De la necesaria renovación y ampliación de las plantillas universitarias

Admito como premisa que la sociedad española y sus dirigentes desean que la investigación y la educación superior sean puntales del desarrollo español. Si no fuera así, huelga todo lo que sigue.

¿Alguien ha calculado cuántas personas altamente cualificadas en nuestras universidades y que han realizado el recorrido postdoctoral clásico están a la espera de encontrar un contrato razonablemente estable en el sistema de ciencia y tecnología español que permitiera, además de su realización personal, incrementar las capacidades científicas y tecnológicas de nuestro país?

Salvo algunos tímidos intentos por parte de algunos gobiernos de Comunidad Autónoma, excepción hecha de los potentes programas ICREA e IKERBASQUE de Cataluña y País Vasco, casi nada se promueve para recuperar esa pléyade de jóvenes con altísimas capacidades que, en el mejor de los casos, están abocados a fortalecer los sistemas científicos de los Estados Unidos de América y de la Unión Europea.

Mientras tanto en las universidades españolas se producen convocatorias de promoción de contratados doctores a titularidades y de titulares a cátedras, incrementando en este caso además el capítulo I, hasta agotar la tasa de reposición. Pero ¿para cuándo nuevas personas? ¡Claro que la promoción es necesaria!, pero ¿exclusivamente? La Universidad debe ser capaz de equilibrar ambas situaciones.  Por una parte, debiera existir un ritmo continuo en las plazas convocadas para profesores ya acreditados. Y, por otra, la del acceso, hasta ahora lánguido y muy esporádico de doctores muy preparados que no están en ninguna lista y no saben qué turno esperar.

Esto se produce al tiempo en que seguramente son numerosos -no tengo yo acceso a esos datos y me alegraría que se me desdijera- los departamentos universitarios es los que no se ha incorporado ninguna persona con carácter permanente, ni siquiera como ayudante doctor, en los últimos diez años. Y a su vez nadie duda, o al menos no se expresa en el foro público, de la conveniencia de mantenerse en activo hasta los 70 años. Si ambas cosas son ciertas estamos ante una situación implosiva, de envejecimiento más que de maduración. Un grave problema, el de tener un sistema universitario sin relevo generacional.

Aunque sea triste, quizá se vea luz cuando las listas de acreditados se terminen y las vacantes por jubilación puedan cubrirse, tras un análisis pormenorizado de necesidades, mediante convocatorias en las disciplinas que mejoren la capacidad docente e investigadora. Mientras tanto pudieran implementarse algunas actuaciones. Dejo dos sobre el papel, confío en que encontremos más y mejores:

  • Sabiendo que la diferencia retributiva entre estar en activo y la jubilación es muy notable, ¿se puede dar forma a un sistema de “contrato de sustitución” financiado en parte por una disminución de ingresos y obligaciones de las personas que se encuentran en ese periodo entre 65 y 70?
  • Sabiendo que la aplicación de la tasa de reposición se está aplicando, fundamentalmente, a modificar situaciones existentes, ¿se podría regular que la mitad del incremento presupuestario se dedique a nueva plantilla?

Los Claustros Universitarios, los responsables autonómicos, y los Consejos Sociales de las universidades tienen aquí espacio para actuar.

 

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