Bailando con exoesqueletos

Estás en el teatro del cole, ya se han apagado las luces, se levanta el telón y comienza a sonar la música de El lago de los cisnes. Casi no puedes contenerte en el asiento, esperas ansiosamente el momento de ver a tu hija, que no tiene un papel principal en la representación, pero eso no te importa nada.

Salen al escenario las… ¿bailarinas? No entiendes bien lo que se presenta ante tus ojos. Movimientos perfectamente sincronizados, entre sí y con la música. Suavidad, energía, elegancia. Pero, ¡esa no es mi hija! O más bien, sí es mi hija, pero no la reconozco, no lleva el tutú que tantas veces se ha probado en casa, lleva una especie de armadura con zancos, no lo veo bien.

Termina la función, los padres y madres esperamos a que salgan los artistas, la mayoría estamos en silencio, no sabemos qué decir. La representación ha sido técnicamente magnífica, ni un solo error, ni un bracito descoordinado, ni un asomo de pérdida de equilibrio. Pero, ¿era mi hija la que bailaba? ¡No! Yo no he visto bailar a mi hija, he visto una especie de robot, ¡un monstruo! Queríamos ver a nuestra hija disfrutar, esforzarse, y también equivocarse… Mi hija no ha estado viniendo a clases de baile durante todo el año para aprender a manejar ese cacharro. No es eso lo que hemos pagado. Esto es un fraude, ¡y voy a denunciarlo!

Tradición y tecnología: exhibición conjunta de artes marciales con niños y robots
Gala del Festival de Primavera de 2026, China Media Group

¿Cuál era el objetivo?

La frustración de este personaje, entre ficticio y real, es fácilmente comprensible. Porque no acudió al teatro para ver una representación perfecta, sino para ver lo que su hija había aprendido: para verla bailar bien, o no tan bien, pero siendo ella. El objetivo de las clases de baile no era poder contemplar en la fiesta final de curso una perfecta sincronización de movimientos; el objetivo es que la hija aprendiera a bailar, con sus progresos y sus equivocaciones. El objetivo no era el resultado perfecto, sino el mejoramiento personal.

El objetivo de la educación, de cualquier proceso educativo, no es obtener un resultado perfecto.

De esto se dan cuenta los mismos alumnos, al menos algunos que no han renunciado a pensar (y no son pocos). En un reciente ensayo, Teresa, una alumna mía, escribe: “Durante los dieciséis años que llevo siendo estudiante, lo único que he aprendido, o más bien, me han enseñado, es a resolver problemas. El sistema educativo se centra en crear individuos que resuelvan problemas como máquinas, sin desafiar nuestra creatividad, ni motivar el desarrollo de la originalidad, de lo personal, del criterio propio.” Teresa nos lo vuelve a recordar: ¿cuál era el objetivo, educar personas o fabricar instrumentos?

La llegada a las aulas universitarias de “exoesqueletos cognitivos”, es decir, la inteligencia artificial generativa (ChatGPT, Gemini, Claude…), ha supuesto una gran crisis en nuestro modelo educativo, tan dependiente de la evaluación de resultados medibles. Y claro, si tengo una herramienta informática que me facilita un resultado perfecto (o incluso con una calculada imperfección que lo haga pasar más fácilmente por trabajo humano), entonces evaluar el resultado ya no sirve para conocer el progreso personal. Mi experiencia como docente se limita a la universidad, pero pienso que esto que digo vale en cualquier ámbito y nivel educativo.

El funcionalismo de las máquinas… y de las personas

Pero, entonces, ¿está bien o no está bien usar esas herramientas? Personalmente no veo un problema fundamental, al menos no en la universidad. La idea es que aprendamos a usar las herramientas de IA generativa como ayuda para nuestro trabajo, nunca como sustitutas del mismo. Si no somos capaces de hacer algo que una IA no pueda hacer… nos quedamos sin trabajo.

