Nacer a (des)tiempo: mes de nacimiento y éxito universitario
¿De qué dirían que depende la finalización de estudios universitarios? Sabemos que los jóvenes de clases altas tienen una mayor probabilidad de ir a la universidad que los de extracción social baja, incluso cuando su rendimiento en las etapas previas es el mismo. Sabemos que las mujeres tienen una mayor probabilidad de finalizar un grado universitario, como también lo tienen las personas nacidas en España en comparación con quienes han nacido fuera. Factores como el divorcio de los progenitores, el tamaño de la familia, o la posición entre los hermanos también juegan un papel.
Hoy les voy a hablar de otro factor quizás menos conocido: el mes de nacimiento. Dicho efecto nada tiene que ver con el mes per se (ni con el signo zodiacal). La clave está en la edad del alumno en el momento de iniciar la educación regalada.
Mes de nacimiento y edad a la entrada al sistema educativo
En España, la norma de acceso al sistema educativo es sencilla: todos los alumnos comienzan la Educación Primaria en septiembre del año académico en que cumplen seis años. Decimos, por tanto, que la fecha de corte con la que se organizan las cohortes escolares es el 1 de enero, y que éstas coinciden con el año natural.
A diferencia de muchos otros países, la norma se implementa de manera estricta en España, no siendo posible retrasar (práctica conocida como redshirting) o adelantar (greenshirting) la entrada al sistema educativo. Como resultado, un individuo que nazca el 31 de diciembre de 2025 empezará la Educación Primaria en septiembre de 2031, teniendo 5 años, ocho meses y 1 día. Ahora bien, quien nazca un día después, el 1 de enero de 2026, empezará la Primaria en septiembre de 2032, teniendo 6 años y ocho meses. Ya lo ven, un día de diferencia en la fecha de nacimiento implica prácticamente un año de diferencia en la edad con la que ambos alumnos empezarán la Primaria.
Ese año de diferencia representa el 17,6% del tiempo que el joven nacido el 31 de diciembre habrá vivido al momento de iniciar la escolarización obligatoria, lo que supone un desarrollo madurativo significativamente menor.
Es por tanto evidente la gran ventaja escolar que supone haber nacido inmediatamente después de la fecha de corte, al menos en los cursos iniciales.
¿Y retrasar nacimientos?
Como no se puede retrasar o adelantar la fecha de entrada al sistema educativo en España, una vez el individuo ha nacido, la suerte está echada. Eso crea un fuerte incentivo para que los progenitores conocedores de este efecto y que, por azar, les toca dar a luz en entorno al 1 de enero, traten de retrasar ligeramente el nacimiento, ¿no creen? Así aseguran para sus hijos la ventaja de ser mayor dentro de su cohorte escolar.
Les puedo decir que hay evidencia de este comportamiento en países como Japón, Corea del Sur, China, Noruega o Argentina. En España, en cambio, los progenitores no adelantan o retrasan nacimientos en respuesta a la fecha de corte con la que se organizan las cohortes escolares, aunque sí lo hacen para beneficiarse de otras políticas públicas [1].
El efecto del mes de nacimiento sobre el rendimiento escolar
Volviendo a lo que nos interesa, es evidente que ser un año mayor en el momento de empezar la Educación Primaria facilita la vida escolar. Sé que quizás esto les diga poco, pero ese año de diferencia supone una ventaja de un tercio de una desviación típica en cuarto de Primaria [2]. Créanme cuando les digo que la magnitud del efecto es muy notable y que, además, es bastante estable a nivel internacional.
En España, los jóvenes de enero aventajan a los de diciembre porque el corte es el 1 de enero. En Reino Unido, la ventaja es para los de septiembre sobre los de agosto (corte 1 de septiembre) y en Japón, para los de abril sobre los de marzo (corte 2 de abril).
¿El efecto se diluye con la edad?
Ahora bien, seguro que coinciden en pensar que, por muy obvia que sea esa diferencia madurativa al inicio de la Primaria, ésta irá desapareciendo conforme los alumnos crezcan, haciendo que el diferencial de rendimiento se reduzca. Así ocurre, aunque hay que hacer varias matizaciones.
La primera, la equiparación de los niveles de rendimiento no ocurre igual para hombres y para mujeres. Mientras que en 2º de la ESO el efecto del mes de nacimiento ha desaparecido entre las mujeres, aún pervive entre los hombres [2].
