¿Qué puede enseñar Jurassic Park a la Universidad?
La primera aventura jurásica de Steven Spielberg, Jurassic Park (1993), está repleta de enseñanzas para la actividad universitaria, especialmente en lo que se refiere a investigación, creación de patentes y transferencia de conocimiento a la sociedad.
La enseñanza fundamental del filme podría glosarse del siguiente modo: recuerda cómo es la realidad y cómo eres tú (lección que, de ordinario, debiera encontrarse en toda buena obra poética). La idea, aparentemente muy amplia, ya estaba presente en el original literario de Michael Crichton. Visitemos sus páginas por un momento.
Ya avanzada la visita a Isla Nublar, el Dr. Ian Malcolm (matemático) tiene una conversación con la Dra. Ellie Sattler (paleobotánica). Los responsables científico-técnicos del parque, entre los que destacan el Dr. Henry Wu (genetista) o John Arnold (ingeniero), se han esmerado en mostrar a los visitantes/consultores que en el parque todo funciona a la perfección y está completamente bajo control.
A lo largo de sus exposiciones, Malcolm ha realizado sencillas preguntas que, por lo general, tenían por respuesta la robustez sistémica de las instalaciones, de los protocolos de trabajo y de la concepción del parque en general.
Como todos sabemos, el disgusto de un trabajador del parque por su salario, Dennis Nedry, es el origen de la cadena de hechos que, en interacción con otros aspectos precarios del zoo de dinosaurios, desencadenan la tragedia insular.
Crítica a la razón instrumental: la «inexisteligencia»
Malcolm descubre que el parque es un polvorín a punto de saltar por los aires y ello lo atribuye a la estrechez de la mirada “ingenieril” desde la que se ha pensado este lugar insólito. Las palabras del doctor en matemáticas son las siguientes: “Él [Arnold] está bien. Es un ingeniero. Dr. Wu, lo mismo. Ambos son técnicos. No tienen inteligencia. Tienen lo que denomino «inexisteligencia»; ven la situación inmediata; piensan con estrechez, y a eso le llaman «estar concentrado en un concepto».
No ven lo que los rodea; no ven las consecuencias. De esa manera es como se llega a conseguir una isla como ésta. Como consecuencia del pensamiento ininteligente: porque no se puede fabricar un animal y después esperar que no actúe como si estuviera vivo, que no sea imprevisible, que no se escape. Pero no lo ven” (Crichton, 1995, p. 336).
Malcolm sí lo vio. La novela, y también la película, quieren que nosotros lo veamos. No hay que olvidar que Crichton se pagó la carrera de Medicina con el dinero que ganaba vendiendo sus novelas, de modo que esta crítica a la razón instrumental no proviene de una persona de letras puras que desconoce el mundo de la ciencia empírica.
Crichton es un humanista, como Spielberg. Ambos nos enseñan algo que debe gobernar la actividad universitaria, especialmente en los campos que hemos reseñado más arriba: que la realidad circundante tiene sus propias reglas y que para comprenderla es preciso considerarla con amplitud de miras, admitiendo el carácter respectivo de las cosas.
La búsqueda de la verdad vs. el control de la realidad
No es lo mismo buscar la verdad que buscar el dominio y el control de la realidad. Los doctores Alan Grant (paleontólogo), Ellie Sattler e Ian Malcolm buscan la verdad cuando observan el parque, por ello las preguntas que dirigen al magnate y a sus singulares empleados tienen cada vez más un sesgo moral. John Hammond y los científicos e ingenieros de los que se rodea buscan dominar genética y conductualmente a estos seres extintos y ahora retornados artificialmente a la vida.
¿No es así algunas o muchas veces la investigación que se realiza en las universidades? ¿No es expresión de un deseo de control de la opinión pública, de las tendencias de compra de los “usuarios”, del comportamiento de los “ciudadanos”, del clima y los ritmos de la naturaleza, etc.?
La catarsis de John Hammond: una lección de humildad
Lo que busca la película es precisamente purificar nuestra mirada y lo hace a través del personaje que seguramente está más desorientado, pero, paradójicamente (o no tanto) es el que mayor agencia tiene: el multimillonario John Hammond, fundador, presidente y director de InGen, la empresa de ingeniería genética detrás del parque jurásico costarricense.
Como defiende un estudio reciente, la película muestra cómo un sujeto infantil, irresponsable y endiosado, como lo es Hammond, sufre un proceso de catarsis que le ayuda a cambiar por completo su visión idílica e irreal sobre su propio proyecto. La obra de Spielberg va exponiendo las diferentes etapas que atraviesa la transformación interior de Hammond, entre las que merece mucho la pena fijarse en la conversación del anciano con la Dra. Sattler en el restaurante del centro de visitantes.
Soluciones mecánicas para problemas más elevados
En esta escena, que sucede después del ataque del Tiranosaurio Rex, mientras Hammond come helado directamente de tarrinas de varios kilos cada una, Sattler le informa del estado médico de Malcolm.
El millonario parece quitar importancia a la situación de peligro mortal que atraviesan sus propios nietos, ya que tanto él como Sattler tienen la certeza de que los niños están acompañados de Grant, experto en dinosaurios. Entonces Hammond habla a la paleobotánica de la primera atracción que construyó cuando era solo un niño, Pettitcoat Lane, un falso circo de pulgas. “Pero en este lugar quería mostrar algo que no fuera una ilusión. Algo que fuera real. Algo que pudieran ver y tocar. Una idea no desprovista de mérito”.
Hammond opina que el fallo del parque ha sido la dependencia de la automatización, y eso se podría corregir en el futuro: “La próxima vez será perfecto”. Busca soluciones mecánicas a problemas más elevados. Sattler le responde con fuerza que este parque de animales exintos sigue siendo un circo de pulgas: “Nunca tuvo el control, esa es la ilusión. A mí me sobrecogió la fuerza de este lugar, pero también me equivoqué, no respeté esa fuerza lo bastante y ahora se ha desbordado”.
Aludiendo a las palabras del artículo citado más arriba, podemos decir que “Esta conducta contra natura no debe entenderse en un sentido exclusivamente ecológico, sino, en primer lugar, como una expresión de la desubicación cognitiva y afectiva del personaje, lo que ocasiona graves consecuencias personales y comunitarias que pueden valorarse desde categorías morales”.
El humanismo como salvaguarda de la ciencia
La cinta nos anima a pensar en cómo un grupo de universitarios de primer nivel puede crear un auténtico infierno en la tierra si cuenta con las suficientes dosis de dinero, insensatez y narcisismo, al tiempo que nos recuerda que hasta las mentes más “brillantes”, cuando no cuentan con una sólida formación humanística, pueden entregar sus habilidades, destrezas y conocimientos al servicio de todo aquello que amenaza con destruirnos.
La enseñanza de Jurassic Park no sirve solo para la universidad como institución, sino para todos nosotros en tanto universitarios que quieren vivir universitariamente, buscando la verdad y el bien de las cosas antes que su exclusivo dominio, manejo y disfrute.


Muchas gracias, Arturo. Me ha encantado tu reflexión…
Un abrazo.