Presente y futuro de las humanidades (I): Más allá del catastrofismo y el proteccionismo

¿Cuál es el sentido y el valor de las humanidades en los inicios del siglo XXI? ¿Están estos estudios realmente en crisis? ¿Por qué la democracia necesita las humanidades? ¿Cómo facilitar y promover el gozo intelectual de las disciplinas humanísticas, en un mundo altamente tecnificado y utilitarista? ¿Son las humanidades todavía portadoras de criterio válido para reconocer el valor de lo que es humano? ¿Deberíamos rescatar la unidad del conocimiento e integrar ciencia, tecnología y humanidades? ¿Los sistemas educativos y la educación superior deben favorecer la formación integral y las sinergias entre ciencia, tecnología y humanidades? ¿Cómo hacerlo posible en un contexto académico de hiper especialización?

Se abre el debate: humanidades, educación universitaria e investigación

Estas son algunas de las cuestiones que nos movieron, tanto a la Asociación Catalana de Universidades Públicas (ACUP) como a la Red Global de Universidades para la Innovación (GUNi), hace ya unos dos años y medio, a emprender un largo viaje de análisis y debate sobre el presente y el futuro de las humanidades. El foco lo situamos en la educación universitaria y la investigación. Pero sin descuidar el contexto de las humanidades en la sociedad en general y en todas las etapas y estadios de los sistemas educativos.

Los principales resultados de todo ello se han plasmado en tres actividades, con sus respectivas publicaciones:

A fin de recorrer este camino, nos pusimos a trabajar bajo la dirección académica de un equipo de expertos: Marina Garcés (filósofa), David Bueno (biólogo), Josep Casanovas (tecnólogo), Joan Manuel del Pozo (filósofo), así como un comité asesor internacional formado por Rosi Braidotti, Gemma Derrick, Axel Didrixson, Arne Jarrick, Peter Okebukola y Alireza Omidbakhsh.

Cómo analizar el futuro de las humanidades

¿Cuáles han sido las bases sobre las que se ha asentado el trabajo académico durante estos años? En primer lugar, hemos huido deliberadamente de tres aproximaciones recurrentes cuando se analiza el futuro de las humanidades en general.

La primera, de carácter metodológico: hemos querido nombrar como directores académicos a personas con perfiles distintos. Y, además, en cierto modo complementarios: humanistas, pero también científicos experimentales y tecnólogos. Por tanto, hemos eludido de modo expreso el análisis de las disciplinas humanísticas solamente desde el punto de vista de académicos de estas materias.

En segundo lugar, nos hemos situado de forma explícita lejos de un posicionamiento muy extendido que podemos denominar catastrofista. Evitamos el lamento de ‘todo lo que se está perdiendo’ y la alerta de las consecuencias éticas, políticas, sociales o culturales si abandonamos las humanidades.

Finalmente, y, en tercer lugar, también hemos rehuido el tan reclamado proteccionismo. Todo aquello dirigido a ‘conservar y preservar’ el espacio institucional y académico de los que tradicionalmente, desde la división epistemológica de los saberes, hemos entendido como las humanidades.

Asimismo, no hemos concebido las disciplinas humanísticas como un conjunto de saberes antiguos. Todo lo contrario: saberes (de la época que sean) estrechamente conectados con lo humano y con el hombre en sociedad y sus problemáticas, sus retos, expectativas, gozos.

En este sentido, entendemos que las humanidades nos ayudan a interpretar el pasado, a afrontar el presente y a proyectar el futuro (o posibles futuros). A tomar conciencia de los límites humanos, a abrazar las libertades, la justicia, la equidad y el respeto por los demás. A gozar del arte y la naturaleza. A interpretar y contextualizar los avances científicos, así como los límites y la ética de la tecnología.

La unidad del conocimiento y las sinergias entre disciplinas

Parafraseando a Joan Manuel del Pozo, si humanistas como Platón, Cicerón o Montaigne vivieran en nuestra época, no sólo se interesarían por cuestiones tradicionalmente vinculadas a lo que conocemos como disciplinas humanísticas (historia, literatura, filosofía, filología, arte, cultura,…). Sino que también lo harían por aquellos saberes contemporáneos de nuestra sociedad. Se interesarían por disciplinas como la sostenibilidad, la ciencia experimental, la inteligencia artificial, los contenidos mediáticos e internet, la economía y la política.

Ello nos conduce a otra de las bases de nuestra aproximación. Se trata de una apuesta inequívoca por la unidad del conocimiento humano, la formación interdisciplinar y las sinergias necesarias entre ciencia, tecnología y humanidades.

Coincido con Pedro Olalla cuando en una de las conferencias del ciclo de reflexión señalaba que la actitud humanista se basa en una profunda preocupación por el hombre en el mundo. En una extraña confianza en su capacidad para escoger libremente aquello que es bueno. En un esfuerzo rebelde para defender la dignidad de cada ser humano y en una fuerza interior que nos empuja a ser mejores.

Con todos estos mimbres hemos trabajado intensamente para intentar plantear cuestiones relevantes. Para dibujar propuestas de futuro para fortalecer las humanidades en un mundo altamente complejo, interconectado y tecnificado como el nuestro, en los inicios del siglo XXI.

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Comentarios
  1. Enric Verdù Vilalta dice: 27/04/2020 a las 22:35

    Es un propòsito de vital importancia esta comunion de tècnica. Investigaciòn desarrollo y humanidades oara conocer más sibre donde estamos. Hacia dinde vamos
    Felicito esta genial comuniòn de conocimientos
    Bravo

  2. […] mi artículo anterior (Presente y futuro de las humanidades (I): Más allá del catastrofismo y el proteccionismo) exponía el extenso trabajo llevado a cabo por la Asociación Catalana de Universidades Públicas […]


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