El falso dilema entre conocimiento y empleabilidad

La palabra empleabilidad ha pasado de ser un tecnicismo a reflejar una de las tensiones más persistentes entre la educación superior y la sociedad. Detrás de ella late una pregunta decisiva sobre cómo vincular el saber con el hacer sin que ninguno pierda su sentido. En España, esa tensión no enfrenta a dos bandos, sino a dos lenguajes.

Parte del mundo académico teme que la universidad se convierta en apéndice del mercado. Parte del tejido empresarial reclama una formación más conectada con las necesidades reales de talento. No son posiciones irreconciliables, pero sí descoordinadas.

El desafío no consiste en elegir entre autonomía o utilidad, sino en construir un marco de cooperación estable entre universidad, empresa y sociedad.

Convertir conocimiento en valor

La empleabilidad no se reduce a conseguir un trabajo. Es una medida del grado en que un país sabe transformar conocimiento en oportunidad. Cuando esa conexión se debilita, se resienten la cohesión social y la confianza en la educación.

La cuestión no es solo cuántos trabajan, sino cuánto de lo aprendido se traduce en innovación, productividad y desarrollo humano.

Una empleabilidad débil no refleja únicamente desempleo, sino una pérdida de capacidad colectiva para convertir conocimiento en valor.

El mercado laboral añade complejidad a este escenario. Surgen profesiones nuevas mientras otras desaparecen antes de consolidarse. Las empresas buscan perfiles capaces de combinar técnica, pensamiento crítico y adaptación continua, competencias presentes en la mejor tradición universitaria, aunque no siempre cultivadas de forma explícita ni comunicadas con claridad.

Cuando la formación se orienta a la persona, a su capacidad de comprender, crear y decidir con criterio, esas competencias se refuerzan de manera consciente y duradera. Una educación centrada en el desarrollo integral del individuo es en realidad, la política de empleabilidad más sólida que una sociedad puede tener. En un entorno cambiante, el valor de la universidad reside en formar profesionales que sepan aprender de lo desconocido, no solo aplicar lo conocido.

Un problema de incentivos, no de voluntad

Parte de la dificultad proviene de los incentivos que rigen ambos mundos. En la universidad, el reconocimiento se mide por publicaciones indexadas, sexenios y proyectos competitivos. En la empresa, por retorno, escalabilidad o eficiencia. Los tiempos y los lenguajes rara vez coinciden. Para un investigador, la hipótesis es el inicio; para un directivo, el resultado esperado es el punto de partida. Con sistemas de recompensa tan distintos, la colaboración se vuelve frágil y episódica.

La desconexión no nace de la falta de interés, sino de la falta de mecanismos que permitan trabajar juntos sin renunciar a las lógicas propias de cada entorno.

Se trata de una conversación que empieza y se interrumpe una y otra vez, sin llegar a consolidarse. Lo que falta es una estructura que dé continuidad a ese diálogo y lo transforme en acción sostenida.

El caso de Europa

Europa ha invertido de manera masiva en investigación y transferencia, pero ha perdido parte de su capacidad para transformar conocimiento en valor sostenible. Se transfieren resultados, pero no se consolidan ecosistemas de cooperación. España comparte ese reto. Talento no falta, pero abundan proyectos que terminan cuando se agota la financiación y no dejan estructura ni aprendizaje. Es una pérdida silenciosa de capital intelectual que erosiona tanto la competitividad como la confianza en la capacidad del sistema para innovar.

La responsabilidad compartida en la empleabilidad

Nada de esto implica que la universidad deba supeditarse al mercado ni que la empresa marque la agenda del saber. El reto consiste en construir un espacio intermedio donde la autonomía universitaria y la pertinencia social se refuercen mutuamente. La universidad debe participar con criterio en la conversación sobre trabajo e innovación. La empresa, por su parte, necesita reconocer el valor del pensamiento como fuente de competitividad. La empleabilidad no se logra imitando la lógica empresarial, sino compartiendo responsabilidad en la generación de conocimiento útil.

