Univerdad

Una conversación pública sobre la universidad española en clave afirmativa y crítica, desde la independencia y el rigor intelectual

¿Y si pudieran contribuir los “rankings” universitarios al desarrollo social?

La propuesta que aquí se presenta, enmarcada en un trabajo más extenso recientemente publicado bajo el título Universidad y Desarrollo Social, persigue articular mecanismos tangibles que contribuyan a 1) animar a las universidades a trabajar en pro de la mejora de las diferentes facetas del desarrollo social, entendido éste en un sentido amplio; 2) reconocer públicamente la labor de las universidades en este sentido; y 3) poner a disposición de los estudiantes y de la sociedad una información más completa, equilibrada y precisa sobre los logros de cada universidad de acuerdo a los objetivos diversos que, para la Educación Superior, son promovidos desde UNESCO.

Se ha escogido estratégicamente aquí, como ejemplo, uno de los instrumentos que ha demostrado una mayor repercusión a la hora de orientar efectivamente determinadas políticas y actuaciones en el escenario de la Educación Superior: se trata de los rankings universitarios.

Si en algo hay consenso sobre éstos, es en su considerable y creciente protagonismo en el marco de la Educación Superior, incluso a pesar de los conocidos problemas a ellos asociados.

Así, se habla, por ejemplo, de un condicionamiento derivado de la falta de datos para el cálculo de aspectos fundamentales; la falta de rigor en la metodología empleada; la falta de información y transparencia en esta metodología y en la transmisión de los resultados, etc. Y, más allá, entrando en el análisis de contenidos, cabe mencionar un condicionamiento derivado de la construcción de un concepto de ‘calidad’ reduccionista y no ajustado a la diversidad de objetivos encomendados a la Educación Superior.

Habitualmente, la selección y la ponderación de indicadores que configuran la idea de ‘calidad’ en los rankings internacionales supone, a priori, una consolidación de un determinado perfil institucional y presente, esencialmente, en un reducido grupo de países. De tal modo que, frente al fomento de la diversidad institucional, difícilmente conseguirá una posición exitosa en virtud de esta idea de calidad toda aquella universidad que no se ajuste a este modelo, pese a que todas las universidades del contexto internacional sí son –explícita o implícitamente- valoradas a través de este prisma que apenas toma en consideración otros aspectos relevantes o circunstancias históricas, disciplinares, contextuales y culturales de estas instituciones.

Adicionalmente, dos cosas son importantes en este sentido:

  • La priorización de determinados aspectos se hace de tal manera que no atiende a una justificación acorde al conjunto de los objetivos de la Educación Superior (hay autores que califican esta priorización de arbitraria o, incluso, de interesada).
  • Y segunda. La idea de ‘calidad’ (o ‘excelencia’) que manejan los rankings, particularmente en lo referido a la selección de los aspectos sustantivos en que se sostiene tal idea, no responde a criterios democráticos; pero, sin embargo, visto su impacto, afecta de una manera importante a la Educación Superior como bien público.

Así, cabe mencionar, por ejemplo, un condicionamiento en el comportamiento de las universidades derivado de los efectos que producen estos instrumentos de valoración y los resultados que exponen.

Pero, además de las presumibles ‘virtudes’ de los rankings, y conocidas toda una serie de problemáticas como las vistas anteriormente, ¿podría haber algún elemento más que explique la enorme y creciente influencia que estas herramientas de ordenación están teniendo en las políticas en materia de Educación Superior?

Quizá parte de la respuesta a esta pregunta esté en que, además de lo anterior, los rankings ofrecen algo “de interés” que otros instrumentos no ofrecen de forma tan evidente e inmediata, y que tiene que ver con la participación en las dinámicas sociales relacionadas con la estima (propia) y su reconocimiento público explícito.

Es claro que esta persecución de reconocimiento social no es un simple ejercicio ‘alegórico’, dado que su consecución es vista como un medio para acceder a recursos, posibilidades, etc. en un ámbito de competencia institucional. De tal forma que, como es conocido, muchas veces se produce una suerte de “Efecto Mateo” en el que, por ejemplo, las instituciones mejor posicionadas de partida, tienden a concentrar recursos que posibilitan su sostenimiento en tales posiciones.

Ahora bien, y esto es importante, la dinámica de la “persecución del reconocimiento social” aflora en el contexto universitario -en sus diferentes niveles- hasta un punto tal, que desplaza a otros objetivos -presumiblemente prioritarios-, y pasa a tener una preponderancia fundamental. O dicho de otro modo, pasa a tomarse como un objetivo primordial, sobre otros sustantivos, el “evidenciar el propio valor”.

En otras palabras, los rankings:

  • se orientan a hacer posible el reconocimiento social a través de la valoración de unos aspectos muy particulares;
  • y también arbitran un camino tangible para procurarlo, al centrarse en la mejora de tales aspectos.

