Los incentivos laborales del posgrado universitario en España

Aunque en los últimos años se ha producido un aumento de la población con formación universitaria en España, la tasa de desempleo juvenil sigue siendo muy elevada, superando a la media de nuestros vecinos europeos (ver aquí). Si bien es cierto que disponer de un título universitario implica formar parte de  un grupo poblacional con menor tasa de desempleo, conviene analizar más en profundidad la inserción laboral de los estudiantes universitarios atendiendo al máximo grado formativo que han obtenido. De esta forma, buscamos profundizar en la manera en que evolucionan las condiciones laborales de los estudiantes a medida que aumenta su nivel formativo.

En esta dirección, y a modo de extensión del diagnóstico ofrecido en mi anterior entrada sobre la situación de los predoctorales en España (ver aquí), proponemos un análisis acerca de la situación laboral de los estudiantes que finalizan las distintas etapas de formación universitaria (esto es, grado, máster y doctorado). Para ello, extraemos los últimos datos disponibles sobre este tema, comparando el efecto del incremento del nivel de estudio en el primer y cuarto año tras finalizar los estudios respectivamente.  El objetivo fundamental de este enfoque es poner en perspectiva el efecto del aumento del nivel formativo de los estudiantes universitarios en España, y hacer patente la complejidad del balance entre costes y oportunidades de la prolongación de los estudios universitarios.

Los estudios que ofrecen datos acerca de la inserción laboral de los jóvenes egresados de la universidad no son muy numerosos. De hecho,  instituciones como la ANECA (aquí), el INE (aquí), la CRUE (aquí) o el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte han puesto en marcha recientemente nuevos proyectos que indagan en las experiencias de los titulados universitarios durante la búsqueda de empleo, intentando comprender las situaciones que conducen a las preocupantes cifras de paro juvenil.

Aprovechando los datos que ofrecen estas propuestas, en lo sucesivo vamos a extraer algunas conclusiones complementarias basándonos  en el informe del curso 2015/2016: “Datos y cifras del sistema universitario español” (ver aquí) publicado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Este informe ofrece una de las fuentes documentales más actualizadas y completas en lo relativo a diversos aspectos de la educación universitaria en España. Dado que se trata de un documento que abarca un amplio espectro de temáticas, nos centraremos en tres cuestiones fundamentalmente, comparando los distintos niveles formativos en el primer y cuarto año después de finalización de los estudios (2011 y 2014). En primer lugar, consideramos la tasa de afiliación de los egresados universitarios debido a su relación con la obtención de un empleo. Por otro lado, atenderemos a si los trabajos desempeñados por los titulados son acordes a su nivel formativo, como indicador de calidad relativa a la concordancia entre los estudios realizados y el empleo. Finalmente, consideramos también la base de cotización por su conexión con la remuneración.

Figura 1: Inserción laboral de los egresados universitarios. Primer año tras acabar los estudios.

Figura 2: Inserción laboral de los egresados universitarios. Cuarto año tras acabar los estudios.

De acuerdo con estos datos, si comparamos el porcentaje de afiliación de los egresados de un nivel formativo de primer y segundo ciclo con los egresados tras la realización de la tesis doctoral el primer año tras la finalización de los estudios (2011), la diferencia porcentual es de hasta 22.8 puntos. Esto es, durante el primer año después de finalizar los estudios, el nivel formativo supone una diferencia significativa en términos de afiliación. Sin embargo, si atendemos a la misma cohorte de universitarios en el cuarto año tras haber finalizado los estudios universitarios (2014), las diferencias en media entre esos dos mismos grupos se atenúa hasta suponer tan solo un 0.2%.

En cambio, si atendemos a los porcentajes de egresados universitarios que realizan un trabajo acorde a su nivel formativo el primer y el cuarto año después de finalizar sus estudios, los datos muestran que el estudiante de doctorado sale beneficiado. Durante el primer año, tan solo un 48.5% de los egresados de primer y segundo ciclo universitario tiene un trabajo acorde a su titulación. Aunque la situación es algo mejor transcurridos esos cuatro años, solo un 55.5% de este grupo consigue esta adecuación. En este caso, para los titulados de máster y doctorado, la situación es algo más halagüeña alcanzando unos porcentajes en torno al 71 y el 95% respectivamente. Para terminar, la situación de los doctores en relación con su base de cotización es también algo más favorable, tanto si los comparamos con egresados de los otros niveles formativos como al valorar su evolución a lo largo de este periodo de cuatro años.

Por tanto, se evidencian fenómenos que, pese a parecer paradójicos a priori, ponen de manifiesto los pros y contras que pueden encontrar los estudiantes a la hora de continuar su trayectoria universitaria. Por un lado, los datos indican que, a la larga, la realización de un doctorado o máster no supone una mejora sustancial de la tasa de afiliación frente a los estudiantes de primer y segundo ciclo universitario. En contraposición, los egresados universitarios de máster y con título de doctor desempeñan en mayor proporción trabajos acordes a su nivel formativo, y su base de cotización media es superior. Por todo ello, se puede entender que muchos estudiantes no encuentren en los posgrados universitarios una alternativa atractiva en relación a sus perspectivas laborales. Como consecuencia, es importante que logremos extender una perspectiva crítica e informada en las universidades que analice cuál es o puede ser el futuro para los titulados. En definitiva, que los estudiantes puedan tomar decisiones sobre la prolongación de sus estudios universitarios con información lo más completa posible acerca de los costes y oportunidades que les ofrecen.

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Comentarios
  1. Francisco Miguel Martínez Verdú dice: 26/10/2017 a las 09:13

    Muchas gracias por esta entrada. En mi experiencia reciente, como director de un postgrado propio de especialización profesional, si desde la Universidad se desea apostar por conocer bien las demandas de las empresas, ya sean nacionales como internacionales (y no solamente del ámbito latinoamericano …), los postgraduados encuentran un futuro profesional prometedor, puesto que con este formato de título propio, las prácticas en empresa pueden incluso servir de puente para su integración definitiva en plantilla. Y, también, para los postgraduados con experiencia profesional, que han deseado por apostar por esta formación continua universitaria, esta opción vinculada a un trabajo fin de máster, ajustado a un diseño y desarrollo aprobado por la empresa, les permite mejorar sus oportunidades de progresar a corto y medio plazo, e incluso mejorar su empleabilidad futura por si se tuercen las cosas más tarde en la empresa actual.

  2. Silvia Elisa CODAGNONE dice: 14/11/2017 a las 00:15

    Gracias por la oportunidad de acceder a este blog. El intercambio siempre es enriquecedor.
    Felicitaciones a los administradores del mimo.
    Saludos cordiales
    Silvia Codagnone

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