La segunda, el peor rendimiento durante las etapas iniciales puede afectar a otras variables antes de que los niveles madurativos se igualen. Por ejemplo, cuando se mide experimentalmente la disposición al esfuerzo de alumnos de 5º de primaria, los alumnos nacidos en enero muestran una mucho mayor disposición que los nacidos en diciembre [3]. Asimismo, los progenitores ajustan sus expectativas de finalización de estudios universitarios a estas diferencias tempranas de rendimiento provocadas por el mes de nacimiento [4].
Aspectos como desarrollar una menor disposición al esfuerzo y expectativas menos ambiciosas por parte de los progenitores pueden hacer que el efecto del mes de nacimiento persista aunque los niveles madurativos se igualen.
La tercera, si el efecto del mes de nacimiento sobrevive el tiempo suficiente, los alumnos comenzarán a tomar decisiones educativas antes de que éste desaparezca, como por ejemplo abandonar tempranamente la educación [5]. Si los alumnos de diciembre tienen una mayor probabilidad de abandono escolar, ese efecto se trasladará al logro educativo final.
Mes de nacimiento y estudios universitarios
Efecto sobre la probabilidad de completar la universidad
Así pues, y pese a que los niveles madurativos de unos y otros alumnos se equiparen mucho antes de la entrada a la universidad, es perfectamente posible que el efecto del mes de nacimiento se observe en la probabilidad de completar estudios universitarios.
¿Cómo comprobarlo? Pueden recurrir a los microdatos del censo de población. Si solicitan el día exacto de nacimiento al Instituto Nacional de Estadística, podrán comparar la probabilidad de que personas nacidas unos días antes y unos días después de un 1 de enero cualquiera hayan completado estudios universitarios. Háganlo para varios años y luego promedien los resultados.
Lo que verán es que los hombres nacidos en los primeros días de enero tienen una probabilidad de finalizar estudios universitarios 2.5 puntos porcentuales superior que quienes nacen en los últimos días de diciembre. Verán también que entre las mujeres no hay efecto [6].
Efecto sobre el campo de estudios
Además, pueden usar la información sobre el campo de estudios para ver si también hay diferencia en la probabilidad de completar esos estudios universitarios en un campo STEM (ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas). Verán que, en este caso, la probabilidad de que los hombres nacidos en enero completen sus estudios universitarios en STEM es 6 puntos menor que la de los nacidos en diciembre. Insisto, menor. Y, de nuevo, no verán efecto entre las mujeres [6].
Nacer a principios de enero en vez de a finales de diciembre incrementa la probabilidad de completar estudios universitarios, pero reduce la probabilidad de finalizar esos estudios en un campo STEM.
¿Cómo interpretar conjuntamente ambos resultados? Una posible explicación es que la edad relativa al ingresar al sistema educativo es relevante fundamentalmente para los estudiantes en la parte baja de la distribución de rendimiento. La desventaja de nacer en diciembre consolida su mal rendimiento, haciendo difícil que completen estudios universitarios. En cambio, nacer en enero les da a algunos de ellos el empujón necesario y suficiente para acceder a la universidad, para lo cual se valen de grados en campos de estudio más accesibles con el objetivo de maximizar su probabilidad de éxito.
Conclusión
Espero haberles convencido de que la cuestión no es irrelevante, y que el efecto del mes de nacimiento se aprecia no solo en los cursos iniciales de la Primaria, sino también en la educación universitaria.
Hay trabajos que han llegado a documentar dicho efecto en la composición del Congreso de los Estados Unidos o entre los CEOs de las grandes compañías americanas.
¿Qué hacer entonces para revertir este efecto? Primero, resístanse a la tentación de querer retrasar la edad de acceso a la Primaria. Si en lugar de empezar en el año en que se cumplen 6 años, lo hacemos en el año en que se cumplen 7, el problema es el mismo: los que nazcan justo antes del 1 de enero tendrán 6 años y 8 meses al empezar, y los que nazcan justo después, 7 años y 8 meses. Pese a que el año de diferencia representa una diferencia madurativa menor a los 7 años, la ganancia es muy menor. Lo mismo vale si lo que se decide es cambiar la fecha de corte a un mes posterior; por ejemplo, septiembre en lugar de enero.
Resístanse también a la tentación de querer fijar reglas de entrada distintas para hombres y para mujeres, obligando a los primeros a ingresar más tarde. Eso tampoco solucionaría nada porque el efecto del mes de nacimiento es muy parecido en los cursos iniciales para ambos sexos. Para revertir ese diferencial de género hay que actuar sobre los mecanismos que hacen que el efecto perviva entre hombres mientras que desaparece entre las mujeres.
