El revisor que ya no revisa: cuando la IA se cuela en la revisión por pares

¿Cuándo fue la última vez que leíste un informe de revisión y pensaste “esto lo ha escrito una persona”? Si te ha costado responder, no eres el único. Y ese, precisamente, es el problema que quiero poner sobre la mesa.

Por qué necesitamos que alguien nos lea antes de publicar

Empecemos por lo obvio, aunque lo obvio a veces se nos olvida: la revisión por pares no es un trámite burocrático ni un peaje molesto entre el manuscrito y la publicación. Es, en el fondo, la única garantía que tiene la ciencia de que lo que se publica ha pasado por el filtro de otras mentes expertas antes de convertirse en conocimiento. Un revisor detecta el error metodológico que al autor se le escapó, señala la bibliografía que falta, pregunta lo incómodo que nadie se atrevió a preguntar en el propio equipo de investigación. En definitiva, establece un diálogo entre pares que, bien hecho, mejora el artículo y, de paso, protege a la comunidad científica de publicar humo.

¿Aporta esto valor? Evidentemente. ¿Es necesario? Por supuesto. Pero aquí viene el primer matiz incómodo, ese que solemos callar en los pasillos de los congresos pero que todos comentamos por WhatsApp.

El error de base: revisar sin ser experto

¿Cuántas veces hemos recibido una invitación para revisar un paper del que, honestamente, no somos expertos ni de lejos? Yo he perdido la cuenta. Llega el correo, el título suena cercano a nuestra área, la revista tiene un factor de impacto que apetece tener en el currículum como revisor, y aceptamos. El resultado: informes tibios, superficiales, que no entran en el fondo de la cuestión porque, sencillamente, no se puede entrar en lo que no se domina.

Esto no es un problema nuevo ni lo ha inventado la inteligencia artificial. Pero, como veremos, la IA no ha hecho más que amplificar una grieta que ya existía en el sistema.

El aluvión post-IA: escribir papers nunca fue tan fácil

Desde mi experiencia como miembro del comité editorial de varias revistas, puedo dar fe de algo que cualquier editor de estos últimos dos años confirmaría sin dudar: el número de manuscritos recibidos se ha disparado. Y no es casualidad. Escribir un paper hoy es infinitamente más fácil que hace cinco años. La IA generativa redacta introducciones convincentes, estructura discusiones, sugiere marcos teóricos y hasta propone hipótesis con una fluidez que antes costaba meses de lectura y borradores.

Esto no es malo en sí mismo pero sí ha generado un efecto colateral evidente: más cantidad no equivale a más calidad, y el sistema de revisión, que ya iba justo de recursos humanos, se ha visto desbordado por un volumen que no estaba diseñado para absorber.

Virtudes de la IA para la investigación

Seamos justos, porque el objetivo de este texto no es demonizar la tecnología, sino pensar críticamente su uso. La IA tiene virtudes reales para la investigación, y sería miope no reconocerlas.

  • La primera, y para mí una de las más honestas: ayuda a mejorar el estilo de redacción, especialmente si no somos hablantes nativos de inglés. Y aquí toca recordar algo que casi nunca decimos en voz alta: el idioma universal de la ciencia sigue siendo, en su inmensa mayoría, el inglés. El nivel de inglés de la población española ha mejorado muchísimo en las últimas décadas, es cierto. Pero escribir con precisión técnica en una lengua que no es la materna nunca es lo mismo que escribir en ella. La IA, usada como corrector de estilo, nivela un terreno que durante años ha sido profundamente desigual entre investigadores angloparlantes y el resto del mundo.
  • La segunda virtud: la IA ayuda a contrastar ideas, a preguntar, a refinar argumentos. Usada como interlocutor, puede ser un estupendo compañero de tormenta de ideas, capaz de señalar inconsistencias en un razonamiento o sugerir ángulos que no habíamos contemplado. Todo esto, eso sí, siempre desde una perspectiva crítica por parte de quien la usa. La IA propone; el investigador dispone.

Algunos riesgos a tener en cuenta

Ahora bien, como en toda tecnología, están los “jetas”. Los que usan la IA para generar el paper o buena parte de él, y luego lo firman como si fuera fruto exclusivo de su intelecto, sin dar el más mínimo crédito a la herramienta que ha hecho buena parte del trabajo.

