¿Valoramos suficientemente la docencia en la universidad?

Hace más de veinte años, tuve la oportunidad de participar en un congreso en el que intenté poner en valor la relevancia del profesorado universitario en la motivación y en el rendimiento del alumnado. En mi comunicación, ofrecía una visión reivindicativa de la docencia en la universidad y del papel activo que deben tener los docentes universitarios para lograr dichos objetivos con sus estudiantes.

Además, compartía y analizaba algunos factores fundamentales que pueden influir en sus alumnos y alumnas. Al mismo tiempo, aportaba posibles acciones que puede llevar a cabo un profesor/a para no disminuir o anular la motivación de su alumnado y para contribuir a una consecuente mejora de su rendimiento. A pesar de la teórica edad adulta de los estudiantes y de su supuesta preparación previa, explicaba cómo, desde mi punto de vista, el alumnado sigue precisando consejo, guía y comprensión.

La llegada a la universidad supone un gran cambio

Recuerdo perfectamente la presentación de la comunicación en un aula en la que había profesores universitarios escuchando. Se trataba de una comunicación sencilla, de una estudiante que aún no había presentado su tesis. Creo recordar que dos profesores intervinieron al terminar. Hablaron de que el alumnado ya era adulto, de que tenían 18 años y de que no era necesario ayudarles a estudiar, por ejemplo.

Yo, en ese momento, había terminado la carrera tres o cuatro años antes. Estaba con el doctorado. Recordaba perfectamente mi primer año en la universidad. Llegabas del instituto, con un seguimiento bastante personalizado, con unos 25 compañeros y compañeras en clase, y te encontrabas en un aula con más de 100 personas que no conocías, con un tratamiento bastante impersonal y con un material de estudio y de trabajo que multiplicaba fácilmente por veinte lo que estábamos acostumbrados a hacer. Además, había que hacerlo de manera autónoma, en muchos casos con un examen al final y poco más.

¿Por qué un estudiante iba a ser capaz de hacer ese cambio sin ayuda? Y no hablaba de mí. La verdad es que nunca he tenido ese problema. Pero me parecía una obviedad. Solo había que ver la cantidad de abandonos que tenían lugar el primer año. Yo misma abandoné una carrera en esa etapa inicial.

Impartir clase en la universidad sin formación didáctica

Del mismo modo, siempre me he preguntado, ya desde antes de terminar la carrera, por qué una maestra o maestro de Infantil o Primaria hacen un grado, un profesor o profesora de Secundaria hacen un máster, en ese momento era el CAP, y un docente de universidad no hacía nada, al menos no de manera obligatoria, claro. Te podías poner delante de tu alumnado sin saber nada de didáctica. Yo nunca lo he entendido y, en consonancia con el primer punto, siempre he pensado que esa capacidad de transposición didáctica es imprescindible en el aula universitaria.

En ese sentido, si deseas formarte, probablemente puedas asistir a cursos de formación dentro de tu universidad, pero quedas fuera de cursos destinados a otras etapas educativas, de los que, sin ningún género de duda, aprenderíamos mucho. Creo que la formación continua del docente universitario es otro punto que valdría la pena abordar con más profundidad.

Perfiles de antaño

Sea como sea, la universidad siempre ha estado repleta de personas expertas en sus áreas. Sin embargo, como decíamos, es necesario saber transmitir ese conocimiento a los estudiantes.

Creo que todos hemos tenido docentes que sabían muchísimo de sus materias, pero que no eran capaces de transmitirlo o que parecía que daban el mismo discurso tanto si hablaban con estudiantes de primero como si se encontraban dando una conferencia en un congreso especializado. No es la misma audiencia.

¿Y quién no recuerda a ese docente orgulloso de que en su asignatura solo aprobasen tres? Lo decía el primer día. Con orgullo. Pienso que ahora pasa menos, o eso quiero creer, pero antes era bastante frecuente. Y no hablo desde el rencor. Como ya comentaba antes, nunca he tenido problemas con ningún docente, todo lo contrario, pero eso no quiere decir que no veas lo que pasa. No hace falta sufrirlo para entenderlo. Aunque en gran medida fue mi experiencia el año que dejé esa primera carrera. El profesorado y el ambiente fueron clave en mi decisión de abandonar una carrera con la que siempre había soñado.

