del “doctorado internacional” para el cuál fija criterios formales afines a los del doctorado europeo. No obstante, esta mención de “doctorado internacional” no está acordada y aceptada internacionalmente, ni tampoco difundida o conocida en el ámbito mundial. Parece responder a la necesidad mas específica de fomentar la movilidad de doctorandos entre España y Latinoamérica.

En la actualidad, la mayoría de doctorados españoles sigue enfatizando casi exclusivamente la preparación de futuros académicos, aunque se sabe que habrá pocos puestos disponibles en España y en Europa.

Muchos programas de doctorado quedan aislados y hay pocas escuelas doctorales con la masa crítica, la profesionalidad y la interdisciplinariedad que hacen falta.

No obstante, en los doctorados de muchas universidades españolas ya se observan varios rasgos de “modernización” y muchas de ellas son conscientes de la necesidad de reorientar su doctorado para responder a las necesidades de la Europa del Conocimiento. Queda sin embargo la inquietud, relacionada con los mecanismos de acreditación previstos, de prestar una mayor atención al carácter distintivo de los doctorados.

En opinión de muchos expertos, los doctorados no se deberían acreditar individualmente: bastaría disponer de una “mención de calidad” como existía antes en ANECA y evaluar (no acreditar) las estrategias institucionales o las escuelas doctorales, como ya ocurre en Reino Unido, Francia y Alemania.

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