Univerdad

Una conversación pública sobre la universidad española en clave afirmativa y crítica, desde la independencia y el rigor intelectual

Los efectos perversos de la endogamia universitaria

La definición de endogamia universitaria no es única, pero podemos entenderla como la situación en la que los profesores trabajan en la misma universidad en la que estudiaron. Cuando se analizan diferentes fuentes de datos, y a pesar de las limitaciones, la conclusión es que el nivel de endogamia en España es muy alto. Se puede estimar entre el 80 y el 90 por ciento. A pesar de este alto nivel, la endogamia no es percibida por la sociedad española o por los mismos universitarios como algo particularmente negativo. Es cierto que hay voces que hablan en contra de esta práctica generalizada, pero vienen en su mayoría de “los de fuera” (jóvenes que después de obtener un doctorado en el extranjero se dan cuenta que tienen escasas oportunidades para volver) o algunos “de dentro” (aquellas personas dentro del sistema ajenas al clientelismo tradicional y con visión más global).

En cualquier caso, los de fuera y los de dentro, aunque sean profesionales brillantes, no forman parte del núcleo dirigente del sistema universitario y por lo tanto tienen escasa capacidad para cambiar el “statu quo”.

Hay varias razones que explican por qué la endogamia es tan alta en España. En muchos casos la endogamia es consecuencia de corruptelas: se favorece al familiar, al amiguete o simplemente al “cliente” del que se espera fidelidad en el futuro. Pero, aunque no hubiera corrupción, la endogamia tiene muchas motivaciones estructurales. La endogamia es también consecuencia de la falta de movilidad del profesorado (y de la sociedad española, en general), de la falta de un mercado de trabajo competitivo (¿por qué cambiar de universidad si todas ofrecen las mismas condiciones?), de la falta de un modelo de gobernanza que promueva la eficiencia (¿qué interés tiene para la institución atraer a los mejores que, además, igual vienen a revolucionar el gallinero?) y por último (pero no menos importante), la generalizada cultura española de fuerte identificación con el lugar de origen más allá de lo razonable (cultura a la que no llamaré pueblerina porque se da igual en las grandes ciudades).

Otra cuestión es explicar porque el problema de la endogamia no se considera relevante en el mundo universitario ni en la sociedad española. Solo es motivo de escándalo, y con razón, cuando es motivado por una corruptela concreta, pero la endogamia como sistema generalizado no se cuestiona. Tal vez la razón principal es que el efecto negativo de la endogamia no es evidente de un modo inmediato. Por otro lado, la mayoría está cómoda con la situación. En las redes generadas por la endogamia, las jerarquías y las relaciones entre los miembros están claras. La endogamia refuerza culturas académicas y organizativas determinadas, garantizando una situación de estabilidad. De alguna manera fomenta la estabilidad, mejora las creencias compartidas y la colaboración.

Si la endogamia no reduce aparentemente la productividad y tiene incluso algunas ventajas (refuerzo de la estabilidad y colaboración), ¿dónde está el problema con la endogamia? El verdadero problema tiene una dimensión diferente.

El problema de la endogamia aparece cuando las universidades se enfrentan a las demandas de una sociedad compleja, cuando tratan de insertarse en el mundo globalizado, y se esfuerzan por participar activamente en la sociedad del conocimiento. En estos casos la endogamia es claramente perjudicial porque fomenta la inercia, el aldeanismo y el aislamiento intelectual. Un profesorado endogámico está más centrado en sus propias instituciones y menos abierto al resto del mundo científico.

Estos efectos negativos de la endogamia se aplican claramente a universidades españolas. Por ejemplo, la producción investigadora española, medida por el número de publicaciones es alta, pero el nivel de impacto es bastante menor y mucho menor el efecto de la transferencia de conocimientos. Ambos hechos indican que la investigación española está relativamente aislada de las tendencias globales científicas y de innovación. Por otro lado, a pesar de las recientes reformas vinculadas al proceso de Bolonia, la enseñanza en las universidades españolas es todavía escasamente innovadora y alejada de las tendencias más avanzadas. Los profesores reproducen las metodologías utilizadas en sus propios departamentos, ya que no tienen ninguna experiencia externa. Pero, probablemente, el efecto negativo de la endogamia es más notorio es en el ámbito institucional: la falta de presencia internacional de las universidades españolas (aparte de América Latina) y su débil papel en el escenario mundial es una consecuencia de la estrechez de miras de los dirigentes universitarios que llegaron a sus puestos por medio de relaciones clientelares que se apoyan en un sistema endogámico y que, en muchos casos, nunca tuvieron una experiencia externa o apenas hablan idiomas extranjeros.

La endogamia no es percibida como demasiado peligrosa en España, pero sin duda es un factor que reduce considerablemente la competitividad de las universidades españolas en un mundo globalizado, es un freno al crecimiento intelectual del país en su conjunto e impide que las universidades jueguen un papel mucho más activo en el desarrollo de la economía del conocimiento.

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Estas notas son una síntesis del artículo: J.G. Mora (2015), “Academic Inbreeding in Spanish Universities: Perverse Effects in a Global Context”. In Yudkevich, M., Altbach, P.G. and Rumbley, L.E. (eds.) Academic Inbreeding and Mobility in Higher Education: Global Perspectives, London: Palgrave Macmillan. Pp 216-227.

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