Univerdad

Una conversación pública sobre la universidad española en clave afirmativa y crítica, desde la independencia y el rigor intelectual

¿Qué es el “Student Engagement”? El reto de poner al estudiante en el centro del sistema

“De la Universidad me llevo dos grande activos: muchos recuerdos de los alumnos y  profesores, así como grandes amigos. Pero sobretodo me llevo conocimiento. Me han enseñado a tener criterio propio, en definitiva a afrontar los problemas y la vida”. (Estudiante L.M.).

“La universidad está sobrevalorada. El profesor en general trabaja poco, explica siempre lo mismo y es muy distante. Sin duda hay buenos profesores, pero son minoría. Yo no aconsejaría a un amigo que estudiase en esta universidad”. (Estudiante R.M.).

Desde siempre el interés, el esfuerzo y el compromiso han sido la base de los buenos y excelentes estudiantes. Pues bien, la “corriente”, vamos a decirlo así, llamada Student Engagement, quiere profundizar estos conceptos para la mejora global de la universidad.

Importantes universidades del mundo han empezado a indagar de forma científica las condiciones que son más favorables para que los estudiantes incrementen el esfuerzo y compromiso que deben realizar en el transcurso de sus estudios. El resultado obtenido es que deben centrar sus esfuerzos en crear  “entornos ricos de aprendizaje”  principalmente tres:

  1. Disponer de un modelo de docente de calidad que aporte prestigio y señal de identidad de la universidad.
  2. Implicar a los estudiantes en el gobierno de la universidad para que la sientan suya.
  3. Construir campus que sean culturalmente ricos y que faciliten el desarrollo de una formación integral.

¿Con qué actitud vienen los estudiantes cada día a nuestras universidades? ¿Vienen motivados, con deseos de aprender y descubrir experiencias relacionadas con el conocimiento avanzado y profundo del mundo que les puede ofrecer la universidad o, por el contrario, vienen porque están matriculados y tienen que asistir a innumerables clases para superar una carrera infinita de obstáculos durante unos años? ¿Dónde queda la ilusión de los estudiantes que acaban de matricularse? ¿Qué esperan encontrar que sea distinto a lo que se les ofreció en el bachillerato?

Las recientes investigaciones en pedagogía y psicología demuestran que la motivación está intrínsecamente relacionada con el nivel de esfuerzo que hacen los estudiantes y en consecuencia con el resultado final. Si un estudiante, solo o en grupo, está motivado y comprometido delante de un problema a resolver, entonces el aprendizaje y el desarrollo del conocimiento son imparables.

“De forma simple, la implicación del estudiante puede definirse como la cantidad de energía física y psicológica que el estudiante dedica a la experiencia académica” (Astin, 1984).

Para conseguir que surja y se mantenga ese compromiso, dice el Student Engagement, es esencial que la universidad se implique de una manera fundamental, prioritaria y mantenida, en mejorar y redefinir el papel del profesor en un nuevo modelo docente mucho más personalizado para el estudiante. En ese nuevo modelo docente es necesario diseñar planes de estudios como procesos progresivos de aprendizaje de conocimientos y no como un mosaico de asignaturas en donde cada profesor explica y examina de lo suyo. Una de las quejas habituales de los estudiantes es que no entienden la relación de unos conocimientos con la vida real. Es por eso que los planteamientos del Student Engagement ponen mucho interés en introducir metodologías y practicas pedagógicas basadas en casos reales y prácticos ya desde los primeros cursos.

“Así que hoy, cuando se me pregunta ‘¿qué podemos hacer para mejorar el éxito y la implicación de los estudiantes?’, tengo una respuesta. Haz posible que todos los estudiantes participen al menos en dos actividades de alto impacto durante su grado, una en el primer año y una más tarde relacionada con su especialidad fundamental (George D. Kuh 2007).

Pero no todo es responsabilidad del profesor, la universidad debe integrar en este modelo docente aquellos servicios que son esenciales como las bibliotecas, los campus virtuales y los sistemas de información.  Justamente el “Learning Analytics” aplicado a la educación superior va en esta dirección.

“La inteligencia artificial puede tener un impacto en el aula mejorando la personalización del trabajo de los profesores y de los estudiantes. La informática cognitiva también se puede extender fuera del aula y al campus para mejorar el compromiso de los estudiantes”. (Michael King, 2017).

Todo debe estar enfocado, integrado y analizado al servició del estudiante que aprende. Por ejemplo, en algunas universidades incluso promueven la creación de “comunidades de aprendizaje”, que son pequeños grupos de estudiantes que se reúnen de forma periódica durante todo el curso al margen de las clases. Son comunidades de aprendizaje que muchas veces acaban siendo clubs de “amigos para siempre” que se apoyan mutuamente durante toda la titulación.