¿En qué punto estamos hoy?

Pues las cosas han cambiado mucho. Se ha ido otorgando cierta relevancia a la docencia, ahora tenemos incluso una evaluación docente, a través de los programas DOCENTIA. Una evaluación no exenta de polémicas: ¿cómo evaluar la calidad docente? ¿Quién debe evaluarla? ¿Con qué instrumento? ¿En qué momento del proceso de enseñanza y aprendizaje? Creo que este sería un buen tema para otro artículo. Tiendo el guante a quien quiera recogerlo.

Igualmente, en las acreditaciones, la labor docente tiene un espacio. Podríamos preguntarnos si se trata de suficiente espacio. ¿Están reconocida al mismo nivel la investigación, la gestión y la docencia? ¿Deberían estarlo? ¿Depende del área? ¿Qué papel juega la transferencia?

La investigación sigue sobresaliendo sobre las otras dos áreas. Por supuesto entiendo la importancia de la investigación que se hace desde la universidad, pero solo me pregunto, ¿no puede haber profesorado con una clara vocación docente o de servicio?

El papel secundario de la docencia y la gestión en la universidad

Creo que la posibilidad de tener perfiles aún más definidos debería existir. La imposición de una puntuación mínima en determinados aspectos dentro de las acreditaciones puede llevarnos a tomar decisiones que no queremos, a buscar caminos o alternativas que no nos apetecen nada, ni son lo nuestro, a asumir roles en los que no nos sentimos cómodos, únicamente por cubrir “un cupo”. No entraré ahora a valorar cada apartado, ni es este un artículo sobre ANECA, únicamente deseo dejar sobrevolando la idea de que desarrollar determinados aspectos de nuestras carreras solamente porque se nos impone puede que no sea lo más conveniente ni para el profesorado, ni para nuestro alumnado, ni, por extensión, para nuestras universidades.

La docencia empieza a ganar terreno pero, personalmente, como decía, considero que no es suficiente. Pienso que la docencia y la gestión deberían tener entidad propia, como la tiene la investigación. Creo que diferentes perfiles resultarían beneficiosos y enriquecedores para el crecimiento de nuestras universidades. Pienso que se ha avanzado en este sentido. Pero también pienso que se deberían seguir dando pasos en esa dirección.

 ¿Todo profesor universitario debe dar clase? La respuesta ya existe. No todo docente universitario imparte clases. Entonces, me gustaría plantearme algunas preguntas más: ¿Todo docente universitario debe investigar? ¿Todas las áreas funcionan del mismo modo? ¿Es necesario ser un investigador activo para mantenerse actualizado en una materia? ¿Todo docente universitario debe ocupar cargos de gestión?

No las planteo como preguntas retóricas, nada más lejos de mi intención. Me gustaría poder debatir, conocer más opiniones y reflexionar sobre esas respuestas.

El alumnado nos sigue necesitando

Deseo, en este punto, retomar la idea planteada al comienzo del artículo para volver a reivindicar, más de veinte años después y con todos esos cursos de experiencia a mis espaldas, que el alumnado nos sigue necesitando en la etapa universitaria. Tanto si son jóvenes que empiezan en la universidad, como si son adultos que desean retomar sus estudios y que pueden estar un poco “oxidados”.

El alumnado es el corazón de nuestras universidades. Y hay que ayudarles.

No hablo de “mimarlos” ni de tratarlos como niños. Hablo de contribuir a la construcción del andamiaje necesario entre sus experiencias previas y la que van a vivir en la universidad. No somos todos iguales, no todos necesitamos lo mismo, pero ofrecer ese puente debe estar sobre la mesa.

La docencia universitaria importa

Igualmente, debe estar sobre la mesa el poner en valor la dedicación del profesorado con una clara vocación docente. En definitiva, y respondiendo a la pregunta planteada en el título, mi respuesta sería que no, que aún no valoramos la docencia universitaria tanto como se merece. Dentro de cada universidad, dependerá de los programas o iniciativas que haya y, a nivel institucional, como decía, creo que vamos por el buen camino, pero aún nos queda mucho por recorrer. Y nadie dice que sea un camino fácil. Se está construyendo según lo vamos transitando. Es el momento que nos ha tocado vivir.

