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Los desajustes educativos y laborales: reflexiones sobre la sobrecualificación

La educación universitaria ha introducido la palabra empleabilidad dentro de su vocabulario, lo que supone que facilitar el acceso al mercado laboral también se ha convertido en una de las tareas que las universidades deben desarrollar. Lejos quedan los tiempos en los que la conexión de la educación universitaria con la etapa anterior (no universitaria) y la posterior (el empleo) era prácticamente inexistente. Estamos, por tanto, en un momento en el que las universidades trabajan por mejorar la formación de sus estudiantes para conseguir y mantener un empleo.

España, de acuerdo con datos de Eurostat(1), presenta una tasa de desempleo juvenil del 44,4%, en contraste con el valor de la UE-28 que se sitúa en 18,6%. En términos generales, existe evidencia de que las posibilidades de acceder a un empleo aumentan conforme lo hace el nivel de formación académica. De hecho, el nivel educativo es un determinante fundamental de la probabilidad de empleo en España tal y como se observa en el estudio de la Fundación Conocimiento y Desarrollo, al señalar que la tasa de desempleo entre los titulados universitarios españoles es del 13,4% (FCyD, 2017) en contraste con el 21,8% para el resto de la población. Por ello, no es de extrañar que los jóvenes quieran adquirir una educación superior universitaria para optar a situarse en zonas inferiores de desempleo.

Comparando la situación española con la del ámbito internacional observamos que, tal y como puede verse en el gráfico 1, en un estudio del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (2016)(2), que la tasa de desempleo española en la población entre 25 y 64 años que posee educación superior, se sitúa en el 13,8% frente a valores más bajos como el 5,1% de la OCDE y bastante lejos del 2,5% de Reino Unido y de Alemania y del 1,9% de Noruega.

Gráfico 1. Tasa de desempleo de la población de 25 a 64 años con educación superior

Fuente: MECD, 2016.

Este punto de partida nos lleva enseguida a una cuestión de gran relevancia, como es el tema de la sobrecualificación (o sobreeducación, como es denominada en muchas ocasiones), es decir el desajuste existente entre la oferta universitaria y la demanda del mercado laboral. Concretamente, en el apartado que firma María Ramos, se señala que, en España, la estructura productiva todavía está lejos de la de algunos países
europeos demandando menores formación universitaria lo que hace a que el “33,1% de los empleos en España se corresponden con un nivel universitario, mientras que la media europea se sitúa en el 42%”.

Muchos estudios señalan que un análisis de la relación entre el nivel de educación del trabajador y el requerido por un puesto de trabajo puede arrojar la existencia de un desajuste que evidencia una distancia (gap) entre la formación de las personas que están desarrollando un puesto de trabajo y las demandas profesionales requeridas. Dichos desajustes pueden tener signo positivo en caso de que de que exista un exceso de educación (sobrecualificación) para el desarrollo del puesto de trabajo, o negativo (infracualificación) en caso contrario.

Las formas de medir, si existe o no sobrecualificación/infracualificación, son complejas y variadas. Algunas de ellas son subjetivas y están basadas en las opiniones de las personas respecto al ajuste de su nivel formativo y de los requerimientos educativos del puesto de trabajo, y otras son más objetivas y se basan en la propia definición
de las características del puesto de trabajo. No obstante, existen importantes discrepancias en las distintas medidas utilizadas para determinar el desajuste educativo por lo que los resultados deben analizarse de manera prudente y cautelosa, especialmente cuando se realizan comparaciones entre países, dada la heterogeneidad de los sistemas educativos en los países, así como las clasificaciones laborales de cada país, que requieren interpretaciones cuidadosas.

Sin embargo, y a pesar de la dificultad señalada, existen estudios que pretenden cuantificar la sobrecualificación/infracualificación y, en términos generales, se observa que existe sobrecualificación en muchos países. Así pues, de acuerdo con el Informe Fundación Conocimiento y Desarrollo (CyD, 2017), en 2016, el 36,8% de los titulados universitarios españoles estaban sobrecualificados para el puesto de trabajo que ocupaban(3), frente al 23% de media en la UE.

Gráfico 2. Procentajes de sobrecualificación en algunos países europeos

Fuente: Eurostat.

