Univerdad

Una conversación pública sobre la universidad española en clave afirmativa y crítica, desde la independencia y el rigor intelectual

¿Quién es un buen profesor universitario?

La mejora en el desempeño de la calidad docente es una de las preocupaciones a las que continuamente debe aspirar la comunidad universitaria. Dejando a un lado la relación inexorable con las nuevas tecnologías, debemos persistir en la búsqueda de indicadores eficaces que nos proporcionen información acerca de quién es un buen profesor. Sin embargo, como vamos a ver, no es una tarea sencilla.

“El profesor mediocre dice. El profesor bueno explica. El profesor superior demuestra. El profesor excelente inspira”. William A. Ward

La praxis de la evaluación de la actividad docente no es una novedad, se lleva realizando desde los años 80. Sin embargo, es en el año 2002 cuando se crea la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) que, siguiendo las directrices europeas, propone un modelo de referencia para la evaluación de la calidad del profesorado universitario a través del programa Docentia. El programa, ciertamente muy ambicioso, se propone medir tres dimensiones: la planificación de la docencia, el desarrollo de las enseñanzas, y los resultados. ¿Cómo lo hace? Aquí es donde se generan las cuestiones más controvertidas: con la valoración del propio profesor, de los responsables académicos y, no menos importante, con la realización de encuestas por el estudiante.

Lo cierto es que las universidades han realizado –aunque de forma parcial- la adaptación del programa (véase un ejemplo aquí) e incluso podemos acceder a algunos resultados (aquí y aquí). Sin embargo, lo realmente interesante es analizar algunas de las controversias que se han generado a raíz de este tipo de mediciones, especialmente, en lo que respecta a sus limitaciones.

En su estudio para la Fundación Europea Sociedad y Educación titulado La evaluación docente basada en el resultado como vía de mejora del sistema educativo, los profesores Pau Balart y Antonio Cabrales analizan algunas de estas circunstancias. En primer lugar distinguen entre las características observables (inputs) y no observables del profesor (outputs). Respecto de los primeros, informan de que las características observables (años de docencia, nivel de estudios) de los profesores en las que tradicionalmente se ha basado tanto la selección como la evaluación del profesorado no están asociadas a unos mejores resultados educativos. En referencia a los segundos, dicen, no existe evidencia científica sobre la relación entre las valoraciones que los estudiantes hacen de la labor educativa de un profesor y su efectividad a la hora de transmitir conocimientos. Lo más probable es que en este tipo encuestas los estudiantes no estén dando una opinión acerca de la capacidad educativa del profesor sino que más bien estén valorando sobre la amabilidad, el grado de dificultad de la asignatura o la simpatía del profesor. Además, estos autores proponen un método de evaluación que consiste en calcular el valor añadido del profesor basándose en el rendimiento futuro de los estudiantes. Existen otros estudios disponibles relacionados con el tema, como este y este.

Una buena gestión educativa requerirá identificar correctamente aquellas personas que puedan llevar a cabo la actividad docente de manera más eficaz.

Estamos en una fase de discusión acerca del mejor modo de evaluar al profesor. Algunos autores han puesto de manifiesto la necesidad de introducir pruebas estandarizadas que nos den una información más fiable sobre los resultados.  Respecto de las encuestas y su problema de participación -y/o de falta de objetividad-, quizá sería una buena idea contar con los propios alumnos en su elaboración y, si esto no mejora los bajos porcentajes de participación que cuestionan su significatividad, nos preguntamos si estaría justificado que fuese una condición obligatoria de matriculación en aras de una mejor universidad. Por otro lado, con respecto a su carácter subjetivo y sus implicaciones, cabría preguntarse cuál sería el mejor momento para su realización, y cuál es la mejor manera de controlar en estos estudios las valoraciones motivadas por causas de índole más emocional.

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*Referencia elaborada por Rafael López – Meseguer para Univerdad

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