George Orwell vuelve a las aulas

Con la lucidez que le caracterizaba, Borges sostenía que “El verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta ‘el modo imperativo’”. Por desgracia, no lo han entendido así los rectores de cierta universidad inglesa, “de cuyo nombre no quiero acordarme”. La razón no es difícil de comprender: en aras a un supuesto bienestar sociocultural, a los estudiantes universitarios se les debe proteger de ciertas palabras, ideas o libros que, por su dudoso contenido, pueden perturbar su exquisita sensibilidad. Grave error.

La experiencia nos ha enseñado que lo que más puede perjudicar a un estudiante es una tutela excesiva o una sobreprotección que les impida salir de esa minoría de edad a la que refería Kant con su Aude sapere.

Cada época nos condiciona

Los años me han enseñado que la época en la que nos ha tocado vivir nos condiciona. Unas veces para liberarnos; otras, para constreñirnos; y en no pocas ocasiones, para violentarnos. Se puede pensar, y hay quien lo afirma, que lo ideal sería que esta no condicione nuestra forma de ver y deliberar. Qué fácil es decirlo, escribirlo o meditarlo, pero qué difícil resulta ser fiel a uno mismo cuando el ambiente no siempre es propicio para la libertad de pensamiento.

Lo ideal sería que «nuestro tiempo» no condicionara nuestra forma de ver y deliberar.

Sé que todo docente es un ser que se pregunta. Y me pregunto: ¿Podemos afirmar que se ha impuesto un pensamiento único que determina y encorseta nuestra forma de ver el mundo? No albergo la menor duda al respecto. Y al aseverarlo sé que me muevo en arenas movedizas. Sé que escribir estas palabras no es políticamente correcto. Sé que no me va a granjear el beneplácito de la comunidad académica. Sé que algún lector discrepará abiertamente. Está en su derecho. El mío consiste en pensar en libertad y en escribir con honestidad. Diría más: mi deber como profesor universitario me obliga, en conciencia, a no caer en esa estéril y funesta equidistancia, pero, sobre todo, a no aceptar que los recodos y los pliegues más recónditos de mi ser puedan verse “colonizados” por pensamientos, doctrinas o visiones que, por herméticas y dogmática, no comparto.

Mi deber como profesor universitario consiste en pensar en libertad y en escribir con honestidad.

Contra la cultura de la cancelación

Afortunadamente, mi voz no es una palabra que clame en el desierto. El 7 de julio de 2020 ciento cincuenta escritores, artistas e intelectuales firmaron un manifiesto en la revista Harper’s contra la dictadura de lo políticamente correcto, al que se ha unido un nutrido elenco de intelectuales españoles. Todos ellos expresaban su preocupación por la “intolerancia hacia las perspectivas opuestas, la moda de la humillación pública y el ostracismo” que está ganando fuerza en EE.UU. Es un comienzo. Un buen comienzo.

Ciertamente, no somos Edipo Rey. No tenemos el propósito de dar solución al enigma de nuestro tiempo. Pero nuestro compromiso con la libertad y los derechos humanos nos lleva a no caer en la equidistancia, porque la lucha por la libertad del pensamiento es la gran herencia que pretendo inculcar a mis alumnos. Intento hacerles ver que no cabe otra contienda más digna y más necesaria que la que se libra contra el despotismo, la intolerancia y la coacción, porque si el pensamiento acrítico triunfa, el hombre, al que se le ha sustraído “el cielo estrellado sobre sí y la ley moral sobre sí” (Kant), solo podrá emanciparse si está preparado para desafiar a una autoridad –inviolable y destructiva– que es incapaz de otorgar esperanza y equilibrio al ser humano.

Pero queda una salida. Una única salida. Nos la propicia Percy, el personaje de Enrique IV, quien no duda en afirmar: “Di la verdad y avergüenza al diablo”.

El diablo, no lo olviden, no se llama George Orwell.

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Comentarios
  1. Beatriz dice: 10/02/2022 a las 11:03

    Totalmente de acuerdo, profesor. Si en la Universidad no se defiende la libertad de pensamiento y el espíritu crítico, se deja de enseñar para instruir. La casa del aprendizaje superior no puede acuartelarse.

  2. JFCalderero dice: 10/02/2022 a las 11:23

    APLAUDO CON GANAS. Difundiré el artículo en las RRSS y entre mis contactos.
    Muchas gracias,
    JF

  3. Jose Romero dice: 10/02/2022 a las 12:00

    Si a la libertad en las aulas y no al adoctrinamiento.

  4. Víctor dice: 10/02/2022 a las 16:08

    En primer lugar, me parece un valiente y en segundo lugar me parece una genialidad de artículo que tristemente es cierto.
    A lo largo de ese periodo de aprendizaje tan corto como intenso llamado vida, nos vamos a cruzar con muchas personas, de cada una de ellas vamos a poder extraer valores, tanto positivos como negativos. Ese camino, es un continuo aprendizaje.
    Soy un verdadero privilegiado de poder estar cursando a mi edad una carrera universitaria y poder conocer a personas maravillosas.
    He tenido muchísima suerte con prácticamente todos los profesores, buenos profesores y magnificos profesores que he tenido y tengo en la carrera, han contribuido a que crezca en conocimientos, me han prestado su ayuda en todo aquello que he necesitado, y lejos de la idea que tenía de la época del instituto, he comprobado de primera mano la importancia que tiene la función que desarrollan los docentes.
    Destaco lo práctico y útil que son los conocimientos que voy adquiriendo, pero sobretodo me gustaría establecer la diferencia entre un gran profesor y un maestro.
    Como ya le dije una vez, antes de conocerle, pensaba que pensaba diferente, pero pronto me dí cuenta de que lo que sucedía era que realmente no pensaba..
    Justamente, ese pensamiento único que se persigue establecer nos hace más débiles, nos empobrece culturalmente, nos empobrece como sociedad y termina reprimiendo la creatividad y libertad de aquello tan sagrado y personal que poseemos o deberíamos poseer llamado pensamiento libre.
    ¿Hasta dónde estamos dispuestos a respetar a quién no piensa como nosotros?

    Por otra parte, considero que cada día que pasa, la sociedad está un poco más polarizada, la opinión política parece haberse convertido en un Barça Vs Madrid, con la peculiaridad o salvedad que aquí los goles siempre los meten los mismos, vivimos en la era de las etiquetas, las clasificaciones y lo peor de todo, los miedos.
    La actividad de dar una opinión sobre ciertos temas se ha convertido en toda una hazaña.
    Hacerlo significa poder quedar relegado, tachado, etiquetado o ninguneado.
    Usted es un maestro, un maestro de la vida que me ha ayudado a aprender a cuestionar lo que ven mis ojos, como cuenta el Principito, a saber que «lo esencial es invisible a los ojos», me ha enseñado a valorar y respetar a aquel que no piensa como yo y por encima de todo, puedo decir que me ha enseñado a pensar.
    No cambie nunca Juan Alfredo!

  5. Csp dice: 14/02/2022 a las 09:14

    Victor, la verdad es que has tenido mucha suerte con los profesores. No es mi caso. Es un despropósito lo que está ocurriendo en la Universidad con minúsculas.


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