Libros para el confinamiento

“Los libros tienen voz y hablan salvando épocas y vidas”
Irene Vallejo

Me gustaría en este post comentar tres libros para estos días de confinamiento. Pero, antes que nada, homenajear a toda la comunidad universitaria española que está trabajando intensamente para que el curso académico no se pierda, a pesar de las circunstancias que estamos viviendo.  También a los miles de investigadores que están buscando soluciones a la pandemia desde diversos campos y áreas de conocimiento. Los ensayos clínicos están aprovechando simulaciones matemáticas, la supercomputación está ayudando a calcular y encontrar estrategias certeras. La investigación en red con acceso abierto a los datos, está facilitando una mayor rapidez en la búsqueda de combinaciones de fármacos efectivos, tan necesarios en estos momentos.

Toda la universidad española, sin excepción, está al servicio de la lucha contra el COVID-19 con cientos de iniciativas solidarias. Y qué decir del personal sanitario que está luchando en los hospitales para salvar vidas, muchos de ellos salidos de nuestras aulas. Ahora más que nunca, debemos recordar y pedir a los gobiernos que apuesten de una manera decidida y continuada por la investigación española que siempre estuvo en nuestras universidades y hospitales. Hay mucho talento en las generaciones de investigadores jóvenes que pueden descubrir las vacunas necesarias contra las enfermedades que nos asolan. Solo necesitamos que haya más medios y recursos y, por supuesto, más confianza en la universidad.

Debemos pedir a los gobiernos que apuesten de una manera decidida y continuada por la investigación española.

Los tres libros a los que me refiero tratan sobre libros y seguro que muchos de vosotros ya los habéis leído. No son grandes tratados, sino pequeñas obras que ponen en valor la importancia de los libros y de la lectura como piedra esencial del mundo cultural y educativo que hemos creado y que no debiera desaparecer. Son en realidad tres lecturas que hablan también de los libros como medicamentos para nuestra vida personal e intelectual, tan necesarios estos días de confinamiento.

La biblioteca en llamas. Historia de un millón de libros quemados y del hombre que encendió la cerilla. Susan Orlean. Barcelona. Editorial Planeta. 2019

El 29 de abril de 1986 la biblioteca pública de Los Ángeles se incendió y gran parte de sus instalaciones, salas de lectura y cientos de estanterías repletos de libros se quemaron. Todos los bomberos de la ciudad tardaron más de siete horas en controlar y apagar el fuego que consumía el edificio. Se quemaron más de 400.000 libros y casi 700.000 quedaron dañados para siempre. Se quemaron colecciones enteras y documentos originales de la historia de la ciudad. Con el incendio se perdió también parte de la memoria de Los Ángeles. Pero el incendio no fue noticia, porque ese día la noticia mundial fue la explosión de la central de Chernóbil.

La historia que escribe Susan Orlean es real y, con la excusa de investigar al causante del incendio, nos narra el triste siniestro, el origen y la historia de la biblioteca. Los esfuerzos colectivos de la reconstrucción, los servicios bibliotecarios que ofrecen cada día a los usuarios, sus secciones y las personas que las gestionan.

El libro es un canto a los libros, a la lectura y, sobre todo, a las bibliotecas públicas americanas como parte esencial de la educación de sus ciudadanos. A diferencia de Europa, en donde las bibliotecas las crean, fundamentalmente, la aristocracia y la iglesia para ordenar y preservar los conocimientos impresos y heredados, en América las bibliotecas nacen con el objetivo de ser una especie de “universidad del pueblo”. El concepto de biblioteca pública que se ideó en Inglaterra, triunfó, por decirlo de alguna manera, más allí que aquí. Las bibliotecas son concebidas como un servicio para que las clases sociales más bajas puedan tener oportunidades, mediante el acceso a la información y así prosperar y triunfar en la vida.

En América las bibliotecas nacen con el objetivo de ser una especie de “universidad del pueblo”.

Esta es la idea principal que aún pervive en las bibliotecas públicas que pueblan todas sus ciudades, por eso, invierten grandes cantidades de recursos para construirlas y dotarlas. Por otra parte, el término public library no está ligado necesariamente al estado que las financia. Significa que en la biblioteca pública hay libros y, por tanto, oportunidades, para toda clase de públicos, hombres, mujeres, pobres, ricos, blancos, negros, jóvenes y mayores. Las bibliotecas son de los pocos equipamientos civiles gratuitos que ayudan a igualar y elevar las clases sociales.