Flexibilizar la implementación de la norma
Algunas propuestas que podrían ser más efectivas son las siguientes. Por un lado, podríamos flexibilizar la implementación de la norma de acceso, permitiendo que se retrase un año la incorporación al sistema educativo si se considera que el desarrollo madurativo del niño o la niña aún no es el suficiente.
¿Cómo corregimos hoy en día el haber obligado a iniciar la Primaria a alumnos con un desarrollo madurativo insuficiente? Les hacemos repetir en 2º de Primaria. De ahí la gran diferencia en las tasas de repetición en 2º de Primaria entre los nacidos en enero y diciembre. Devolvemos al curso adecuado a esos alumnos jóvenes que empezaron con un nivel madurativo insuficiente, pero con el estigma de la repetición encima. ¿No sería mejor identificar esos casos antes de empezar la Primaria y retrasar su entrada al sistema educativo?
Eso sí, en caso de flexibilizar la norma, convendría no dejar la decisión totalmente en manos de los progenitores. Sabemos que, en ese caso, serán fundamentalmente aquellos de clases medias y altas (mejor informados) quienes harán uso de esa mayor flexibilidad. Ahora bien, el 95% de los niños y niñas en España asisten al segundo ciclo de Educación Infantil. Así pues, los docentes podrían ofrecer a las familias al final de esta etapa una evaluación sobre si retrasar un curso el comienzo de la Primaria sería beneficioso.
Otras propuestas
Asumiendo que es difícil evitar que existan diferencias madurativas entre los alumnos de una misma cohorte de ingreso, se ha propuesto ponderar al alza el rendimiento de aquellos alumnos en desventaja por su mes de nacimiento, al menos en los cursos iniciales.
Quizás mejor que ello sería desarrollar programas de acompañamiento para los alumnos más jóvenes de cada cohorte. Ese apoyo adicional compensaría los déficits madurativos hasta que estos desaparezcan, evitando que se conviertan en déficits de aprendizaje.
Asimismo, sería fundamental que la investigación académica acumulada a este respecto se incorpore dentro de los programas formativos de los maestros. A todos ellos les es evidente la diferencia madurativa entre los alumnos de enero y de diciembre en Infantil y Primaria. Pero a la mayoría les son desconocidas las consecuencias últimas de tales diferencias iniciales.
Tener conocimiento del efecto real del mes de nacimiento es fundamental para desarrollar estrategias eficaces en el aula con las que gestionar esa heterogeneidad.
Lo cierto es que, hoy por hoy, la lotería del mes de nacimiento perjudica a algunos alumnos y beneficia a otros, dejando una huella que perdura enormemente en su vida académica. Espero que esta entrada sirva para visibilizar el problema y anime a tomar medidas que reduzcan el efecto a largo plazo del mes de nacimiento.
Los resultados a los que se hace referencia en la presente entrada han sido extraídos de un conjunto de investigaciones dedicadas al estudio del efecto del mes de nacimiento sobre la trayectoria educativa.


El autor ha encontrado una paradoja extraordinaria: estudiantes nacidos en los últimos meses acceden menos a la universidad que los nacidos en los primeros meses, pero acceden más a carreras STEM. La hipòtesis de que ello sea debido a que los estudiantes «mayores» de menor rendimiento académico previo accederían a la universidad, pero evitando carreras de alta dificultad es razonable. Sin embargo, me parece que cabría añadir la idea de que probablemente los estudiantes «más jóvenes» accediendo a la universidad serían los de mejor rendimiento previo, con lo que la proporción eligiendo carreras STEM es esperable que sea mayor.
Enhorabuena por el análisis y las conclusiones. Siempre es un placer leer a Manuel Valdés.
Enhorabuena, Manuel, como siempre una entrada muy interesante y propositiva. Ojalá se implementen o consideren por los policy-makers algunas de la soluciones que propones.
En Alemania los niños acceden a primaria siempre que tengan 6 años cumplidos, el día que acceden. Por lo que los niños nacidos en el último trimestre de año acceden un año más tarde al colegio. Desconozco si está circunstancia se ha tenido en cuenta en los estudios y que efecto tiene.
En Portugal ya se han dado cuenta https://www.infolibre.es/politica/portugal-salvar-desventaja-escolar-nacer-diciembre_1_2060283.amp.html.
En España en temas educativos vamos siempre tarde.