Univerdad

Una conversación pública sobre la universidad española en clave afirmativa y crítica, desde la independencia y el rigor intelectual

No pensamos menos por no estudiar Filosofía (tal y como nos la enseñan)

Uno de los aspectos más controvertidos de la polémica LOMCE es la pérdida de relevancia de las Humanidades en el currículum escolar. La supresión de la obligatoriedad de la Filosofía en 2º de Bachillerato marcó el inicio de una trayectoria cuyo último paso ha sido la eliminación de la Literatura Universal del examen de acceso a la universidad. Muchas voces de la sociedad civil han expresado su rechazo ante estas decisiones, considerándolas un ataque al pensamiento crítico en la educación. Sin embargo, ¿hasta qué punto realmente se ve perjudicada la capacidad crítica de los alumnos con los nuevos planes de estudio?

Por desgracia, la premisa de que la enseñanza de Filosofía, Literatura o Historia en nuestro país estimula el pensamiento crítico es cuestionable: precisamente estas asignaturas son el ejemplo paradigmático del exceso de memorística que caracteriza a nuestro sistema educativo; memorizamos y repetimos, pero no razonamos ni cuestionamos. Esta prevalencia de la memorística no es exclusiva de la etapa escolar sino transversal a todas las etapas formativas, incluyendo los estudios humanísticos universitarios. Desde luego que la erosión de las Humanidades en los planes de estudio no soluciona este problema y parece una decisión poco acertada. Sin embargo, si realmente queremos proteger el pensamiento crítico, es contradictorio que nos limitemos a defender la enseñanza de las asignaturas humanísticas si al mismo tiempo no exigimos reformas en su planteamiento actual en la etapa escolar y la universitaria, indistintamente.

La pérdida de importancia de las asignaturas humanísticas en los planes de estudio tiene importantes consecuencias negativas, y por ello su eliminación debe de ser, cuanto menos, cuestionada. Entre sus muchas virtudes, las letras nos aproximan a mundos y sensibilidades ajenos, nos ponen en contacto con los sucesos históricos, las ideas de pensadores y literatos, y así amplían nuestro horizonte vital. En este proceso de aproximación a quien piensa y vive diferente resulta inevitable el interrogante: ¿en qué momento los sistemas políticos en que vivimos empiezan a parecerse a la distopía orwelliana de 1984? ¿No nos preguntaremos por la influencia de los roles de género en nuestras sociedades pretendidamente avanzadas tras leer a Woolf? Las Humanidades, por mal que se impartan en las aulas, siempre estimularán el pensamiento crítico por su propia naturaleza. Sin embargo, esto no es óbice para el hecho de que nuestro sistema educativo saque tan poco partido al inconmesurable valor que podrían aportarle las Humanidades porque, en realidad, la tarea intelectual que deben realizar los alumnos en estas asignaturas consiste esencialmente en memorizar y repetir, en lugar de en construir ideas propias sobre la base de lo memorizado.

Nuestro sistema educativo saca muy poco partido al valor que podrían aportar las Humanidades.

Es realmente difícil argumentar que la enseñanza de las letras en España esté orientada a hacer del alumno una persona capaz de pensar por su cuenta. Todos los que somos o hemos sido estudiantes en el sistema educativo español, tanto en el colegio como en la universidad, sabemos bien lo que es ir a clase 20 horas a la semana para, prácticamente, copiar lo que dicta el profesor o directamente subrayar el libro de texto, y que luego se evalúe en un examen nuestra capacidad de repetir fielmente la información recibida en lugar de nuestra capacidad de construir argumentos propios. La Prueba de Acceso a la Universidad (“Selectividad”) en la rama de Filosofía reproduce este esquema, al plantear preguntas a modo de epígrafe: “el problema de la política según Platón”, “el problema de la moral según San Agustín”, que el alumno trae previamente aprendidas y se limita a reproducir en el examen. Este sistema dificulta enormemente que aquellos profesores que realmente estimulan en sus alumnos la capacidad de pensar por su cuenta puedan hacerlo y por ello son excepciones aunque existentes, minoritarias.