 

Comentarios
  1. Miguel Angel dice: 15/07/2025 a las 16:19

    Totalmente de acuerdo. La LOSU ha impulsado algunos aspectos como el programa ACADEMIA, más ajustado al perfil de candidatos por debajo de los 40, equilibrando docencia e investigación o los concursos de plazas, minimizando el conflicto de intereses de la comisión (por investigación) y con baremos forzosamente equilibrados 1:1. Pero todavía es una realidad, que el costumbrismo universitario lleva a denostar lo que debería ser la principal actividad (por dedicación y motivación) de los cuerpos DOCENTES universitarios. Cuesta encontrarse con colegas de discurso docente entusiasta, preocupados por la capacitación docente. La investigación sigue siendo el centro del reconocimiento y lo que habilita para la docencia (postulado espurio). Se vislumbra un cambio de paradigma, que coincidirá con la jubilación del profesorado de clases pasivas y la consolidación de la evaluación del desempeño docente (DOCENTIA), la calidad docente (basada en la excelencia de la praxis) y los méritos docentes (sexenio). A la espera del estatuto del PDI y del Marco de Desarrollo Profesional Docente.

  2. Ingrid Mosquera dice: 15/07/2025 a las 19:39

    Muchísimas gracias por tus palabras y por toda la reflexión, Miguel Ángel, como comento, creo que queda camino, Veremos cómo sigue todo. ¿Ha habido cambios? Sí. Pero necesitamos seguir debatiendo y mejorando el sistema. Fácil no es, sin duda.

  3. Carlos dice: 16/07/2025 a las 18:23

    Muchas gracias por tu artículo. Ha sido muy terapéutico. Veo que no estoy sólo en esto. ¿Valoramos suficientemente la docencia en la universidad? Rotundamente NO. Yo que soy un romántico de la docencia, me siento menospreciado. Por las agencias de calidad, por mi facultad e incluso por mis compañeros (algunos). Siempre digo que la docencia nos iguala, mientras que la investigación nos hace diferentes. Este desequilibrio polariza maneras de hacer. La CALIDAD de la investigación se cuantifica y la CALIDAD de la docencia, como es difícil de valorar, se le supone y se cuantifica en años de experiencia. Olé tú. El estrés que nos genera la propia dinámica universitaria para publicar, no nos permite preparar mejor la docencia (la aparcamos) y nos «obliga» a rozar el limite de lo ético. Una sinrazón. Muchas gracias por esta reflexión en voz alta. Poco a poco irá cambiando. No podemos seguir igual

  4. Ingrid Mosquera dice: 16/07/2025 a las 19:17

    Buenas, Carllos, muchísimas gracias por tus palabras, sin duda: no estás solo. Aunque yo muchos años me he sentido así. En mi caso, he tardado en arrancar mi carrera como investigadora, porque la parte docente me llenaba, me llenaba mucho. Con el tiempo, unas compañeras a las que aprecio mucho, me han dado dos bofetadas de realidad, con cariño, y me han hecho ver que tenía que desarrollar otros aspectos de mi carrera si quería avanzar. Nunca ha sido mi finalidad, avanzar, pero cierto es que conseguir acreditaciones de ANECA nos beneficia en muchos sentidos. Pero, como digo en el artículo, nos vemos en la obligación de «hacer tic» en facetas que, a lo mejor, no nos apetece demasiado. O nada. Y sí, estoy muy de acuerdo contigo: en investigación se evalúa «en calidad» y en docnecia se evalúa en «cantidad». ¿Está empezando a cambiar? Quiero pensar que sí, como dices, pero no nos cogerá a nosotros…Es como si no disfrutásemos del camino, parece que hay que ir mirando qué me piden y cómo hacerlo. Ojalá poder disfrutar más de todo.