La ciencia solo es ciencia si hay reflexión crítica, transparencia y honestidad intelectual. Sin eso, lo que tenemos es marketing académico disfrazado de conocimiento.

Y aquí conviene traer a colación un debate que trasciende lo académico. El propio papa León XIV lo planteaba hace poco en su encíclica Magnifica Humanitas: la tecnología no es neutra, y cuando se le deja actuar sin criterio humano detrás, acaba sirviendo a la exclusión y al dominio antes que al bien común. Llevado a nuestro terreno, el mensaje es el mismo: la IA puede ser una herramienta magnífica, pero en el momento en que sustituye —en lugar de acompañar— el juicio humano, algo se ha roto. Y ese “algo” es, precisamente, el corazón del método científico.

Cuando la IA revisa por nosotros

Y volvemos al tema que nos ocupa: la revisión de papers. Porque aquí sucede exactamente lo mismo que con la autoría. La IA es una herramienta que te puede “solventar” hacer una revisión en un plis plas, y esto se nota. Se nota en la genericidad de los comentarios, en la ausencia de matices propios de quien realmente ha leído el paper línea a línea, en esas frases que suenan a manual de estilo antes que a diálogo intelectual.

Una cosa es utilizar la IA para pulir el mensaje, para ordenar las ideas que quieres transmitir a los autores de forma clara y constructiva. Esto me parece perfectamente lícito, incluso recomendable. Pero dejar que sea la IA quien evalúe el paper —quien decida si la metodología es sólida, si la contribución es original, si el argumento se sostiene— es desmerecer lo que significa hacer ciencia. No solo se rompe el código ético del proceso, sino que se olvida algo fundamental: la generación de nuevo conocimiento es, y debe seguir siendo, un acto profundamente humano.

La IA es una herramienta que, bien utilizada, tiene un potencial enorme para convertirse en el becario que todo investigador querría tener: disponible a cualquier hora, incansable, y a un precio muy asequible. Pero, como cualquier becario, hay que formarlo bien y necesita supervisión constante. Nadie en su sano juicio dejaría que un becario de primer año firmara solo el informe final de un proyecto de investigación. ¿Por qué habríamos de hacerlo con la IA?

La devaluación silenciosa del revisor

Desde mi experiencia en equipos editoriales, y particularmente en revistas que trabajan bajo una presión constante por los plazos de respuesta, os puedo asegurar que el fenómeno es ya cotidiano. Informes de revisión que llegan en tiempo récord —sospechosamente récord—, con una estructura idéntica independientemente del paper, con comentarios que podrían aplicarse a cualquier artículo del área con solo cambiar dos palabras. ¿Es esto revisión por pares? ¿O es simplemente teatro editorial?

Y aquí llegamos, quizás, al punto más incómodo de todo este debate: la figura del revisor lleva devaluándose desde mucho antes de que la IA generativa existiera. Ser revisor significa ser experto, dedicar horas —rara vez remuneradas o reconocidas— a leer con detalle, a contrastar metodologías, a pensar de verdad en cómo mejorar el trabajo ajeno. Y, sin embargo, ¿qué reconocimiento institucional tiene esta labor? Prácticamente ninguno. No cuenta en los sexenios, apenas figura en los currículums de forma relevante, y son cada vez menos los investigadores que se ofrecen a hacerlo con garantías de calidad, precisamente porque el sistema no lo valora.

Un merecido reconocimiento

No hay nada más frustrante, para un editor y para un autor, que recibir un informe de revisión recién salido del horno de una IA generativa. Se nota al instante la falta de alma, la ausencia de esa mirada experta que solo da la experiencia acumulada en un campo concreto. Y cuando esto ocurre, no solo se falla al autor que merecía una revisión seria, se falla a la ciencia entera.

