¿Policía o guía? Cuando la IA escribe tu propuesta de tesis

Abro el email. Recibo un correo con una dirección desconocida. Por el titulo se vislumbra el motivo. Se trata de un posible estudiante de doctorado que solicita ser admitido al programa de la universidad.

Hay dos adjuntos, uno con su CV y otro con su propuesta de investigación. Hasta aquí, nada raro. Muchos de nosotros como profesores seniors recibimos semanalmente varios de estos correos. Incluso leemos con detalle y cierta inquietud lo que nos envían.

Particularmente estos mensajes me hacen recordar cuando era una joven investigadora, con más ganas que conocimientos, y que escribía correos a profesores internacionales para hacer estancias o pedir colaboración en algún tema concreto. Por empatía, siempre contesto este tipo de correos.

Un estudiante interesado en mi investigación

Sigo leyendo detalladamente el correo. Es de un estudiante chino. Desconozco si chico o chica porque no sé chino ni figura foto en su CV. Copio y pego su nombre en internet y mi sorpresa es mayúscula cuando salen aproximadamente el mismo número de fotos de chicos que de chicas. Me fijo y es que depende de qué palabra sea el apellido y qué palabra sea el nombre, porque el orden sí altera el género en este caso.

El cuerpo del mensaje está muy bien escrito, en un inglés académico casi perfecto. Además, no es un correo masivo, porque está muy detallada la idea de que quiere basarse en una investigación mía, referenciando cómo mis objetivos, metodología y contribución pueden ser útiles para su idea. Hasta aquí, nada anormal. Realmente es lo que se tiene que hacer cuando un estudiante se dirige a un profesor universitario para un tema académico. Además, lo ideal es que el futurible supervisor o director de tesis sea experto en un área que es el tema elegido por el doctorando para su tesis doctoral.

Descifrando el enigma

Mi sorpresa es mayúscula cuando, después de una breve introducción de su formación básica, reseña el título de mi artículo. No coincide exactamente con ninguno de los que publicado.  “Are Key Audit Matter Disclosures Useful?” no se titula ningún artículo mío publicado. Pensé: ¡ha podido ser una errata, lo ha acortado para reducir espacio!.

El título real del artículo que referencia se titula “Are key audit matter disclosures useful in assessing the financial distress level of a client firm?”, publicado en la British Accounting Review con los profesores Muñoz-Izquierdo, Wellmeyer y Pincus, la primera, una doctoranda española y los dos segundos, colegas de la UCI en California. Hasta aquí, algo raro parece.

El enigma se acrecienta cuando entro a leer la propuesta de investigación en el archivo adjunto. Cuando voy a las referencias leo lo siguiente: Camacho-Miñano, M.M., Segovia-Vargas, M.-J., Pascual-Ezama, D. and Urquía-Grande, E. (2024) ‘Do key audit matters predict financial distress? Evidence from European firms’, European Accounting Review, forthcoming.

El título referenciado no coincide con el que se recoge en el artículo, ni coincide con el de las referencias. Tampoco los autores son los autores del artículo, aunque son tres amigos y colegas de mi universidad con los que tengo algunos artículos publicados, pero no con los tres a la vez. Me intriga sobre manera el tema. También la revista es distinta, aunque, si me pongo a recordar, alguna vez enviamos un artículo que nos rechazaron. Busco en internet, no vaya a ser que se me haya traspapelado, aunque claro, con lo que cuesta publicar en esas revistas de alto impacto, me sorprendo de mi ocurrencia al copiar y pegar el título en el buscador. ¡Un artículo publicado de gratis!

La IA se interpuso en nuestro camino

Después me voy al texto, a leer la propuesta propiamente dicha. Se trata de una buena propuesta. Si no fuera porque vivimos en la era de la IA, a este estudiante le hubiese dicho que sí, que le dirigiría la tesis doctoral.

