Univerdad

Una conversación pública sobre la universidad española en clave afirmativa y crítica, desde la independencia y el rigor intelectual

La universidad informal

[Cualquier parecido con la realidad será fruto de la imaginación o experiencia del propio lector]

Las metáforas y las historias tienen muchísima más fuerza (lamentablemente) que las ideas; también son más fáciles de recordar y más divertidas de leer.
Nassim Nicholas Taleb. El cisne negro.

Hace no mucho tiempo, en un lugar no muy lejano (una universidad pública española), un profesor recién llegado de la prestigiosa ROU (The Ranking One University), que no conoce todavía bien el funcionamiento de su nueva universidad, se dirige al despacho de su Decano para hacerle lo que él cree que es una sencilla e interesante propuesta. El hombre no es consciente de las dificultades de la misma, ni del impacto que su propuesta tendrá en su interlocutor. Ha estado poco tiempo en España.

–¿Qué tal te va, Decano? –pregunta el recién llegado profesor.
–Ya sabes, rellenando papeles en los huecos que me dejan las reuniones –responde el Decano, animoso y levantándose de la mesa para saludarle afectuosamente.
Al profesor le extraña tanto afecto, pero ya le habían advertido de que le atendería bien, porque era un tipo muy agradable y estaba de elecciones.
–Papeles, papeles, en todos los sitios es lo mismo –afirma condescendiente el nuevo profesor–.
No te entretengo mucho. Venía a verte porque he estado pensando en que estaría bien que pudiéramos incluir una asignatura para iniciar a los estudiantes en un área con muchas posibilidades para su futuro. Es algo nuevo, en lo que llevo trabajando algún tiempo en la ROU –explica el profesor entusiasmado.
El Decano se ha quedado paralizado. Le ha cambiado la cara.
–Seguro que es muy interesante, pero eso supone una modificación del plan de estudios y eso es, eso es muy complicado –dice el Decano, casi con asombro, abriendo los ojos, sin saber si es ingenuidad o ignorancia lo que le ha llevado al recién llegado profesor a hacer esa casi-inviable propuesta.
–Había pensado en una pequeña optativa –insiste todavía seguro y sin perder el ánimo.
–Es lo mismo –sigue escrutando el Decano las expresiones del profesor, sin averiguar su verdadera intención–. Tenemos unos procedimientos demasiado detallados y hay que obtener muchas evaluaciones e informes. Es pronto, pero ya te irás enterando de cómo hacemos aquí las cosas.
–Pero, ¡si sólo es una optativa, hombre! –exclama el profesor, que todavía mantiene el optimismo, animado por lo que le habían contado que sucede con todo tipo de peticiones antes de unas elecciones a Decano.
–Ya te digo que da igual –dice el Decano, dejándose caer en su silla, abatido por los dolorosos recuerdos de la elaboración del último plan de estudios–. Cualquier cambio tiene que ser aprobado por un montón de comisiones en donde está mucha gente que discute todo, que pelea por todo y hasta se insulta: Departamentos, Comisión de Planes de Estudio, Junta de Facultad, Comisión Docente, Consejo de Gobierno, Junta de Gobierno –enumera el Decano mientras deja fija su mirada en el infinito, casi con lágrimas en los ojos.
–Pues es una pena –dice el profesor, que no esperaba tantos problemas, e intentando sacar al Decano del mal rato que está pasando–. Casi la tenía preparada. Además ya había aceptado venir un profesor de mi antigua universidad, ya sabes, la ROU, que es el mejor especialista en este tema. Sabrás que hicimos un convenio de colaboración con esta universidad para lo de la excelencia…
–Ya –dice el Decano abriendo los ojos mientras juega compulsivamente con una de esas bolas anti-estrés que tiene encima de la mesa–. También es un lío que den clases profesores que no son de la univesidaaaaad..
