Univerdad

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Las universidades españolas en los “rankings” internacionales de 2016: algo hay que corregir

Se ha hablado en este foro en repetidas ocasiones de los rankings de universidades (ver aquí), de sus pros y contras. Los rankings miden lo que miden, ni más ni menos. Esto conviene no perderlo de vista.

Dadas las (imperfectas) formas de elaboración de un ranking, una vez establecidas -y mantenidas- pueden ser una medida de la evolución de las universidades a lo largo del tiempo en el ámbito que registran, sea el que sea.  De esta manera se puede tener una idea del desempeño de las universidades y del sistema universitario de un país.

En una entrada anterior Evolución de las universidades españolas en los “rankings” internacionales: 2009-2015 se comentaba la evolución positiva del sistema universitario español en determinados rankings internacionales, que se truncó en 2015. Entonces se hacía referencia a la posibilidad de que estuviesen aflorando las consecuencias de decisiones tomadas en años anteriores. Ahora nos preguntamos ¿qué ha pasado en 2016? ¿Cuál ha sido el  resultado neto de los cambios producidos en las posiciones ocupadas por las universidades españolas en los rankings de 2016?

Para responder a esta pregunta analicemos varios rankings, a saber: Academic Ranking of World Universities –ARWU-, University Ranking by Academic Performance-URAP-, y SCIMAGO Institutions Ranking. Son rankings claramente orientados a la producción investigadora, elaborados básicamente con indicadores bibliométricos, aunque SCIMAGO incluye también indicadores de innovación y de impacto en la web. En todos ellos los indicadores tienen un carácter objetivo, en tanto que no recogen percepciones/opiniones obtenidas mediante encuestas a muestras con características diversas y difícilmente comparables. En definitiva, son tres de los rankings más conocidos y empleados, elaborados con datos objetivos. Aunque tiene características parecidas, no se incluye el Performance Ranking of Scientific Papers for World Universities -NTU Ranking- puesto que trabaja con datos de una década, siendo más adecuado para identificar tendencias a un plazo mayor que para registrar los cambios de un año para otro, como es este caso.

En el caso de ARWU muestra 500 universidades, con respecto a las posiciones que ocupaban en el año 2015, en el año 2016 hay siete universidades españolas que empeoran su posición y cuatro que la mejoran. La suma de las posiciones pérdidas por el conjunto de esas universidades españolas es de 290, mientras que las posiciones ganadas de las que mejoran son 261, como resultado neto se pierden 29 posiciones. En resumen, hay una mayoría de universidades que pierden posiciones (el 63,6%) y mayoritariamente el número de posiciones modificadas lo son para descender (53%). A esto hay que añadir que en 2016 aparece, entre las 500 primeras del mundo de este ranking, una nueva universidad española que no estaba en el año 2015, mientras que salen dos, lo que también resulta un cambio en negativo.

El ranking URAP proporciona información sobre 2000 universidades y en él aparecen 52 españolas, también este ranking presenta un saldo negativo. Son mayoría las universidades españolas que empeoran su posición, en total 29 (56% de las que aparecen) frente a las que mejoran que son 23. También son muchas más las posiciones que se pierden, en total 1.125, que las que se ganan, solamente 637, resultando una pérdida neta de 488 posiciones. En concreto un 63,8% del total de las posiciones modificadas significan descenso de posiciones.

En SCIMAGO la evolución tiene el mismo sentido negativo. Hay más universidades españolas que pierden posiciones (30) que las que ganan (20). En concreto el 66% de las que registra este ranking pierden posiciones y, también el saldo neto de las posiciones es negativo, se mejoran 601 frente a 281 que se pierden, esto es un 68% de los cambios de posición son de descenso. Es el ranking que registra más universidades españolas con un total de 59 y, como se ha dicho, incluye además de indicadores relativos a investigación otros relativos a innovación e impacto en la web.

En definitiva, en los tres rankings se constata una evolución negativa.

El conjunto de las universidades españolas registradas en esos rankings ha empeorado, ya sea porque hay más universidades que pierden posiciones que las que ganan, ya sea porque el conjunto de posiciones que se pierden es claramente mayor a las posiciones mejoradas.

Lamentablemente, esto confirma la sospecha que expresamos en la entrada anterior. Esto es, la constatación de que algo de lo que miden estos rankings (recordemos claramente orientados a investigación) no se ha hecho bien o se ha hecho menos bien que en el resto del mundo (o al menos de las universidades del mundo recogidas en estos rankings, prácticamente todas). Las decisiones que se tomaron en el pasado tienen sus consecuencias.

Surge una pregunta inmediata (que acertadamente se formuló en un comentario a la entrada anterior) ¿cuál es la explicación? ¿Cuáles son los motivos de que ocurra esto? En síntesis y dado este formato necesariamente limitado, la explicación apunta y se puede resumir en dos palabras clave: volumen y gestión.

La primera tiene que ver con el volumen de inversión en investigación y en las universidades. Ceteris paribus, si no se invierte o no se invierte más que nuestro entorno, entendido como las universidades del mundo, no se va a ganar en posiciones. Esto ha de entenderse como una ley. Pero no es suficiente, ceteris paribus es una utopía, nunca se produce en la realidad. Por esta razón es muy importante también la gestión, la toma de decisiones, la forma en la que se empleen los recursos tanto universidad a universidad como en el sistema en su conjunto.

Siendo importante, no todo es volumen: la buena gestión sostenida en el tiempo es fundamental.

Los datos apuntan a que en uno (volumen) o en otro caso (gestión) o incluso en los dos, en el sistema universitario español no se está actuando mejor que en el resto del mundo, al menos del resto del mundo registrado en estos rankings.

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