La brecha de género en la elección de campo de estudios y el acceso a ocupaciones STEM
A lo largo de las últimas décadas, la brecha de género en educación ha pasado de favorecer a los hombres a inclinarse del lado de las mujeres. Hoy en día, las chicas rinden mejor en la escuela, repiten curso menos a menudo, titulan en ESO en mayor proporción, se matriculan en Bachillerato con mayor frecuencia, y acceden y completan estudios universitarios con más asiduidad que sus compañeros.
Esta es una realidad que caracteriza tanto a España como a la mayoría de países desarrollados, pero que es compatible con otra brecha de género no menos importante: la elección de campo de estudios. Las mujeres tienden a concentrarse en campos relacionados con la salud, la educación y las humanidades, mientras que los hombres abundan en ciencias, informática, ingeniería o matemáticas, lo que a menudo se aglutina bajo la etiqueta STEM (Science, Technology, Engineering, and Mathematics).
Dadas las diferencias en términos de prestigio y remuneración de las ocupaciones a que dan acceso tales campos, la brecha en la elección de campo de estudios se traduce en una notable brecha salarial entre hombres y mujeres con el mismo nivel educativo.
En la presente entrada pretendo mostrarles la manera en que ha evolucionado la brecha de género en la elección de campo de estudios universitarios a lo largo de los últimos treinta años en España. Además, describiré la brecha de género que existe en la transición entre la finalización de una carrera STEM y el desempeño profesional en una ocupación STEM, para terminar reflexionando sobre la relevancia de todo ello.
La brecha de género en educación
La brecha de género en la finalización de estudios universitarios se revirtió en España para la cohorte de nacidos entre 1956 y 1960 (gráfico 1). Para cohortes anteriores, la probabilidad de completar estudios universitarios era mayor entre los hombres, mientras que para cohortes más jóvenes, dicha probabilidad es superior entre las mujeres.
La literatura académica al respecto es clara. Si bien la cohorte en la que la brecha se invierte diverge de un país a otro, el sorpasso educativo de las mujeres es prácticamente universal, vinculado al cambio de roles de la mujer en la sociedad y el mercado de trabajo. Ahora bien, ¿qué consecuencias ha tenido dicho sorpasso en la brecha de género en la elección de campo de estudios?
Gráfico 1. Porcentaje de hombres y mujeres que completan estudios universitarios, por cohorte de nacimiento

Nota: elaboración propia a partir de los microdatos del Censo de 2021. Solo se consideran personas nacidas en España con edades comprendidas entre 25 y 75 años.
La elección de campo de estudios
Para abordar dicha cuestión, el gráfico 2 muestra la evolución a lo largo de los últimos 30 cursos académicos del porcentaje que las mujeres representan sobre el alumnado universitario en función de la rama de enseñanza o campo de estudios.
Infrarrepresentación femenina en carreras STEM
Fijémonos en primer lugar en las ramas y campos STEM, donde las mujeres tienden a estar infrarrepresentadas. Por ejemplo, solo el 36% del alumnado universitario matriculado en el curso 2024-2025 en la rama “Ingeniería y Arquitectura” eran mujeres, desproporción que solo se ha corregido ligeramente en los últimos 30 años: en el curso 1994-1995, las mujeres representaban una cuarta parte de ese alumnado.
Ahora bien, la heterogeneidad dentro de esta rama de enseñanza es notable. La infrarrepresentación femenina es clara en campos como la ingería naval, de telecomunicaciones, industrial o aeronáutica. Las mujeres representan en torno al 25% del alumnado, tras haber aumentado su presencia unos 8-10 puntos porcentuales desde los años 90. En cambio, en Arquitectura las mujeres han pasado de estar infrarrepresentadas en el curso 1994-1995 (40%), a suponer la mayor parte del alumnado en el curso 2024-2025 (62%).
Divergencia en función del campo de estudios
En la rama de “Ciencias” las mujeres han representado históricamente alrededor del 50% del alumnado, siendo la menos desequilibrada de las cuatro grandes categorías STEM. No obstante, la situación diverge enormemente en función del campo de estudios: mientras que las mujeres llegan a representar dos tercios del alumnado de Química o Biología, apenas representan el 30% del alumnado de Física, sin que haya habido mejora en las últimas tres décadas.