Cada solución que presenta el recién llegado profesor parece ser en realidad un problema nuevo. El aspecto del Decano empieza a ser preocupante. Alarga las palabras con un tono casi de ultratumba. Está desencajado.
–Pero, si no costaría nada. Viene con un proyecto –insiste el profesor suavemente en un último y débil intento.
–Es imposible. Es un lío. Hazme casoooo –dice el Decano, dejando resonar en el aire la última palabra y sin mover su mirada del infinito.
De repente, el Decano se levanta de su silla de un salto y grita.
–¿Por qué no propones un curso extraordinario?
–¿Un qué? –el ahora abatido y asustado profesor, parece no entender nada–. Hay tantas dificultades.
–¡No, no! ¡Esto es muy sencillo. Sólo tienes que proponerlo. Rellenas una ficha con el programa, haces los cálculos del coste y la matrícula que tienen que pagar los estudiantes y ya está. Los aprueban casi todos. Además, lo podrías hacer ya este verano. Y, si tienes alumnos, se da.
–Pero, ¿eso se considera que forma parte de los estudios de la Facultad? –el profesor intenta aclararse.
–No exactamente, pero les conceden unos créditos por asistir al curso y después se los reconocemos como parte del título –afirma el Decano con total seguridad–. Ellos tienen su formación y tú, tu curso y unos ingresos extras.
–O sea, ¿lo mismo, pero por una vía diferente? –el profesor pregunta incrédulo.
–¡Exacto! –exclama el Decano entusiasmado, y sin darse cuenta de la cara de asombro que se le está quedando al profesor.
–Y ¿dices que esto me lo pagan aparte? –dice el nuevo profesor, acumulando elementos de asombro.
–¡Claro! Es algo que haces porque quieres y al margen de las enseñanzas oficiales.
–¿Pero esto no es oficial? ¿No dices que después se les van a reconocer los créditos como parte sus estudios de graduado? –ahora sí que ya no entiende nada.
–Mira, la gestión de esto es muy complicada. No te preocupes. Ya te irás enterando. Ahora, haz lo que te digo, que es lo más fácil y rentable –sentencia el Decano con satisfacción. Sin mucha reflexión, pero confiando en lo que le ha dicho, el recién llegado profesor intenta ordenar las ideas y aclarar lo que tiene que hacer.
–Bueno, pues dime qué tengo que enviarte para que lo pongas en marcha.
–Ah, no. Eso no lo hacemos en la Facultad. Se organiza todo desde la FUGEPNUP –el Decano ha pronunciado estas siglas como si fuese la primera palabra que aprendió en la cartilla de lectura. La había pronunciado tantas veces…
–¿Desde dónde? –exclamó el profesor, que nunca había oído esa palabra.
–Desde la Fundación para Gestiones Privadas de Nuestra Universidad Pública. La FUGEPNUP –y lo vuelve a decir como si todo el mundo debiera saber a qué se refería.
–Pero, ¿eso es de la Universidad? –pregunta el profesor, que, arrepentido de hacer su propuesta, está a punto de renunciar.
–Más o menos. No te preocupes, porque ellos lo tienen todo muy organizado y lo puedes hacer por Internet en un periquete. Yo te mando el enlace y verás que tienen una gente que te ayudará. Ten en cuenta que se quedan con un porcentaje, pero merece la pena, porque se encargan de todo. Y, al final, les dan a los estudiantes el certificado de la FUGEPNUP para que en la Facultad podamos reconocerles los créditos como parte de su formación.

El Decano ya había acompañado al profesor a la puerta para terminar la conversación lo antes posible, porque tenía una reunión. Estaba visiblemente orgulloso de haber reconducido la propuesta y seguro de haber ganado un voto. Aunque sobre este recién llegado profesor tenía dos dudas. Una, qué le había hecho venirse a una universidad española desde su excelente universidad y, mucho más incomprensible, cómo le había dejado entrar el departamento.