La participación en el gobierno de la universidad es otro factor de motivación y compromiso que hace que los estudiantes se responsabilicen y asuman la universidad como una organización propia que pueden mejorar. Es cierto que las universidades españolas tienen mecanismos de representatividad de los estudiantes en todos los órganos de gobierno, pero la participación e implicación real de los estudiantes es prácticamente nula, entre otras cosas porque los temas que se tratan no tienen ningún interés para ellos. Student Engagement aconseja crear nuevas formas de participación en donde se traten los problemas que realmente les afectan. Los estudiantes están perfectamente capacitados para aportar soluciones efectivas que complementen las de los profesores. En algunas universidades los estudiantes de los cursos avanzados participan en el diseño de los planes de estudios y en los procesos de evaluación. ¿Porque no introducir en los equipos de dirección a estudiantes, o crear comisiones de estudiantes en los consejos de gobierno o favorecer su participación activa en la elaboración de los órdenes del día de las diferentes reuniones para poder incluir temas que a ellos les preocupan?

¿Participan los estudiantes en la toma de decisiones de aquello que les afecta?

Por último, el tercer factor clave para que los estudiantes se impliquen en sus estudios es que vivan en los campus experiencias culturales ricas y duraderas para toda su vida: es el llamado “Life University”. En este sentido las asociaciones e iniciativas comunes de convivencia son prioritarias así como una oferta cultural y lúdica permanente, atractiva y muy bien planificada. Lamentablemente, en las universidades españolas este aspecto mal llamado en su día “extensión universitaria” es poco considerado y muy secundario. No solo porque las universidades han bajado la guardia debido a la crisis económica, sino porque al convertir las titulaciones en un sinfín de asignaturas, trabajos y exámenes no hay tiempo prácticamente para vivir nada más. Los estudiantes deben adquirir en los campus, dice el “Student Engagement” una experiencia “vibrante”.

Aquellas universidades que se planteen mejorar estos tres elementos de una forma rigurosa y mantenida en el tiempo, obtendrán además una imagen externa de prestigio. Las mejores universidades del mundo así lo hacen y tienen estos objetivos integrados en sus estrategias. Mejorar estos tres “entornos ricos de aprendizaje” es siempre prioritario porque entienden que hay un “círculo virtuoso” permanente entre los buenos y motivados estudiantes y la proyección de la marca de la universidad. Los mejores embajadores de una titulación y de una universidad son los propios estudiantes.

Empieza a haber una tendencia positiva en las universidades españolas en analizar y diseñar sus políticas a partir de toda una serie de “outputs” como pueden ser, el rendimiento académico, la tasa de abandono y fracaso escolar, las encuestas sobre profesores, una determinada información sobre la empleabilidad de los titulados, etc. Pero la aportación novedosa que nos dice el “Student Engagement” es que, si queremos realmente progresar y mejorar, debemos también  diseñar políticas para incrementar los “inputs “ de la motivación, el esfuerzo y el compromiso de los estudiantes, ya que esos son la verdadera causa de la consecución de excelentes resultados de los estudiantes y por ende de las universidades. En realidad, el “Student Engagement” nos está diciendo que las universidades deben aprender de los buenos estudiantes y de los buenos profesores, no de los que fracasan. Es necesario saber los factores y condiciones que son comunes en el éxito de los mejores estudiantes y de los mejores profesores, y extenderlo al resto. ¡Esa es la clave de una buena universidad!

Hay algunas universidades españolas que ya están trabajando en estas dinámicas, pero desde hace tiempo muchas universidades, principalmente americanas, inglesas y australianas están implementando esta cultura universitaria del Student Engagement. Para iniciarse suelen empezar con la realización y análisis de encuestas y entrevistas con los estudiantes a lo largo del curso. No son encuestas de satisfacción o valoración del profesorado, ni relacionadas con ningún ranking, son encuestas que informan de lo que hacen verdaderamente los estudiantes durante su paso por la universidad.

Las encuestas analizan principalmente los aspectos siguientes:

  • El aprendizaje profundo y de orden superior.
  • El aprendizaje reflexivo.
  • El nivel de interacción personalizada con el profesor.
  • Las prácticas educativas y sus resultados.
  • Los hábitos de estudio y lectura.
  • Las estrategias de aprendizaje que usan delante de problemas complejos.
  • El grado y nivel de razonamiento cuantitativo.
  • El compromiso con la investigación.
  • El desarrollo del aprendizaje colaborativo.
  • El crecimiento en competencias.
  • Los debates y relaciones con otros estudiantes extranjeros y personas de otras culturas.
  • El ambiente y servicio de soporte que tienen y consumen en los campus.
  • Otros.

