La salud mental de nuestros universitarios

Universitarios: ¿gozamos de buena salud mental?

He pasado la mitad de la última década como director de departamento, en dos países distintos. Y antes de aquello, fui director de un programa de doctorado y uno de máster, también entre el Reino Unido y España. En total casi otra década. De manera que alrededor de la mitad de mi carrera la he pasado en posiciones de responsabilidad que obligaban a mucho contacto con profesores y estudiantes. Y mi observación generalizada es que muchos de nuestros universitarios, tanto profesores como estudiantes, sufren problemas importantes de salud mental. Hoy querría contarles algunas cosas que he aprendido de la literatura sobre este asunto. Pero sobre todo me importa que seamos conscientes del problema. Yo sé muy poco, y muy superficialmente. Por eso me gustaría que alguien con más conocimiento de causa nos ilustrara con más profundidad sobre el problema en estas páginas.

Un vistazo a la literatura

Los números que salen de los estudios que he podido encontrar son preocupantes. Por ejemplo, Vázquez y Blanco (2008) encuentran en una encuesta a 559 estudiantes de la universidad de Santiago de Compostela que un 8,7% de los encuestados tienen síntomas de depresión severa (DSM-IV Major depression). Extrapolando a mi grupo estándar de 80 estudiantes de Introducción a la Economía, debo esperar unos 7 estudiantes afectados. Es improbable que haya ninguna otra enfermedad seria, y con implicaciones importantes para su desempeño en clase, con una incidencia tan elevada.

Otro artículo más reciente, de Blasco et al. (2019), del proyecto UNIVERSAL nos da otra perspectiva inquietante. En una encuesta online en la que participaron un total de 2.118 estudiantes, la prevalencia a doce meses de ideación suicida (SI) fue de 9,9%, de realización de planes 5,6%, y de intentos, 0,6%. Repitiendo mi experimento mental escalofriante, 8 de mis estudiantes han contemplado la posibilidad, 4 de ellos ha hecho planes y quizá uno lo ha intentado.

Si no se le ha helado la sangre ya, es que probablemente no tiene.

¿La universidad «deprime»?

A mí me preocupan estos números, y mucho. ¿Quiere decir esto que la universidad “deprime”? Probablemente, no. De hecho, la encuesta nacional de salud sugiere que la prevalencia de depresión entre las personas con titulación universitaria es menor que para otros niveles de estudio (ver la tabla 1 en este documento). Pero esto no hace fácil deducir una relación causal. Los universitarios tienen mejores empleos, y menos desempleo, y esto en general está asociado a menores problemas depresivos. Por otro lado, la causalidad puede ser inversa, algunas personas pueden no llegar a la universidad, o abandonarla por problemas de salud mental.

La relación entre situación económica y depresión es claramente causal. Sabemos que los choques de renta y empleo (inesperados, y por tanto asignados “cuasi-experimentalmente”) son el origen de trastornos depresivos. Al contrario, la provisión de ayuda financiera a los desempleados o de otras transferencias económicas mejora la salud mental.

Estos mismos experimentos muestran que con la mejora de la salud mental, mejora el número de días empleados y el desempeño en el empleo, lo cual retroalimenta la situación. Y dado que las titulaciones universitarias mejoran el desempeño económico, a largo plazo la salud mental se debería beneficiar del paso por la universidad. Por tanto, mi intención con el párrafo aterrorizante con el que comencé no es disuadir a nadie de que venga a la universidad, sino de convencernos de que también aquí el problema es serio, y que debemos prestarle atención si tenemos responsabilidades, o simplemente si somos miembros decentes de la comunidad universitaria.

Algunas causas son muy «nuestras»

Aunque la salud mental tiene un gran número de causas, hay algunas que son más específicas de los estudiantes (y profesores) universitarios y merece la pena prestarles más atención. Por ejemplo, el “síndrome del impostor” se ha visto asociado a mayores problemas de depresión. El perfeccionismo también tiene como consecuencia mayores tasas de problemas mentarles. Una cita de este último estudio es reveladora:

“Nuestros hallazgos revelaron que el perfeccionismo generaba síntomas depresivos en los estudiantes, porque hacía que sintieran que no estaban a la altura de las expectativas de otras personas (discrepancias interpersonales), lo que a su vez generaba expectativas negativas sobre las relaciones futuras (desesperanza social)”.