Viendo con detalle la situación en algunos países europeos, tal y como se observa en el gráfico 2, se evidencia que la existencia de sobrecualificación no es exclusiva de España. En muchos países existe un porcentaje de población con formación universitaria que el mercado laboral no absorbe. España posee un porcentaje de sobrecualificación por encima de Alemania, Reino Unido, Italia y Francia, situándose por encima de la media de la Unión Europea en casi 14 puntos.

No obstante, más allá de los valores generales mostrados en el gráfico 2, hay varios aspectos que conviene matizar para entender el alcance de esta cuestión. El primero de ellos es que la sobrecualificación suele ser mayor en las primeras etapas de entrada en el mercado laboral. De hecho, según datos del INE (2016(4)), la sobrecualificación de los universitarios en el primer año de su vida laboral es del 38%, mientras que después de 4 años de finalización de los estudios universitarios este porcentaje baja y se sitúa en el 25,2% (Ramos, 2017); datos que contrastan con los de Italia en los que los valores parten de un posición bastante más baja y pasan de situarse en el 13,2% al 18%.

Esta mayor sobrecualificación en el momento inicial es atribuible a la falta previa de experiencia, aunque, en ocasiones, el hecho de que se comience la vida laboral en un puesto con menores exigencias formativas que las que se poseen, se convierte, de hecho, en una vía de la que muchos ya no salen, lo que hace que algo que debería ser transitorio se convierta en permanente. En estos casos se habla de sobrecualificación persistente, o lo que es lo mismo, en ir avanzando en la vida laboral ejerciendo distintos trabajos que requieren una cualificación inferior a la que se posee, pero que las circunstancias evidencian que no se sale de ella. En esta línea se muestran los resultados del estudio de Herrera Cuesta (2017) cuando indica que, en el estudio realizado en España entre los años 2000 y 2015, apenas un “6% de jóvenes trabajadores con estudios superiores consigue salir de la situación de sobrecualificación en la que se encontraba al comienzo de su vida activa al final del periodo, quince años después”.

El segundo aspecto que queremos resaltar se refiere a los propios estudios universitarios que se realizan y a las áreas de conocimiento a la que pertenecen. Según datos del INE en la Encuesta de inserción laboral de titulados universitarios 2014, se señala que la situación laboral en 2014 de titulados universitarios del curso 2009/2010 es la que se refleja en la tabla 1.

Tabla 1. vida laboral en 2014 de titulados universitarios de 2010

Fuente: INE.

Como puede observarse en la tabla 1, los estudios vinculados con las Ingenierías y las Ciencias de la Salud sufren menores riesgos de sobrecualificación, mientras que los estudios vinculados con el Arte y las Humanidades se sitúan en la parte más alta del desempleo (Marqués & Gil-Hernández, 2015).

No obstante, resulta curioso que existan algunos estudios que tienen mayores salidas laborales pero que no son los más demandados por los estudiantes. En este sentido, según el estudio III Ránking Universidad-Empresa de la Fundación Everis la mayor parte de los contratos de las empresas corresponden a las titulaciones universitarias de Administración, Gestión y Dirección de Empresas y a Ingeniería Industrial, seguidas por las que aparecen en el gráfico 3.

Gráfico 3. Titulaciones universitarias con mayor contratación laboral

Fuente: III Ránking Universidad-Empresa. Fundación Everis.

Es importante resaltar que en el curso académico 2015/2016, según datos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, los estudios del grado en ADE han sido los más demandados y han atraído al 10,5% de los estudiantes. En este caso, parece que la demanda de estudios y demanda laboral han estado en sintonía.

No obstante, y en línea con la información del gráfico 3, la consultora Randstad, en su página web resalta los cinco perfiles profesionales más demandados para 2018(5). Dichos perfiles son: ingenieros especializados en robótica y mecanotrónica, financial controller, export manager, customer experience y médicos especializados. Además, esta consultora prevé que España presentará déficit de talento en 2030, lo cual está en línea con un informe elaborado por Infoempleo y el Grupo Adecco en el que se señala que existe un importante gap entre los perfiles profesionales que demandan las empresas y lo que ofrece el mundo universitario en cuanto a formación, señalando que el 56,6% de las empresas está teniendo dificultades para cubrir sus vacantes.

