Preferencias de la comunidad universitaria sobre el modelo de financiación

El reajuste de las fuentes de financiación es objeto de uno de los debates centrales en el mundo de la educación superior, especialmente en los países cuyas administraciones públicas ya no pueden o no están dispuestas a sufragar los costes de las universidades públicas en la misma cuantía que en el pasado. En esos países es cada vez más frecuente escuchar voces y encontrar medidas favorables a una mayor participación de los estudiantes en la financiación de sus estudios, así como a aumentar el peso de otras fuentes de financiación privada, tales como donaciones de empresas o contratos de investigación (o de otro tipo) con estas. A los encuestados les planteamos un menú de fuentes de financiación de la universidad pública (fondos de la administración pública, tasas de estudiantes, contratos de investigación con empresas, donaciones de empresas privadas y donaciones de antiguos alumnos) para que se pronunciaran acerca de si debían aumentar o disminuir los fondos procedentes de cada una de esas fuentes. Lo hicieron eligiendo un punto en la escala del 0 (disminuir mucho) al 10 (aumentar mucho), sabiendo que el punto central, el 5, representaba la opción de que los fondos permanecieran en el mismo nivel.

Los resultados son bastante coherentes con opiniones medias que mostraban un cierto predominio de la visión de la educación superior como bien público. Es bastante obvio que los tres públicos preferirían que aumentasen, bastante, los fondos de la administración pública, es decir, de los impuestos generales, pues la puntuación media que se obtiene en los tres grupos supera el 7,5 sobre 10 (gráfico 42).

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Por el contrario, la opinión media en los tres grupos sugiere una preferencia por que bajen algo las tasas que pagan los estudiantes universitarios. Puede ocurrir que los entrevistados piensen que las tasas actuales ya cubren el rendimiento privado que produce la educación universitaria o puede que, en realidad, no tantos hagan la conexión entre tipo de rendimiento y tipo de financiación. En cualquier caso, la preferencia es, en cierta medida, autointeresada: la puntuación media de los estudiantes (2,8) es inferior a la del PAS (3,8) y los profesores (4,1).

Que esa conexión puede existir, aunque sea débilmente, lo muestra, de todos modos, la opinión media acerca de qué ha de ocurrir con las donaciones de antiguos alumnos. Esta opinión casi llega a 6 en los profesores, si bien se queda en el 5 en los estudiantes y en el 5,2 en el PAS. Al menos entre los profesores se apunta un (limitado) potencial favorable a explorar esa vía de financiación, lo cual implicaría, en parte, un cierto reconocimiento de las ganancias privadas obtenidas gracias a haberse educado en un centro universitario determinado, y, en parte, una cierta sensación de pertenencia a una comunidad ligada a dicho centro.

Por último, no extraña la obtención de preferencias bastante favorables al aumento de la financiación empresarial, tanto a través de contratos como de donaciones; a fin de cuentas, ese aumento no supone costes directos para ninguno de los tres públicos. Las medias son superiores al 7 en los tres públicos.

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*Fuente: La comunidad universitaria española opina, Víctor Pérez-Díaz y Juan Carlos Rodríguez. Fundación Europea Sociedad y Educación. 2014.

 

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