ChatGPT y sus herramientas hermanas son una “amenaza” para el sistema educativo porque en este sistema se ha puesto demasiado énfasis en la evaluación del resultado final, sin prestar atención a que lo más importante de la educación no es lo que el alumno o alumna es capaz de “producir” al final de su proceso; lo más importante es el propio alumno, su crecimiento moral e intelectual, su crecimiento como persona. En este sentido, un uso excesivo de herramientas tecnológicas impide ese crecimiento: si la herramienta escribe por mí, entonces yo no aprendo a escribir, no aprendo a expresar mis ideas, no aprendo ni siquiera a tener ideas. No crezco. Y esto no se aplica solo a ensayos literarios, históricos o filosóficos: el fenómeno está ya presente en multitud de campos de la ingeniería, señaladamente en la programación de sistemas informáticos.

Si lo importante del proceso educativo es solo el resultado final, entonces da igual si lo produce una persona o una máquina.

La persona es sustituible porque solo se la valora por sus resultados, por sus funciones. Como ya denunció hace un año y medio el documento vaticano precedente inmediato de la reciente encíclica Magnifica Humanitas, “establecer una equivalencia demasiado fuerte entre la inteligencia humana y la IA conlleva el riesgo de sucumbir a una visión funcionalista, según la cual las personas son evaluadas en función de las tareas que pueden realizar” (Antiqua et Nova, n. 34).

 

El peligro del autoengaño

Me digo a mí mismo: “estoy tranquilo, las ideas son mías, pero así están mejor escritas y con menos esfuerzo, voy bien”. Pero el problema es, ¿cuánto tiempo podré seguir así? ¿Cuándo dejaré de ser capaz de pensar y escribir por mí mismo?

Porque el objetivo de aprender a pensar no está separado del objetivo de aprender a escribir.

Llevamos siglos, milenios, delegando las tareas que requieren fuerza física, primero en animales, luego en máquinas. Solo en tiempos más recientes, con el advenimiento de las máquinas automáticas de cálculo y su desarrollo para procesar todo tipo de información, hemos empezado a delegar también nuestras funciones cognitivas, y de modo particular nuestro pensamiento crítico y creatividad.

Cuando utilizamos la IA para sustituir nuestro pensamiento, en vez de para mejorarlo, ejercemos en grado superlativo esta “delegación cognitiva”, tal como explica el investigador chileno en ciencias de la computación Ricardo Baeza-Yates en su reciente conferencia Las sombras de la IA y la responsabilidad de educar. La delegación de tareas fácilmente deriva en atrofia de la capacidad de realizar esas tareas. La atrofia física corporal puede ser preocupante, pero se resuelve con la práctica del deporte saludable. El problema es si la atrofia cognitiva y mental tiene tan fácil solución. Y lo peor es que con esa delegación cognitiva no solo se atrofia nuestra capacidad de relacionar ideas; el alimento que recibe nuestra mente para generar nuevas ideas por vía del uso intensivo de la IA es de muy mediocre calidad, lo que resulta en un pensamiento empobrecido y con una fuerte tendencia uniformadora.

El peligro mayor, a mi modo de ver, es el autoengaño, que terminemos creyéndonos nuestras propias mentiras. Hace años leí estas palabras en Grandes esperanzas, de Charles Dickens, clásica novela publicada en 1861 (comienzo del capítulo XXVIII):

Todos los demás estafadores de la tierra no son nada comparados con los que se engañan a sí mismos, y con tales pretextos me engañé a mí mismo. Sin duda, es algo curioso. Que aceptara inocentemente una media corona falsa fabricada por otra persona es bastante razonable; ¡pero que, a sabiendas, considerara como dinero de verdad la moneda falsa que yo mismo había acuñado!