La tercera cuestión que explica los desajustes educativos está vinculada a las familias, al origen social de los trabajadores y a variables como el género, la edad, la participación en actividades no regladas, y la adquisición de competencias blandas. Está demostrado que los condicionantes culturales y sociales ejercen influencia sobre los estudios elegidos y, por tanto, sobre la existencia de sobrecualificación; según un estudio de Barone y Ortiz (2011) en España, estos resultados están claramente identificados y ejercen una influencia directa.

Por otra parte, existen trabajos que subrayan que las mujeres suelen estar más sobrecualificadas, demostrándose, por tanto, la existencia de un desajuste por género (Verhaest & Omey, 2010).

¿Por qué ocurre esto?

Tal y como puede observarse, esta cuestión tiene dos facetas que pueden ayudar a explicar la situación. Una de ellas está vinculada al sector productivo español y, la otra, lo está a la enseñanza universitaria.

Las características del sistema productivo español, con un elevado porcentaje de empresas pequeñas y medianas y una especialización productiva poco centrada en actividades en conocimiento, definen, por sí mismas, un perfil en los puestos de trabajo demandados. Es decir, los factores culturales y la situación de la economía española ejercen una influencia relevante en la oferta laboral del mercado.

La otra cara que explica esta cuestión está vinculada con la formación universitaria. En este caso queremos centrarnos en las competencias que adquieren los estudiantes universitarios para el desarrollo de un puesto de trabajo vinculado a su formación. En este sentido, hay que tener en cuenta que la formación inicial universitaria es una señal de advertencia para los empresarios (de acuerdo con los premios Nobel Spence, Stiglitz y Akerlof), ya que el que oferta el puesto de trabajo asume que existe una relación positiva entre el nivel educativo y las habilidades para el puesto de trabajo. Ello afecta a las personas con niveles educativos inferiores, especialmente, en situaciones generales de la economía que llevan a que el empleo creado no sea capaz de atender a todos los que demandan un puesto de trabajo. Por otra parte, los que buscan trabajo acceden a puestos que requieren menor cualificación, ante la ausencia de puestos en línea con su formación. No obstante, este argumento también podría analizarse desde otra perspectiva; en ocasiones, se ha escuchado que el nivel de conocimientos real de los estudiantes universitarios no corresponde con lo que se espera por su formación, y se les recrimina que los que acceden al mercado laboral tras finalizar sus estudios universitarios no poseen las competencias adecuadas y necesarias para acceder a puestos de trabajo de alta cualificación. Según la OCDE, y de acuerdo con lo señalado en el Programa para la Evaluación Internacional de las Competencias de los Adultos (PIAAC, de 2012(6)), parece que escasean los universitarios con un nivel alto en el desarrollo de competencias, lo que evidencia que las universidades debemos estar más atentas a estas cuestiones.

Por ello ambos conceptos provocan un círculo del que, en ocasiones, es difícil salir, pero que requiere necesariamente llevar a cabo acciones conjuntas entre la oferta universitaria de calidad y las necesidades del sistema productivo.

En mi opinión, hay varias acciones que, desde las universidades, deberían debatirse si deseamos buscar minimizar la sobrecualificación en España. Una de ellas es fijarse en algunas de las medidas fijadas por la Comisión Europea dentro de su Estrategia 2020, cuando señala que se debe aproximar la formación al mercado laboral, proponiendo fomentar la formación profesional como una forma de acoplar la oferta y la demanda de empleo.

Otra posible acción a desarrollar es que las universidades sean capaces de responder con rapidez a las oportunidades cambiantes del mercado laboral. Para ello, el contenido práctico del grado y una adecuada formación continuada que permita anticiparse a las oportunidades laborales me parecen decisivas. A ello habría que añadir, por parte de las universidades, el impulso de las lanzaderas de empleo y la creación de comités formados por profesionales y académicos, que valoren las nuevas oportunidades que ofrece el mercado laboral y la necesidad de tomar medidas para adaptarse a ellos. Evidentemente, todo ello pasa necesariamente por aumentar la autonomía universitaria, de manera que cada Universidad emprenda acciones que faciliten un mejor ajuste entre la oferta educativa y la demanda del mercado laboral.