El tema es interesante, viene a ampliar un estudio de más de 5 años desde que lo inicié hasta que lo publiqué. Me dieron una beca y pude ir a Estados Unidos. Disfruté mucho esta investigación. En su momento fue novedoso y lo conseguí publicar bastante bien, en una revista de referencia en mi área. Al leer el texto me encuentro la siguiente frase: “Camacho-Miñano, Mora, Orgaz-Guerrero and Segovia-Vargas (2024) further document that KAMs can provide predictive insights into financial distress, thereby conveying value-relevant signals beyond the financial statements”. Es decir, que el nombre de los autores tampoco coincide ni con el original, ni con el de las referencias bibliográficas.

El uso de la IA no es neutral

Con esta anécdota me gustaría poner sobre la mesa el debate sobre el impacto de la IA en la ciencia. Como director de tesis me desagrada sobre manera lo sucedido. Me he dado cuenta de que el artículo no lo ha leído. Me ha mandado un correo una persona que no se ha tomado la delicadeza de leer un artículo cuando quiere que, al menos durante tres años de doctorado trabajemos juntos. Y este tema tiene muchas implicaciones porque yo no soy un policía. Me he dado cuenta porque es mi trabajo el que está mal citado. Pero ¿tengo yo que revisar la veracidad de todas las citas de una tesis o de un artículo para revisar?

A hombros de gigantes

Como decía Robert Merton, las citas son muy importantes ya que dan el mérito a quién ha pensado esa idea, y yo como usuario de esa cita “me apoyo en hombros de gigantes” para que la idea se mejore y la ciencia siga avanzando. ¿En qué hombros nos apoyamos? ¿Son realmente gigantes o espejismos? Ahí dejo la pregunta. Que cada cual piense su respuesta. El debate está abierto. No quisiera demonizar la IA sino todo lo contrario. Se trata de una herramienta de eficiencia en tiempo y esfuerzo pero no deja de ser una herramienta más, una asistencia artificial, un apoyo, un copiloto. El problema es que si el copiloto tiene las coordenadas erróneas, ¿hacia donde vamos?.

 

 

Comentarios
  1. Juan A. Marin-Garcia dice: 09/12/2025 a las 12:51

    El problema no es del copiloto (o mejor llamarle herramienta porque no es un copiloto, por mucho que sus desarrolladores quieran denominarlo así porque vende mejor o más). El problema es del piloto. Si el piloto decide estrellar el barco contra el iceberg, no es problema del barco, ni del iceberg. Las tecnologias no son «neutras» eso es cierto, pero el uso (o no uso) que decide darle cada persona es lo que determina el impacto.

  2. Carolina López Castillo dice: 10/12/2025 a las 01:41

    ya es buena pero hay que usarla con moderación, pero no creo reemplace la creatividad humana

  3. Abe dice: 10/12/2025 a las 22:47

    El uso de la IA como herramienta y «apoyo» académico, es interesante, siempre y cuando se verifique la información dada por la IA. No es el «santo grial», pero sí puede ser una forma de ayuda para estudios y trabajos…pero es sólo eso, un «programa», código «escrito» por el humano y como «programa «humano», comete fallos, genera errores, etc. No por ello debemos «sentenciarlo» al fracaso, tiempo al tiempo, aprenderá (la IA y sus programadores/as) e irá mejorando, facilitando la vida a sus usuarios/as. Aunque sí es cierto que el «abuso» y «mal uso» (como ocurre con otras tecnologías) es el problema.
    Se necesita educar, formar e informar sobre su correcto uso y adecuado para las acciones y usos que le demos.

  4. Daniel Ricardo Campuzano Bolaños dice: 15/12/2025 a las 02:22

    Lo mejor es cerrar completamente las puertas al uso de la IA como generadora de textos académicos. Muchos investigadores romantizan el tema indicando que debe usarse IA con moderación. pero eso no existe. Saludos cordiales

  5. […] propia experiencia docente nos ha señalado que los modelos de IA pueden afinarse mediante aprendizaje activo (active […]


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