 Traducción de DeepL (y no tuve nada que corregir)

Coda: pericia tecnológica

En una carrera de motociclismo admiramos tanto la pericia de los pilotos como la de quienes han diseñado y fabricado las motos. Un elemento importante de todo proceso educativo o formativo es adquirir destreza en el manejo de artefactos, sean estos lápiz y papel, teclado e internet, o las herramientas de un taller de artesanía. Salvo, quizás, el canto vocal o la oratoria, no hay prácticamente arte o tarea humana que no requiera a la vez cierta pericia tecnológica.

Así mismo, la pericia en el ballet clásico requiere una pequeña parte de pericia tecnológica, de habilidad para manejar y manejarse bien con los artefactos que constituyen el entorno, bastante artificial, del ballet. En particular, pericia para elevarse sobre esas zapatillas que permiten posturas completamente antinaturales en un ser humano. El problema viene cuando las zapatillas se adueñan del bailarín y suprimen su voluntad, como en el terrible cuento de Hans Christian Andersen, Las zapatillas rojas.

 

 

Comentarios
  1. Carmen Pérez Esparrells dice: 09/06/2026 a las 09:01

    Gracias, Gonzalo, por expresar en voz alta con esta bonita metáfora del ballet clásico lo que, a todos, profesores universitarios y docentes de todos los niveles educativos nos ronda por la cabeza. No es fácil repensar y rediseñar el proceso de enseñanza-aprendizaje, pero nos tendremos que poner manos a la obra sin más dilación a todos los niveles. Enhorabuena por tu entrada.

  2. Reinaldo dice: 09/06/2026 a las 09:25

    ¡Enhorabuena!
    Considero que se trata de una reflexión necesaria. Escrita de manera lúdica y con ejemplos relevantes, que ciertamente me llevan a pensar tanto en el pilar de su texto, como en la relevancia de las referencias artísticas y literarias.
    Además. Con ese toque de ironía al utilizar DeepL .

  3. Arturo dice: 10/06/2026 a las 11:20

    Buen artículo, Gonzalo. La metáfora del baile con exoesqueletos es graciosa y pertinente.

    Solo un par de reflexiones: un grave problema, que es casi exclusivamente humano, es el engaño. Es frustrante creer que vas a recibir algo que resulta ser otra cosa. Este problema existe desde siempre y seguirá existiendo mientras seamos humanos. Creo que lo mejor que se puede hacer es mejorar los métodos para detectar el fraude y castigar de manera ejemplar al fraudulento.

    Segundo, la IA ha puesto de manifiesto un grave problema del sistema educativo, no lo ha creado. Si la educación estuviera enfocada a la formación del individuo, no como solucionador de problemas, sino como crecimiento humano, la IA no habría generado ninguna fricción. La herramienta se integraría de manera natural en el proceso de mejora humana.

    Tú mismo anotas la solución al problema sin entrar al fondo: la solución a la falta de ejercicio físico es el deporte, algo aceptado universalmente y cada vez más integrado en nuestra sociedad. Yo creo que inventaremos actividades que desarrollen nuestra creatividad, inteligencia y otras capacidades aprovechando el multiplicador que supone la IA, todo esto mientras dejamos que sea esta la que se ocupe de resolver muchos problemas finales.

  4. Juan Carlos García de Vicente dice: 10/06/2026 a las 17:32

    ¡No puedo estar más de acuerdo! Y ha sido un respiro encontrar estas reflexiones. El esfuerzo mental es una parte imprescindible del aprendizaje. ¿Cuándo llegará ese agua a los pozos de la educación primaria y secundaria? Gracias también por poner el dedo en los indicadores que usamos para evaluar conocimiento, pensamiento y aprendizaje: claramente están siendo equivocados cuando una máquina puntúa sobresaliente y un buen alumno solo aprueba raspado. Y gracias por traer a colación la llamada «deuda cognitiva» («delegación cognitiva», usas tu), que nos avisa de que cualquier capacidad, si no se ejercita, se debilita y extingue.

  5. Gonzalo Génova dice: 10/06/2026 a las 19:25

    Gracias, Carmen, Reinaldo, Arturo y Juan Carlos, por vuestros comentarios, que me animan a seguir pensando y escribiendo. Si os digo la verdad, la metáfora del exoesqueleto se me ocurrió por primera vez viendo la propaganda de Hypershell, un exoesqueleto para excursionistas. Respondo en particular a Arturo.