Este era el objetivo, por ejemplo, de Andrew Carnegie, que, siendo un emigrante escocés pobre, llegó a ser posiblemente el hombre más rico del país y donó parte de su fortuna a la construcción de cientos de bibliotecas por todo el país. La historia de la biblioteca de Los Ángeles, su reconstrucción, y los protagonistas que de nuevo la levantaron, son los héroes de esta historia de la que hoy en día es una de las mejores y más importantes bibliotecas públicas del mundo.

El infinito en un junco. La invención de los libros en el mundo antiguo. Irene Vallejo. Madrid. Siruela. 2019

Extraordinaria obra la que ha escrito la filóloga zaragozana Irene Vallejo sobre el origen de los libros, las bibliotecas, la escritura, la lectura en la antigüedad. Hay muchos libros que hablan de la cuna de nuestra civilización europea, pero pocos como este libro ameno, inteligente y tan bello. Sin duda es el libro del año y posiblemente de la década.

Empieza el libro de una forma trepidante planteando dos niveles que se van entrecruzando durante toda la obra: el primero, el registro histórico. Unos jinetes del rey del antiguo Egipto galopan en busca de libros por todas las aldeas del imperio, como si fueran el tesoro más preciado que se debe encontrar para abastecer la biblioteca de Alejandría.

El hambre de libros desatada en Alejandría empezaba a convertirse en un brote de locura apasionante.

El segundo registro es el de propia autora. Su historia personal, su infancia, su madre, sus estudios, sus investigaciones, sus libros más leídos y queridos, sus aprendizajes, sus sentimientos y sus pensamientos, en definitiva, su amor por los libros.

La obra es también un planteamiento riguroso como investigadora y experta sobre el mundo antiguo de Egipto, Mesopotamia y Grecia. El relato está lleno de certezas históricas, pero al explicarlas ella, las recupera y las transmite de forma muy actualizada y pedagógica para el gran público.

Ya en las primeras páginas nos advierte de que los tiempos actuales y futuros traídos por Internet y las tecnologías están pregonando muy alegremente la desaparición de los libros. Y puede que sea verdad, pero no va a ser tan fácil que suceda, porque los libros han superado muchas pruebas en el transcurso de la historia. Los libros, nos dice, son corredores de fondo y han vivido muchas vicisitudes y han sobrevivido en diferentes soportes. Porque son simplemente la expresión de nuestra propia vida, de nuestra propia historia y de nuestra memoria colectiva.

Otra característica esencial del libro es el ir y venir que le imprime al relato. No se queda en contar anécdotas del pasado o de las figuras de Alejandro Magno, Aristóteles, Homero, Safo o Perícles, por ejemplo, sino que relaciona la historia con autores y personajes actuales, demostrando que el paso del tiempo no modifica los problemas y las aspiraciones de los hombres.

Hoy en día pensamos que somos modernos, diferentes, actuales, pero resulta que continuamos viendo el mundo seguramente no muy diferente a como lo veían los habitantes de Alejandría o Atenas. Hablamos de la era de la globalización y de Internet, pero el Helenismo ya se planteaba los mismos objetivos. Los versos de Homero en la Odisea y la Ilíada han perdurado durante siglos porque hablan de las mismas pasiones que nos mueven a nosotros.

Los versos de Homero hablan de las mismas pasiones que nos mueven a nosotros.

Los problemas planteados por los filósofos griegos en las plazas de Atenas son los mismos que nos planteamos nosotros en muchos aspectos de la vida y de la ciencia. La clasificación de los saberes de Aristóteles poco ha cambiado desde que él los ordenó hace más de 2000 años. Y la extraordinaria y primera frase de su libro de la Metafísica, Todos los hombres desean por naturaleza saberjustifica por sí sola la existencia de escuelas y universidades en el mundo entero.

Todo el libro es brillante, pausado, divertido, profundo, aprovechable. Hay páginas, párrafos y frases simplemente excepcionales. El paso de las tablillas de barro, la elaboración de los rollos de pasta seca y pulida formada por juncos de papiro, los pergaminos formados con pieles de animales, incluso los tatuajes en la piel, que tan de moda se ha puesto hoy en día, etc. Todo ello lo escribe con una claridad apabullante. La transformación de la palabra escrita cohabitando con la palabra oral y recitada, la construcción del alfabeto, las lenguas, los sonidos, la literatura, el teatro, la filosofía, todo lo hemos conocido gracias a los libros y a las bibliotecas.

