Reflexiones estivales sobre la universidad en el metaverso

Últimamente se habla mucho del metaverso y los medios de comunicación no paran de escribir sobre ello.

Como distracción y ejercicio reflexivo del pasado mes de agosto he leído y recopilado algunos artículos de la prensa generalista (ni trabajos académicos ni científicos, estaba de desconexión estival) que hablaban sobre el metaverso, para conocer argumentos, a favor y en contra, e intentar traspasarlos al mundo educativo. Aquí van mis reflexiones. Léanse como lo que son: unas apreciaciones sesgadas por mis prejuicios, mi experiencia previa y por la línea editorial de la prensa que habitualmente leo.

Metaverso y universidades

Me interesa analizar el impacto que puede tener el metaverso en el sector de la educación, en general, y en las universidades, en particular. Y el resultado de este análisis me produce un sabor agridulce. Dulce porque, por fin, la tecnología educativa (edtech) puede ser el revulsivo que necesita el mundo de la enseñanza. Llevo desde finales del siglo pasado predicando el valor de la informática y de las tecnologías digitales, primero acogiéndome al EEES y el proceso de Bolonia, posteriormente a lomos de la Web 2.0 y el movimiento abierto, y finalmente embarcado en la transformación digital.

Mis charlas de este último año han empezado con un bloque que he titulado “expectativas insatisfechas” unas veces, y en otras ocasiones “promesas incumplidas”. Por contra, me viene un sabor agrio cuando veo que en la mayoría de los artículos que leo sobre el metaverso, el principal objetivo (y casi el único) es económico, con textos cargados de jerga marketiniana y con un tufo a vendedores de humo que echa para atrás a más de uno.

El tema del metaverso está atrayendo a buscadores de oro y esto mismo puede frenar a profesionales cautos que quieran revolucionar su sector y aprovechar todo el potencial de estas tecnologías.

Espero que esta entrada sirva a estos últimos, para que no rechacen de primeras el potencial del metaverso en la universidad.

¿Qué hay de nuevo, viejo?

Mi primera reflexión es que la idea de metaverso no es nueva y tengo la sensación de haber vivido ya esta situación. En 2003 fue lanzado Second Life y, cuando en 2005 fui nombrado vicerrector de Tecnología e Innovación Educativa de la Universidad de Alicante, me encontré con la fiebre por abrir espacios universitarios en este mundo virtual. Hoy en día los jóvenes no lo conocen, dudo que haya universidades españolas que sigan activas y, desde luego, las expectativas no se han cumplido. Esto es bastante habitual en el mundo de la tecnología. Ya lo dice la Ley de Amara, sobreestimamos su impacto en el corto plazo y lo subestimamos en el largo plazo.

¿Será el metaverso el largo plazo de Second Life?

Similarmente el Hype Cycle añadió a la gráfica clásica de la evolución de la madurez tecnológica un pico inicial de expectativas sobredimensionadas, para caer después en un abismo de desilusión antes de llegar a la ansiada meseta de productividad. Por tanto, no quiero ni dejarme llevar por la euforia ni ningunear al metaverso. A ver si consigo este equilibrio.

Casi todos los textos que he leído coinciden en que el metaverso aportará una experiencia más inmersiva que el actual internet, e incluso que los videojuegos. Esto nos lleva a un elevado coste de computación y una enorme exigencia en la sincronización y las conexiones que aún está lejos de conseguirse con carácter generalizado. Pero, incluso cuando los aspectos técnicos estén superados, tal como se dice en Gatillazo de Facebook en el metaverso: el aburrido juguete del señor Zuckerberg, el mayor problema de Horizon Worlds (el primer paso de Meta en el metaverso) es que “a día de hoy, no hay un sólo aliciente para volver a sacar las gafas virtuales del cajón y dedicar horas de exploración a ver si uno encuentra ese enorme valor que intentan vendernos”.

¿Qué valor añadido aportará el metaverso a lo ya existente?

Si me desligo un momento del término de moda (metaverso) y me centro en el valor de las tecnologías que lo sustentan (blockchain, criptomonedas, realidad virtual, realidad aumentada, inteligencia artificial, gráficos 3D e internet de las cosas), las tecnologías inmersivas tienen una aplicación directa e interesante en el mundo educativo, al permitir crear entornos de aprendizaje virtuales, que en su versión en el mundo real serían peligrosos, costosos o complicados de utilizar. Según escribe Mar Hurtado de Mendoza en Las tecnologías inmersivas al servicio de la educación, “a través de estas tecnologías inmersivas y escenarios simulados, los estudiantes se convierten en actores principales, interactuando con el entorno y potenciando el aprendizaje a través de experiencias multisensoriales”.