    1. Con el tema del fraude tenemos un problema añadido, y es que no está tan claro qué sea fraude en el uso de la IA generativa, ni menos aún que se pueda dar una definición formal que sirva para articular un algoritmo de detección. En estos días he estado leyendo algunos artículos que documentan cómo algunas herramientas que supuestamente detectan el uso de la IA (fraudulento o no) ¡penalizan justamente a los que escriben bien! Pero es que si uso la IA para generar un texto y luego yo me hago responsable de él hasta sus últimas consecuencias (corrigiendo, o no), entonces muy posiblemente no puede hablarse de fraude.

    2. Totalmente de acuerdo en que la IA no ha creado el problema, sino que lo ha puesto de manifiesto haciendo saltar el sistema por los aires. En ese sentido el resultado final será positivo (si vamos a la raíz del problema, y no nos conformamos con poner parches).

  6. Nuria dice: 10/06/2026 a las 19:45

    Nunca ninguna máquina podrá sustituir la maravillosa esencia de un ser humano, cada uno único e irrepetible. Ojalá no nos confundan, ni seamos parte de mayor confusión.

    Gracias Gonzalo

  7. Antonio Kanashiro dice: 11/06/2026 a las 21:46

    Valoro mucho el efecto clarificador y cuestionador del análisis sobre cómo estaría afectando el uso de la IA en el proceso de aprendizaje, o mas bien en el comportamiento de los estudiantes frente al sistema educativo formal por el que les toque transitar. Me surge la posibilidad de superponer al análisis, el cómo los sistemas educativos deberán cambiar sus mecanismos, enfoques, metodologías, etc. para manejar el continuo motivacional de los estudiantes, como factor del comportamiento de estos frente al sistema y así buscar asegurar por un lado que las evidencias de aprendizaje sigan siendo atribuíbles a la mente humana, por lo menos aquellas asociadas con los procesos de pensamiento HUMANO que se había propuesto; y por otro lado evolucionar el rol del docente frente a un nuevo perfil de estudiante empoderado con AM+IA(Alta Motivación + Inteligencia Aumentada).
    Nuevamente felicitaciones por la reflexión.

  8. Eva Méndez dice: 12/06/2026 a las 11:27

    Gonzalo, brillante y certero como siempre… Aunque esto no es solo un problema de los alumnos también de sus profesores. Pero parece ser que algunos obvian que esto ocurra también en la investigación, donde las tasas de artículos enviados han aumentado un 30% desde la popularización de herramientas de IA generativa ChatGPT-like y en un 80% en la presentación de proyectos de Horizon Europe (https://rea.ec.europa.eu/news/over-3400-project-proposals-submitted-five-horizon-europe-calls-2025-10-01_en). Tanto en como evaluamos (trabajos, ensayos, etc.) como en cómo nos evalúan (papers) el problema no es de la IA, de que cómo se evalúa… Quizas tenemos que volver a la «epoca de los juglares» para difundir la investigación, y a los exámenes orales para evaluar el aprendizaje, ambas cosas (investigación y aprendizaje) potenciadas, a mi juicio optimista y positivo ante la IA, a niveles insospechados en los próximos 3 años.

  9. Eva Méndez dice: 12/06/2026 a las 11:28

    Gonzalo, brillante y certero como siempre… Aunque esto no es solo un problema de los alumnos también de sus profesores. Pero parece ser que algunos obvian que esto ocurra también en la investigación, donde las tasas de artículos enviados han aumentado un 30% desde la popularización de herramientas de IA generativa ChatGPT-like y en un 80% en la presentación de proyectos de Horizon Europe (https://rea.ec.europa.eu/news/over-3400-project-proposals-submitted-five-horizon-europe-calls-2025-10-01_en). Tanto en como evaluamos (trabajos, ensayos, etc.) como en cómo nos evalúan (papers) el problema no es de la IA, de que cómo se evalúa… Quizas tenemos que volver a la «epoca de los juglares» para difundir la investigación, y a los exámenes orales para evaluar el aprendizaje, ambas cosas (investigación y aprendizaje) potenciadas, a mi juicio optimista y positivo ante la IA, a niveles insospechados en los próximos 3 años.