El recién llegado profesor que, sin saber por qué, se fiaba del todavía Decano (las elecciones estaban reñidas), no entendía muy bien qué había pasado con su propuesta: dónde estaban los problemas y cuál era la solución. Parecía que sí que podía ofrecer a sus estudiantes lo que quería y creía bueno para ellos, pero lo tenía que solicitar a unas siglas impronunciables que eran, más o menos, la universidad, de forma extraordinaria, cobrando más dinero a los estudiantes, pagando dinero extra a los profesores y sin ninguna de las múltiples comisiones, informes y evaluaciones, cuyo mero recuerdo casi hace que el Decano entrase en estado de shock. Por lo visto, hacer cursos extraordinarios era mucho más sencillo y rápido que hacerlos ordinarios, aunque el curso, los profesores y los estudiantes eran los mismos.

Como nuestro recién llegado profesor venía de una universidad extranjera, no entendió bien los problemas de poner en marcha su curso, pero le pareció que el formato era lo de menos, que lo importante era ofrecerles a los estudiantes la posibilidad de introducirse en ese tema que consideraba podría ser importante para su futuro profesional.
–FUGEPNUP, FUGEPNUP,-pensó- creo que tengo que aprender a pronunciar esta palabra con soltura.

Nuestro Decano, ¿tiene un problema de doble personalidad o es capaz de vivir en dos universos diferentes? Nuestro recién llegado profesor, ¿sabrá adaptarse? ¿Por qué lo que es complicado en un lado puede hacerse de forma sencilla en el otro? Y, si los dos universos son tan diferentes, ¿cómo es posible que tengan vías de reconocimiento mutuo? Los universitarios vivimos en estos dos universos de forma simultánea y configuramos las instituciones a las que pertenecemos adaptados a esta forma paralela de actuar. ¿Es correcta esta actuación? En todo caso, es posibilista. Pero lo posibilista tiene que ver con las acciones y lo que se demanda constantemente son reformas de las normas, modificaciones de las reglas de juego.

Descarga y lee el Cuaderno de Trabajo 2 de Studia XXI La universidad informal

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Comentarios
  1. Miguel Herranz dice: 04/04/2017 a las 10:23

    Estupendo artículo, gracias por expresar tan bien estos sin sentidos (descargaré el resto del informe). Los profesores pasamos horas y horas con trámites administrativos cada vez que tratamos de llevar adelante una iniciativa (docente e investigadora…) y, lo peor de todo, es que ese trabajo no se nos reconoce apenas a la hora de las acreditaciones y, lo que es peor, te encuentras con espaldarazos de compañeros que no se involucran lo suficiente prefiriendo llevar otras actividades fuera de la universidad… en definitiva, trabajar por la universidad muchas veces lleva consigo la frustración que aquí se describe…
    Un saludo.

  2. JUANJO Bolufer dice: 04/04/2017 a las 12:15

    Qué divertido tu relato, como una cuadro de López, real como la vida misma, gracias JAVIER por describir esta realidad universitaria que combina en un cóctel cargos y normas y que de su combinacion salen productos como los que muy bien describes: Decanos, elecciones, Planes de estudio, Cursos, Fundaciones, estancias, proyectos …..imposible que el cóctel salga bien y así sobrevivimos en las Universidades, en este universo que para alguien que no esté dentro debe resultar imposible de comprender, como una ecuación triple, GRACIAS por esa visión inteligente de nuestra realidad
    Saludos,

  3. JAIME ALBERTO QUINTO MOSQUERA dice: 04/04/2017 a las 16:41

    Me siento muy identificado con el artículo. La sensación que me queda, principalmente, es la de frustración. Así se siente uno cuando presenta una propuesta a las decanaturas y ese es el tipo de respuestas que recibe. Frustrante

  4. Nora T. Cati dice: 16/04/2017 a las 03:20

    Y si se llamara Extensión Universitaria?

  5. Javier Vidal dice: 18/04/2017 a las 09:19

    Nora, la idea es que no es una “extensión” de la universidad. No es un añadido. Este tipo de actividades están en lo más profundo de la misión de las universidades. Concebirlo como “extensión” implica que podríamos prescindir de ello, que en la lista de prioridades, está muy abajo.

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