La situación es especialmente preocupante en los campos de Matemáticas y Estadística, en los que la proporción de mujeres rondaba el 50% en los años 90 y 2000, pero en los que hoy en día las mujeres están claramente infrarrepresentadas. La tendencia es especialmente negativa en el caso de matemáticas, donde la proporción de mujeres ha caído del 52% en el curso 1994-1995 al 35% del curso 2024-2025.
Finalmente, una dinámica similar se observa en la rama de “Informática”, donde la infrarrepresentación de las mujeres se ha agudizado en los últimos 30 años: si las mujeres representaban el 25% del alumnado de Informática en el curso 1994-1995, la cifra ha caído al 16% en el curso 2024-2025.
En definitiva, la mayoría de campos STEM muestran hoy en día una clara infrarrepresentación femenina, con notables excepciones como Arquitectura, Biología o Química. Más allá del caso de Arquitectura, apenas ha habido mejoría en los últimos treinta años: algo en las Ingenierías, nada en Física y un claro empeoramiento en Matemáticas, Estadística e Informática.
¿Dónde están sobrerrepresentadas las mujeres?
Si las mujeres son mayoría en la universidad y están infrarrepresentadas en la mayor parte de campos STEM, eso significa que deben estar sobrerrepresentadas en otros campos. Dos ramas destacan por encima del resto: “Salud”, donde las mujeres representan el 73% del alumnado, y “Educación”, donde representan el 79%.
Dentro de la rama de “Salud”, Fisioterapia ha avanzado hacia una presencia más equilibrada de hombres y mujeres, habiendo sido un campo muy feminizado en los 90. En cambio, campos como Medicina, Odontología, Farmacia, Óptica o Enfermería, ya feminizados en el pasado, han visto como el porcentaje de mujeres se ha incrementado. Es llamativo el caso de Veterinaria, donde las mujeres han pasado de representar el 55% del alumnado al 78%.
La sobrerrepresentación femenina es incluso mayor en “Educación”. El porcentaje de mujeres oscila entre el 69% de Educación Primaria y el 90% en Educación infantil, sin que se hayan producido mejoras sistemáticas y sostenidas en el tiempo desde el curso 1994-1995.
Las mujeres también suponen la mayor parte del alumnado en “Ciencias Sociales” y, en menor medida, en “Administración y Derecho”. Campos como Marketing, Derecho, Publicidad o Psicología han experimentado una notable feminización desde los años 90, llegando incluso al 80% de mujeres. En cambio, campos como Administración de Empresas y, especialmente, Economía, que presentaban distribuciones equilibradas en el pasado, se han masculinizado.
En la rama de “Artes y Humanidades” (históricamente feminizada), campos como Bellas Artes se han feminizado enormemente (llegando al 78% de mujeres), mientras que campos como Historia o Filosofía se han masculinizado de manera igualmente notable.
En conjunto, los datos no son alentadores. Lejos de mostrar una tendencia hacia una menor feminización/masculinización de los campos de estudios, la mayor parte de los campos se han alejado de distribuciones equilibradas en el transcurso de los últimos 30 años.
Gráfico 2. Porcentaje de mujeres matriculadas, por ámbito de estudios. Cohortes 1994-1995, 2004-2005, 2014-2015 y 2024-2025.

Nota: elaboración propia a partir de los microdatos del Censo de 2021. Solo se consideran personas nacidas en España con edades comprendidas entre 25 y 75 años.
La persistencia en STEM tras la graduación
La situación es preocupante, en tanto que la infrarrepresentación de las mujeres en carreras STEM no solo es notable, sino que apenas se ha corregido en los últimos 30 años (o incluso ha empeorado en algunas carreras). No obstante, es importante ser conscientes de que la cuestión no termina aquí.
Cuando uno mira al mercado de trabajo y observa que las mujeres están infrarrepresentadas en ocupaciones STEM, esto no es solo consecuencia de la brecha de género en la elección de campo de estudios, sino también resultado de la menor probabilidad de que las mujeres que completan carreras STEM trabajen en ocupaciones STEM.