Es decir, que tener expectativas demasiado elevadas sobre el propio desempeño genera aislamiento, que es uno de los predictores más importantes de problemas mentales.

Podríamos pensar que los problemas que detecto en el párrafo anterior son exclusivos de un grupo reducido de estudiantes, que tienen unas aspiraciones muy elevadas. Y como decía una buena amiga: “No tengo claro que el perfeccionismo nos caracterice.” Pues yo tampoco tengo claro que el perfeccionismo no nos caracterice.

En un artículo (con Ghazala Azmat, Manuel Bagüés y Nagore Iriberri) en Management Science, dabamos información a un grupo de estudiantes de la Universidad Carlos III sobre su situación en el ranking de su promoción de acceso a la universidad. Uno de los hallazgos del estudio, como se puede ver en la figura, es que la inmensa mayoría de los estudiantes pensaba que estaba en una situación del ranking peor de la que realmente estaba. Esto quiere decir que la mayoría recibió un choque positivo en su visión de sí mismos. Como consecuencia su satisfacción con los estudios mejoró. Por desgracia, también empeoraron las notas (probablemente se relajaron un poco), aunque ese empeoramiento fue temporal.

Figura 1

Combatir el sufrimiento en el desempeño académico y el miedo al fracaso

Las presiones sobre el desempeño escolar de los estudiantes son un problema general. Una encuesta de una universidad en Ohio revela que los factores más comúnmente asociados a la ansiedad y la depresión son el desempeño académico, la presión para tener éxito, los planes para después de la graduación y (esto más relevante en USA) las preocupaciones sobre la financiación de los estudios. Pero los cinco siguientes también son muy relevantes: la calidad del sueño, la relación con la familia, la salud en general, la imagen corporal y la autoestima.

Otro estudio de una universidad americana (de la costa noroeste) confirma y amplía estos resultados. Los factores correlacionados con la depresión entre estudiantes universitarios en aquel estudio tienen que ver con una mala salud, ser fumadores o consumir drogas, pertenecer al colectivo LGTBI, o trabajar mientras estudian.

No voy ni a intentar hablar de soluciones estructurales. Ya he dicho al principio que el objetivo de esta entrada es principalmente llamar la atención sobre un problema. Como tutor de estudiantes (y mentor de profesores) aprendí que nuestra misión es escuchar a todo el mundo con atención, expresar nuestro apoyo y preocupación por sus problemas, y ayudarlos a formular un plan de acción, en el que un punto prioritario es que acudan a los servicios psicológicos de la universidad o del sistema de salud. Como decía al principio, este es un problema muy frecuente, y que causa sufrimiento y fracaso escolar. No podemos ignorarlo.


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Comentarios
  1. Carmelo dice: 18/11/2021 a las 15:17

    Muchas gracias Antonio por traer este importante tema a esta ventana y por cómo lo has expuesto. La sociedad corre con los tiempos y si algo ha sufrido cambios o transformaciones de forma vertiginosa en este siglo han sido los valores, las costumbres, los hábitos y el acceso a la información, sin olvidar el crecimiento y diversidad de canales de comunicación a nuestra disposición (redes, medios de comunicación, etc.). Si esto no se sabe gestionar dará como resultado, ansiedad, estrés, incertidumbre, inseguridad, baja autoestima, etc., en una población también creciente, sobre todo, adolescente. Es inevitable reconocer que el modelo educativo actual para estudiantes de 12 a 18 años no está a la altura de esta nueva y cambiante realidad. Si los mejores, si los más aptos, si los más capaces, etc., van a poder optar a las mejores oportunidades profesionales y estas cada vez son menos -dado el crecimiento poblacional «sobrecualificado» y el decrecimiento de la oferta que recibimos-, tendremos que reconocer sus consecuencias en la salud mental de la ciudadanía. En ese contexto, o caldo de cultivo, debemos insertar «la presión para tener éxito» (incide más en los primeros años o etapas universitarias), «los planes para después de la graduación y las preocupaciones sobre la financiación de los estudios» (que ya empieza a preocupar bastante entre nuestros egresados dada las crisis económicas y sus réplicas en esta década que acaba de comenzar).


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