I+D+i+¿d?
No es una fórmula física. No es un problema matemático. Es la forma de resumir: Investigación, Desarrollo e Innovación. Pero, ¿y la última “d”?
La inclusión de la “i” de innovación al concepto de I+D es relativamente reciente. Hablar de I+D+i es hablar de ciencia, investigación, avances técnicos, aplicaciones tecnológicas, optimización de procesos, descubrimientos, conocimientos, comprensión.
Cualquier gobierno o empresa que desee diferenciarse sabe que debe invertir, que no gastar, en I+D+i. Sabemos que eso genera avances sociales, mejora la calidad de vida, la salud, el medio ambiente y, si me lo permiten y aunque pueda matizarse, nos hace más libres.
Comunicar la importancia de invertir en Ciencia
Estoy convencido de que la inmensa mayoría de la población es consciente de la importancia y la trascendencia que han tenido y tienen los avances científicos en la Humanidad. Por eso me pregunto: ¿por qué, al inicio de la crisis, una de las partidas que más sufrió los recortes fue la inversión en Ciencia? Quedó patente que no era una prioridad para (casi) nadie pues, ¿por qué, si no, no hubo respuesta social?
Pues bien, la última “d” de la fórmula viene de DIVULGACIÓN. Y quien mejor ha respondido a las preguntas que planteaba en el párrafo anterior ha sido Ignacio López Goñi con un: “la Ciencia que no se cuenta, no cuenta”.
Y añado yo: “no importa”. La primera vez que escuché esto de la última “d” de la fórmula fue hace relativamente poco, al propio Ignacio, microbiólogo de la Universidad de Navarra, profesor, científico y divulgador autor de, entre otras muchas cosas, el blog MicroBio.
Creíamos tener claro que debíamos invertir en I+D+i, pero a la hora de la verdad, descubrimos que no es así. Si no invertimos en “d”, ¿cómo será consciente la población de la importancia de esas tres primeras letras del concepto?
La importancia de la divulgación
El lenguaje científico y tecnológico es complejo, requiere generalmente de una formación amplia para comprenderlo y, con frecuencia, es tremendamente especializado. Los científicos, en nuestros trabajos, utilizamos un lenguaje singular, farragoso y complejo, a la vez que extremadamente preciso y claro.
A veces el concepto “comunicación científica”, cuando se trata de acercar ese conocimiento a la sociedad, es un oxímoron, dos términos que se contradicen el uno al otro.
Es por eso por lo que debemos hablar de “divulgación científica” o “divulgación del conocimiento”. Es ahí, justo ahí, donde toma una relevancia infinita la “d” que nos está guiando en este texto. Esa “d”, que según la RAE es “publicar, extender, poner al alcance del público algo” que al sumar un “científica” se convierte en “poner al alcance del público la Ciencia”.
Significa renunciar a parte del acervo científico, abandonar la complejidad en pro de la comunicación, algo que para muchos parece ser tremendamente complicado, que no se agradece ni se valora e incluso, si me apuran, está mal visto entre algunos colegas que lo ven como una pérdida de tiempo.
Seis razones para la “d” de desarrollo
En 2013, el neurocientífico David M. Eagleman publicó un comentario en la revista The Journal of Neuroscience titulado “Por qué la divulgación funciona: un manifiesto” en el que se recogen seis razones por las que todos los científicos y científicas debemos divulgar:
- que los contribuyentes perciban la importancia de dedicar esfuerzos y recursos a la Ciencia,
- favorece el pensamiento crítico, lo que enlaza directamente con el punto
- evitar la difusión de fake news y pseudociencia, que parecen haberlo invadido todo en el momento en el que el acceso a la información nunca había sido tan fácil,
- mejorar la toma de decisiones políticas, momento en el que debo citar la excelente iniciativa de “Ciencia en el Parlamento”,
- enseñar qué es Ciencia y qué no lo es o mostrar los límites de la Ciencia y
- compartir la belleza del descubrimiento científico.
El manifiesto termina con una llamada a los científicos para que divulguen porque “el futuro necesita tu voz”.
