Univerdad

Una conversación pública sobre la universidad española en clave afirmativa y crítica, desde la independencia y el rigor intelectual

Selectividad y elección de estudios universitarios

Hace unos 40 años se implantó el actual procedimiento de selectividad o Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU) que ahora llega a su fin. Es difícil añadir algo nuevo a lo ya dicho o escrito en estos días (leer aquí, aquí, aquí y aquí) por eso nuestra propuesta ahora es poner el foco en los motivos de elección de los estudios y sus consecuencias.

Parece claro que el acceso a la universidad debe ser una combinación de mérito y capacidad para los estudios, de actitud y aptitud y, por supuesto, nunca por razones económicas.

Y esto tanto por un criterio elemental de justicia como por interés general: sería contraproducente y poco inteligente para nuestro desarrollo como sociedad desaprovechar talento, al impedir el acceso a personas válidas porque tuvieran algún tipo de barrera económica o social.

Pero pongamos el énfasis en los motivos de elección por parte del protagonista: el estudiante. En el caso de la elección de universidad, en España dicha elección ha estado y sigue estando muy condicionada por el factor proximidad al domicilio. Aunque cada vez con más fuerza, a la hora de establecer un orden de preferencia, opera la búsqueda del prestigio de la universidad o del título concreto que se desea cursar. Por otro lado, la elección de la carrera universitaria tiene una enorme trascendencia en el futuro profesional e, inevitablemente, en la trayectoria vital del elector. Es cierto que esta elección viene condicionada por los estudios previos de secundaria y que más tarde también se puede reconducir, hasta cierto punto, y más aún en estos tiempos con una oferta formativa más flexible y diversificada. Por tanto, hay que restar dramatismo a como se vive a veces ese momento de la elección de estudios. Detengámonos en el análisis de estos motivos de elección.

Para ello tomamos como referencia los estudios sobre egresados de la Universidad de Granada de los últimos años, que recogen la opinión de más de 22.000 egresados/as, tras finalizar los estudios. Un tamaño de muestra que proporciona una base firme, aunque solamente sea de una sola universidad, para los siguientes comentarios. El principal motivo de elección tiene que ver con la vocación, que es indicado por un porcentaje próximo 60% del total y que se da más en el área de Humanidades, Ciencias Experimentales y Ciencias de la Salud y en mujeres. El segundo motivo por importancia es de las salidas profesionales, indicado por un porcentaje cercano al 30% y que predomina en hombres, en Enseñanzas Técnicas y titulaciones relacionadas con Economía y Empresa.

Mientras que los que eligieron por motivos vocacionales, en general, valoran más alto que los no vocacionales (con diferencias estadísticamente significativas) las diferentes características de la oferta académica y de las habilidades y capacidades adquiridas así como otros indicadores de satisfacción,  los que eligieron por motivos profesionales son más críticos con tales características, siempre en términos generales. Eso sí, consiguen su objetivo de tener empleo (presentan mayor tasa de empleo) y una remuneración mayor que los que no tuvieron en cuenta las salidas profesionales.

El motivo de ampliar y completar estudios, que se acerca al 20%, se daba especialmente en las titulaciones antiguas de segundo ciclo, en particular en Humanidades y Ciencias Sociales y Jurídicas.

Otros motivos no llegan al 10% de los egresados. Es el caso de la tradición/recomendación familiar, más frecuente en algunas titulaciones de Ciencias de la Salud o  de Enseñanzas Técnicas, además de Derecho, o la recomendación de terceras personas.

Pero un motivo que llama especialmente la atención, y que se define en negativo, es el de la elección por descarte o por imposibilidad de cursar lo que se deseaba como primera opción. Este motivo oscila entre el  5%-10%, según el año. Este motivo es una fuente de insatisfacción y descontento. Con diferencias estadísticamente significativas, los que se guiaron por ello valoran peor el plan de estudios, la calidad de la docencia, el asesoramiento académico, los servicios, los equipamientos, las diferentes habilidades y competencias adquiridas durante su formación y las demás características de la oferta académica. Lo mismo sucede al valorar la satisfacción con los estudios, con el empleo conseguido, con la experiencia universitaria en general, con la intención de repetir estudios en caso de tener que empezar, con la intención de continuar en la universidad, o con la intención de recomendar el título o la universidad. Por otro lado, los que eligieron por imposibilidad de cursar lo deseado en primera opción son los que tienen menor expediente académico, una menor tasa de empleo y perciben una menor retribución, siempre con diferencias estadísticamente significativas.

En suma, es importante el diseño de un procedimiento de acceso que garantice la igualdad de oportunidades, que sea justo, además de inteligente desde el punto de vista colectivo para lograr un desarrollo social equilibrado, descartando cualquier discriminación por razones económicas o sociales. Pero también hay que considerar los motivos de elección, conocer sus causas y consecuencias y seguir su evolución.

En particular, hay que reducir al mínimo la elección en negativo y sus efectos.  Al menos tratar de paliar tales efectos.

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