La igualdad de género en las universidades

La presencia de la mujer en la Universidad

Ha transcurrido algo más de un siglo desde que el 8 de marzo de 1910 la Gaceta de Madrid publicara una Real Orden del Ministerio de Instrucción Pública, que dirigía entonces el Conde de Romanones, permitiendo por primera vez la matriculación de alumnas en todos los establecimientos docentes.

A partir de esa fecha, las mujeres se han incorporado tanto a los estudios universitarios como a la carrera docente e investigadora de forma paulatina. Incluso en la actualidad, puede hablarse de la feminización de determinadas áreas de conocimiento vinculadas a Ciencias de la Salud o las Ciencias Sociales, Jurídicas y de la Educación.

Sin embargo, esta incorporación se ha llevado en condiciones desiguales y con muchos más obstáculos y dificultades que los que se imponen a sus compañeros varones. Las mujeres representan una minoría dentro del colectivo de personal docente e investigador (sobre todo en los niveles más altos de la carrera académica) y aún están menos presentes en los cargos de gestión de la universidad, que continúan siendo ejercidos en gran mayoría por profesores.

Igualdad y no discriminación por razón de sexo

La igualdad entre hombres y mujeres y la prohibición de discriminación por razón de sexo son principios que recogen las principales declaraciones y pactos internacionales y que contienen también, claro está, las normas europeas y nuestra Constitución.

El principio de igualdad en nuestra Constitución (art. 14 CE) se dirige a los poderes públicos ordenando que los supuestos de hecho iguales reciban el mismo tratamiento y originen los mismos efectos jurídicos; de modo que la posibilidad de introducir diferencias queda supeditada a la existencia de una justificación objetiva y razonable.

Por su parte, la prohibición de discriminación establece una obligación de alcance general que impide que las diferencias de trato puedan fundarse en causas particularmente rechazables, entre las que se encuentra el sexo. La prohibición de discriminación persigue la supresión de ciertas diferencias de trato socialmente existentes que socaban la dignidad y/o los derechos de ciertos colectivos, siendo un instrumento esencial para asegurar la igualdad.

Objetivos de Desarrollo Sostenible

Seguir avanzando para la consecución de la plena y real igualdad entre mujeres y hombres y la ausencia de discriminación no es solo una necesidad sino una exigencia para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030, adoptada por la ONU.

En efecto, entre los 17 ODS, algunos de ellos -con independencia del carácter trasversal que reviste el principio de igualdad por razón de género- entroncan directamente con ello. Así, el de garantizar el derecho universal a la educación inclusiva, equitativa y de calidad (Objetivo 4), el logro de la igualdad entre géneros y el empoderamiento de todas las mujeres y niñas (Objetivo 5) y la promoción del crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos (Objetivo 8).

La Universidad constituye un agente transformador y de cambio hacia sociedades más justas y equitativas. Por ello se erige en la institución idónea para avanzar en materia de igualdad y liderar la consecución de los ODS en el proceso de transición justa y en el marco del trabajo decente.

Libro Blanco sobre la igualdad por razón de género en las empresas

El pasado 3 de noviembre se publicó el Libro Blanco de la Igualdad de Género en la Empresa, en el que han participado diez universidades públicas españolas y una universidad colombiana. El libro, promovido por Universitas XXI, se estructura en diez capítulos, a los que hay que añadir dos anexos que incluyen buenas prácticas sobre la materia.

Uno de los capítulos analiza la igualdad en la universidad, ofreciendo una panorámica amplia de la implementación de la perspectiva de género en las tres misiones principales de la misma: docencia, investigación y transferencia y gestión.

La centralidad de este capítulo es evidente, pues el compromiso de la Universidad pública española por generar una cultura basada en la igualdad de oportunidades y en la ausencia de discriminación puede servir como referente a instituciones públicas y privadas para alcanzar la construcción de sociedades más justas y equitativas.

Integración de la igualdad de género en el funcionamiento de la Universidad

La igualdad entre hombres y mujeres ha de integrarse en los tres grandes pilares sobre los que se sustentan las universidades: docencia, investigación y gestión.

En cuanto a la docencia, a la llamada contenida en el artículo 25 de la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, en orden a fomentar la enseñanza e investigación sobre el alcance de la igualdad, se han dado pasos muy significativos, hasta el punto en que en el Registro de Universidades, Centros y Títulos (RUCT) se contabilizan hasta 38 titulaciones oficiales bajo los descriptores de igualdad, género y mujer.

En materia de investigación, el Horizonte Europa, programa marco de investigación e innovación (I+I) de la Unión Europea para el período 2021-2027, ha reforzado la dimensión de género en los programas de investigación. Los planes de igualdad son, ahora, un criterio de elegibilidad de los proyectos financiados y una exigencia para que las universidades puedan concurrir a fondos europeos que subvencionan investigaciones.

Asimismo, en los últimos años, se están aunando esfuerzos para difundir desde todas las instancias e instituciones, información básica sobre investigación y género y se insta a que el seguimiento y evaluación de las investigaciones incorporen la perspectiva de género.

La infrarrepresentación de las mujeres en los puestos de decisión de las universidades es una manifestación más de la segregación vertical que hoy persiste en relación a los puestos ocupados por mujeres y hombres. Se ha de promover la igualdad de oportunidades en las carreras profesionales universitarias, incluso mediante acciones positivas. Sin duda, la creación de estructuras de igualdad de género en las universidades está facilitando la adopción de políticas en este sentido.

A modo de cierre

En suma, aunque el papel de la mujer en el ámbito universitario ha cambiado sustancialmente en el último siglo, y significativamente desde la aprobación de la Constitución española de 1978 y nuestra entrada en la entonces Comunidad Económica Europea, el todavía déficit de participación de las mujeres en los tres pilares fundamentales de la Universidad exige la inclusión real de la perspectiva de género de forma transversal.

Solo así, desde la transversalización de la perspectiva de género en la docencia, la investigación y la transferencia, las Universidades contribuirán a aumentar la concienciación social en igualdad de género y a prevenir discriminaciones.

 

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