La idea de universidad ante el surgimiento de la inteligencia artificial
Poco antes de la irrupción de ChatGPT en nuestras vidas universitarias tuve la oportunidad de coordinar, junto a Faraón Llorens, el Cuaderno de Trabajo 12 de Studia XXI titulado “Transformación digital de las universidades. Hacia un futuro postpandemia”. Además, hice una pequeña contribución titulada “La idea del universitario y de la universidad frente a la transformación digital”, retrotrayendo algunas reflexiones de Ortega y Gasset en su Meditación de la técnica, y que acabaron apareciendo de forma resumida en una entrada de este mismo blog. Me permito recuperar y actualizar algunas ideas que planteaba entonces para “reubicarlas” en el contexto de la ineludible integración de la inteligencia artificial (IA) en el contexto de la institución universitaria.
La evolución humana y la técnica
Ortega y Gasset afirma que “sin la técnica el hombre no existiría ni habría existido nunca”. Da igual que nos refiramos a la utilización de los primeros utensilios de piedra empleados por el homo sapiens que a los modernos modelos de lenguaje de gran tamaño que emplea la IA.
Una y otra vez las evoluciones técnicas han obligado al ser humano a posicionarse frente a ellas. La técnica sería no solo algo inherente al ser humano sino un elemento diferencial de su devenir histórico.
Eso es lo que nos caracteriza como especie y, en cierta medida, orienta el propio proceso de la evolución humana. Por otro lado, hay que advertir que la universidad nunca ha sido ajena a estos procesos, sino al contrario. En algunos casos, la Universidad ha sido protagonista de los propios avances técnicos y, desde su surgimiento, ha tenido que enfrentar la disyuntiva de avanzar a la par de dichos avances o mantener una actitud de cierta desconfianza prudencial.
Recordemos que los avances técnicos, por su propia naturaleza, suelen provocar una mayor distancia entre el quehacer “histórico” de la universidad y la vida real de las sociedades, que suele demandar soluciones prácticas a los problemas. De los universitarios depende, por tanto, que esa distancia se convierta en una falla o en un sendero que recorrer conjuntamente.
Perspectivas frente al cambio que supone la inteligencia artificial
El primer argumento que quisiera presentar es que la perspectiva frente a la introducción de la IA en el ámbito de la educación superior depende de la misión o idea de universidad que se sostenga. Una misión que se deriva de la posición relativa que se otorga a la técnica respecto de dicha idea o misión. Caricaturizando por motivos expositivos, podríamos decir que existirían dos modelos de concebir la idea de universidad en relación a los progresos técnicos.
El modelo tradicional
El modelo “tradicional” es heredero de la universidad medieval y de la cultura clásica. Prioriza la “búsqueda del conocimiento” y la transmisión de saberes como fin último de la Universidad.
Ese conocimiento no es meramente un concepto abstracto, sino que tiene su plasmación en la formación de estudiantes ilustrados y comprometidos con su tiempo histórico.
Por otro lado, de este modelo, han emergido un conjunto de prácticas que se consideran valiosas en cuanto que sirven al propósito o misión enunciado anteriormente: conferencias magistrales, currículum enciclopédico, jerarquía del saber, ritos académicos, incluso una arquitectura simbólica (claustros, bibliotecas, aulas) que reflejan permanencia.
En definitiva, estas prácticas encierran valores civilizatorios: rigor, compromiso activo, contemplación, disciplina y continuidad histórica con un tipo de arraigo cultural concreto (el que dio lugar precisamente al nacimiento de las instituciones universitarias). De ahí que las innovaciones técnicas hayan de ser examinadas bajo las lentes del quehacer histórico de la institución universitaria, fin al que se encuentran subordinadas.
El modelo adaptativo
El modelo “adaptativo”, heredero de la revolución industrial y del reformismo educativo, concibe la institución universitaria como una idea en constante transformación.
Entiende una universidad capaz de integrar la técnica y la innovación no como simples herramientas accesorias, sino como motores que redefinen sus prácticas y estructuras.