Así, aunque las Humanidades se prestan a estimular el pensamiento propio del alumno como pocas disciplinas lo hacen, nuestro sistema educativo pervierte esa cualidad al recompensar únicamente la repetición. En otros modelos educativos sí es incuestionable que las Humanidades fomentan el pensamiento crítico. En Francia resulta inconcebible que el alumno conozca de antemano las preguntas del examen de acceso a la universidad, que incluyen cuestiones como: “¿Nuestras convicciones morales se fundan en la experiencia?” “¿El deseo es ilimitado por naturaleza?”, y mucho menos que pueda responder reproduciendo directamente la opinión de un autor sin argumentar por sí mismo. Mientras que en el examen de Historia de la Selectividad española son habituales preguntas del tipo “explique la Guerra de Sucesión”, en el Bachillerato Internacional lo habitual es una pregunta del tipo “Los tratados de paz crean un ambiente para nuevos conflictos armados. En relación a dos guerras que haya estudiado explique en qué medida está de acuerdo con esta afirmación”. No basta con memorizar, sino que hay que relacionar, contrastar y comparar distintas fuentes.

La dinámica docente basada en clases magistrales en las que el profesor transmite información a los alumnos y espera de ellos su reproducción literal en un examen no es exclusiva de la etapa escolar. Por desgracia, es idéntica en la universidad, donde lo habitual es que la pregunta más frecuente que los alumnos plantean al profesor en clases de Humanidades sea un “¿puede repetir?”, motivado por la necesidad de apuntar literalmente todo lo que éste dice. No debe sorprendernos la incredulidad de estudiantes universitarios procedentes de países como Reino Unido, cuyo asombro al pasar un año de Erasmus en nuestro país es tremendo: “he sacado un 9…¡sin pensar!”. Cuando para nosotros resultan completamente normales preguntas de un examen de Historia como “Explique todo lo que sepa sobre los Reyes Católicos”, para ellos es inconcebible que no se les exija desarrollar un argumento original, estructurándolo y analizando ambos lados del asunto basándose en lo memorizado pero sin limitarse a reproducirlo: “El desarrollo de las relaciones entre los géneros en Alemania entre 1890 y 1945 se caracterizó tanto por la continuidad como por el cambio. Analice esta afirmación”. En contraste con estos sistemas educativos, ¿realmente podemos decir que las materias humanísticas en nuestro país estimulan el pensamiento crítico? No lo parece.

Aunque el planteamiento actual de las enseñanzas humanísticas en España deja mucho que desear, es indudable que su desaparición progresiva de los planes de estudio genera aún así carencias en la educación de los estudiantes, privándolos de herramientas para realizarse en plenitud como personas y como ciudadanos. Por ello en ACTÚA por la Educación creemos que relegar las Humanidades a un segundo plano, como se viene haciendo, no es acertado. Sin embargo, cuestionamos que esta pérdida de peso de las asignaturas humanísticas realmente conlleve la pérdida de pensamiento crítico que se le atribuye: por desgracia, en su enseñanza actual lo que impera es la memorística y no el razonamiento. Es contradictorio rechazar la pérdida de las Humanidades si al mismo tiempo no exigimos que su enseñanza realmente fomente el pensamiento crítico. Como ciudadanos, debería preocuparnos mucho más de lo que lo hace el hecho de que estudiar letras en España consista en memorizar y repetir, en lugar de construir argumentos propios sobre la base previa de lo memorizado. Por desgracia, lo cierto es que tal y como se imparte Filosofía a día de hoy -en la gran mayoría de nuestros colegios y universidades- los alumnos no vamos a pensar mucho menos por dejar de estudiarla.

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Comentarios
  1. Senén Barro Ameneiro dice: 04/05/2017 a las 09:50

    Muy buen artículo, que pone en evidencia la triste realidad de nuestro modelo y sistema educativos, fundamentalmente basados en la memorización-reproducción. Si en lugar de preguntar en selectividad el problema de la política según Platón o pedir que nuestros jóvenes digan todo lo que saben de los Reyes Católicos, se les pidiese que reflexionasen sobre lo que dice Violeta, mucho mejor nos iría.

