Abriendo camino a la internacionalización mediante el intercambio virtual
Más allá de la movilidad física: una internacionalización en transición
La internacionalización ha sido, durante décadas, uno de los pilares fundamentales de la educación superior en Europa. Sin embargo, el reciente fallecimiento de Sofia Corradi, conocida como la «mamma Erasmus» por ser la impulsora del emblemático programa de movilidad europea, nos invita a reflexionar sobre el futuro de este legado. Si bien el programa Erasmus ha transformado la vida de miles de estudiantes españoles, fomentando su desarrollo académico y cultural, la realidad es que no todos los universitarios pueden acceder a una estancia física en el extranjero. Factores económicos, problemas de salud, responsabilidades de cuidado familiar o barreras geográficas pueden llegar a suponer impedimentos insalvables.
En este contexto, las universidades españolas están liderando una transformación silenciosa pero profunda: el impulso de los intercambios virtuales. Esta modalidad no surge únicamente como una respuesta de emergencia —como se vio durante la pandemia del COVID-19—, sino como una estrategia de internacionalización inclusiva, pedagógicamente sólida y sostenible que busca democratizar el acceso a las experiencias globales (Borràs et al., 2025).
En concreto, estas experiencias pueden reforzar la competencia intercultural, las habilidades pragmáticas y la visión de ciudadanía global del estudiantado, al tiempo que garantizan una internacionalización accesible.
¿Qué es el intercambio virtual y cómo funciona en nuestras universidades?
Los intercambios virtuales son proyectos de colaboración en línea mediante los cuales instituciones de diferentes países coordinan actividades de aprendizaje conjunto que se integran directamente en el currículo de una asignatura o en un programa específico.
Las dinámicas suelen incluir:
- Debates en línea y proyectos por equipos multiculturales.
- Intercambio de recursos digitales, como blogs, vídeos o tutorías compartidas.
- Facilitación docente, donde un profesor modera y evalúa el proceso para asegurar que se alcancen los objetivos pedagógicos.
Además de los modelos puramente virtuales, han cobrado fuerza los Blended Intensive Programmes (BIPs) promovidos por Erasmus+. Estos programas combinan una fase de trabajo colaborativo virtual con una estancia presencial, aprovechando lo mejor de la interacción digital y la riqueza del encuentro cara a cara. Estas experiencias además pueden servir como actividades previas a la movilidad física, favoreciendo el primer contacto intercultural y preparando al estudiantado para aprovechar mejor su futura estancia en el extranjero (Alonso-Morais, 2025).
Proyectos de éxito en España
La implementación de estos programas en España cuenta con un respaldo creciente de investigaciones que demuestran su eficacia. Diversas universidades han puesto en marcha iniciativas que sirven de referente para el sistema universitario, algunas de las cuales presentamos a continuación:
- Universidad de León: El Proyecto Gear Up! conecta a estudiantes de países tan diversos como Austria, Azerbaiyán, Francia, España y Turquía con un doble objetivo: desarrollar competencias lingüísticas e interculturales y actuar como una fase preparatoria para preparar al alumnado que planea realizar una movilidad física en el futuro.
- Universidad de Zaragoza: A través de una colaboración bilingüe con la Universidad Tecnológica de Sydney (Australia), se analizaron las percepciones sobre las destrezas comunicativas y de ciudadanía de estudiantes de Grados en Educación y Relaciones Internacionales (Mur-Dueñas y Sheldon, 2025).
- Universidad de Córdoba: Investigaciones recientes en esta institución destacan mejoras significativas en la fluidez y adaptación lingüística en intercambios de francés y español, además de una mayor sensibilidad hacia las diferencias culturales (Cuevas Montero, 2024).
- Universitat de Lleida: El proyecto emparejó a estudiantes catalanes con alumnos de Estados Unidos, logrando una mejora en las habilidades en la lengua extranjera de los participantes, así como de su competencia intercultural (Frumuselu y Manegre, 2026).
Es importante destacar que estos intercambios no solo se fomentan en departamentos de lenguas o educación, como pueda parecer en un primer momento, sino que son un gran aliado de aquellos estudiantes y profesores que participan en programas que incluyen el inglés como medio de instrucción (EMI, por sus siglas en inglés). En estos casos, estudiantes de distintos países utilizan el inglés como lengua franca tanto para interactuar como para explorar juntos temas de interculturalidad y comunicación.