Las tecnologías que sustentan el metaverso ayudarán a que las universidades avancen hacia un aprendizaje activo e híbrido.

Porque como bien dice también este artículo, “las tecnologías inmersivas, como en tantos otros casos, no vienen a sustituir la interacción humana y el aprendizaje presencial, sino a enriquecerlo”.

¿Necesita el mundo de la educación el metaverso para ofrecer experiencias inmersivas?

Esto me lleva a mi segunda reflexión: las simulaciones y la realidad mixta se implantarán en el mundo de la educación ya que favorecen el aprendizaje de determinadas materias. De hecho, ya hay experiencias en marcha de laboratorios inmersivos en algunas universidades.

En este mismo sentido, en una información reciente Coches, salud y metaverso, los negocios de futuro de Apple,  se comenta que esta empresa está apostando por “unas gafas de realidad mixta para interiores, es decir, capaces de superponer imágenes digitales sobre la realidad, de manera que el usuario vea, por ejemplo, un personaje digital sobre la mesa con el que poder interactuar”.

Tal  y como yo también opino, creen que la virtualidad pura debe utilizarse en situaciones concretas, por ejemplo, cuando sea complicada la presencialidad: “la industria tiene claro que ese será el primer estadio del desarrollo del metaverso: el entorno de realidad virtual pura se reservará a experiencias muy determinadas, como los videojuegos”.

Está claro que no es imprescindible el metaverso para ofrecer experiencias educativas inmersivas. Y con carácter general, tengo mis dudas de su necesidad en el mundo de la educación. De momento hay muchas cosas antes por hacer, pero no me cierro a explorar sus posibilidades.

Profesores avatares, profesores hologramas y «megaprofesores» estrella

Necesariamente, llegamos al lugar de los profesores en el espacio universitario del metaverso. Hay muchas preguntas, de mucho calado y que hay que responder de forma rigurosa.

Por ejemplo, el artículo  Y a los trabajadores en el metaverso… ¿qué ley les aplicamos? plantea el tema de la legislación que se aplicará a los trabajadores de estos espacios virtuales, lo que genera mucha incertidumbre cuando aún existen grandes lagunas en relación al teletrabajo (pese a la pandemia), y más aún si entramos en la esfera internacional: “los conflictos irán llegando según crezca la comunidad de metatrabajadores. La cuestión es si bastará con la normativa del mundo físico o si se desarrollará una metalegislación laboral”.

Como está pasando con todas las aplicaciones tecnológicas, los problemas importantes no están siendo técnicos sino legales y sociales, ya que la forma de relacionarnos unos con otros está cambiando.

Vidas alternativas

También he encontrado artículos que elogiaban el metaverso. Como gran ventaja, y en mi opinión también el mayor peligro, se suele hablar de ampliar nuestras vidas más allá del espacio y el tiempo, y la posibilidad de tener vidas alternativas. En El fantástico metaverso: la posibilidad de vivir múltiples vidas, se habla de las bondades de vivir en el metaverso, pero sin dejar de hacer referencia a los inconvenientes.

Pensar que todos los que habiten el metaverso van a tener buenas intenciones es una utopía, como ya han demostrado Internet y las redes sociales. El autor comenta que “la objeción del posible metaverso cruel solo se resuelve si confía y cree que el mundo virtual en el que vivirá estará organizado de forma más justa y equitativa que el mundo real”;  reconociendo que “la consolidación de un oligopolio puede favorecer la supervisión de la evolución del metaverso, así como el cumplimiento de una serie de garantías”; y,  al mismo tiempo, asumiendo que “el control por unas pocas empresas, lejos de enriquecer el metaverso, puede cercenarlo”. En este aspecto, el futuro no lo veo muy halagüeño.

La otra cara de la moneda: el darkverse

La deep web llevada al metaverso será ese “espacio para mercados clandestinos, comunicaciones criminales y actividades ilegales”, tal como se plantea en Metaverse or Metaworse?  “Los ciberdelincuentes no quieren perderse su parte de este sustancioso pastel”, como se plantea en ¿Cuáles son los peligros del Darkverse, el lado oscuro del metaverso?

