Univerdad

Una conversación pública sobre la universidad española en clave afirmativa y crítica, desde la independencia y el rigor intelectual

La historia, aunque corta, se repite en el ranking del Times Higher Education

Dos de los rankings globales más reconocidos en el mundo universitario se elaboran en Londres, el Times Higher Education World University Rankings y el QS World University Rankings. De hecho, tuvieron un origen común y se mantuvieron como un ranking único hasta 2009. Fue en 2010 cuando se separaron en dos clasificaciones con metodologías bien diferenciadas, pero manteniendo una característica en común, la de una cierta subjetividad.  La elección de los indicadores y sus pesos reflejan juicios de valor de los “hacedores de los rankings”.  Las encuestas que realizan anualmente incluyen indicadores de reputación docente e investigadora que tienen en cuenta la opinión de los académicos con respecto a las universidades que evalúan (en el caso de ambos rankings) y la opinión de los empleadores y responsables de recursos humanos de las empresas (en el caso del QS).

En su afán por captar más adeptos, estos rankings londinenses sacaron clasificaciones de las universidades más jóvenes y prestigiosas, el QS 50 under 50 y el THE 100 under 50. En estos días, la revista especializada británica Times Higher Education nos acaba de sorprender con otro ranking puntual más para conmemorar el 400 aniversario de la muerte –el próximo 23 de abril- de William Shakespeare, y ha publicado una clasificación de las 25 mejores universidades con más de 400 años de antigüedad (Times Higher Education 25 Over 400 ranking), seleccionadas del THE World University Rankings 2015-2016.

En este nuevo ranking se coloca solo una universidad de los países del Sur de Europa,  la Universidad de Barcelona, que fue fundada en 1450 y ocupa la posición 24ª en esta clasificación de universidades históricas más prestigiosas. Tres universidades del Reino Unido encabezan la clasificación: Oxford, creada en 1096; Cambridge, en 1209 y Edimburgo en 1583, junto con otras tres universidades más de este país, Glasgow, St Andrews y Aberdeen. También aparece empatada y muy bien representada Alemania, con un total de seis universidades, entre ellas LMU Munich, Heidelberg y Tübingen. No es de extrañar que sólo aparezca una universidad no europea con 400 años de antigüedad, la Universidad de Sungkyunkwan de Corea del Sur en la posición 19ª. Por otra parte, no está clasificada ninguna universidad italiana, ni siquiera la Universidad de Bolonia, creada en 1088 y considerada la más antigua del mundo. En total son once los países que logran clasificar alguna universidad entre las veinticinco  primeras (Reino Unido (6), Alemania (6), Suiza (3), Bélgica (2), Holanda (2), Suecia (1), Dinamarca (1), Austria (1), Sur Corea (1), Irlanda (1) y España (1) y en esta clasificación de prestigiosas universidades históricas no aparece ninguna estadounidense ya que Harvard es la más antigua y se fundó en 1637.

Lo que más me ha llamado la atención es que la historia se repite, al menos en este ranking. Una vez más, es difícil obviar la sospecha de algunos expertos de que la selección de los encuestados no es neutral y de que algunos países o sus universidades se ven beneficiados por el tipo de académicos e investigadores encuestados.

La primera vez que se publicó de forma independiente el THE ranking fue en la edición de 2010. La situación por países en función de las 200 mejores universidades, sin tener en cuenta su “edad”, se muestra en el gráfico siguiente:

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Como se puede observar, detrás de las universidades estadounidenses, en la clasificación hecha en 2010 de las 200 mejores universidades del mundo, éstas se concentraban en Reino Unido (con 29) y en Alemania (con 14). Sorprendentemente, tampoco aparecía en esta primera edición ninguna universidad italiana entre las 200 mejores del mundo y, para el caso español, aparecía ya en primer lugar la Universidad de Barcelona. Por eso, aunque se trata de dos ediciones del mismo ranking distanciadas en el tiempo (2010 y 2015), se ve la mano de los “hacedores” de un ranking que quizá arrastre una cierta inercia en su todavía corta trayectoria.  Sin embargo, también marca una tendencia, la importancia del “mercado” en la medición del desempeño de las universidades, porque son los únicos que incluyen entre sus indicadores variables de ingresos (por docencia, investigación y colaboración con la industria) en función del número de académicos.

 

 

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