Conseguir un empleo STEM tras graduarse
En un trabajo realizado junto con Heike Solga comprobamos que las mujeres graduadas en STEM en España tienen una probabilidad 11 puntos más baja que la de los hombres de desempeñar su primer empleo en una ocupación STEM. A los cuatro años de graduarse, la probabilidad de estar empleado en STEM todavía es significativamente menor entre las mujeres, incluso aunque el primer empleo fuese en una ocupación STEM.
La situación económica en el momento de la graduación
También observamos que la brecha de género en la persistencia en STEM tras la graduación era mayor entre quienes completaron sus estudios universitarios durante la crisis económica que entre quienes lo hicieron en el periodo de recuperación posterior.
De acuerdo con distintas evidencias mostradas en el estudio, dicho resultado se debería principalmente a la preferencia de los empleadores STEM por contratar hombres. En periodos de escasez de empleo, serían las mujeres, rezagadas en la “cola de empleo” por dicho motivo, quienes verían reducida en mayor medida su probabilidad de trabajar en una ocupación STEM, haciendo que la brecha aumente en periodos de contracción económica.
Heterogeneidad del efecto por origen social
Asimismo, la brecha de género también era mayor entre el alumnado de extracción social más baja. El resultado es coherente con la idea de que, para que hombres y mujeres escojan empleos donde su género es minoritario, necesitan incentivos adicionales como la aspiración de mantener su posición socioeconómica de partida.
Eso haría que las mujeres de orígenes sociales más altos que se gradúen en STEM perseveren en encontrar empleos STEM para mantener su ventaja social, mientras que las mujeres graduadas en STEM provenientes de hogares más humildes no necesitan empleos STEM para no descender socialmente.
En definitiva, las mujeres que se gradúan en STEM tienen una menor probabilidad que sus compañeros varones de trabajar en una ocupación STEM; una diferencia que aumenta en periodos de contracción económica y que es mayor entre las personas de extracción social baja.
Conclusión
Existe un consenso generalizado sobre la necesidad de corregir desigualdades relativas al acceso a la educación superior. En cambio, hay para quien la elección de campo de estudios no es una forma de desigualdad que requiera intervención, al considerar que dicha elección es expresión de las preferencias de los individuos y, por tanto, ejercicio de su libertad para elegir la opción que más les satisfaga.
A mi juicio, esta posición exige ignorar que las preferencias individuales son, en buena medida, el resultado del influjo de las normas y estereotipos sociales, transmitidos de mil formas desde la sociedad al individuo. La evidencia científica en este sentido es abrumadora, no solo sobre la existencia de normas y estereotipos de género, sino también al respecto de su influencia en las decisiones de chicos y chicas sobre su campo de estudios.
A ello se suman las consecuencias prácticas de dicha forma de desigualdad educativa. Si la elección de campo de estudios, pese a estar influida por las normas y estereotipos sociales, fuese inocua, no sería preocupante. En cambio, nos es perfectamente conocido que la infrarrepresentación de las mujeres en las carreras STEM (muchas de ellas conducentes a ocupaciones de alto prestigio y bien remuneradas) contribuye a la brecha salarial entre hombres y mujeres.
Así pues, el escasísimo avance a la hora de incrementar el porcentaje de mujeres matriculadas en campos STEM a lo largo de los últimos 30 años es una pésima noticia. Todo lo más cuando una proporción significativa de las mujeres que sí estudian STEM no trabajará en una ocupación STEM.
Tres resultados que promover
Es imperativo por tanto diseñar mecanismos eficaces de intervención que logren vencer el influjo de los estereotipos de género y que promuevan tres resultados: (1) que más mujeres se matriculen en educación STEM, (2) que más mujeres que se matriculan en STEM completen esos estudios, y (3) que más mujeres que completan carreras STEM se desempeñen profesionalmente en una ocupación STEM. Lo contrario no solo implica una forma de desigualdad relevante que contribuye a la brecha salarial entre hombres y mujeres con el mismo nivel de estudios, sino que supone un enorme desperdicio de talento en un sector clave para las economías del futuro.


Excelente trabajo, es un problema antiguo que persiste a pesar de los avances de los movimientos feministas.