¿Deberíamos dedicar más recursos públicos a la formación en artes y humanidades?

En nuestros primeros años de trabajo en la universidad, nos encontramos con varias personas del mundo empresarial, muy alejadas del mundo universitario, que cuestionaban con gran vehemencia la dedicación de recursos públicos a la educación y la investigación en artes y humanidades.

Su discurso hace resaltar una paradoja, por no decir contradicción. Las materias consideradas prácticas (ciencias naturales, tecnología, matemáticas, economía, etc.) reconocen la importancia y la escasez de al menos cuatro habilidades en el siglo XXI: creatividad, pensamiento crítico, colaboración y comunicación. Y sin embargo, todas estas cuatro habilidades se desarrollan a través de las artes y las humanidades. Ésta es la paradoja en el pensamiento “práctico”: sin imaginación, sin juicio (estético por decir libre), sin colaboración y buen dominio del idioma, poco desarrollo científico o económico se puede anticipar.

El escepticismo del mundo empresarial es miope. Reconoce que las artes y las humanidades tienen un valor intrínseco, cultural, estético, personal, social. Pero se queda en ese primer plano. El mismo valor intrínseco da paso a la libertad de pensamiento que considera opciones más allá de las vigentes. Es ese pensamiento el que genera avances que superan los paradigmas caducos.

La importancia de las humanidades para la democracia

Fue en el simposio de investigación “Innovative Leadership: Transforming Higher Education in the Digital Age”, organizado por el International Academic Program (IAP) y celebrado en el campus de la Universidad de Harvard, Cambridge (MA), donde nos recordaron que nuestras democracias, dependen en gran medida del ejercicio de la educación humanista.

“Nuestras democracias, dependen en gran medida del ejercicio de la educación humanista”

Muchos de los conflictos (internos y externos) de cada país, como podría ser el independentismo catalán por poner un mero ejemplo en España, nos traen de fondo preguntas fundamentales sobre cómo pasamos de lo subjetivo, personal, a lo objetivo, compartido. Ignorar el paso que permite el juicio libre (aprendido a través de las artes y humanidades) es cancelar la marcha del progreso público. Todos partimos de valores que deben ser sometidos al juicio libre. Preguntas a las que resulta difícil dar respuesta requieren habilidades de escucha, curiosidad por la duda, respeto, pensamiento crítico y apertura a una variedad de soluciones.

Los ciudadanos activos son humanistas

Así, es la profesora Doris Sommer quien dice que “los ciudadanos activos son humanistas” (active citizens are humanists). En este sentido, un ciudadano activo sería aquel con capacidad de poner en práctica las habilidades mencionadas y disfrutar de la conversación con compañías diversas para recorrer el camino necesario para encontrar respuestas. En otras palabras, personas con la capacidad de disfrutar de las preguntas y las dudas, y de cuidar el proceso colectivo necesario para encontrar una respuesta democrática. Sin una formación humanista de base, resulta complicado imaginar la posibilidad de que estos procesos puedan darse algún día sin la contaminación de los intereses particulares.

Y es que en muchos casos más allá de las artes y las humanidades, la forma pesa más que los contenidos. Resulta difícil defender un valor sin un protocolo, o por ejemplo, defender ideas equitativas (contenido) sin generar prácticas equitativas (forma). El aprecio por lo estético puede ayudarnos a cuidar de esas prácticas relacionales y procesos de conversación imprescindibles en una democracia, siendo además la reflexión, un momento estético en sí mismo.

“En muchos casos más allá de las artes y las humanidades, la forma pesa más que los contenidos”

 Formación humanística no solo para humanistas

Hace unos meses en este mismo blog, el compañero José Manuel Torralba nos hablaba de la necesidad no ya sólo de los Grados en Artes y Humanidades, sino de una formación humanística general transversal a cualquier Grado. Planteó 10 propuestas para recuperar la misión de formar no sólo profesionales, sino también personas, o como diría Doris Sommer, ciudadanos activos.

Para que haya democracia, debe haber inclusión, es decir, debemos querer hablar. Para ello será necesario cultivar las cuatro habilidades del siglo XXI que desarrollan los campos prácticos o STEM, junto con el gusto por la conversación y por prestar atención a puntos de vista diferentes.

Las humanidades en la era de la información

En el contexto actual en el que nos encontramos, incluir el desarrollo humanista entre los objetivos de la formación universitaria, podría ser incluso más importante que en periodos anteriores.

Actualmente tenemos más información que nunca a nuestro alcance, pero esta información es filtrada por los algoritmos de nuestras redes sociales, buscadores, plataformas, etc. Y de esta forma, prácticamente sólo nos llega la información afín con nuestros gustos e ideología. Así, a pesar de toda la información disponible, cada vez estamos más encerrados en nuestras formas de pensamiento. Quizá, tanto a nosotros como a nuestros estudiantes nos falten estímulos para diversificar nuestro conocimiento.

“Tenemos más información que nunca a nuestro alcance, pero (…) prácticamente sólo nos llega la información afín con nuestros gustos e ideología”

Cabe comentar que esta entrada se centra en el valor “práctico” y democrático de las artes y las humanidades. No obstante, lo aquí expuesto es perfectamente extrapolable a muchos otros ámbitos relacionales, más allá del científico y político. Algunos ejemplos podrían ser la gestión de equipos de trabajo, el día a día con nuestros seres queridos, o incluso el desarrollo personal de cada uno y nuestra forma de relacionarnos con nosotros mismos.

Por último, y a modo de cierre, aprovechamos para invitar a los lectores a realizar su propia reflexión sobre la pregunta que motivaba esta entrada. A la que de manera intencionada no hemos dado respuesta:  ¿deben dedicarse recursos públicos a la formación en artes y humanidades?

 

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Para aquellos que quieran profundizar en estos temas, recomendamos las siguientes lecturas:

Sommer, D. (2020). El arte obra en el mundo. Cultura ciudadana y humanidades públicas. Metales Pesados: Santiago de Chile. ISBN: 9566048068.

Sommer, D. (2013). The Work of Art in the World. Duke University Press: Durham y Londres. ISBN: 9780822377122.

 

 

 

 

 

 

 

 
Comentarios
  1. Carmen Perez-Esparrells dice: 15/07/2022 a las 09:51

    Recojo el guante de mis colegas y compañeras de la UAM y, sin lugar a duda después de esta magnífica reflexión, sí deberíamos dedicar más recursos públicos a la formación en artes y humanidades en todas las enseñanzas.


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