El proyecto VELCOME
Este es el caso, por ejemplo, del proyecto VELCOME (Virtual Exchange for Learning and Competence Development in EMI Classrooms), en la Universidad de Valencia, que conectó a estudiantes españoles y japoneses para trabajar sobre temas relativos al concepto de ciudadanía global. En este caso, el 87% de los participantes consideró que la experiencia les proporcionó herramientas efectivas para comprender problemáticas globales y trabajar de forma colaborativa con diversidad cultural (Clavel-Arroitia, 2025).
Más allá de la pantalla
La investigación actual sostiene que los intercambios virtuales no son un «sustituto menor» de la movilidad tradicional, sino una herramienta potente con beneficios específicos:
- Accesibilidad y equidad: Es, quizás, su mayor ventaja. Al eliminar costes de viaje, alojamiento y visados, se reducen las barreras para estudiantes con menos recursos económicos. Esto permite que la internacionalización sea una realidad para todos y no solo para una élite.
- Desarrollo de competencia intercultural: Los estudiantes se exponen a estilos de comunicación, valores y normas sociales diferentes de forma directa y auténtica.
- Mejora pragmática: Al utilizar lenguas adicionales (o el inglés como lengua franca) en situaciones reales de trabajo colaborativo, el alumnado mejora su fluidez y su capacidad para captar matices que los libros de texto no ofrecen.
- Fomento de la ciudadanía global: Estos proyectos suelen centrarse en problemas globales como la sostenibilidad o la desigualdad, ayudando al estudiante a sentirse parte de una comunidad global más allá de su entorno local.
- Competencias digitales: El uso de plataformas, la coordinación remota y el trabajo asíncrono preparan a los estudiantes para el mercado laboral actual.
Desafíos para una consolidación institucional
A pesar de los resultados positivos, la plena integración de los intercambios virtuales enfrenta retos que las instituciones deben abordar con rigor:
- Infraestructura y alfabetización digital: Es fundamental garantizar que todos los estudiantes tengan acceso a una conexión estable y equipamiento adecuado para evitar nuevas formas de exclusión.
- Reconocimiento académico: Para que estas experiencias sean valoradas por el alumnado, deben estar formalizadas en los planes de estudio y contar con el reconocimiento de créditos.
- Formación docente: El profesorado necesita apoyo y formación en metodologías activas y gestión de grupos interculturales en entornos virtuales.
- Apoyo institucional: La figura de expertos como Robert O’Dowd (Universidad de León) y organizaciones como UNIcollaboration han sido clave para crear recursos de formación e investigación en este ámbito. Asimismo, universidades como la Autónoma de Madrid ya ofrecen recursos específicos para orientar al profesorado interesado.
Hacia una internacionalización más justa
La experiencia acumulada en el sistema universitario español demuestra que avanzar hacia una internacionalización más justa pasa necesariamente por diversificar las oportunidades.
Los intercambios virtuales no pretenden reemplazar el programa Erasmus tradicional, sino complementarlo y enriquecerlo, sirviendo incluso de preparación para quienes darán el salto a la movilidad física.
Hablar de internacionalización hoy implica repensar sus formas para que nadie se quede atrás. Integrar la dimensión internacional en el currículo de forma sistemática permite llegar a disciplinas y estudiantes que, de otro modo, nunca tendrían un contacto intercultural académico. En definitiva, el intercambio virtual es una vía democrática, realista y pedagógicamente sólida para construir una universidad verdaderamente abierta al mundo.
El reto actual es seguir compartiendo buenas prácticas y ampliando estas redes para que la “experiencia internacional» deje de ser un privilegio y se convierta en un derecho formativo para todo el estudiantado.
Sonia López-Serrano – Universidad de La Laguna
Judith Borràs – Universitat de Lleida
María Victoria Soulé – Universidad de Chipre

Enhorabuena a las tres autoras por la entrada tan interesante. El intercambio virtual es un gran reto más que tiene la internacionalización de la universidad española y europea para ser verdaderamente inclusiva.
Muchas gracias por tus comentarios, Carmen. Ha sido un placer colaborar de nuevo con el blog. Esperamos poder ofrecer nuevas perspectivas pronto.
Lo cierto es que las universidades de una calidad razonable suelen ofrecer cursos relativamente estandarizados con materiales más o menos similares. Salvo excepciones puntuales, en algún curso puntual muy especializado, no veo clara la ventaja de este tipo de intercambios. La razón principal para hacer intercambios de estudiantes es que vivan la experiencia de inmersión en una cultura o país diferente. Esto no se da en un intercambio virtual, que no deja de ser otra cosa que un curso online, formación que suele ser de inferior calidad a la que se proporciona en la universidad presencial habitual.