El ecosistema universitario de I+D+i

Un ecosistema es el conjunto formado por los seres vivos que habitan en un determinado lugar, las relaciones que se establecen entre todos sus componentes y el medio en el que viven.

Si se observa el conglomerado humano directamente relacionado con las actividades de I+D+i de cualquier universidad o instituto de investigación universitario, se puede observar que los elementos básicos, aunque no exclusivos, sobre los que se sustentan dichas actividades, son lo que se denomina grupos de investigación.

Los grupos de investigación, normalmente, se constituyen por la reunión de individuos en un determinado lugar, por casualidad o por su propia voluntad, bien siguiendo un estímulo, o bien para luchar por su supervivencia. Vivir en grupo tiene tanto beneficios como costes; su persistencia queda asegurada mientras los beneficios sobrepasen a los costes, y para muchos integrantes la pertenencia suele ser temporal.

Relaciones beneficiosas en el ecosistema I+D+i

Las relaciones beneficiosas que la agrupación intenta asegurar son la habilidad para localizar recursos, la eficiencia potencial que ofrece la división del trabajo dentro del grupo y la cooperación, manifestándose esta última mediante diferentes formas de interacción, como por ejemplo:

  • El mutualismo o reciprocidad: diferentes individuos se relacionan de tal manera en la que todos salen beneficiados. Un ejemplo que podemos encontrar en el mundo animal son los pájaros que desparasitan a otros animales.
  • El comensalismo: interacción en la que uno de los intervinientes obtiene un beneficio, mientras que el otro no se ve ni perjudicado ni beneficiado. Existen numerosos ejemplos en la naturaleza que reciben nombres diferentes como la «foresis», que ocurre cuando el comensal emplea a otra especie para transportarse de un sitio a otro; el «inquilinismo», cuando el comensal encuentra hospedaje en el miembro de la otra especie; y la «metabiosis» o «tanatocresia», donde el comensal aprovecha los restos de otra especie para protegerse, reproducirse o ayudarse de algún modo.
  • La protocooperación: en este caso hay beneficio mutuo, pero esta interacción no es esencial para la vida de ambos, ya que pueden evolucionar de forma separada. Un ejemplo en el mundo vegetal es la relación que se da entre las bacterias que se desarrollan en el suelo y la vegetación que crece en ese suelo.
  • La simbiosis: es el caso en el que hay conjunción de dos individuos distintos, normalmente en íntima asociación, y por lo general con efectos benéficos para al menos uno de ellos. Por ejemplo, los líquenes que son una asociación entre un hongo y un alga.

Cualquier ecosistema requiere de fuentes de energía de diferente tipo para funcionar. En los grupos de I+D+i, éstas son fundamentalmente el conocimiento, el talento y los recursos económicos. Por decirlo utilizando el concepto de sistema, un grupo de I+D+i transforma recursos económicos en talento y en conocimiento.

Pero hay que tener en cuenta que existen muchos tipos de talento; en particular, voy a hacer referencia a dos tipos: el que se define por la capacidad de generar nuevas ideas o conceptos, o nuevas asociaciones entre ideas y conceptos conocidos, que habitualmente producen soluciones originales o creativas, y el que se manifiesta por esa especial capacidad intelectual o aptitud que una persona tiene para aprender las cosas con facilidad o para desarrollar con mucha habilidad en una actividad.

Siguiendo con el análisis iniciado y, simplificando mucho, podemos afirmar que en los grupos existen diferentes tipos de personas con distintos talentos, pero en el ecosistema universitario de I+D+i  la clasificación de persona/talento suele ir asociada a la antigüedad y a la calidad/cantidad de los “curricula vitae” de los miembros de los equipos de investigación.

Además, se puede apreciar que dentro de los grupos existen diversas funciones: hay personas más capaces de conseguir recursos (suelen ser los de más experiencia) que, junto con el resto de miembros del grupo, se encargan de sacar adelante los proyectos a la par que dirigen y cultivan el talento en los miembros de menos experiencia. Por ello, suele existir una jerarquía que, en el mejor de los casos, se basa en el liderazgo.

Relaciones perjudiciales en el ecosistema I+D+i

Pero, como seres humanos que somos, se pueden llegar a establecer relaciones sociales más complejas, que en ocasiones no son todo lo sanas que sería de desear, y que en algunos casos pueden producir roces de convivencia o derivar, incluso, en fracturas del grupo. Es posible que, en lugar de un liderazgo distribuido, pueda existir una jerarquía basada en la dominación-subordinación; en lugar de un ambiente sano caracterizado por relaciones de reciprocidad y confianza mutua, pueden surgir riesgos de infección por enfermedades de comportamiento contagiosas. También en el mundo animal podemos encontrar otros ejemplos-tipo de relaciones sociales perjudiciales:

  • El parasitismo: un individuo obtiene el beneficio de otro, perjudicándole o causándole daño. Por ejemplo la relación entre los mosquitos y el ser humano.
  • La depredación: un individuo (depredador) se beneficia cazando a otros (presa) a los que se perjudica. La relación entre los osos y los salmones, sería un ejemplo de ello.
  • La competencia: diferentes individuos intentan aprovechar los escasos recursos de un mismo ambiente, de manera que los individuos, para sobrevivir, deben sobresalir de entre el resto. Por ejemplo, la relación que se establece entre los leones machos. Lo anterior puede dar lugar a que, en ocasiones, algunas personas puedan tener la tentación de erigirse en “reyes/reinas de la jungla”, y con ello ocasionar problemas al ecosistema en su conjunto.

Si bien es cierto que los ejemplos han sido extraídos del mundo natural, cualquier persona que no sea neófita en estas lides podrá reconocer en su experiencia vital analogías con algunas de las relaciones, tanto positivas como negativas, que aquí se han expuesto.

Creo que muchos miembros de grupos de I+D+i suelen pecar de poca amplitud de miras a la hora de aportar soluciones a las relaciones perjudiciales o de incentivar comportamientos positivos. Los motivos pueden ser variados, pero me interesa destacar, particularmente, dos: el primero es el posible desconocimiento de lo que se conoce como dinámica de grupo, que proporciona información sobre los cambios internos que se pueden producir como resultado de las fuerzas y condiciones que influyen en los grupos como un todo, y de cómo interactúan y reaccionan los integrantes; el segundo es el tipo de regla que se aplica para el desarrollo y la resolución de problemas del grupo, que se expresan en simplistas binomios que relacionan la productividad/impacto con la popularidad.

Conclusión

¿Qué podemos aprender de una aproximación ecológica aplicada al ecosistema de I+D+i? Lo fundamental, creo, es que nos permite reflexionar sobre el vínculo estrecho que existe entre el entorno universitario, los grupos de I+D+i y las acciones humanas, y reconocer sus fortalezas y vulnerabilidades con objeto de facilitar el compromiso con la preservación del conjunto. De alguna manera, muchos de nosotros seguimos involucrados en el proceso evolutivo de esta magnífica institución, la universidad, en la que se pueden intercambiar ideas entre colegas del mundo entero, hacer avanzar el conocimiento y, sobre todo, sembrar la semilla del futuro.

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Comentarios
  1. Marta Gª Abós dice: 01/03/2020 a las 12:17

    ¡interesantísimo!


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