Formar personas capaces de pensar y adaptarse sigue siendo la inversión más estratégica que una sociedad puede hacer. Pero esa tarea requiere instituciones que aprendan a escuchar fuera de su propio idioma.

Si la universidad se repliega sobre sí misma, pierde relevancia. Si la empresa reduce la educación a un asunto de oferta y demanda, pierde profundidad. Ninguna de las dos puede resolver por sí sola el desafío del talento.

Perfiles híbridos y organizaciones imparciales

El siguiente paso es revisar los incentivos que aíslan a ambos mundos y crear figuras de traducción institucional. España necesita profesionales capaces de moverse entre la lógica del paper y la del proyecto, entre la hipótesis y la inversión. Necesita también instituciones independientes que faciliten esa cooperación sin perder rigor. Estas instancias pueden actuar como mediadoras de confianza, generando evidencias, lenguaje común y continuidad. Los perfiles híbridos y las organizaciones imparciales son el eslabón que falta para reactivar el vínculo entre conocimiento y desarrollo económico y social.

España tiene una oportunidad en esta encrucijada. Su tejido productivo necesita innovación y talento; sus universidades disponen de conocimiento y vocación pública. Lo que falta no es voluntad, sino estructura: una política de colaboración basada en evidencia y confianza. Cuando el conocimiento se comparte, deja de ser un patrimonio cerrado y se convierte en motor de país y esa es en última instancia, la esencia de la empleabilidad: la capacidad colectiva de aprender, adaptarse y crear valor juntos.

La importancia de reconciliar reconocimiento y necesidad

Quizá el debate sobre empleabilidad esté mal planteado. No se trata de decidir si la universidad debe servir al conocimiento o a la necesidad, sino de reconciliar ambas dimensiones para sostener el progreso humano.

Porque el conocimiento que no se traduce en posibilidad de vida digna corre el riesgo de volverse estéril, y la necesidad que no se alimenta de conocimiento acaba siendo ciega.

Entre ambos extremos se juega hoy el futuro de la universidad, de la empresa y, sobre todo, de una sociedad que no puede permitirse separar pensamiento y acción.

 

Comentarios
  1. Carmen Perez-Esparrells dice: 21/11/2025 a las 10:59

    Enhorabuena, Vanessa, por tu razonamiento de que el falso dilema o la tensión entre conocimiento y empleabilidad no enfrenta a dos bandos, sino a dos lenguajes. Estoy totalmente de acuerdo cuando afirmas que, quizás, dicho enfrentamiento puede estar provocado, en parte, por las diferencias a veces irreconciliables entre los sistemas de incentivos, en el mundo universitario y en el mundo empresarial. “La desconexión no nace de la falta de interés, sino de la falta de mecanismos que permitan trabajar juntos sin renunciar a las lógicas propias de cada entorno”.
    Volviendo a la metáfora que haces coincido contigo en que falta conversación estable y duradera entre los que dirigen estos dos mundos “para resolver el desafío del talento” y “la responsabilidad compartida en la empleabilidad”. Nos pones deberes a los universitarios (sobre todo a los que nos dirigen) cuando dices “esa tarea requiere instituciones que aprendan a escuchar fuera de su propio idioma”.
    Pero también pones deberes a los policy-makers cuando afirmas que “una educación centrada en el desarrollo integral del individuo es en realidad, la política de empleabilidad más sólida que una sociedad puede tener”. Muy interesante cuando señalas que la empleabilidad débil afecta al mercado de trabajo, pero también al desarrollo humano y yo añadiría, individual y colectivo. En España, apoyándonos en Europa, tenemos una oportunidad en este entorno altamente cambiante para solucionar el extendido falso dilema.

  2. José Antonio Alfaro dice: 21/11/2025 a las 22:54

    Vanessa, creo que haces una reflexión muy relevante sobre la relación universidad-empresa. Tal como dices, considero que el reto de construir un espacio intermedio e instituciones independientes que faciliten la cooperación entre ambos mundos es clave para avanzar en esta relación. ENHORABUENA por tu artículo y gracias por poner el tema de la relación universidad-empresa en la palestra.