  5. Javier dice: 17/07/2025 a las 09:20

    Gracias por esta reflexión. Por un lado, estoy completamente de acuerdo en que en la universidad española no hay todavía dinámicas generalizadas para asegurar una pedagogía docente mínima para profesores noveles (y también para los «seniores», pero centrémenos en los que empiezan) ni para evaluar la docencia cualitativamente y no solo como el mero cómputo del número de horas y de asignaturas diferentes que se han impartido. En otros países se observa en el aula al profesor que quiere promocionar, se entrevista a estudiantes y ex-estudiantes, se pide una filosofía docente, etc. Por otro lado, estoy en contra de que haya perfiles diferenciados en la universidad, al menos en las universidades públicas, pues estas tienen unas obligaciones docentes e investigadoras del máximo nivel a la altura que cualquier universidad extranjera de referencia. Esto significa que debemos ser capaces de generar y difundir el conocimiento, es decir, obtener resultados de investigación relevantes internacionalmente y difundirlos entre nuestros estudiantes para que estén en la vanguardia de la formación. Puede haber momentos de mayor intensificación de alguna de estas facetas (dejo la gestión de lado), pero no puede ser profesor universitario estructural quien no enseña o quien no investiga. La creación de figuras centradas solo en la docencia (o en la investigación) conduce a la precarización y problemas estructurales, como se sigue viviendo tanto en España como en sistemas universitarios de otros países.

  6. Ingrid Mosquera dice: 17/07/2025 a las 10:47

    Buenas, Javier, muchísimas gracias por tu opinión. Estos días han sido muy intensos a través de Whatsapp con muy buenos debates sobre este tema que planteas, jeje. Tengo compañeras que piensan como tú. La verdad es que en el fondo creo que estamos de acuerdo, con matices, pero entiendo perfectamente lo que dices. Lo que sucede es que sí se contemplan perfiles únicamente investigadores. Esos perfiles existen, si no me equivoco. Cierto es que mi investigación nutre mi docencia, pero, no sé, no puede dejar de pensar que puede haber diferentes perfiles y que eso también puede ser enriquecedor y propiciar el enriquecimiento de la universidad. Aun así, te digo que no lo manifiesto con seguridad. No lo tengo nada claro. Pero ahora mismo, considero que hay facetas que están infravaloradas. Es complejo, no sabría posicionarme claramente.

  7. Javier dice: 17/07/2025 a las 16:42

    Gracias por la respuesta, Ingrid. No tengo constancia de que existan perfiles únicamente investigadores en la universidad española más allá de técnicos de investigación o de laboratorio, al menos en la universidad pública (quizá lo tenga alguna privada: serán rara avis si existen). De investigador predoctoral en adelante se espera o exige una cierta dedicación docente por curso. El problema es que no hay una supervisión real de la calidad de la docencia ni consecuencias reales por cómo se da clase. ¿Qué sucede si un profesor sistemáticamente demuestra ser mal docente? ¿Cómo se aseguran las universidades de que contratan a profesores que son buenos docentes? ¿Los cursillos de formación que se ofertan realmente contribuyen a la mejora docente? Yo también creo que hay un problema con cómo se evalúa y valora la docencia en la universidad española. No creo que crear una figura de profesor universitario que sea solo docente (los antiguos Titulares de Escuela Universitaria), eliminando así el 50% de lo que define a un profesor de universidad y de los resultados que debe ofrecer toda institución universitaria, aporte ninguna mejora. Los problemas con los asociados y los sustitutos interinos lo ejemplifican.

  8. Ingrid Mosquera dice: 17/07/2025 a las 16:56

    Vaya, pues ahí puedo estar yo equivocada, ahora ya me quedo con la duda, pero yo sí había entendido que podía haber perfiles únicamente investigadores. También hay profesorado que en determinado periodo pueden ser únicamente gestores, ¿no?
    No crearía una figura únicamente docente, pero sí daría la opción de compensar un poco más esos pesos en una acreditación. Tal y como están ahora, si eres un buen investigador y un «mal» docente, no pasa nada, pero si descatas en docencia y tienes una investigación reducida, no es suficiente para conseguir una acreditación. Espero explicarme, Lo de la A a la D en docencia e investigación no es un camino de doble vía.
    En todo caso, sí que entiendo y comparto tus reflexiones, probablemente no al cien por cien, pero sí en gran parte. Supongo que el porcentaje diferenciador puede venir dado por nuestra propia experiencia en la universidad.

