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El reto de conciliar formación y promoción como exigencia de cualquier plan estratégico del PAS

El personal de administración y servicios (PAS) de las Universidades Públicas, fundamental para su buen funcionamiento y expectativas de crecimiento, debe asumir en un momento como el actual, presidido por grandes dosis de precariedad y temporalidad, una pluralidad ciertamente heterogénea de funciones básicas: el soporte, asistencia y asesoramiento de las autoridades académicas, el ejercicio de la gestión y administración, la organización administrativa, la administración de las facultades y departamentos, la gerencia, el soporte jurídico e informático, las bibliotecas, la comunicación y el servicio de publicaciones, las relaciones internacionales, los servicios científico-técnicos y el soporte a la investigación y a la transferencia de conocimiento y tecnología. Ello, como es lógico, no nos sitúa ante el mejor de los escenarios posibles, pues un gran número de responsabilidades no se acompaña, para el personal encargado de su asunción, de las mejores y óptimas condiciones para la prestación de sus servicios.

De ahí que, precisamente, junto a la reclamación de una financiación suficiente y estable de las universidades públicas que les permita cumplir con las exigencias de calidad y “excelencia” ponderadas en los diferentes rankings, así como mejorar las condiciones laborales de sus trabajadoras y trabajadores -especialmente maltrechas por la aplicación de los indiscriminados recortes de los últimos años-, ha llegado el momento de que los equipos de dirección de nuestras universidades sean proactivos a la hora de diseñar planes estratégicos de recursos humanos pensados, en particular, para su personal de administración y servicios. El PAS no solo está llamado a seguir desempeñando sus funciones tradicionales, con el soporte cada vez mayor de las nuevas tecnologías, sino también a organizarse, en el presente y futuro inmediato, mediante equipos de gestión cualificados, abiertos, dinámicos, propositivos y anticipativos, con los que dar respuesta efectiva a las nuevas exigencias derivadas de un mundo en constante cambio.

Estos planes estratégicos de formación del PAS debieran, en todo caso, conciliarse con las no menos importantes exigencias de estabilización y promoción del colectivo. Su formación debe construirse sobre tres grandes planos: el de las “competencias generales”, tales como la ofimática o el aprendizaje de idiomas; el de los “nuevos perfiles”, pensados para dar respuesta a las nuevas necesidades que exigen la internacionalización, la calidad, la investigación, la transferencia de conocimiento y la planificación académico-docente; y el de aquellas otras competencias vinculadas con “la dirección” y “el liderazgo”, justo en un momento en que debe afrontarse, de forma coherente y racional, el inaplazable relevo generacional de la gestión directiva de las universidades.

Esta formación, en cuya definición y concreción debiera ser consultado, como es lógico, el colectivo implicado, debe ligarse con todo aquello que reclama y precisa su desarrollo personal, reciclaje y mejora continua, así como con las necesidades de una universidad que requiere, en el momento presente, una notable capacidad de adaptación a nuevas circunstancias, realidades y escenarios. Más allá de casos absolutamente indispensables (y excepcionales) en los que pudiera tener sentido la externalización de algún servicio, las tareas administrativas de la universidad debieran ser siempre asumidas por su propio PAS, mediante la “individualización” de aquellas trabajadoras y trabajadores que ya tienen un específico perfil o, en su caso, disponen de la capacidad para adquirirlo. De este modo, no solo se pondría coto a la tentación (cuando no realidad) de encomendar tareas administrativas a “becarios” o, en su caso, de sobrecargar con más trabajo al personal docente e investigador (PDI), sino que también se haría partícipe al personal de administración y servicios del desarrollo de la política estratégica de la institución, reconociendo y haciendo más visible su innegable trabajo y dedicación.

Es urgente potenciar el soporte a la especialización del personal de administración y servicios. Ello es así porque cualquiera que conozca la actual realidad de nuestro sistema universitario tiene claro que es obligado facilitarles nuevas oportunidades profesionales relacionadas con una gestión más eficiente de la función docente (innovación, evaluación) y de la investigación y transferencia (doctorado, internacionalización o gestión de proyectos). Igualmente, parece llegada también la hora de fomentar una nueva dinámica en la que la relación entre el PAS y el PDI, como respuesta a la exigencia de cooperación y dependencia recíproca entre ambos colectivos, implique un mayor protagonismo del trabajo en equipo que, en última instancia, está orientado a la prestación de un servicio público de educación superior de mayor calidad.