  10. Louis Ryan dice: 12/06/2026 a las 21:09

    Excelente artículo, Gonzalo, gracias. Señalas un gran fallo de nuestros sistemas educativos, que es de priorizar los resultados computables y desatender un crecimiento humano más global. (Me encantó la cita de tu alumna Teresa). Pero esto es un problema no únicamente del sistema educativo sino de toda una sociedad anclada en el pensamiento mecanicista, evidente por ejemplo en un sistema medico que concibe el cuerpo humano justamente como una maquina, y que se enfoca también en resultados puntuales y no en el bienestar global del paciente.
    La ironía de todo esto es que la IA amenaza en primer lugar a los empleos impregnados por un espíritu mecanicista, expresado en un racionalismo estrecho y en objetivos puramente utilitarios. En cambio si queremos dar la talla frente al desafío de la IA, tendremos que enfocarnos en cualidades propias del ser humano, especialmente las que quedan por explorar, y no en el dominio de la cantidad que ya tiene su maestro artificial.

  11. Gonzalo Génova dice: 13/06/2026 a las 08:10

    Gracias, Nuria, Antonio y Louis por vuestros comentarios.

    Louis, completamente de acuerdo en que la raíz del problema está en el pensamiento mecanicista que permea toda nuestra cultura occidental. Ojalá sepamos aprovechar la explosión de la IA para darnos cuenta de la necesidad de recuperar una visión más organicista de la naturaleza.

  12. Ingrid dice: 16/06/2026 a las 16:52

    Buenas, Gonzalo, me ha encantado, desde el princpio hasta el final, la idea del exoesqueleto me parece tremendamente acertada. Lo que me genera una duda, una duda real, es cuando dices: Me digo a mí mismo: “estoy tranquilo, las ideas son mías, pero así están mejor escritas y con menos esfuerzo, voy bien”.
    La duda que me lleva rondando la cabeza unas cuantas semanas es si eso ya está bien. ¿Está bien que, de repente todos seamos buenos escritores? ¿Dónde queda entonces el valor de esa competencia/aprenzaje y/o destreza?
    Un saludo

  13. Gonzalo Génova dice: 16/06/2026 a las 18:19

    Claro, Ingrid, pero eso que digo es justo el peligro de autoengaño. No veo problema en que todos seamos capaces de realizar una tarea con parecida competencia gracias a un asistente (por ejemplo, conducir un coche por una ciudad). El problema es creerse que la competencia la tengo como propia, apropiada, aprendida, y no ser consciente de mi dependencia de la tecnología, y de los efectos que esa dependencia tendrá sobre mí a largo plazo.

  14. […] Esta entrada ha sido publicada originalmente en Universidad, Sí. […]

  15. Luis de la Rasilla dice: 18/06/2026 a las 09:14

    Interesante. Creo que ante el reto de una demanda de enseñanza universitaria a nivel mundial que se incrementará en más del doble (500 millones) de aquí a 2050, mi reciente publicación ORPHEUS, RIEN NEVA PLUS, que pongo libremente a tu disposición y a la de todos los lectores del blog, te será de utilidad. Saludos. Dr. Luis de la Rasilla Estos son los enlaces de acceso a las versiones en español y en inglés: https://drive.google.com/file/d/1ZoGCiFdybwKjFsNjFQX-VA15IbnnEAoJ/view?usp=drive_link
    https://drive.google.com/file/d/1Y_-tQ3D8O4MyZX7_Tlm4sabSnxGUN0nL/view?usp=drive_link


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