La necesidad de un plan institucional de UNIDIVERSIDAD

Introducción

En pleno siglo XXI, la universidad española debe estar plenamente comprometida con la sostenibilidad y la protección del medio ambiente, así como preciarse de ser una universidad integradora, saludable e implicada en una gestión real y eficiente de la diversidad y la cohesión social. En particular, desde la óptica de una universidad integradora,

las instituciones universitarias deben no solo representar, sino también implementar, la voluntad de la institución para promover espacios de integración de las personas con discapacidad.

La apuesta institucional por la UNIDIVERSIDAD

Universidades que deben potenciar las actividades de atención social y promover un plan específico de atención personalizada a la comunidad universitaria con discapacidad. Planificación que debe incorporar un elenco de medidas de atención a las personas con discapacidad funcional, promoviendo las condiciones y removiendo los obstáculos para que todas ellas puedan desarrollarse. a nivel intelectual, profesional y humano, sin ningún tipo de discriminación y respetando los principios de accesibilidad universal y autonomía personal.

De ahí la importancia de construir y consolidar un Plan de UNIDIVERSIDAD que, entre otras cosas, apueste por la inserción laboral para jóvenes con discapacidad intelectual.

La activación de un programa de convivencia intergeneracional, orientado a la mejora de la calidad de vida de las personas mayores (mantenimiento de su residencia en el medio habitual y lucha contra el aislamiento social) y el enriquecimiento humano y personal de las nuevas generaciones que, además, podrían beneficiarse de una nueva posibilidad de alojamiento a precio razonable; y la puesta en marcha de un servicio de atención a la salud sexual y reproductiva de la comunidad universitaria.

Universidad que, por otra parte, debe implicarse en la gestión de la diversidad y la cohesión social, ya que debe fomentar el diálogo entre culturas, la calidad de vida y el bienestar social, así como permitir luchar contra las discriminaciones étnicas y sociales, situar el papel de las mujeres en el centro del cambio social (perspectiva de género), diseñar un pacto de concienciación que facilite la convivencia y garantice el futuro de las próximas generaciones, y actuar como motor de la gestión del talento y el emprendimiento social. 

Las unidades de diversidad en la versión LOSU de mayo de 2022

En coherencia con esta visión de la universidad, dentro del Capítulo I del Título VIII del documento LOSU presentado por el Ministerio de Universidades, con fecha 9 de mayo de 2022, relativo al régimen jurídico y estructura de las universidades públicas, su art. 40 dispone que dichas universidades contarán con unidades de igualdad, de diversidad, de defensoría universitaria y de inspección de servicios, así como con servicios de salud y acompañamiento psicopedagógico y servicios de orientación profesional, dotados con recursos humanos y económicos suficientes.

Concretamente, las unidades de diversidad serán las encargadas de coordinar e incluir, de manera transversal, el desarrollo de las políticas universitarias de inclusión y antidiscriminación en el conjunto de actividades y funciones que son propias de la universidad.

Unidades que deberán contar con un servicio de atención a la discapacidad, así como someterse al régimen de funcionamiento que cada universidad concrete en sus correspondientes Estatutos.

De esta regulación proyectada cabe deducir cuatro grandes conclusiones: la primera, que las unidades de diversidad, como no puede ser de otra forma en una sociedad sensible y comprometida, deben ser obligatorias en las universidades; en segundo lugar, que dichas unidades no pueden ser un brindis al sol, sino que deben dotarse de los suficientes recursos humanos y económicos; la tercera, que el tratamiento de la diversidad es claramente interdisciplinar; y la cuarta, que dichas unidades tendrán la obligación de dotarse, en su estructura interna, de un servicio de atención a la discapacidad.

En consecuencia, dichas universidades, salvo que queramos hacer una simple operación de maquillaje, que no es de recibo, deberán disponer de un presupuesto razonable para cumplir sus funciones. Más allá de las buenas intenciones de la ley el gobierno, sin caer en la fácil tentación de dejar en manos de las universidades, que a duras penas pueden gestionar el día a día, su dotación presupuestaria, debe comprometerse con su financiación.

De igual modo, bien está que la última versión de la proyectada LOSU nos diga en su Exposición de Motivos que no pretende imponer soluciones ni trazar caminos concretos, sino tan solo abrir posibilidades, pero lo cierto es que desde la óptica de la construcción y consolidación de una universidad equitativa, igualitaria, inclusiva, saludable y sostenible, quizás debiera apostarse por nuestro legislador, salvo que quiera limitarse a la plasmación de una simple declaración de intenciones, meramente programática, por incorporar un mayor nivel de concreción. Fiarlo todo en el tema de la diversidad e integración a la mayor o menor sensibilidad de los estatutos de cada universidad, no deja de ser inapropiado en un ámbito en el que la armonización de trato debiera ser una seña de identidad del sistema universitario español.

Conclusión

Las prisas por cerrar un texto legal, no siempre coherentes con el rigor técnico, sino más bien con las necesidades puntuales de un momento político, pueden explicar “redacciones abiertas” que puedan favorecer un cierto nivel de consenso, pero bien pueden acabar por configurar en ciertos ámbitos, como acontece con el de la diversidad y la integración, un tratamiento y desarrollo práctico mucho menor de aquél que sería deseable.

La última versión LOSU tiene el acierto de “parecer sensible” en cuanto al tratamiento de la inclusión, la antidiscriminación y la atención a la discapacidad. Ahora solo falta que, además de parecerlo, “sea sensible”, de tal forma que cuando nos dice que las universidades deben garantizar a las personas con discapacidad un acceso universal a los edificios y sus entornos físicos y virtuales, así como al proceso de enseñanza-aprendizaje y evaluación; acompañe dicha plausible intención de la financiación suficiente y estable de las universidades, pues solo así dicha intención será una realidad en nuestro sistema universitario.

En un tema tan relevante a nivel humano y social, “la purpurina” no debiera nunca situarse por encima de lo tangible. Ya es hora de implementar una auténtica “Unidiversidad”.

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Universídad es el blog de Sudia XXI, un programa de trabajo que quiere acercar las universidades a los ciudadanos, involucrarlos en su mejora, hacerles reflexionar sobre los nuevos horizontes que estas les abren.

 

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