Investigación y publicación: caminando sobre arenas movedizas

En las siguientes líneas, deseo proponer una reflexión sobre la inseguridad a la que nos podemos enfrentar cuando realizamos publicaciones académicas. Creo que podríamos afirmar que atravesamos una etapa de transformación y cambios importantes en los criterios de acreditación, de sexenios, así como en los sistemas de evaluación de docencia y transferencia. Digamos que es una etapa muy “dinámica”.

A la incertidumbre que este panorama genera, debemos sumar el impacto de las continuas noticias sobre malas prácticas editoriales en revistas de reconocido prestigio internacional.

Ante esta realidad, cabe preguntarse qué ocurre con los investigadores e investigadoras que, tras un arduo proceso, consiguen publicar en estas revistas y ven sus artículos envueltos en estos escándalos, una vez ya han sido aceptados o publicados.

No me refiero a enviar trabajos a revistas que carecen de garantías previas, sino a las consecuencias de modificaciones estructurales significativas que se escapan a nuestro control y que se producen a posteriori, cuando el proceso de evaluación ya ha concluido.

Un orgullo académico que dura poco

La alegría de recibir la aceptación de un artículo en una revista indexada en un cuartil elevado (Scopus o JCR) es innegable, especialmente para quienes aún nos encontramos consolidando nuestras trayectorias. Si ya se lleva mucho tiempo y se cuenta con una amplia experiencia, quizás la emoción de lograr una publicación de primer nivel sea más moderada. Pero para aquellos que acumulamos menos años de recorrido, recibir ese correo de aceptación es muy ilusionante.

Se trata de la confirmación de que el trabajo y el esfuerzo invertidos han dado sus frutos. Supone la validación de nuestra investigación por parte personas expertas del área. Una dedicación que se va a ver recompensada con la publicación en una prestigiosa revista. Sin embargo, en ocasiones, todo ese “entusiasmo” se ve truncado por factores externos.

Dos ejemplos no tan infrecuentes

Consideremos un primer ejemplo: descubrir, casi un año después de su publicación, que la revista en la que se encuentra nuestro artículo ha sido eliminada fulminantemente de los ránkings por mala praxis.

Esa publicación, que podía resultar fundamental para la solicitud de un sexenio, pierde su valor curricular. Aunque el trabajo haya sido evaluado de forma rigurosa y ética, los artículos de dicha revista quedan automáticamente bajo sospecha.

Un segundo escenario surge con los call for papers anunciados con mucha antelación. Tras meses de trabajo preparando un manuscrito específicamente para esa revista, obviamente con la labor investigadora previa correspondiente, se anuncia un inminente cambio de editorial. Con el trabajo prácticamente finalizado, los autores deciden continuar el proceso, con la “suerte” de que su texto es aceptado. En ese momento se produce el cambio editorial. De ahí en adelante, la comunicación, que había sido rápida y efectiva, se interrumpe, comienzan los retrasos y la exigencia de pagos rápidos, hasta que, finalmente, tiene lugar la publicación de un número con importantes deficiencias formales. Inevitablemente, la revista cae en los índices y el artículo cae con ella. El trabajo, validado en su momento por el equipo editorial anterior, queda completamente desprestigiado. Te ha tocado sufrir las consecuencias. Te ha “pillado por medio”.

La complejidad en la toma de decisiones

En ese sentido, en redes sociales se pueden leer comentarios, hilos y artículos que se refieren de manera despectiva a estas publicaciones. Entiendo esa perspectiva, pero resulta indispensable contemplar el reverso de la situación y pensar en las personas que hay detrás de los artículos involucrados. Es cierto que los trabajos pueden retirarse, incluso una vez publicados.

Puede parecer una decisión sencilla cuando se cuenta con una trayectoria consolidada, pero la realidad es que no todos los investigadores e investigadoras disponen del mismo apoyo institucional, los mismos recursos o el mismo ánimo para reanudar el proceso desde cero. La mayoría intentamos adaptarnos a los cambios y cumplir con las exigencias del sistema lo mejor posible, en un camino que resulta estresante y sumamente demandante.

Búsqueda de soluciones y necesidad de empatía

Si bien las nuevas normativas apuntan hacia la posibilidad de justificar cualitativamente el valor de nuestras aportaciones, cabe preguntarnos, con sinceridad, si hemos llegado verdaderamente a ese punto.

¿No siguen siendo los índices métricos el factor determinante? ¿Se valorarán equitativamente estas publicaciones penalizadas por factores ajenos al autor o autora?

Aunque soy consciente de que el sistema está tomando medidas en la dirección correcta y de que existen vías para verificar la fiabilidad de una revista, la realidad de la publicación científica rara vez es blanca o negra. ¿Cómo sobrellevar el hecho de que haya muchas cuestiones que se escapan a nuestro control?

Una generalización que penaliza

Con esta reflexión solo pretendo poner el foco en la vulnerabilidad a la que nos enfrentamos y pedir que no se generalice al evaluar las trayectorias investigadoras ni al valorar el trabajo de otros compañeros y compañeras. Resulta fundamental adoptar una mirada empática hacia el tiempo, la dedicación y el sacrificio que sustentan cada artículo, publicaciones que trascienden con creces el límite de las 7.000 palabras. Recordemos que hay un intenso trabajo investigativo detrás.

No elegimos las reglas

Mientras se exploran alternativas a los monopolios editoriales, muchos investigadores e investigadores continúan aportando conocimiento desde la humildad. La realidad es que no todos destacamos en nuestros respectivos campos; muchos simplemente intentamos hacerlo lo mejor posible.

Es muy probable que nos equivoquemos en algunas decisiones a lo largo del proceso, precisamente porque este es un camino de aprendizaje. Un camino que a menudo resulta largo, tortuoso e injusto.

A quienes ya estamos en este «campo de juego», solo nos queda seguir adelante, incluso cuando las reglas cambian con el partido ya comenzado y, en ocasiones, no sabemos a qué portería apuntar ni qué falta está señalando el árbitro.

 


Esta reflexión personal lleva casi un año aparcada sin atreverme a publicarla. No deseo ser polémica y probablemente haya muchos peros que ponerle. Solo es un reflejo de parte de lo que veo a mi alrededor, con sus pros y con sus contras. No representa toda la investigación, ni a todas las revistas, investigadores o investigadoras. Como decía, es únicamente una reflexión, sin más pretensión que eso. Si sirve para abrir o continuar con el debate, bienvenido sea.

Entiendo que cabría preguntarse, como base, qué es y qué no es investigación y qué tipo de publicaciones se están generando al exigirlas como parte de la evaluación y la acreditación del profesorado universitario. Pero eso ya merecería otro artículo. Probablemente varios.

 

Comentarios
  1. Leticia Artiles dice: 11/09/2026 a las 17:43

    Excelente art’iculo y preocupaci’on v’alida

  2. Ingrid dice: 11/09/2026 a las 20:15

    Muchísimas gracias, Leticia, por la lectura y por el comentario. Me han llegado más, algunos de ellos, por privado. Parece que sigue siendo un tema del que cuesta trabajo hablar.
    Un saludo


¿Y tú qué opinas?