Hagamos aquí un llamamiento, porque creo que nos lo merecemos como comunidad científica. Si las publicaciones científicas son tan importantes ¿no deberíamos valorar mucho más el trabajo de quienes, de forma completamente altruista y por puro amor a la ciencia, dedican su tiempo a hacer revisiones que merecerían enmarcarse? ¿No es contradictorio que exijamos publicaciones de calidad mientras dejamos que el filtro que garantiza esa calidad se sostenga sobre voluntarismo, buena fe y, cada vez más, atajos automatizados?

Algunas recomendaciones para no perder el rumbo

Termino con algunas ideas, no como recetas cerradas sino como puntos de partida para el debate:

  • Declarar el uso de la IA, tanto al escribir como al revisar. La comunidad científica se basa precisamente en no esconder cómo se ha llegado a un resultado.
  • Reconocer el rol de revisor, con incentivos institucionales tangibles. O empezamos a saldar esa deuda de algún modo, o cada vez encontraremos menos gente dispuesta a hacerlo bien.
  • Formar sobre el uso ético de la IA tanto a autores como a revisores, para que la herramienta se use como apoyo y no como sustituto del criterio experto.
  • Revisar los plazos editoriales, porque parte de la tentación de delegar en la IA nace de una presión temporal.
  • Recuperar el valor de la lentitud intelectual. Sí, ya sé que suena a herejía en la era de la inmediatez, pero una buena revisión necesita tiempo, y ese tiempo es, en realidad, la mejor inversión que puede hacer la ciencia en sí misma.

La inteligencia artificial ha llegado para quedarse, y negarlo sería absurdo. La pregunta que de verdad importa no es si debemos usarla, sino cómo y hasta dónde. Porque entre usar la IA como becario aplicado y dejar que sea ella quien firme, hay una línea que, como comunidad científica, todavía estamos a tiempo de no cruzar. ¿O ya la hemos cruzado sin darnos cuenta?

 

 

Comentarios
  1. Víctor dice: 09/07/2026 a las 08:59

    Opino que las revisiones por pares se tendrían que publicar junto a los artículos. Sería la manera perfecta y objetiva para evaluar la calidad de la revista, la honestidad de los revisores y, de paso, terminar con algunos negocios-chiringuito vinculados a las publicaciones científicas.

  2. Martha Lucía dice: 09/07/2026 a las 13:44

    Excelente, Jasmina. Es una pena que no haya un mayor reconocimiento para los revisores (no estoy en España y en mi país tampoco se reconoce) y es verdad que este trabajo puede implicar muchas horas de dedicación; en ocasiones tantas, que un revisor podría pensar si no debería estar dedicando ese valioso tiempo en la escritura de su propio artículo. Esto y el agravante de la IA nos está llevando a «buenos revisores en via de extinción…»

  3. Judith dice: 09/07/2026 a las 18:11

    Totalmente de acuerdo con el artículo, Jasmina. Es una pena recibir feedback que podría haberte dado una IA perfectamente… también secundo los comentarios de Víctor y Martha.

  4. Pedro Navareño dice: 09/07/2026 a las 18:19

    Gracias por las aportaciones, desde la reflexión del artículo hasta los comentarios. Necesitamos seguir reconstruyendo la compleja y nueva realidad, a partir del uso de la IA, de manera muy especial en relación con la forma en la que se escribe, se publica y se revisa.

  5. Carmen Pérez Esparrells dice: 11/07/2026 a las 09:12

    Excelente entrada, Jasmina, que se escribe desde tu propia experiencia como editora. Se nota que es un tema que te preocupa y propones unas recomendaciones para no perder el rumbo que suscribo, como los anteriores comentarios. La reflexión en voz alta sobre el lado «oscuro» de la produccción científica en la era IA y, en concreto, en las publicaciones y revisiones de artículos pone de manifiesto la necesidad de fomentar aún más las prácticas que incentiven el comportamiento ético de los investigadores por si todavía, como dices, no hemos cruzado la línea. ¡Enhobuena!