  9. Javier dice: 18/07/2025 a las 16:54

    Que yo sepa, solo los rectores son los únicos PDI que son gestores a 100%: de vicerrectores hacia abajo tiene obligaciones docentes e investigadoras. Estoy de acuerdo en que un mal docente no debería ser acreditado. Lo que pasa, como señalas en tu columna, es que no se evalúa cualitativamente la docencia. Ahí es donde hay que incidir y donde hay bastante que mejorar en la universidad española. En cuanto al peso relativo de cada una de las dos facetas de la labor universitaria, creo que no hay que reinventar la rueda: más o menos, la mitad de nuestro tiempo debe dedicarse a la docencia y la otra mitad, a la investigación, con una exigencia de calidad mínima en ambos casos (por ejemplo, ¿tener sexenio y quinquenio vivos?).

  10. Ingrid Mosquera dice: 18/07/2025 a las 18:01

    En ellos estaba pensando yo, en los rectores, jeje, pero bueno, ya es un caso. Excepcional, pero un caso. Tampoco sé si tiene que ser siempre mitad y mitad. Entiendo que podría haber profesorado con más «vocación» docente y otro con más «vocación» investigadora, y no creo que sea malo, ahí es donde creo que podrían valorarse los dos. Además, otra duda que planteo en el artículo, y que sigo teniendo, es si esto debe ser igual en todas las áreas y disciplinas. Sobre lo de la evaluación docente, pues sí, totalmente hay que darle una vuelta y mejorarlo.Y, sinceramente, creo que no es fácil. Muchas gracias por todas las reflexiones y el aprendizaje.

  11. Miguel Ángel dice: 18/07/2025 a las 19:38

    Yo sigo sin entender la frase «mi investigación nutre mi docencia» porque salvo en asignaturas optativas/orientadas o de posgrado, ¿alguien me puede decir qué impacto explicito tiene la investigación en la capacitación docente? Puedo entender que ser especialista de una temática concreta te habilita (en primera aproximación) para impartir una materia de esa temática, pero no para gestionar grupos amplios (numerosos) con su evaluación continua, de primeros cursos (baja motivación/madurez), conceptualizar los fundamentos, conocer la bibliografía de la didáctica de la materia. La investigación te ayuda para el diseño de experimentos, el análisis/identificación de variables, el método científico, la discusión de resultados, el rigor y lo sistemático. Pero eso, por sí mismo, no te capacita como docente universitario.

  12. Ingrid Mosquera dice: 18/07/2025 a las 19:50

    En general, coincido contigo, Miguel, pero creo que puede depender mucho de la disciplina, asignatura o área. Justo lo debatía estos días con una compañera a partir del artículo, jeje. Otra pregunta que yo lanzaba al aire es: ¿siempre hay que investigar en primera persona? ¿o para ser buen docente en una disciplica X puede ser suficiente con mantenerse al día de los últimos avances, etc. sin necesidad de ser uno mismo el que investigue? Me genera dudas. Creo que no todas las áreas son iguales.

  13. JM dice: 19/07/2025 a las 00:20

    Si un docente universitario no es investigador/a, no estará ejerciendo de académico/a. Este tipo de docente puede dar cursos introductorios (normalmente en los primeros años), pero no participa en la actividad principal de quienes profesamos en una universidad (les faltan cosas como impartir seminarios, formar equipos de investigación, acudir a conferencias, direcciones de tesis, transferencia de resultados, revision de artículos, etc). Este tipo de personas no son académicos/as, son un sucedáneo, y como regla general no deberían impartir ningún curso avanzado, porque sus conocimientos suelen ser muy limitados. Incluso su docencia en cursos básicos puede en muchos casos ser desempeñada mejor por personas externas de ámbitos profesionales, que al menos traen una visión diferente.