  2. Javier Aranguren dice: 04/05/2017 a las 10:39

    Años de enseñanza en bachillerato. En 1º conseguía animar a pensar a muchos de los alumnos (otros se quejaban porque no sabían qué apuntes tomar: en la siguiente asignatura subrayaban párrafos y –un año– se los aprendían de memoria con las comas). Cuando en 2º les trataba hacer pensar ‘desde’ Platón o Agustín o Descartes, muchos se ponían furiosos porque eso no entraba ‘en el programa’, y porque peligraba su nota de selectividad. Si en vez de memorizar una respuesta tenían el deber de crearla, se veían en desventaja. ‘O tempora, o mores!’

  3. José Luis Parada dice: 05/05/2017 a las 17:00

    Felicidades, Violeta. Eres el ejemplo de lo que debería suceder en un aula escolar y universitaria. Y con esto, apoyo al cien por ciento tu artículo, tan lúcido como oportuno.

  4. Violeta Lanza Robles dice: 10/05/2017 a las 09:49

    ¡Muchas gracias por vuestros comentarios! A partir de mi experiencia estoy muy de acuerdo contigo, Javier, en que el modelo de examen de Selectividad dificulta que el profesor pueda enseñar de una manera que estimule el pensamiento crítico y la creatividad. También coincido en que muchas veces los alumnos, acostumbrados a “no pensar”, pueden mostrar resistencia a hacerlo cuando se cambia el método de trabajo. Sin embargo creo que una vez superada la barrera inicial la sensación de recompensa del alumno es mucho mayor, y creo que las consecuencias, tanto individuales como agregadas, de lograr una transición hacia un modelo pedagógico estimulante merecen el esfuerzo. ¡Espero tratar el tema en un post futuro! :)

  5. FERNANDO dice: 13/06/2017 a las 19:37

    Estimada Violeta. Las Humanidades son fundamentales, como tu bien explicas, para la comprensión del mundo que nos rodea. El debate en torno a si los instrumentos didácticos empleados para impartir filosofía, historia, literatura o arte son los adecuados es otro asunto. Por lo que veo propones que no son imprescindibles esos conocimientos si se propalan de forma incorrecta, por lo que piensas que es posible adquirir pensamiento crítico de otro modo que no sea a través de las Humanidades. Curiosamente no dices cómo. Yo creo que el pensamiento crítico se adquiere de muchas maneras, nos solo a través de la Humanidades, pero pienso que las Humanidades son imprescindibles. Es curioso observar como críticas sin recato ni pudor los métodos docentes empleados por las decenas de miles de profesores de secundaria en España, como si los conocieras todos, sin pararte a pensar que es posible, solo posible, que muchos de ellos utilicen medios ingeniosos, imaginativos y sofisticados para llevar a cabo su trabajo. Es recurrente también acudir al expediente de que en el extranjero todo se hace mejor, y que en países como en Francia la enseñanza es muy superior. Bueno, amiga, creo que eso es cuando menos discutible. Sin entrar a valorar el sistema francés, te diré que nuestros vecinos cuestionan profundamente su sistema educativo. Mi esposa y yo nos dedicamos a la docencia y, créeme, ni los alumnos Erasmus son los mejores (ya sean franceses, belgas, italianos o alemanes), ni los españoles son máquinas de repetir contenidos. Tuve la ocasión de dar clases en la Universidad Hebrea de Jerusalén (7 premios Nobel), y no vi ninguno que fuera mucho más crítico o listo que cualquier otro alumno de una Universidad Pública española. Sintetizando querida amiga: Las Humanidades son imprescindibles; el equívoco al que conduces confundiendo metodología con contenido es falaz; la comparación con otros entornos educativos es siempre problemática, pues los contextos son muy importantes.
    Un saludo y gracias.

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