Univerdad

Una conversación pública sobre la universidad española en clave afirmativa y crítica, desde la independencia y el rigor intelectual

Mejorar las universidades, ese oscuro objeto de deseo

En este foro, y en muchos otros, se han aportado razones y argumentos numerosos que constatan esa necesidad de mejora. A ello hay que añadir la comparación internacional, como la que proporcionan los rankings universitarios (cuyos criterios serán más o menos adecuados, sin embargo cada año son los mismos para todas las universidades). Como se ha comprobado en años anteriores (ver aquí) y también en éste, la comparación internacional avala esta necesidad.

No basta desear para mejorar. El saldo neto de los cambios en la posición de nuestras universidades en el ranking ARWU es negativo.

En la edición de 2017 del ranking ARWU (o de Shanghái), las universidades españolas que pierden posiciones superan a las que ganan, si se consideran las que están entre las 800 primeras. El saldo neto de los cambios de posición es negativo.

La misma conclusión se obtiene tras analizar la última edición del ranking NTU de Taiwan 2017 hecha pública la semana pasada.  Los cambios de posiciones de las universidades españolas en este ranking también arrojan un saldo negativo.

Lo mismo ocurre en los rankings SCIMAGO y URAP, los cambios de posiciones habidos para el sistema universitario español son claramente negativos. No se mejora en el ámbito internacional como sistema universitario. Estos dos rankings consideran 2000, en un caso, y más de 2000 universidades, en el otro. Esto permite tener un número suficiente de universidades españolas para distinguir entre públicas y privadas, y para poder comparar. El saldo negativo del conjunto del sistema universitario español es debido a la pérdida de posiciones en el grupo de las universidades privadas que anula el saldo positivo, aunque sea reducido, de la evolución de las públicas.

Pues bien, reconocida la necesidad de mejora, abundemos en las dos grandes vías de actuación: la de la financiación y la de la planificación y gestión. 

Una, la vía de la financiación, sobradamente tratada y reivindicada. Es lo fácil. Es necesaria esta reivindicación pero no suficiente. Tratemos de añadir algún detalle. Hay una clara y muy significativa correlación entre la puntuación en el ranking ARWU y el gasto corriente por alumno de las universidades españolas. Es decir, a mayor gasto por estudiante mayor puntuación en el ranking y, por tanto, mejor posición. Aunque menor, también hay correlación positiva entre la puntuación en dicho ranking y el porcentaje que representan los ingresos por servicios de las universidades sobre sus ingresos corrientes, por un lado, y también el porcentaje que representan los gastos de mantenimiento sobre los gastos corrientes de las universidades españolas,  por otro. Cuanto mayor peso tienen los ingresos por servicios en los ingresos corrientes de las universidades mejor posición en el ranking. Lo mismo sucede con un mayor peso de los gastos de mantenimiento en los gastos corrientes de las mismas; en ambos casos se obtiene una mayor puntuación en el ranking ARWU.

Y algo más sobre lo que merece la pena reflexionar: la puntuación en el ranking está negativamente (y de manera significativa) correlacionada con el porcentaje que sobre los ingresos totales de las universidades representan las transferencias. En suma, la cuantía o volumen de financiación es importante y también los detalles de su estructura, composición o empleo, lo que no es neutro para la posición ocupada en el ranking.

Dos, la vía de la planificación y de la gestión. En este apartado la autonomía es asunto crucial. Una gran autonomía (que no significa ausencia de control) conlleva una gran responsabilidad. Hay evidencia empírica que muestra que a mayor nivel de autonomía universitaria, mejores posiciones en los rankings internacionales.

Aunque mucho se ha hablado de ello, en la autonomía universitaria puede pasar algo parecido a lo que ocurre con el unicornio, todo el mundo ha oído hablar de él pero nadie lo ha visto. Según el estudio de la EUA sobre autonomía universitaria (http://www.university-autonomy.eu/) realizado en 29 regiones de 26 países, y reconociendo la diversidad existente dentro de cada país como es nuestro caso, las universidades españolas no se encuentran precisamente entre las más autónomas.

España se encuentra en la posición 24 en autonomía organizativa, 20  en autonomía financiera, 23 en autonomía de personal y 17 en la académica.

En particular, y por comparación con el resto de los territorios del estudio, algunos de los déficits de autonomía se dan en los procesos de selección de dirección ejecutiva y de los miembros externos en órganos de gobierno, la financiación en bloque, el control sobre tasas académicas, los procesos de selección, remuneración y destitución de personal, la oferta de titulaciones y las posibilidad de seleccionar mecanismos e instituciones de garantía de calidad. Aspectos fundamentales para la planificación (que a veces pareciera entenderse como una moda pasajera) y la gestión (monopolizada por el día a día).

En definitiva, entre los órganos competentes (de ámbito  estatal o autonómico) que tienen ese grado de control sobre la autonomía universitaria, dejando a un lado iniciativas puntuales a veces ocurrentes, ¿desde cuándo no se diseña, más aún dota de recursos y ejecuta, una estrategia a medio/largo plazo para la mejora del sistema universitario?

Dentro de la limitada autonomía universitaria, la pregunta anterior se podría plantear para cada institución, más allá de las actuaciones del día a día, de actuaciones aisladas o de confundir programa electoral con planificación a largo plazo: ¿se tiene, se ha dotado de recursos (ya se sabe que limitados) y, más aún se está ejecutando una estrategia institucional a medio/largo plazo para la mejora?

Las respuestas a estas preguntas ayudarán a entender el presente y las posibilidades de mejora futuras. Disponer de recursos adecuados, bien asignados como consecuencia de una adecuada planificación, si además está bien ejecutada, es una buena combinación para alcanzar buenos resultados.

Y, si como parece, no es el caso, no hay que sorprenderse de que no se avance. Seguiremos instalados en algo parecido a opciones del tipo: será lo que Dios quiera o que inventen/innoven ellos o siempre fue así no nos compliquemos la vida, que no son opciones muy proactivas, precisamente.

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Comentarios
  1. Antonio Ruiz de Elvira dice: 17/10/2017 a las 08:19

    Financiacion, autonomia, gestion. Son puntos importantes. Pero los Curie trabajaban en un barracon, mucha enseñanza magnifica se ha hecho sin dinero, sin autonomia, con una gestion normalita. Los mejores arquitectos de España son de la epoca franquista.
    Mucho mas importante que estas cosas es saber que se quiere conseguir. Si es la excelencia, es imprescindible apoyar con toda la intensidad posible a los profesores, y exigir a los alumnos esfuerzos sobrehumanos. El que los profesores enseñen lo que otros han diseñano (proletarizacion) y que los alumnos se esfuercen el minimo posible lleva al resultado esperado: Mediocridad. Si se quiere conseguir la media, se consigue. Si se quiere la excelencia, se puede conseguir, pero como con cualquier extremo, se precisa un gran esfuerzo. La “enseñanza sin esfuerzo” es un caminoi directo a la mediocridad.

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