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Universidad y empresa: ¿sinergias con sentido?

La relación universidad-empresas constituye una fuente de inspiración particularmente rica, ya que plantea de manera abierta una serie de preguntas clave que –pese a todo lo que ya se ha escrito al respecto– no suelen entenderse bien ni obtener una respuesta clara en el mundo académico. Yo querría elegir a continuación algunas cuestiones presentes en el debate público sobre esta materia para comentarlas desde mi doble experiencia en el mundo empresarial y universitario.

Para que la relación universidad-empresa funcione de un modo adecuado, es fundamental lograr una relación en ambas direcciones capaz de fomentar “sinergias”. Puede parecer una afirmación que se da por sentada y que ni siquiera vale la pena mencionar, pero no es así.

En primer lugar, para que las sinergias puedan cobrar sentido, hemos de clarificar a qué nos referimos cuando hablamos de la relación universidad-empresa. No se trata de un proceso estandarizado, sino de la actuación de universidades muy diversas con respecto a una esfera mucho más amplia que la zona de empresas privadas comerciales de su entorno. En mi opinión, esa diversidad es aún mayor en el concepto de “empresa” que en el de “universidad”, y así queda reflejada en la pluralidad de términos empleados: empresa, industria, negocio, economía, mundo laboral, sector socioeconómico, etc. El concepto “empresa” incluye todo tipo de relaciones en todas las disciplinas académicas y en todas las demás actividades de las universidades, con todo tipo de entidades que desempeñen actividades económicas en la sociedad, incluidas la esfera pública, la salud, la cultura, la solidaridad, el medioambiente, etc. Lo mismo puede aplicarse a la noción de “empleabilidad”, que no se reduce a la preparación para alguna actividad con estatus de empleado, sino que incluye a los trabajadores independientes y a los voluntarios, que también contribuyen al desarrollo de la economía y de la sociedad. Y puede aplicarse también a ese concepto cada vez más amplio de “emprendimiento”, referido no solamente a la capacidad de crear una start-up u otro tipo de empresa comercial, sino a la capacidad de impulsar y liderar iniciativas que contribuyen a la mejora de los productos, del trabajo, de la eficiencia ecológica, etc.; referido, en resumidas cuentas, a un espíritu crítico e innovador aplicado a la vida profesional.

En segundo lugar, en muchos casos el debate entre universidades y empresas está mal planteado: las expectativas recíprocas de los protagonistas se ven de manera simplificada, a veces ideológica y, en definitiva, equivocada. Por parte de las universidades, la postura frente a la interacción con las empresas oscila entre el deseo de impedir que las empresas “entren en la universidad” y la esperanza de que en alguna reunión bilateral los empresarios manifiesten claramente “qué competencias necesitan desarrollar” en sus egresados. La realidad es algo más compleja, ya que los empresarios ignoran cuáles serán las necesidades del mercado laboral en ese plazo de 5 o 10 años que constituye el horizonte habitual de la mayoría de los programas de estudios universitarios. Para las universidades sería catastrófico desarrollar programas de estudios que permitan clonar en unos pocos años a un gran número de egresados que respondan en su totalidad a un perfil único, definido en un encuentro puntual entre universitarios y empresarios. Lo cierto es que el mercado laboral sigue cambiando con mucha rapidez, por lo que la destreza más necesaria será la facultad de adaptarse al cambio continuo y aprovechar las nuevas oportunidades que vayan surgiendo.

En tercer lugar, para que el diálogo universidad-empresa tenga sentido se necesita una cierta intensidad y una forma de interacción regular; o, mejor dicho, una convivencia estrecha, duradera y abierta entre un número suficiente de personas de ambos tipos de entidades. No obstante, a menudo los contactos resultan demasiado escasos y superficiales como para producir el nivel de confianza y entendimiento necesarios. Las sinergias surgen de una convivencia frecuente y de una gran diversidad de contactos y colaboraciones. Y esa convivencia no surge espontáneamente, sino que debe fomentarse con estrategias ad hoc.

Fuente: Cuaderno de Trabajo 10 de Studia XXI, “Universidades y Empresas: Apuntes para crear sinergias con sentido“.

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Comentarios
  1. Gregorio leoncio Espinoza dice: 18/04/2019 a las 14:04

    Absolutamente de acuerdo con Guy . entre las empresas y las universidades debe haber una estrecha relación que exista un intercambio de ideas , para eso las universidades debería cambiar su status actual, aunque algunas ya estan encaminando en esa linea, sin aporte económico no hay desarrollo ni avance tecnológico .para que haya mas empleabilidad las universidades deben formar mas emprendedores con un perfil científico y tecnológico para afrontar los retos en este mundo competitivo y globalizado.

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