De tal forma que son un cauce privilegiado, no solo para exponer públicamente dicho reconocimiento, sino también para concretar esfuerzos en su persecución.

Por otra parte, los elementos semánticos y formales de esta narrativa de los rankings universitarios, además, aportan sentido valorativo. Así, por ejemplo, en los rankings frecuentemente se alude a las instituciones que ocupan las primeras posiciones de estas ordenaciones como instituciones “de élite”, en contraposición a la “masificación”.

Este discurso invita a interpretar la realidad de las universidades en términos de la dicotomía “élite”-“masa” y da por hecho una querencia de todas las universidades a alcanzar una situación ideal identificada con esa distinción de la élite.

Ahora bien, ¿por qué no, para definir el escenario universitario, en lugar de usar la óptica de la ‘masificación’, esta realidad es interpretada en otros términos?

Por ejemplo, atendiendo al reto que supone hacer accesible la Educación Superior de calidad a un número cada vez más grande y diverso de personas en todo el planeta, ¿no son precisamente muchas veces universidades que, según la anterior interpretación, son situadas en el polo de la “masificación”, las que, con respecto a otras consideradas de ‘élite’, están en mayor medida aportando a la consecución de que personas procedentes de un origen social económicamente desfavorecido tengan acceso a una Educación Superior de calidad?

Precisamente, se han examinado cinco de los rankings internacionales que más seguimiento tienen en la actualidad, con el fin de comprobar si, entre los objetivos sustantivos de la Educación Superior que contemplan, acogen en alguna medida en su idea de “calidad” algunos aspectos relacionados con el desarrollo social a través de la educación superior.

La principal conclusión desprendida del análisis es que ninguno de ellos contempla indicadores relacionados directamente con los diferentes aspectos del desarrollo social, con la sola excepción, en todo caso, de la inclusión de indicadores de corte económico relacionados con cuestiones laborales y de colaboración institucional con el entorno productivo inmediato.

De forma complementaria a varias iniciativas que ya trabajan para que las ordenaciones de universidades incorporen indicadores ligados a determinados aspectos en que la Educación Superior puede incidir en el desarrollo social, se presenta aquí una propuesta para el enriquecimiento de los rankings universitarios, de modo que pasen a incentivar una Educación Superior más comprometida con el desarrollo social en sus diferentes facetas.

Esta propuesta se divide en dos partes:

  • La primera, ofrecerá una serie de indicadores complementarios a los ya existentes en los rankings universitarios, de modo que estos sean capaces de incentivar la atención por ciertos objetivos ligados a determinados aspectos del desarrollo social y, al tiempo, sirvan de guía para encauzar los esfuerzos de los agentes implicados para la consecución de tales objetivos.
  • La segunda, sustentada en la anterior, esboza las principales líneas de una estrategia a futuro para el fortalecimiento, mejora y reconocimiento de la calidad de rankings universitarios más plenamente conscientes de los objetivos a los que atienden y de sus potenciales repercusiones.

Centrando la atención en varios indicadores de esta propuesta, los cuales entran a dimensionar la presencia en los planes de estudio de competencias “sustantivas” con ligazón directa con diversas facetas del desarrollo social, es importante destacar que determinados objetivos de la Educación Superior solo pueden ser alcanzados si los contenidos sustantivos a ellos aparejados son cuidados y potenciados, al menos, de una forma similar a como ahora ocurre con los contenidos sustantivos más estrechamente vinculados al desempeño laboral.

En conclusión, lejos de ignorar la gran capacidad de arrastre de algunas dinámicas formales de que participan los rankings, como las de “simplificación” o “búsqueda de reconocimiento”, quizá el reto inmediato esté, más que en tratar de luchar impetuosamente contra éstas, en aprovechar su potencial empleando esfuerzos en dotarlas de una sustantividad que favorezca el desarrollo social en sus diversas facetas.

El reto de los rankings universitarios está quizá en dotarlos de una mayor sustantividad que favorezca el desarrollo social. 

Entendiendo que los rankings universitarios ya son una realidad con alcance significativo -y previo análisis de sus ventajas y desventajas-, cabe intentar que los efectos que producen estén, en lo posible, al servicio de los objetivos sociales fruto de conversaciones democráticas de una ciudadanía consciente, capaz y comprometida con la consecución de los derechos y las libertades fundamentales.

Comenzado queda el trabajo al que, desde aquí, se les invita a sumarse.

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Comentarios
  1. Enrique Franci dice: 21/03/2017 a las 13:44

    Los Ranking muchas veces son para los empleadores como si los universitarios solo fueran recurso humano a comerciar y no personas humanas con ilusiones. Debe investigarse la satisfaccion de los exalumnos y de los padres en el transcurso de los años y encontraran sorpresas donde la desilución de estudiar en universidades caras y de prestigio no ha rendido en lo minimo las expectativas y lo logrado por las universidades Públicas o la experiencia de vida. Ir a la Universidad no sólo es para conseguir trabajo.

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