Son encuestas que detectan los casos de éxito y ofrecen un diagnósticos útiles para para definir posteriormente patrones que se pueden extender a los demás. Aquí podéis consultarlas:

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  • Astin, A.W. (1984). Student involvement: A developmental theory for higher education. Journal of College Student Personnel, 25, 297-308.
  • Kuh, G. D. (2007). If We Could Do One Thing… In NSSE (Ed.),  Experiences That Matter: Enhancing Student Learning and Success. Annual Report 2007. Bloomington, Indiana: National Survey of Student Engagement.
  • Michael King (2017).  The AI Revolution on Campus. EDUCASE Review 52, nº 5. 2017 (http://er.educause.edu/~/media/files/articles/2017/8/erm17511.pdf)

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Comentarios
  1. Antonio Ruiz de Elvira dice: 10/10/2017 a las 12:42

    Todo esto es maravilloso en un mundo platonico, en el mundo de las ideas, en un mundo virtual. Y esto no necesitamos mucho que nos lo cuenten. El Student Engagement es tan viejo como las conversaciones con Socrates, en las cuales sus ”alumnos” quedaban prendidos. Para recuperar esto son precisas dos cosas: A) Que el numero de alumnos por profesor y asignatura sea no mayor de 10, y B) Que se garantice la promocion de los profesores mediante, B1) Puntos en docencia iguales a los puntos en investigacion en las acreditaciones y, B2) Que sin aumentar artificialmente el numero de asignaturas, se garantice, por ejemplo, mediante puestos de asistencia tan bien pagados omo los de profesor, la permanencia de personas en la universidad. Esto se traduce, evidentemente, en –dinero–. Se necesitan muchos profesores (catedraticos, titulares, auxiliares, alumnmos de ultimos ciclos) si los grupos de alumnos han de ser de 10. Y se necesita dinero para la ”vida cultural”.
    Vamos, se necesita que los ciudadanos esten dispuestos a pagar mas por la educacion de sus hijos. Al final Adam Smith tenia razon, y la calidad del producto depende del precio, y este, del capital invertido. Y ademas, si en realidad el trabajo que se ofrece en España es solamente de gestion (salvo en Medicina, quizas) los ciudadanos se pueden preguntar que para que van a gastar mas dinero en educacion si en España, en un tanto por ciento elevado, el trabajo es maquila, turismo y servicios. Para esto no se precisan ni estudiantes brillantes, ni sisquiera estudiantes bien formados. Con personas que obedezcan sin chistar los planes hechos en Alemania (Seat), Francia (Renault y Pugeot), o en las cadenas hoteleras, sobra. La universidad realmente responde a lo que se pide y al dinero que se quiere invertir en ella.

  2. Tati dice: 10/10/2017 a las 14:27

    Si el número de alumnos por profesor fuera menor de 10 como comenta Antonio, sería estupendo. Pero aun con 10 alumnos, si las clases siguieran dándose tal como se dan ahora, de poco serviría. De hecho, a muchas asignaturas acuden menos de 10 alumnos… y la cosa no mejora. Hace falta, como apunta el artículo, una profunda revisión de la metodología.

  3. Pep dice: 11/10/2017 a las 18:20

    Unas reflexiones muy interesantes, Dídac.
    Es una urgencia histórica, valga la contradicción. La realidad es que el “student engagement” se da de forma permanente en la experiencia docente pero no al nivel adecuado. Yo me atrevería a decir que no es estricta o exactamente el modelo socrático. Estoy de acuerdo con Antonio en parte. Sobretodo en su punto B, los profesores deben ser evaluados por sus méritos docentes y no (casi) exclusivamente por sus resultados de investigación. No solo estoy de acuerdo en que hay que reconocer a los asistentes, sino que habría que plantearse si no sería hora de substituir unos por otros. Respecto a la “cantidad” de estudiantes por profesor creo que los números juegan en contra de la idea preestablecida que hay demasiados estudiantes por profesor. Porqué las ratios en muchas universidades públicas españolas son menores que en algunas de prestigio en Estados Unidos, por ejemplo. Lo que quizás sería de agradecer es que aquellos profesores que tienen un resultado de investigación lamentable, se dedican –almenos- a hacer actividad docente (y bien hecha); porqué ensucian los datos estadísticos sin ofrecer nada a cambio.

    Las universidades, como hace la UCL, deberían incluir este tipo de iniciativas en sus planes estratégicos. Y con ello arrastrar a bibliotecas, centros de cálculo, servicios académicos… como dice Dídac. Para ello se necesitan rectores que entiendan del tema, no sé si queda alguno… con la crisis tenemos gestores de mirada muy corta. Se necesitan profesores convencidos que no sean resultado de la endogamia, se necesitan profes motivados (de forma natural o interesada), recursos para bibliotecas, para tecnología… se necesita pedagogos (este debate se centra en pedagogía y ellos siempre están fuera del debate).

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