En este modelo, el aprendizaje se orienta a la flexibilidad y a la creación de nuevos hábitos intelectuales y sociales, fomentando la interdisciplinariedad, la experimentación y la colaboración en entornos diversos.
La universidad adaptativa no se aferra a formas establecidas, sino que la innovación técnica y cultural se conciben como oportunidades para reinventar la docencia, la investigación y la relación con la sociedad. Intenta mantener siempre como horizonte el desarrollo integral de las personas en un mundo incierto y en continua evolución.
Hacia una integración de perspectivas
Si otorgamos cierta validez a estas visiones típico-ideales estamos en disposición de examinar algunas de las ideas frente al cambio que supone la IA.
1. Desde el modelo tradicional
Del modelo tradicional se podría derivar una legítima desconfianza prudencial hacia su introducción.
Se critica así una aparente primacía de la adquisición superficial de competencias orientadas a la empleabilidad en detrimento de la búsqueda de conocimiento.
Existe además del riesgo de que la automatización educativa diluya la relación personal entre docente y alumno, núcleo esencial de la formación universitaria (en su versión extrema, se teme la erradicación o sustitución del docente); se señala la amenaza de una homogeneización cultural, donde algoritmos y sistemas estandarizados reemplacen la diversidad de enfoques pedagógicos; se denuncia la tentación de subordinar la misión universitaria a lógicas mercantiles o de eficiencia técnica, reduciendo el valor del saber a parámetros de productividad y rentabilidad inmediatas.
En este punto resuenan las palabras de Michael Oakeshott, quien escribía, en relación a su misión, que la universidad debe cuidarse del mecenazgo con el mundo o “descubrirá que ha vendido su derecho de nacimiento por un plato de lentejas”.
2. Desde el modelo adaptativo
Desde la perspectiva adaptativa, la integración de la inteligencia artificial en la universidad se entiende como una oportunidad para ampliar las capacidades de aprendizaje, investigación y gestión institucional, generando entornos más flexibles, personalizados y colaborativos.
La IA se concibe no como sustituto, sino como catalizador de nuevos hábitos académicos más próximos a las necesidades sociales (empleabilidad), capaces de potenciar la interdisciplinariedad, facilitar el acceso a recursos de conocimiento y abrir espacios para la experimentación pedagógica.
Bajo esta mirada, la universidad no pierde su misión, sino que la renueva al situarse en sintonía con los cambios culturales y tecnológicos de la sociedad, asumiendo la innovación como condición para seguir siendo relevante en un mundo en constante transformación.
Evitando los extremos: la terquedad conservadora y la ligereza revolucionaria
Llegados a este punto, estimando el aporte que ambas perspectivas han otorgado a la idea o misión de la universidad, considero necesario advertir sobre los peligros de caer en sus formas distorsionadas o desviadas: la terquedad conservadora y la ligereza revolucionaria, conceptos a los que se refiere Ortega al referirse al progreso de la técnica.
Al rechazar la innovación tecnológica por miedo a la pérdida de identidad universitaria, corre el riesgo de condenar a la institución a la irrelevancia social, encerrándola en una defensa nostálgica de formas que ya no dialogan con la realidad;
Al abrazar acríticamente la inteligencia artificial como panacea y confiar en que todo avance técnico será necesariamente positivo (optimismo naif), pone en peligro la misión formativa al reducir la universidad a un laboratorio de modas tecnológicas o a un engranaje más del mercado.
Ambas posturas, en su unilateralidad, impiden un discernimiento genuino que permita integrar la inteligencia artificial de manera crítica, prudente y creativa, preservando lo valioso de la tradición y aprovechando las posibilidades de la innovación.
Hacia una integración eficaz y controlada de la IA en las universidades
Amin Maalouf, en su libro El naufragio de las civilizaciones, afirma que “es casi una ley de la naturaleza humana: todo aquello para lo que nos capacite la ciencia lo haremos antes o después, con el pretexto que sea. Al menos mientras las ventajas nos parezcan superiores a los inconvenientes”. Suscribo rotundamente esta tesis, si bien reconozco que pueda resultar inquietante.
