Arte e investigación: un diálogo que transforma miradas
Transformar una línea de investigación en una obra artística capaz de conmover y despertar preguntas ha sido una de las experiencias más desafiantes de mi trayectoria. Ese reto intelectual y emocional tomó forma el pasado 7 de noviembre cuando se presentó la obra de videoarte “Raíces y Resonancias”, fruto de meses de trabajo colaborativo entre el grupo de investigación SIV (Servicio+Innovación+Valor) del Instituto de Economía Internacional de la Universitat de València y un equipo de artistas liderados por Nacho Baeza.
Integrar prácticas artísticas en la transferencia de conocimiento refuerza la vocación de la universidad por conectar este conocimiento con la ciudadanía de manera más sensible, accesible y significativa (Genaut-Arratibel, et al, 2022), impulsando un marco idóneo para explorar nuevos lenguajes de comunicación pública.
Acompañar una creación artística desde la investigación
Participar en una residencia artística como investigadora y musico fue una experiencia tan singular como estimulante. Nuestro punto de partida era claro: la línea de investigación del grupo SIV, centrada en la insostenibilidad del turismo cultural y sus impactos sobre el patrimonio, debía transformarse en una obra capaz de comunicar, emocionar y hacer pensar. El desafío del proyecto consistía en traducir las ideas centrales de la línea no solo en imágenes, sino también en un paisaje sonoro hecho de tensiones, fragmentaciones y silencios.
Las preguntas que guiaban el proceso eran tan complejas como fértiles: ¿cómo representar la presión turística sin caer en tópicos? ¿Cómo expresar la tensión entre identidad cultural y mercantilización? ¿De qué manera traducir en sonido fenómenos como la saturación turística o la erosión patrimonial? Y, en paralelo, ¿cómo integrar aquellos aspectos que nos conectan con un territorio —tradiciones, vínculos comunitarios y prácticas culturales— manteniendo su complejidad y su densidad emocional?
El proceso creativo para plasmar la investigación en el arte
La búsqueda artística nos llevó a experimentar con distintos lenguajes para traducir la investigación a una experiencia sensible: sonidos inestables que evocaban la fragmentación identitaria; imágenes alteradas que mostraban la descontextualización de las tradiciones; referencias musicales al folklore tratadas desde una estética contemporánea; silencios que sugerían pérdida; y resonancias que abrían la puerta a nuevas interpretaciones.
A medida que avanzaba el proceso, la propia obra nos interrogaba. Lo que habitualmente expresamos mediante datos, gráficos o escalas aquí se estaba convirtiendo en atmósferas visuales y musicales siguiendo un hilo narrativo propio. Así fue tomando forma la propuesta artística que exploró estas tensiones mediante la combinación de videoarte, electrónica y música en directo. La obra no sustituyó los análisis científicos; los complementó con una dimensión sensorial y narrativa que invita a pensar, y sentir, desde otro lugar.
Cuando la investigación sale a escena
El estreno de Raíces y Resonancias puso de relieve la potencia del diálogo entre arte e investigación como espacio de conocimiento compartido y de activación de conciencia crítica. Las intervenciones coincidieron en que las residencias artísticas pueden funcionar como laboratorios contemporáneos donde explorar preguntas complejas desde lenguajes diversos, ampliando las posibilidades de comunicación pública de la universidad. También se subrayó la importancia de fortalecer la gobernanza cultural y turística para avanzar hacia modelos más sostenibles, donde la corresponsabilidad ciudadana y la educación jueguen un papel tan decisivo como la planificación institucional.
La participación activa del público añadió una dimensión especialmente valiosa. Por un lado, las emociones que despertaba la problemática se integraron en tiempo real en la videocreación, convirtiendo la obra en un espacio vivo donde la ciudadanía inscribía su propia sensibilidad. Por otro, las propuestas que compartieron evidenciaron que no existe una única solución al reto del turismo cultural, sino un abanico de miradas que requieren diálogo, escucha y educación para evitar posiciones simplistas o respuestas basadas en la imposición. Emergió con fuerza la necesidad de promover comportamientos responsables, fortalecer la concienciación y recuperar el orgullo de pertenencia que impulsa a proteger el patrimonio y transmitirlo a futuras generaciones.
Este intercambio confirmó que, cuando la investigación sale a escena y se abre al público, el conocimiento se transforma en algo más vivo, más compartido y más significativo, ampliando sus posibilidades más allá del ámbito académico.
Resonancias que continúan más allá de la obra
El arte no solo traduce conocimiento: lo expande, lo problematiza y lo hace circular en la esfera pública, abriendo un espacio donde pensar conjuntamente nuevas formas de habitar, cuidar y disfrutar la cultura.
La transferencia del conocimiento no es un trámite administrativo, sino un proceso creativo capaz de activar cambios reales.
Cuando el arte dialoga con la investigación, surgen lenguajes que llegan a públicos diversos, generan empatía y abren debates necesarios en nuestra sociedad.
La cultura como espacio de encuentro
Este tipo de iniciativas fortalecen el papel de la universidad como institución comprometida con su entorno, donde la cultura funciona como un espacio de encuentro, comprensión mutua e implicación ciudadana.
Es alentador comprobar que es posible articular marcos de colaboración útiles para artistas, investigadores y ciudadanía. La universidad, al impulsar estas residencias, apuesta por construir una comunidad crítica y creativa, capaz de interpretar su tiempo y proyectar futuros más conscientes. Son resonancias que continúan más allá de la sala y del estreno, recordándonos que la cultura universitaria puede —y debe— abrir espacios compartidos donde pensar juntas los desafíos de nuestro presente.
Todo ello fue posible gracias a la II Edición del programa Residir en la Investigación, una iniciativa que apuesta por fortalecer la transferencia de conocimiento a través del arte, en un momento en que esta misión se ha consolidado como la tercera misión universitaria, ampliando la docencia y la investigación hacia un compromiso social más activo.