  3. Federico Valletta dice: 25/11/2025 a las 16:52

    ¡Excelente análisis sobre la empleabilidad! Subrayas una idea crucial para recién graduados y jóvenes profesionales: la formación más sólida no es la que te enseña solo «lo conocido,» sino la que te capacita para aprender de lo desconocido. Esto valida la importancia de las soft skills. El mercado busca perfiles híbridos que sepan traducir el pensamiento crítico (valor universitario) en resultados (valor empresarial). Esto aconsejo cuando alguien siente esa desconexión: «La mejor política de empleabilidad es tu desarrollo personal e integral. Tu capacidad de adaptación, de resolver problemas y de comunicarte con criterio, es tu activo más estratégico». ¿Qué soft skill crees que la universidad debería fomentar más explícitamente para cerrar esta brecha? ¡Gracias por la lectura, Vanessa!

  4. Norma Eunice Alfaro dice: 25/11/2025 a las 17:24

    Qué gratificante es encontrarse con una lectura lúcida y necesaria sobre una tensión que, más que contemporánea, es estructural, la aparente contraposición entre el valor intrínseco del conocimiento y las demandas de la empleabilidad. Vanessa realiza una reflexión que desmonta con precisión ese falso antagonismo entre la universidad y el mercado laboral, mostrando que el problema no es ideológico, sino sistémico. En efecto, los lenguajes, los incentivos y las lógicas institucionales aún no consiguen dialogar de manera sostenida, incluso en una Europa que, desde Centroamérica, seguimos observando como horizonte de desarrollo y aprendizaje. La reflexión final es especialmente poderosa, púes no se trata de subordinar el conocimiento a las exigencias del mercado ni de convertir la universidad en una fábrica de competencias técnicas, sino de reconciliar el reconocimiento académico con la pertinencia social. El conocimiento sin impacto corre el riesgo de volverse estéril; la necesidad sin pensamiento crítico, de volverse ciega.

  5. Alberto Zúñiga dice: 25/11/2025 a las 18:15

    Vanessa en muy acertada y oportuna tu opinión,yo le agragaría adicionalmente la experiencia de quienes laboran o laboraron en el mundo educativo y empresarial,que aporten sus conocimientos reales y practicos para aligerar la carga de la nueva generación que asume el reto,quienes hemos cumplido no podemos llevarnos esa experiencia.

  6. Edith Castillo dice: 25/11/2025 a las 21:42

    Unas reflexiones muy interesantes y acertadas,

  7. Alcides Obando Murrugarra dice: 26/11/2025 a las 00:15

    Felicitaciones Vanessa, por desarrollar el tema Empleabilidad vs conocimiento universitario; problema, que se ahonda con la rigisdez de la curricula, que no permite al profesor hacer las modificaciones correspondientes a los tiempos actuales. El Gobierno nacional deber[ia interceder ante las empresas para que la poblaci[on universitaria conozca los sistemas y equipamiento moderno empresarial.l

  8. Enrique Cruz dice: 27/11/2025 a las 03:28

    La universidad y la empresa tienen sus propios lenguajes derivado de sus propios objetivos.
    A pesar de ello, el mundo actual ha favorecido que ellas, aunque sea lentamente, se estén acercando.
    Me parece que buena parte del reto consiste en crear un propósito común que las aglutine, aprovechando las fortalezas que tiene cada una de ellas, diseñar una estrategia para lograrlo e integrar un equipo que sume esfuerzos, creando canales de comunicación eficaces. Esto se logra trabajando sinérgicamente, con objetivos claros y compartidos. Trabajando colaborativamente se puede lograr lo que de manera aislada sería imposible.
    La buena educación consiste al menos en saber, saber hacer y saber ser. Además, la educación debe ser relevante y pertinente.
    Como señala Vanessa la responsabilidad de la empleabilidad es mutua y para lograr altas tasas se necesita de liderazgos fuertes en ambos mundos.


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