Para terminar, me gustaría resaltar que la sobrecualificación consiste en un desajuste y que este se produce en España más de lo que sería deseable por lo que, evidentemente, constituye un problema del mercado laboral español sobre el que convendría tomar medidas para su resolución.


Notas

(1) Datos de abril de 2017 tomados de http://ec.europa.eu/eurostat.
(2) Datos tomados de https://www.mecd.gob.es/mecd.
(3) El Servicio Público de Empleo Estatal señala que el 34,4% de los contratos realizados en 2016
con graduados universitarios no requerían dicho nivel de formación.
(4) http://www.ine.es
(5) Información de la página web el 19 de marzo de 2018.
(6) http://www.oecd.org/skills/evaluaciones-de-competencias/evaluaciondecompetenciasdeadultospiaac.htm


Referencias

– Barone, C., & L. Ortiz (2011): «Overeducation among European University Graduates: a comparative analysis of its incidence and the importance of higher education differentiation», Higher Education, 61(3), 325-337.
– Herrera Cuesta, D. (2017), “Empleabilidad versus sobrecualificación. Desajuste entre formación y empleo en las trayectorias laborales de los jóvenes titulados en España”, Sociología del trabajo nº 89, Invierno, pp. 29-52
– Ramos, M. (2017), “Sobrecualificación y desempleo juvenil. Dinámicas de inserción laboral de los titulados universitarios”. Observatorio Social de “La Caixa”, abril.
– Verhaest, D. y Omey, E. (2010); “The determinants of overeducation: different measures, different outcomes?” International Journal of Manpower, 31(6), pp. 608–625.

Fuente: Cuaderno de Trabajo 10 de Studia XXI, “Universidades y Empresas: Apuntes para crear sinergias con sentido“.

Comentarios
  1. Carmen Aranegui dice: 09/07/2019 a las 10:55

    Este ajustado análisis explica perfectamente una situación que compete a la universidad, en general y en particular. Aunque, en nuestro caso, una y otra se mantengan al margen del alarmante cuadro de empleabilidad de universitarios.

  2. Jose Vidal dice: 09/07/2019 a las 16:24

    La situación del mercado de trabajo español responde a factores económicos estructurales y otros de tipo coyuntural que tienen poco que ver con la formación universitaria. En el primer caso, la legislación del mercado laboral española es notoriamente disfuncional, tal y como vienen reportando desde hace años los especialistas en economía laboral. Hay un amplio consenso entre los académicos sobre la conveniencia de un contrato único (http://nadaesgratis.es/bentolila/el-contrato-unico-lo-que-es-y-lo-que-no), y en el segundo hay que considerar el proceso de amortización de deuda desarrollado por el sector privado desde el año 2007, y el sector público todavía tiene mucho esfuerzo que realizar. La universidad puede mirar al mercado laboral, pero lógicamente no debería condicionar sus programas por problemas que le son ajenos. Esto sería como dejar de fabricar tiritas porque no hay médicos.

    Por otro lado, no deberíamos centrarnos en la situación del empleo universitario en España. Es importante observar que estamos en un mercado europeo, y universitarios bien cualificados deberían mirar al mercado europeo. Limitar el concepto de mercado de trabajo a España entraña cierta miopía. La universidad española debería ofrecer la oportunidad de formarse y emigrar si es necesario (y cuando las condiciones de la economía española mejoren cabe esperar que un porcentaje de este talento internacional regrese). La jubilación del Baby-Boom es presumible que reduzca el exceso de demanda de empleo cualificado, incrementando los salarios. Mi impresión es que las mediciones de sobre-cualificación son cortoplacistas, y no miran las necesidades del mercado a medio y largo plazo. Lenta pero inexorablemente, los trabajos poco cualificados y medianamente repetitivos están siendo sustituidos por máquinas (ya ha pasado en fábricas, y empieza a pasar en servicios); tal vez es una impresión sesgada, pero me resulta difícil pensar en sobre-cualificación cuando miro al futuro a medio plazo de un estudiante actual.

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