A diferencia de otras innovaciones técnicas que han permeado en mayor o menor medida la institución universitaria, el advenimiento de la IA en el ámbito de la educación superior va a suponer una modificación sustantiva del ecosistema universitario a todos los niveles, afectando incluso a la idea misma de universidad.
De ahí que en al comienzo haya hablado de una ineludible integración de la IA en las universidades, pues el progreso técnico nos interpela y no cabe otra que adaptarse. Siendo así, quisiera apuntar hacia dos aspectos que considero fundamentales en esta transformación que debemos acometer:
Reforzamiento de la identidad institucional y gobernanza tecnológica
La implementación de la IA en la universidad debe reflejar la identidad institucional de cada institución de educación superior, lo que requiere autonomía para definir políticas tecnológicas propias y equipos de implementación académico-administrativos.
Esa libertad permitirá experimentar en el diseño curricular y en la integración de la IA, generando innovación compartida a partir de aciertos y errores. Sin embargo, esta autonomía solo será eficaz si se acompaña de una gobernanza tecnológica multinivel con inversión nacional y, sobre todo, europea, que evite la pérdida de competitividad frente a contextos como China o EE.UU.
Alineamiento constructivo
La política tecnológica universitaria ha de trasladarse a las aulas mediante un alineamiento constructivo que conecte identidad institucional y diseño curricular.
Esto implica:
- Flexibilizar los planes de estudio y definir claramente resultados de aprendizaje con protagonismo de la IA.
- Promover ambientes de aprendizaje activos con la IA como herramienta de apoyo.
- Diseñar evaluaciones autorreguladas que liberen al docente para aportar valor añadido.
- Aplicar mecanismos de evaluación coherentes con las demandas de la sociedad digital.
- Invertir en la formación continua del profesorado como pieza clave de esta transformación. Nadie puede ni debe quedarse atrás. A mi juicio, este es el punto más importante.
Conclusión
Me atrevo, para finalizar, con una hipótesis prospectiva: solo aquellas universidades (públicas y privadas) que sean capaces de combinar una sólida identidad institucional con una política tecnológica eficaz serán capaces de sobrevivir a este periodo de creciente competitividad auspiciado por la globalización de la educación superior, el descenso demográfico en la envejecida Europa, y el auge de la universidad privada y del ecosistema online.


Excelente artículo, válido no solamente para las universidades europeas, sino para cualquier centro de educación superior en los nuevos entornos. La visión de la introducción de la gobernanza tecnológica con visión social, y no solo instrumental en las universidades, es una realidad irreversible que obliga a preservar los valores de la Academia en los nuevos entornos, siempre teniendo como referente su contribución a la sociedad para la que formamos profesionales.
Integrar la perspectiva de la transformación como baluarte del modelo adaptativo frente al modelo tradicional de la Edad Media, origen de las universidades, es seguir cegado por una modernidad interdisciplinaria cuyo origen no es el modelo humboldtiano (1810) de universidad compartimental de facultades que derivo en la especialización del conocimiento (EEUU 1860 y Alemania 1874) sino Bolonia (1088), Oxford ( 1096), Paris (1150) y Salamanca (1218). Reconocer que la interiorización humanista de la techné griega en el quadrivium, prototipo de auténticos currículos universales, es resituar el futuro del pasado, también en el debate de Universidad e IA.
Los que llevamos toda una vida en las aulas, hemos tenido que ir aprendiendo, modificando y adaptándonos, no sólo a los nuevos conocimientos académicos, sino a los cambios de las sociedades. No hacerlo así, es habernos encerrado en urnas de cristal que nada tiene que ver con la Educación, la Investigación y la Academia. Integrar es parte del saber hacer y quien no lo hace, más pronto que tarde, se quedará aislado y fuera de contexto. Educar para un mundo complejo, incierto y en continuo cambio es parte de la función académico-universitaria y no sólo. A veces, lo olvidamos.
[…] estamos incorporando en las universidades, de forma masiva y transversal, nuevas tecnologías como la IA que implica grandes consumos energéticos. Debemos empezar a pensar en implementar sistemas […]