Unidades de Cultura Científica e Innovación: apostar por la “d”
Asumo esta semana la mayor responsabilidad y reto de mi vida, después, claro está, de la crianza y educación de mis dos hijos y de mi hija. Asumo la puesta en marcha y coordinación de la Unidad de Cultura Científica e Innovación de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLMdivulga). UCLMdivulga se une al resto de UCCs de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) dentro de su red ComCiRed, que en 2019 cumple 10 años.
Todos los objetivos que nos hemos planteado pasan rápidamente por mi cabeza, pero destaca uno, para mí el más importante: que mis compañeros y compañeras de Ciencia se animen y divulguen, que acerquen su trabajo a la población para que comprenda su importancia y trascendencia. Apostemos por el mundo de la razón, un mundo donde la Ciencia, el progreso, nos conduzca a todos a la felicidad. ¡Investigadores! ¡En nombre de la Ciencia, debemos divulgar (casi) todos!![]()
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation y en Universidad, Sí, posteriormente, con permiso del autor. Lea el original.


Buenos días Alberto, quisiera comentarte, por si te sirve de ayuda en tus primeros pasos al frente de la Unidad de Cutlura Científica de la UCLM, que en la Real Academia Gallega de Ciencias (RAGC), hace ya muchos años nos tomamos muy en serio el asumir esta función de divulgación de la Ciencia, y por eso, también, desde hace ya varios años, creamos un premio anual de Divulgación Científica y otro, también anual, de Periodismo Científico, además de publicar un Anuario que se distribuye en todas las bibliotecas de las facultades, centros de investigación, red de bibliotecas públicas de Galicia y centros de bachillerato STEM de Galicia.
Alberto, lo que dices me parece fundamental y muy urgente ante la mentira masiva que nos invade.
Ya sabes, hoy en dia, en Internet y en las redes sociales hay expertos que difunfen soluciones de todo y para todo.
Hace falta la voz de la universidad para que vuelva confianza en la ciencia rigurosa y relevante.
Espero que vuestro proyecto sea un ejemplo para todos.
Estimado Dr. Prof. Soy Profesora Extraordinaria de la Universidad Nacional de Cuyo – Facultad de Filosofìa y Letras., Mendoza, Argentina. Mi mensaje es para agradecer el imperativo de «divulgar» la ciencia. Toda la producciòn cientìfica-tecnològica debe estar al servicio de la sociedad, aquella que nos sustenta. Pero , exactamente como lo expresa «…¿por qué, al inicio de la crisis, una de las partidas que más sufrió los recortes fue la inversión en Ciencia? Quedó patente que no era una prioridad para (casi) nadie pues, ¿por qué, si no, no hubo respuesta social?», es lo que està ocurriendo en mi paìs , Argentina. El desfinanciamiento cientìfico es una verdadera tragedia educativa y social . Las universidades estàn sin presupuesto desde hace dos años. Los institutos de investigaciòn estàn en peligro y bajo un supuesto reordenamiento los estàn eliminando o fusionando con secretarìas para asì invisibilizarlos.
La «divulgaciòn» es absolutamente necesaria para dar vida y luz a este trabajo que parece un gasto para la polìtica de turno.
Por otro lado, desearle èxito, en esta designaciòn que seguramente serà todo un compromiso con los y las ciudadanas.
Alberto, su artículo me ha parecido fundamental y ya lo he compartido en LinkedIn. Coincido plenamente con su planteamiento, aunque considero que a la ecuación le falta un elemento más: la introducción en la práctica. En la actualidad, especialmente en el ámbito académico, la presión por la publicación científica hace que la aplicación de los resultados quede, con frecuencia, relegada a una tarea posterior. Esto provoca que muchos de ellos permanezcan dentro de los marcos universitarios, sin llegar de forma efectiva a la sociedad, que es su usuaria natural. Cerrar esa brecha entre la producción de conocimiento y su aplicación práctica es esencial para que la investigación cumpla verdaderamente su propósito.
Muchas gracias por todos los comentarios.