Está claro que el metaverso, al mismo tiempo que ofrece grandes oportunidades, conllevará grandes amenazas. La ciberseguridad es por tanto un aspecto crucial, más aún en las etapas tempranas, en las que se están estableciendo las reglas del juego. Las películas del salvaje oeste de mi infancia me enseñaron que ser pionero es una actividad de riesgo.

Impliquémonos para desplegar el mejor metaverso posible

Parece claro que el metaverso (o en lo que finalmente se convierta) es imparable, así que lo mejor que podemos hacer es prepararnos e intentar diseñar y desarrollar el mejor metaverso posible (no el que quieran las grandes tecnológicas). En Menos meta y más con: cinco motivos para cuestionar el metaverso, autoras expertas en el tema nos dan cinco grandes aspectos sobre los que reflexionar sobre el desarrollo del actual metaverso: económico (distribución de la riqueza generada), medioambiental (huella de carbono y consumo inmenso de energía), de salud pública (consecuencias físicas y mentales del uso excesivo de pantallas), social (en qué medida el metaverso puede contribuir a los 17 objetivos de desarrollo sostenible) y ético (implicaciones en la privacidad, transparencia, control, autonomía y bienestar de las personas).

Aunque son dimensiones relacionadas con el metaverso general, también deben ser tenidas en cuenta por las universidades al diseñar su desembarco en el metaverso

Y cierro el círculo, acabando como había empezado

Tras estas últimas semanas de reflexión poco he avanzado en mi postura inicial (¡los malditos prejuicios!), y sigo con mis disquisiciones sobre qué parte del metaverso es una burbuja y qué parte nos llevará a una mejor universidad. Como dice Wolfgang Münchau para hablar de lo cripto en Cuando no es una estafa a lo Ponzi  “parte del criptoverso es una burbuja. Pero no todo”. Lo mismo podemos decir del metaverso.

¿Seremos capaces de desbrozar el metaverso y separar el grano de la paja?

A quienes vivimos la burbuja de las puntocom, el metaverso nos pilla escaldados y no podemos evitar hacemos la pregunta: Metaverso: ¿el negocio del siglo o la gran burbuja?  Y comparto la frase final:  “Todo eso llegará (o no). Pero, por lo pronto, el dinero lo hacen de una forma que en España nos resulta familiar: comercializando (o especulando) con el suelo”.

Las nuevas tecnologías sobre las que se está construyendo el metaverso (blockchain, criptomonedas, realidad virtual, realidad aumentada, inteligencia artificial, gráficos 3D e internet de las cosas) ya se están y deben seguir incorporándose a las universidades ya que ofrecen muchas posibilidades, tanto para hacer de manera más eficiente lo que ahora están haciendo como para interaccionar de una manera personalizada permitiendo ofrecer nuevos servicios.

Si finalmente el paraguas del metaverso aporta valor, el tiempo lo dirá. Otra cosa distinta, y que queda pendiente de abordar en próximas entradas,  es la pregunta acerca de qué papel deben jugar las universidades en la definición del metaverso: de su desarrollo tecnológico, de sus reglas, de sus relaciones, de sus interacciones, de su comportamiento social…

Si este blog nace como un espacio público para la discusión, ¡debatamos! Y si se trata de metaverso, preparemos las preguntas. 

 
Comentarios
  1. Marina Patricia De Luca dice: 21/09/2022 a las 05:05

    Excelente entrada!
    Es la primera vez que leo el blog y agradezco tus reflexiones de agosto. Comparto mi reflexión a modo de preguntas: ¿Seremos capaces de transformar la educación superior sin deslumbrarnos y evaluando las sombras de cada nueva tecnología? ¿La inversión pública en recursos humanos y materiales provocará mayores beneficios sociales que los beneficios económicos y la información recibidos por las megaempresas productoras de estas tecnologías?

  2. Faraón Llorens dice: 23/09/2022 a las 13:30

    Gracias Marina Patricia,
    Recogemos tus preguntas, que son muy interesantes. Tan importante como encontrar la respuesta correcta es hacerse las preguntas adecuadas. Esperamos suscitar el suficiente interés y debate para preparar alguna actividad en la que podamos ponerlas en común. La importancia e impacto del tema lo merece.


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