Irene Vallejo nos devuelve un mundo antiguo que es moderno y actual, y que de ninguna manera es una historia pasada. No estamos ante un libro solo de historia sino ante un libro que trata sobre nuestra vida actual y futura. Sin los libros no seríamos lo que somos. Sin libros no hay autores y, por lo tanto, no hay esas voces que nos hablan en silencio cuando los abrimos y empezamos a leer.

Pero los libros no son solo voces. La autora nos recuerda una inscripción que hay en una biblioteca del antiguo egipcio que dice:

La biblioteca es el lugar del cuidado del alma.

Es por eso que los libros van más allá y también son medicinas que pueden curan nuestras vidas.

Farenheit 451. Ray Bradbury. Barcelona.Raval Edicions SLU Proa.2020

Leí este clásico hace muchos años. Proa ha vuelto a reeditar la traducción en catalán de Jaume Subirana (1994) con un espléndido prólogo de Victor Garcia Tur (2020). La historia del libro es ya conocida: el autor, Ray Bradbury, recuperó un anterior relato, “El Bombero”, para crear una de las obras míticas de la ciencia ficción.

La novela describe una sociedad futurista donde se queman los libros, ya que son los verdaderos causantes y culpables de la infelicidad de la gente. El título de Farenheit 451 hace referencia al grado de temperatura en que el papel se consume por el calor. Es una novela, ya clásica, publicada en el año 1953, pero cada día que pasa es más actual.

La novela plantea las dudas de un bombero llamado Guy Montang, cuyo trabajo no es apagar el fuego, sino quemar libros y también las personas que los esconden. Todo ello va en contra de una sociedad dictatorial y tiránica, organizada única y exclusivamente para el placer banal del ocio permanente de sus ciudadanos. Los libros deben ser quemados porque contienen los relatos de los problemas que antaño se planteaban los hombres.

La idea que rige esta nueva sociedad es que, si se eliminan los libros, se eliminan las inquietudes, los sentimientos, las esperanzas y las aspiraciones de las personas. Y los libros solo pueden ser eliminados quemándose con queroseno.

Una sociedad que se haga preguntas y se cuestione el mundo en donde vive, es una sociedad perjudicial para la salud de sus habitantes. Autoritarismo y dictadura no combinan bien con libros y libertad. Una tradición funesta que se ha repetido muchas veces a lo largo de la historia y que Bradbury recoge una vez más.

Autoritarismo y dictadura no combinan bien con libros y libertad.

Afortunadamente, el famoso protagonista de la novela, Montag, se cuestiona su profesión de bombero y se une a un grupo de marginados. Antiguos profesores de universidades que vagan por los campos escondiéndose de una ciudad que los persigue. El grupo de profesores son en realidad libros vivientes, ya que cada uno de ellos ha memorizado un libro para poder salvar la verdadera felicidad de los hombres. Y esta no es otra que la que se basa en el conocimiento que contienen los libros.

La novela editada hace 67 años es muy actual. Muchos analistas e intelectuales la traen a colación como un toque de atención ante un futuro incierto dominado por tecnologías y el abandono de los libros.

Para acabar nuestras lecturas: una última anécdota

Para acabar, una anécdota que cierra estas “lecturas para el confinamiento”. El famoso y reconocido escritor Ray Bradbury, uno de los grandes escritores de ciencia ficción, jamás estudió en una universidad. Su familia no tenía recursos económicos para pagar sus estudios. En cambio, aprovechó la biblioteca pública durante todos los días y en ella escribió sus primeros relatos. Allí pasó horas y horas leyendo todo lo que caía en sus manos.

“La biblioteca pública fue mi verdadera universidad”.

Dijo Bradbury en una ocasión: ese lugar era la biblioteca pública de Los Ángeles.

 

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Comentarios
  1. Consuelo dice: 23/04/2020 a las 19:02

    Me ha encantado el contenido y la forma de este post. Gracias. Buen homenaje al libro de un compañero bibliotecario

  2. Pepa B. dice: 25/04/2020 a las 12:29

    He leído los dos primeros y el de Bradbury lo leí hace mucho tiempo.
    Y me permito recomendar vivamente el segundo por fondo y forma. Sin ser ficción mantiene un ritmo narrativo que lo hace muy ameno. Y en otro momentos plantea reflexiones que son casi aforismos y que me han hecho tomar el lápiz y subrayar, algo que no hacía hace tiempo. Un verdadero placer.


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