  14. Ingrid Mosquera dice: 19/07/2025 a las 10:35

    Entiendo el comentario, pero no estoy totalmente de acuerdo, al menos no lo radicalizaría tanto. No les llamaría «sucedáneos». ¿Esa actividad principal de la universidad es la investigación? ¿Es lo que indica? ¿Por encima de todo?
    Coincido en que se deja de participar en parte importante de la misma. Aunque sí puede ir a una conferencia, a aprender, o puede impartir seminarios, sobre docencia. Es decir, entiendo el comentario, coincido en parte, pero me parece un tanto radical en el planteamiento.

  15. Miguel Angel dice: 19/07/2025 a las 10:53

    Una actividad laboral se considera principal si está regulada. Hasta la fecha, en cualquier universidad pública española, existe el cumplimiento docente (horas, tutorías, actas) del profesorado universitario pero no existe el cumplimiento investigador. Sí existe el desempeño docente (DOCENTIA, quinquenios) como existe el desempeño investigador (sexenios), donde se evalúan los resultados. Si una persona pertenece al cuerpo docente universitario, por definición, la actividad principal no es la investigación, como sí ocurre en el CSIC. Partiendo de esta premisa, por supuesto que un profesor universitario tiene que tener un perfil sólido investigador, con todo lo que eso implique, pero eso no te capacita para la docencia de grado, al menos. La investigación puede enriquecer la praxis docente, en algunos casos, pero no te otorga las habilidades que hoy necesita el profesorado universitario. Hay que crear la cultura de formarse para la docencia.

  16. Ingrid Mosquera dice: 19/07/2025 a las 10:55

    Tú lo has explicado mucho mejor, Miguel.
    Un saludo

  17. JM dice: 21/07/2025 a las 10:24

    No es un tema de regulación. Desde los tiempos de Humboldt, las universidades son grandes comunidades de estudiosos dedicados a la generación y transmisión de coocimiento. Quien no investiga suele tener un conocimienyo limitado, relativamente obsoleto, y difícilmente puede enseñar a otros las herramientas necesarias para generarl conocimiento. Esto no es un invento de Hundbolt: ya pasaba con los Griegos. La academia (la primera de todas) era un centro donde se desarrollaban nuevas ideas, primero se pensaba, y luego las ideas se enseñaban.

    Pero no hace falta mirar al pasado sino al presente. Las universidades que no se orientan a la investigación proporcionan alumnos una formación pésima. Sus egresados, tienen más dificultades para ser aceptados en programas de postgrago de buenas universidades porque sus lagunas les ponen en desventaja. En el fondo se les ha dado gato por liebre. Han tenido un colegio en vez de una universidad.

    El docente que no investiga encaja mejor en un instituto de Bachillerato.

  18. JM dice: 21/07/2025 a las 10:31

    El académico puede (y debe) integrar la investigación en sus clases. Si no te has formado en un centro donde esto sucedía en la mayor parte de las materias ( al menos desde tercero), es que nunca has ido a la universidad. Has sido víctima del engaño de la falsa universidad, y te dieron gato por liebre. Esto está pasando en la mayor parte de universidades privadas españolas, pero también en unas cuantas públicas.

  19. Miguel Angel dice: 21/07/2025 a las 22:09

    Todos necesitamos regulación, de lo contrario perdemos el sentido de nuestra profesión: ¿profesorado de secundaria, investigador del CSIC o profesor universitario? Para ser profesor universitario hoy por hoy, la ANECA impone unos mínimos equilibrados en investigación y docencia. A partir de ahí, cada universidad impone los baremos de selección, respetando la LOSU, que también obliga a baremos 50:50. Luego ningún miembro del cuerpo docente universitario de nuevo ingreso es deficitario ni en méritos docente ni en méritos de investigación. El reto es tomar conciencia de capacitarse para impartir docencia y seguir investigando. Recomiendo escuchar a Pilar Paneque: http://eppursimuove.ugr.es/ANECA/PilarPaneque_DOCENCIA_PRIMERAMISION_.mp4, http://eppursimuove.ugr.es/ANECA/Charla_Aneca.mp4

  20. Miguel Angel dice: 21/07/2025 a las 22:10
  21. […] para una publicación dedicada al ámbito universitario. Ingrid llega a Universidad, sí con un controvertido artículo sobre el rol docente en la universidad. Además, la última entrega de Ingrid para El Diario de la […]


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