  6. PepitoGrillo dice: 11/07/2026 a las 21:39

    La falta de ética científica está en el núcleo de este problema multidimensional, ésta se ha ido deteriorando pasito a pasito desde hace más de 25 años. Y a esto han contribuido aquellxs que debían cuidarla en aras de su beneficio hasta que en los últimos diez años sus propios trabajos empezaron a tener la sombra de la duda, entonces ya sí les interesó mirar a la ética científica. Falta de ética científica siempre ha habido y habrá pero el sistema la iba depurando hasta que el mundonde las publicaciones científicas se convirtió en un mega negocio y la financiación de la investigación se basaba y se basa en CUÁNTAS publicaciones has tenido y esto favoreció a los «grandes». El acceso y futuro de la carrera investigadora se convirtió en una «carrera» ppr cuántas más publicaciones se tenía y aquí es donde, como decía Vargas Llosa, se jodió el Perú. Hoy en día las trolas se las meten en las más prestigiosas revistas, Science, Nature, PNAS, etc. Cuántos artículos son irreproducibles y cuántos se retiran? Ese excelente explicación del papel de los referees y su importancia es papel mojado, como dice el otro, apúntamelo en la barra de hielo. Hoy en día estobes un problema irresoluble y queda perfectamente recogido en la trama Saudí, en España, y en los paper mills que proliferación como setas en su mejor momento. Empiecen por hablar con las agencias de evaluación de concesión y seguimiento de proyectos para que se enteren de una vez que no se puede evaluar «al peso» el resultado de una investigación original, NUEVA. La perversión de esto y apoyados ppr los ya «establecidos» fue cuando se solicitaba financiación para proyecto de investigación y te pedían que dijeras cuántas publicaciones ibas a tener!!!! Si es original, igual tienes 10 al final e tres años como ninguna. A quién beneficia esto? Al que tiene su grupo «establecido» con miles de datos que puedes planificar cuántas publicaciones tendrás por año. A éstos SÍ que habría que pedirles cuántos Sci3nce y Nature vas a tener en esos tres años!!!
    Está muy bien hablar de esto pero no deja de ser un brindis al sol!!! Y ya con la IA, pues ni los proyectos cuestan mas de un día de tenerlo niquelado para presentarlo al día siguiente y sin enterarte ni quienes trabajan o han trabajado en esa supuesta línea innovadora!!! Quiero decir, haberte leído ninguna sola revisión. Llegaremos a tenwrr científicos célebres que cuando se vaya la luz no sabrán ni sumar!!!

  7. Cruz Pérez Pérez dice: 14/07/2026 a las 10:09

    Gracias Jasmina por el excelente texto. Es un tema que preocupa en el ámbito universitario, y no solo en el de la producción científica. Solo hay que ver la realización de los TFGs y TFMs por parte del alumnado, que cada vez utilizan mas la IA, sin mencionarlo siquiera. Como bien señala el articulo, una cosa es que la IA revise, complete y mejore el trabajo y otra es que lo realice al completo. De modo inmediato, en las universidades debemos abordar el tema, formando al alumnado en el uso ético y comedido de la IA . Otra cosa es el tema de los artículos científicos. Yo en la etapa final de mi carrera universitaria, he decidido restringir radicalmente mi labor como evaluador de artículos científicos. Y esto es debido a dos problemas que se ponen de manifiesto en el artículo. La falta de reconocimiento ara los evaluadores, que tan necesarios son para hacer avanzar el conocimiento científico, y por haber detectado que cada vez mas artículos responden a parámetros compatibles con su elaboración con IA, sin que los autores indiquen la implicación de la misma. Estamos en un momento critico para la investigación y la docencia universitaria y debemos trabajar y reflexionar sobre el tema de modo urgente.

  8. Carmelo dice: 16/07/2026 a las 17:34

    Las universidades deberían abordar está realidad y promover soluciones, bien normativamente, bien formativamente. La IA es una extraordinaria herramienta de mejora de procesos pero con limitaciones necesarias ante la formación o la demostración. Buen aporte Jasmina!

  9. […] la figura del revisor lleva devaluándose desde mucho antes de que la IA generativa existiera pero ahora el problema se agudiza.  […]

  10. Juan Carlos García de Vicente dice: 20/07/2026 a las 12:08

    ¡Excelente! Me ha encantado. Y hasta me ha divertido. Me parecía estar ante un espejo. Muchas gracias. Agudas algunas frases («marketing académico», «teatro editorial») e ideas (¡gracias por dar valor al trabajo del revisor).


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