El mantenimiento de la supuesta “excelencia” de la que tanto nos hablan, por influencia de los cada vez más proliferantes rankings universitarios, tanto los políticos como no pocas autoridades académicas, jamás debiera alcanzarse mediante la precarización de las condiciones laborales de las trabajadoras y trabajadores de la universidad (acompañada, en paralelo, de un aumento desmesurado de las tasas y precios públicos que afectan, a diario, a miles de estudiantes universitarios y sus familias). Ante la realidad descrita, el reto de conciliar la formación permanente del personal de administración y servicios de las universidades públicas con las actuales necesidades acerca de su estabilización y promoción ofrecerá a éstas una ocasión perfecta en orden de visibilizar y reconocer a tan importante colectivo encargado de la gestión universitaria, así como para sembrar las bases de una transformación interna que les permita aprovechar las nuevas oportunidades que, seguro, nos brindará el futuro.

Lejos de quienes lo fían todo a retóricas cartas a los Reyes Magos, así como de aquellos otros que anclados en la simple queja ya se sienten cómodos en un pasado que quizás les resulte confortable, convendría tener claro que la universidad debe seguir su camino preparando el mañana. Un mañana, ya hoy, en el que es obligado apostar por el mejor aprovechamiento del potencial de las capacidades y perfiles profesionales del PAS, detectar las capacidades de mejora existentes dentro del colectivo, reorientar parte de los actuales recursos humanos hacia actividades de mayor impacto como, por ejemplo, las relativas a la captación de estudiantes internacionales y de ingresos derivados de la gestión de proyectos de investigación y transferencia, y distribuir las cargas de trabajo del personal de administración y servicios (tanto de los centros como de las áreas transversales) de forma equitativa y equilibrada y en función del diseño de una “carta de servicios” que, en paralelo, facilite la definición de nuevos perfiles profesionales.

En este desafío, sin duda, la motivación del PAS también será fundamental. En esta línea, por ejemplo, en el caso de Cataluña bien haría el Govern de la Generalitat en agilizar al máximo el cumplimiento del acuerdo que firmó, en el mes de diciembre de 2018, en función del cual se comprometió, tras una intensa lucha sindical, al retorno de las pagas extraordinarias, en un plazo máximo de cuatro años, de 2013 y 2014. Para exigir compromiso, más allá de la vocación de servicio que es propia, en líneas generales, de las trabajadoras y trabajadores de las universidades públicas, bien está cumplir lo que se firma, pues ello también redunda en la garantía de una mejor salud personal y colectiva que termina por repercutir, en positivo, en el mejor funcionamiento y perspectivas de futuro del propio sistema universitario.

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Comentarios
  1. Ana Cabeza Llorca dice: 25/03/2019 a las 10:13

    Gracias por el post Sr. Vallespín. Resulta esperanzador que desde el PDI se nos reconozca la labor que realizamos el colectivo PAS y los recortes brutales que hemos sufrido en los últimos años. En mi institución son diarias las quejas del profesorado por verse obligado a desempeñar tareas administrativas por falta de personal. ¿Externalizar, becarios? Creo que ese camino solo conduce al fracaso porque el PAS necesita años de formación y experiencia en un mismo puesto para ser capaz de resolver satisfactoriamente. En cualquier caso, apoyo su propuesta de modernizar los perfiles para adecuarlos a las nuevas necesidades, so pena de volver a ponernos los manguitos después de fichar la entrada. También sería conveniente desarrollar la función directiva pública y la carrera horizontal del EBEP (a ver si alguien se atreve a abrir ese melón). Reciba un caluroso saludo desde Madrid.

  2. María Nieves Maíllo Vicente dice: 25/03/2019 a las 17:16

    Hay que exigir al PAs la misma formación y profesionalidad que los cargos de gobierno que forman los equipos de nuestras universidades públicas se exigen así mismos

  3. Núria López Gispert dice: 25/03/2019 a las 21:21

    Ya era hora de que se expusiera nuestra realidad de forma clara y con sus luces y sombras. Un buen análisis.

  4. Carmelo dice: 06/04/2019 a las 00:47

    Excelente. He recomendado su lectura al PAS de las universidades con las que me relaciono. Me resultaba difícil y complejo expresar con tanta claridad lo que usted ha expuesto (y que creo que mucho PAS hemos hablado y reivindicado). Tengo la tarea de apoyar y promover estas medidas en mi universidad. Muchas gracias.

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