Zapatero y Rajoy no se “atizan” en la universidad

La Universidad de León celebra, junto con la Constitución Española, 40 años de existencia. Con ese motivo, entre otros coloquios, el pasado jueves 14 de marzo se produjo en la Universidad de León un hecho doblemente insólito. En primer lugar, insólito porque los Presidentes de Gobierno de España, Zapatero y Rajoy, participaron en un coloquio por primera vez después de su salida del Gobierno. La expectación era máxima. Debo decir que, entre otras cosas, creo que aceptaron participar por su vinculación a León en sus años jóvenes y por el buen hacer de mi colega Teresa Mata. Nuestra sorpresa fue grande cuando aceptaron, pero la Universidad de León estuvo a la altura del acontecimiento y disfrutamos de una tarde muy interesante. En segundo lugar, fue insólito porque ofrecieron una imagen de cordialidad y respeto nunca vista en público hasta el momento. Lo presencié en directo, como moderador de la sesión, junto con mi colega, y durante los momentos previos y posteriores, en los que confirmé que esa cordialidad y ese respeto eran sinceros. Ese ha sido el titular de muchos medios de comunicación y todos pueden comprobarlo directamente en Youtube.

Los ex-presidentes José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy ofrecieron una imagen de cordialidad y respeto nunca vista en público hasta el momento.

Tal cordialidad me produjo una sensación de satisfacción por comprobar que dos dirigentes enfrentados en muchas batallas pueden hablar en público discrepando en las ideas y respetando a la persona. Podría decir incluso que se transmitió una enorme comprensión por las ideas del rival y las decisiones difíciles. Sin embargo, me surgió una pregunta (al igual que a muchos otros asistentes): ¿cómo es posible el cambio? Veamos.

El presidente Zapatero reveló una anécdota en la que dejó claro que dicha cordialidad no es fruto de la actual distancia del poder de ambos, la cordialidad no es nueva. Contó que en el primer debate electoral de la campaña 2008, en medio de un despliegue mediático tremendo, estaban esperando entre bambalinas, en una zona estrecha, algo apretados, y Rajoy le dijo: “Fíjate: ahora, tú y yo, que nos llevamos bien, … tener que salir aquí a atizarnos para que nos vean”. Enfatizo: “… para que nos vean”. El presidente Zapatero explicó que, cuando está en juego la Presidencia del Gobierno y hay que exponerse a los que van a votar, es necesario cierto clima de tensión para motivar a los partidarios. Las explicaciones detalladas de problemas complejos no levantan pasiones ni aplausos, y las pasiones son las que llevan a la gente a votar y a gobernar. Por lo tanto, lo que debemos hacer es desmitificar tanto enfrentamiento y entender que es parte de las formas necesarias en el escenario político. Entiendo los argumentos y admito que pueden ser correctos. Pero me quedaron varias preguntas.

¿Entienden todas las personas esa puesta en escena? ¿Somos capaces de relativizar tales enfrentamientos? ¿Somos capaces de distanciarnos de esa escena política que vemos y moderarnos en nuestros propios debates? ¿Es esa la forma de debatir o discrepar que queremos enseñar en nuestro sistema educativo? Mi respuesta a todas estas preguntas es “no”. Lo que veo a mi alrededor es la reproducción de los enfrentamientos más amargos. Estamos dejando de debatir. Se amplía la lista de temas prohibidos en reuniones familiares y de amigos: mejor no debatir que enfrentarse. Lo de las redes sociales, es tremendo. Y así no puede funcionar la democracia.

¿Somos capaces de distanciarnos de esa escena política que vemos y moderarnos en nuestros propios debates?

Muchas personas que asistieron al coloquio manifestaron, en los días siguientes, que les gusta y atrae mucho más esta forma cordial de relacionarse entre políticos rivales. Quizás no seamos mayoría, pero las buenas formas contribuyen al tipo de sociedad que deseamos y eso nos parece importante. Si a la gente les ofreces enfrentamiento, eso es lo que van a reproducir. No tiene sentido que enseñemos en las escuelas el respeto a las ideas de otros y veamos en los medios el desprecio a las mismas. Todos tenemos la responsabilidad de empujar en la misma dirección.

Si no es posible este tipo de debates tranquilos, lejos de la inmediatez y de los titulares en los medios, abran un canal en YouTube, aunque sea de pago, en la que los que pensamos así tengamos nuestro espacio. Queremos ver a nuestros líderes informándonos, planteando con detalle sus propuestas y respetándose. Algunas normas de obligado cumplimiento para ese foro: respetar a las personas, no insultar, escuchar al oponente sin cortarle la palabra, preguntar, asumir que no hay soluciones simples, asumir que hay que llegar a acuerdos, asumir que llegar a acuerdos implica renunciar a objetivos propios y admitir objetivos ajenos, …

Vistos los últimos acontecimientos mundiales, creo que ahora toca extremar las buenas formas. Estamos en campañas electorales y sería una ocasión muy buena para empezar.

Los expertos en comunicación me tacharán de ingenuo: así no se ganan escaños. Seguro que tienen razón. Pero si puedo elegir, prefiero que me tachen también de idealista, porque esa es la sociedad en la que deseo vivir. Una sociedad en la que aprendamos a afrontar los enormes y complejos problemas que tenemos delante con opiniones formadas con información veraz; una sociedad en la que todos nos preocupemos por escuchar los argumentos de los otros, una sociedad en la que todos sepamos defender nuestras ideas sin atacar a las personas, una sociedad en la que extrememos el respeto a las reglas del juego, el juego de vivir juntos, de convivir. Por si no nos hemos dado cuenta, convivir es inevitable.

Terminando, si es por falta de locales, les ofrecemos las aulas universitarias. No siempre lo hacemos bien, pero nos esforzaremos porque la naturaleza de nuestro trabajo, la búsqueda y transmisión de conocimiento basado en evidencias, sea la condición de todo coloquio sobre el bienestar de la sociedad. Y, si no encontramos respuestas para todo, nos quedaremos en buscar las mejores preguntas. Así también se avanza.

A algunos, nos gustará mucho que nuestros políticos dejen de atizarse, o que se aticen menos, o que, si necesitan hacerlo, al menos, lo hagan en privado.

 

 

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