La transición energética y la universidad: una llamada a la acción, cuando se cumple un año de la DANA
Europa está liderando una agenda política que pone el foco en la transición energética, teniendo en cuenta la situación de emergencia climática y los retos globales ante la falta de recursos y las diferentes crisis geopolíticas.
Ciertamente, la universidad debe asumir su responsabilidad en dar solución a los retos sociales y participar en el desarrollo de su entorno. Ahora bien, mientras trata de ofrecer soluciones tecnológicas y científicas a los problemas que van surgiendo, es importante poner atención en participar de forma activa en la transición energética, desde las capacidades y las competencias que tiene.
Desafíos y oportunidades de la crisis climática
Hay muchos aspectos a considerar entre las diferentes misiones universitarias, así pues, deberíamos hacer una llamada a la acción en todas ellas. Puesto que, a nivel global, vemos un punto de inflexión en el debate político entre el posibilismo económico y la sostenibilidad, que nos obliga a poner la lupa en los desafíos más urgentes, pero sin perder el foco en las oportunidades de desarrollo que surgen de la crisis climática.
Un tema clave que debe movernos a la acción es en relación al cambio climático y al estrés térmico urbano y en estructuras. Y es que el aumento de las temperaturas está transformando nuestras ciudades en localizaciones de alto riesgo. No se trata de una amenaza futura, es un problema presente. Ciudades como Barcelona, Valencia y todas las de la cuenca del Mediterráneo, están obligadas a replantearse urgentemente su diseño urbano, su infraestructura y la gestión de los recursos para proteger a sus ciudadanos de las olas de calor, cada vez más intensas, y de los fenómenos extremos asociados.
Ignorar este factor es una insensatez en cuanto a la salud pública y el desarrollo económico. Los campus universitarios no pueden negar esta realidad.
Hace justamente un año, la Dana en Valencia marcó un momento histórico terrible, que debe recordarnos, para siempre, que la previsión en la actuación ante fenómenos extremos es esencial de ahora en adelante.
Combatir la incoherencia climática y el Greenwashing
Lamentablemente, algunos parecen vivir en la incoherencia climática, esa brecha insostenible entre declarar la emergencia y seguir con prácticas que la alimentan.
Hay que dejar de tratar los aspectos medioambientales como un anexo o un ámbito aislado.
La variable climática debe ser el filtro prioritario para toda decisión de inversión, planteamiento académico y política universitaria.
Mientras estamos incorporando en las universidades, de forma masiva y transversal, nuevas tecnologías como la IA que implica grandes consumos energéticos. Debemos empezar a pensar en implementar sistemas rigurosos y públicos para medir y reportar el impacto real de las universidades, eliminando el “greenwashing” y responsabilizando a los agentes que, verdaderamente, más contaminan.
Medición y gestión responsable en campus
Entre ellos, propuestas innovadoras como incorporar sistemas de contabilidad analítica que permitan calcular la huella ecológica asociada a cada centro, a cada titulación o a cada universidad, desarrollar sistemas de compensación de las emisiones e incluir los indicadores de emisiones en los sistemas de gestión de la calidad y asegurar sistemas de compras sujetos a estándares ambientales adecuados, la llamada contratación responsable. Y mantener acciones más consolidadas, esenciales para avanzar hacia la sostenibilidad. Algunos ejemplos como implantar sistemas de generación renovable en los campus, reducir los consumos y residuos innecesarios y rehabilitar todos los edificios para evitar ineficiencias, así como buscar soluciones de movilidad sostenible.
Una herramienta aún incipiente es la de incorporar la responsabilidad ambiental en los presupuestos de cada universidad, tal y como ya propone la ley orgánica del sistema universitario (LOSU) en su artículo 57. Así como desarrollar los planes de adaptación de los campus, para tener capacidad de reaccionar ante situaciones de emergencia.
La misión formativa: generar talento con visión climática
En cuanto a la misión formativa universitaria, especialmente de la universidad tecnológica, hay que ser contundentes en generar profesionales que incorporen la visión climática en su ADN formativo.
La transición verde no es solo un reto ambiental, es un motor económico que exige nuevas competencias. Necesitamos profesionales técnicos, ingenieros, arquitectos, científicos, todos ellos capaces de traducir sus conocimientos tecnológicos y ambientales en estrategias empresariales tangibles. Que garanticen el cumplimiento normativo y anticipen los riesgos de transición, y que puedan hacerlo desde puestos directivos y de responsabilidad gerencial.
Y es que la emergencia climática está creando una demanda insatisfecha de talento con visión sistémica, y las universidades debemos enfocar la formación para llenar ese hueco. Sin embargo, la sostenibilidad requiere, no solo una estrategia colectiva, sino también una reflexión ética y un propósito individual. Desde la universidad, debemos saber contribuir a esta nueva conciencia. Un cambio que, esta vez, deberá ser priorizado para reconocer que la acción climática es una oportunidad profesional y el único camino viable para la coherencia.
Os invito a formar parte activa de esta transformación.

